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lunedì 9 novembre 2009

Misiva al cielo para 'Merce' Gómez (mi tío QEPD).

Roma-Italia, mes de Diciembre del año 2008.
Señor Mercedes Gomez D.
El cielo s/n.
Presente.
Amadísimo tío: Te envío esta pequeña misiva directamente al cielo porque sé que estás allá. Tu vida llena de penitencias y sacrificios no te hacían merecedor de menos. Hubiese querido encontrarte, siquiera una vez antes de tu partida, para discutir contigo sobre tus extrañas filosofías: Recuerdo que a los caballos que los traías con carga desde 'Chippa-ragra' (dzipa-ragra) a Ayapiteg, de regreso a casa no los montabas, preferías ir al 'galope' detrás de ellos. ¿Qué extraña compasión hacia aquellas 'pobres bestias' (decías así) te hacía actuar de aquel modo? ¿Era quizás tu inmensa corporatura frente a la pequeña estatura de aquellos pobres animales?
Creí no tener recuerdos de la sierra, pero ¡vaya que sí los tengo! Recuerdo tus potentes gritos que, surcando aquellos espacios interandinos arribaban a destino. Eran para dar aviso al vecino de la ladera de enfrente sobre el 'daño' que los animales, escapados del corral, ocasionaban a sus sembríos. Era una especie de pacto colectivo: Tú vigilabas sus cerros y ellos hacían lo mismo con los tuyos. Y se daban avisos en correspondencia, y se evitaban mutuamente pérdidas y enojos.
"¡ Pedrooo, wasiki chaquinchu uysha papaman...!", tu voz retumbaba. Y los ecos repetían tus gritos. Y desde el lado nuestro podíamos ver con qué premura Pedro y los suyos corrían en socorro de sus sembríos de papas.
Hombre de lucha, como todos los de nuestra raza, ví desde muy tierno cómo te rebelabas contra el destino que quería imponerte miseria y hambre. Yo puedo dar fé que peleaste limpio, sin trampas, con todas las armas que tenías a tu alcance. Recuerdo cuando 'tus amigos' (así llamabas a los abigeos) se llevaron tus ganados, cómo y con qué prontitud les diste alcance y recuperaste lo tuyo. Al águila le habían robado los huevos, pero... no contaban con tu astucia, ni con tu conocimiento de la zona ni tu experiencia.
Podría pasarme la noche enumerando tus hazañas, querido tío. Recuerdo cuando llegabas de visita a Huánuco y traías pachamanca, papas asadas, cancha, rucucho*, queso, charqui y mucho afecto para todos nosotros; aparte de los sacos de papas, ocas, ollucos, trigo y cebada que nos duraban para buen tiempo. Pero, a pesar que eras solo nuestro tío político (casado con la hermana de mi madre), eras el que más nos mimaba a todos; y nosotros te queríamos también, pero no tan solo por eso; te queríamos porque siempre eras muy jovial, ameno, bromista y muy abnegado esposo y padre. Recuerdo cuánto amabas a mis dos primas mayores, y cómo casi desfalleces de contento cuando nació tu hijo varón, aquel primo mío que el destino se llevó consigo, niño aún, una mañana que intentaba coger una flor entre los roquedales de aquella peñascosa Chippa-ragra donde habitabas. Y muchos fuimos testigos de tus penas.
Por la papa te pagaban muy poco en cada cosecha. Para ti no habían ganancias, ganaban solo los intermediarios, y por eso decidiste cambiar por la cebolla. Recuerdo qué lindas cebollas rojas que produjeron tus campos aquel año, pero... el resultado fue el mismo para ti: Solo mucho trabajo, ninguna ganancia. Parecía que el destino y los hombres confabulaban en tu contra, pero no podían detener tus ímpetus de guerrero acostumbrado a las duras batallas por la vida, por la sobrevivencia, en un afán desmedido por derrotar a la miseria y al hambre.
Recuerdo también cuando encontraste aquellas vetas de minerales en tus tierras, y recuerdo cuando vendiste tus ganados y cuanto de valor tenías para pagar por los análisis en Cerro de Pasco y La Oroya. Nunca supe de los resultados, solo sé que aquella ilusión, aquel sueño, te costaron una pequeña fortuna. Cuando repaso aquellos episodios de nuestras vidas, no puedo olvidar tu Bondad Infinita. "Quizás muy pronto seremos ricos, sobrinos", decías haciendo hincapié en ese 'seremos'. Y soñabas despierto, y 'comprabas' casas, carros, ropas, zapatos para todos. "...y hasta mujer compraremos", decías aludiendo a otro de mis tíos, poco afortunado en el amor. Es que el egoísmo no tuvo cabida jamás en tu persona. Y todos te recordamos con simpatía y afecto, y reímos de buena gana recordando tus bromas y tus humores. "Tío, sácate los zapatos afuera, en el patio..." te decía riendo uno de mis hermanos. Tú reías, todos reíamos.
Hombre con un manantial de vitalidad dentro de ti, no puedo imaginarte pasivo, detenido a esperar lo por venir; tú eras un hombre de acción. Tus proezas de ir desde Ayapiteg a Huánuco caminando, y luego hacer otro tanto de regreso, me hacen paragonarte a los chasquis de aquel Gran Imperio de los Incas, pero los chasquis corrían en postas; en cambio tú, jamás tuviste relevos.
Me cuentan que fuiste a la costa en busca de fortuna, eso no lo sé. Conozco sí con certeza que estuviste en la selva, prestando tu fuerza como 'enganchado'. Poco dinero para tanto esfuerzo, pero nunca te quejaste.
¿Qué más puedo decirte tío? Tus afectos hacia todos nosotros siempre han sido correspondidos. Lo que me apena es saber que los tuyos, ahora que ya no estás, dejaron tu casa y tus tierras, y se fueron a vivir a la ciudad. Recuerdo que una de mis primas decía que trabajabas demasiado, que te preocupabas mucho por 'tener algo' como si después podrías llevártelo a la tumba, pero sé que ella no te entendía: Tú no querías nada para ti, lo querías para los tuyos; para tu esposa, para tus hijos y para la familia en general entre los que se encontraban parientes directos y parientes políticos como nosotros. No, ella no te entendía.
Querido tío, te fuiste en el momento equivocado. Yo sé que jamás has esperado al tiempo, que ibas siempre a su encuentro, pero... tu existencia colma de continuos intentos por alcanzar el éxito y la fortuna me hacen estar cierto en mi convicción de que todos venimos a este mundo con un rol de actuación que debemos desempeñar a cabalidad hasta el capítulo en que finalice nuestra intervención en este teatro grandioso que es la vida. Entonces no se cierra el telón aún, pero en aquel punto, ya muchos de nosotros no hacemos parte del elenco.
Según las religiones orientales, todos nacemos y renacemos indefinidamente hasta alcanzar el Nirvana (creo que es así), el desarrollo espiritual más alto. Si esto fuera así tío, y si aún no has regresado al 'elenco de actores', por favor reposa tranquilo, en paz hasta cuando serás llamado para una nueva actuación. Entre tanto, si puedes, habla con el Director (mueve tus fichas) para que en la próxima temporada te dé un papel más digno, considerando el duro trabajo y la brillante actuación que tuviste en la temporada que terminó. Yo rezo para que sea así.
Al evocarte en en esta misiva no puedo dejar de pensar en todos los campesinos de nuestra patria y en cuánto injusta es la vida con todos ellos. Son hombres como tú que, con extenuante trabajo hacen producir la tierra para alimentar a la población entera de nuestro Perú.
Ojalá los políticos de turno conocieran tu sacrificio y desvelos para que desde el Parlamento emanasen Leyes que dignifiquen el trabajo, ya no el tuyo, sino de tantos como tú cuyo único pecado es su exacerbado amor a la Mama Pacha, y se pagaran precios justos por los productos agrícolas que llegan a los mercados.
Te querremos siempre tío, todos y cada uno de nosotros; y cuando nos tocará dejar 'el elenco', tu recuerdo nos acompañará por los siglos de los siglos. RIP

NOTA DEL AUTOR:

Son tantos años que falto de mi tierra, de mi país, de los míos. Durante mi ausencia han ocurrido, allá, hechos muy dolorosos, uno de ellos motivo de esta misiva al cielo.
Mi tío Mercedes, llamado así por haber nacido un 24 de Setiembre "Día de la Inmaculada Virgen de las Mercedes", fue un campesino muy peculiar. Su enorme talla, seguramente por encima del metro ochentaicinco, lo hacían sobresalir entre todos los comuneros de la zona de Ayapiteg. Su enorme musculatura, su rostro anguloso y su mirada vivaz y penetrante, lo hacían 'un tipo respetable' en la opinión de tantos. Pero en el fondo, aquel 'cholazo' como también lo llamaban algunos, era una persona muy tierna y bondadosa. Puedo dar fe del inmenso amor que profesaba a su esposa, hermana de mi madre; a sus hijos, por quienes decía: "sería capaz de arrancarle la presa al cóndor si en algún momento le falta alimento a mis hijos". Era pues un devoto marido y abnegado padre. Pero, lo que siempre y por encima de todo admiré en él, fue su apego, su infinito amor a 'la Mama Pacha' (la tierra). Una fe y esperanza inquebrantables acompañaban a ese amor inconmensurable. Año tras año, temporada tras temporada lo veía trabajar labrando sus tierras. Y muchas veces la tierra era generosa, pero... la injusticia terrible de los hombres dejaban a mi tío, siempre, con apenas migajas.
Convencido de que solo el trabajo puede crear riqueza, trabajaba de sol a sol, y no solo en sus tierras. Lo hacía también colaborando con los vecinos (ayni) y en aquellos que eran menester para la comunidad entera (minka).
Yo podría agregar que, sí, es el trabajo que crea riqueza..., pero riqueza ¿para quién o para quienes? Los intermediarios y capitalistas estaban solo en espera de las cosechas para pagar míseros precios por los productos. Llegaban con sus enormes camiones y 'compraban' toda la producción. Eran ellos los que fijaban los precios. Argucias como 'el mercado está bajo', 'hay mucha competencia', 'Chaglla ha tenido sobreproducción este año' o 'los mercados están saturados' servían de pretexto para ofrecer precios miserables. Luego, llegado a los mercados, eran ellos mismos, otra vez, a dictar los precios.
Mi tío tenía razón: "El trabajo crea riqueza". Desde siempre, el trabajo de aquellos sufridos hombres del campo, ha creado riqueza para unos pocos intermediarios capitalistas que lo único que hacían (y seguramente lo hacen aún, hoy) era recolectar en el campo y trasladarlo a los mercados. ¡Qué injusticia, Dios!
Hoy, aquel hombre todo ternura y coraje ya no está, se fue. Y se ha llevado con él sus esperanzas y su fe. Sé que su viuda y sus hijas dejaron sus campos y se mudaron a la ciudad.
No sé si a estas alturas las condiciones para los campesinos de mi patria habrán cambiado. Quiera Dios que sí.
Llegan hasta donde me encuentro actualmente, noticias halagüeñas sobre la economía de aquel sufrido Perú. Yo espero que sea cierto y que esa mejoría económica se refleje en el mejor trato a todos los campesinos. Yo sé que entre ellos hay muchos aún que, como este mi tío querido, no pierden las esperanzas de que las cosas mejoren... para todos, como era su deseo. Esta misiva, lo escribí -es visible- hace ya casi un año.

martedì 20 ottobre 2009

Paro Nacional en Argentina el 09 de Diciembre

Esta arenga me ha llegado vía mail, hoy, desde la Argentina por supuesto. Yo no soy argentino, pero no puedo permanecer indiferente ante los atropellos del que son víctimas los hermanos de aquella nación al igual que los ciudadanos de las naciones vecinas. Ojalá que el eco de esta medida de fuerza se lograra sentir en el otro lado de los Andes, para que despertaran también mis compatriotas peruanos. He aquí la arenga*:
(*)La he anulado porque considero que ya cumplió su cometido.

sabato 17 ottobre 2009

Carta para mi hijo que pronto será papá.

Publico esta misiva a pedido expreso de mi hijo Pavel, padre de un saludable niñito desde hace ocho meses.

Roma, Enero del 2009
Señor
Pavel Jara
Lima - Perú
Asunto: El nacimiento de tu Primogénito.
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Amado hijo.
Casi siempre estamos en contacto telefónico o a través de internet, si no es conmigo te comunicas con tu mamá o con tu hermana, lo sabes. El hecho es que, tantas veces, las palabras se las lleva el viento o se pierden a la salida del auricular, y frecuentemente olvidamos o hacemos de menos lo acordado en el chat y en el msn. Es por ello que me atrevo a escribirte esta misiva; un medio más formal ya casi en desuso, pero que tengo la casi certeza que guardarás contigo para releerlo más adelante, quizás cuando ya me habré marchado, para recordar las palabras y los sentimientos de quien fue tu papá; y más que tu papá, tu pata, tu amigo del alma.
A propósito, padre (o papá) es una palabra muy hermosa; pienso que la segunda más hermosa después de 'mamá'. Al mismo tiempo, la palabra papá está impregnada de muchísima responsabilidad para con aquellos, inicialmente seres desvalidos que después de algunos meses de darle duro al sueño, al biberón y a la teta de mamá, comienzan a decir sus primeras palabras: 'ma', o quizás: 'pa' que te sobrecogen, te emocionan muchas veces hasta las lágrimas, y te hacen feliz. Es una experiencia bellísima el ser padre y es también un reto que requiere mucho trabajo y sacrificios. Deberás darle no solamente sustento material: casa, comida, ropa y todo lo que sea menester para que crezca saludable; sino también sustento moral y ético; y tu tiempo, mucho de tu tiempo. Deberás enseñarle no solo a hacerse respetar, sino también a respetar. Respeto es una palabra mayor que nuestros hijos deben aprender desde muy pequeñitos. De ello dependerá que vivan en paz la familia, el barrio, nuestra ciudad, distrito, provincia, departamento, país, continente y planeta entero. Las guerras se producen porque no hay respeto por las leyes internacionales ni por los tratados. Es nuestro deber de padres educar a nuestros hijos en el conocimiento del respeto de los pactos. Arreglos son arreglos, buenos o malos; debemos entender que es mejor un mal arreglo que vivir litigando eternamente. Los litigios entre naciones son onerosos en términos económicos y de vidas humanas, sirven solo para enriquecer a las grandes potencias fabricantes de armamentos (y fabricantes de guerras), y para mantener en la pobreza a los hombres que conforman la nación de aquellos paises litigantes.
Deberás enseñar a aquel niño que está por nacer, a hacerse responsable de sus actos, y no de los tuyos; ni siquiera de los de su madre ni hermanos. En el desconocimiento de una cosa simple como esa radica el odio que muchos de nuestros connacionales sienten aún por los chilenos, ecuatorianos, bolivianos y españoles. Las guerras habidas con estas naciones han sido 'actos' de 'jefes de estado' de generaciones ya casi olvidadas. ¿Por qué mucha gente de nuestra generación, sobre todo jóvenes, no olvidan aquellas guerras y se empecinan en mantenerse en 'pie de guerra' -a estas alturas- 'bombardeando' con insultos gratuitos o agrediendo a cuanto ciudadano de aquellos paises se les cruce en el camino? Es algo que no puedo concebir.
Ojalá naciéramos con un 'manual para ser buenos padres' bajo el brazo, pero eso es imposible. La familia y la escuela pueden ayudar mucho, de la sociedad en su conjunto hay que esperar poco o nada: la gente se levanta cada día dispuesta a librar una dura batalla por la sobrevivencia, no importa si en el 'fragor de esa batalla diaria' alguien puede quedar herido, maltrecho, magullado o muerto. Después de todo las batallas son así. Es cierto que hay excepciones, como en todo, pero por norma la gente en las calles está más empeñada en cumplir con su agenda, con su quehacer, con su cometido diario; y no encuentran tiempo para sonreir a un niño, que una sonrisa ya ayudaría mucho en la percepción de aquel 'nuevo ciudadano' respecto del mundo que lo rodea.
Pero, querido hijo, creo que estoy siendo demasiado pesimista. Ser padre, como todo en la vida, es un 'oficio' que se aprende en el camino. Creo que no fuí un buen papá para tu hermano mayor QEPD; luego contigo creo que mejoré algo. Finalmente, cuando nació tu hermana me gradué de papá, o eso es lo que torpemente pienso. Aún en esto último creo que exagero, no soy quien para echarme flores. En todo caso, son ustedes mis hijos los que pueden juzgar mi labor de papá, pero... no sé si deben.
Los tiempos han cambiado definitivamente; mi padre casi no tuvo tiempo para nosotros sus hijos, y no sé si sería consciente del hecho que nosotros necesitábamos de sus momentos. Que conste que no lo estoy juzgando, tu abuelo no tuvo la culpa de nacer en una época de tantas turbulencias económicas y sociales que, menos mal, creo que ya quedaron atrás.
En cambio, en lo que respecta a tu primogénito, estás tú, está su mamá, estamos la familia entera (de ambos bandos) para apoyarte en la educación de Aquel Nuevo Ciudadano que nacerá dentro de poco. De antemano, es BIENVENIDO al seno de nuestra familia, nos hemos regocijado todos con la noticia de su 'aparición' en nuestras vidas, y seremos muy felices cuando nazca.


giovedì 8 ottobre 2009

Ayer tarde me he mirado en el espejo...

Este post lo he rescatado de mi otro blog (olvidado casi). Lo escribí con ocasión de cumplir 55 años, un 08 de Octubre del 2008. Después de una ausencia tan larga, espero les guste. Ahí va:
"Ayer tarde me he mirado en el espejo, pues sentía por mi faz curiosidad; y el espejo al retratar mi cuerpo entero, me ha brindado dolorosa realidad..." decía (dice aún) el vals (es vals?) de Jesús Vásquez. Hay otros intérpretes que lo cantan, pero yo recuerdo especialmente aquella, en la voz melodiosa de la Reina de la Canción Criolla.
"Ya estoy viejo, tengo arrugas en la cara, mis pupilas tienen ya un débil mirar; y mis labios, temblorosos y arrugados, saboreando están los besos que ayer dieron y hoy no dan..." continuaba el vals. Y... ya casi llegando a la meta, haciendo un paralelo con las letras de aquel vals, me he mirado en el espejo de mi baño y..., no lo puedo negar, es absolutamente notorio que los años me han dado duro, me han tratado como a burro alquilado. Yo diría que tengo arrugas hasta en las pestañas que, junto con mis cejas, son las únicas que se resisten a cambiar de color. Mis cabellos y bellos de todas las otras partes de mi cuerpo hace rato que son canos. Mis cabellos comenzaron a encanecer, recuerdo, cuando apenas tenía 17 ó 18 octubres. Entre toda la familia, soy el único caso; a los treintaicinco era ya canoso en un 70%. Muchas veces he pensado que... yo, nací viejo. Digo esto, además, porque siempre estaba cansado, nací cansado; y aún hoy tengo que hacer un gran esfuerzo mental y físico para sobreponerme a mi inveterado cansancio. Me mentalizo, pienso... y actúo. La mayor de las veces logro mi cometido, dejo atrás la flojera y cumplo con mis obligaciones laborales a cabalidad. Muchas veces he pensado que esto podría ser una enfermedad, pero los médicos jamás me han parado bola al respecto; se han limitado a hacerme análisis (con resultados normales, según ellos) y a recomendarme dietas calóricas la mayor de las veces. No sigo, de lo contrario no termino nunca este post.
Tengo un par de anécdotas que pueden, muy bien, reflejar que a mis 55 años, que los cumplo en estos días, estoy ya muy usadito, mas cerca de la otra que de esta; es decir, detrás de mí veo un laaaarrrggo camino recorrido, y delante de mi... un pequeño sendero que termina en un túnel muy oscuro al final del cual no hay ninguna luz. A la entrada de aquel túnel puedo ver a una señora huesuda que sostiene en sus manos una guadaña... !qué miedo!!! Vamos con las anécdotas:
La primera, ocurrida en Lima, en mi última visita. Me subí a una combi llena de gente y, un jovencito que iba sentado, muy gentilmente me cedió su asiento: "Venga señor, siéntese aquí" fueron sus palabras. "No se preocupe, siga usted allí" le repliqué. "No, no, este asiento es para los ancianos..." me respondió, señalando en la carrocería junto al asiento unas calcomanías alusivas. En aquel momento me sentí verdaderamente anciano... y me senté.
La otra anécdota sucedió hace una semana en el edificio donde vivo, en Roma. Debía entregar unos documentos en el tercer piso y no hallaba el apellido de la persona en ninguna de las puertas. Entonces opté por timbrar en una de ellas, al azar. Siento pasos al otro lado de alguien que se acerca a mirar por el visillo y casi inmediatamente una voz chillona dice: "Un viejo!" en italiano. Era un niño grande que respondía a su padre, aún cuando yo no había escuchado el '¿quién es?'
Es decir, estoy convencido que realmente he envejecido, pero no es cosa que me preocupe. Pienso que es natural que así sea dada la vida que he llevado, de la cual tampoco me arrepiento. Hay un huayno que dice: "Mañana cuando me vaya, mañana cuando me ausente, qué cosas he de llevar?; llevaré lo que he comido, llevaré lo que he gozado, esa es la pura verdad". El espejo no nos miente. Somos nosotros que le mentimos al espejo, o nos mentimos a nosotros mismos. Pero, ya basta de vejez y ancianidad; cambio de tema.
Cuando era muy pequeño (quiero decir de edad porque, de estatura, sigo siendo pequeño aún), no sé por qué, recuerdo que decía que quería vivir solamente hasta los treinta. Y, hasta los treinta, recuerdo que viví casi sin problemas de salud, salvo los catarros y gripe que me daban, como a cualquier mortal, cada cierto tiempo.
Justo arribando a los treintaitrés, producto de los desmanes alimenticios y abuso de alcohólicos (léase chicha, cañazo, pisco, vino, cerveza y símiles) llegué a parar al hospital, víctima de una hepatitis aguda. La cosa fue muy seria y casi no vivo para contarlo, sobre todo por el error de los médicos del Almenara que equivocaron las recetas. Me salvaron los médicos del hospital del IPSS de Pisco.
Dicen que los treintaitrés es una edad bien brava por eso de La Edad de Cristo, yo no sé...
En estos últimos días he estado cavilando sobre la vida que hice, y hago aún; y he llegado a la conclusión que la única diferencia del sujeto que soy ahora con aquel recién nacido de hace 55 octubres, es que el de ahora tiene muchísimos recuerdos. Obviamente no tengo memoria de mi nacimiento, ni de mis primeros pasos; mis primeros recuerdos se remontan a cuando tenía -pienso- dos años o dos años y medio. También mi hija dice tener recuerdos de cuando tenía -mas o menos- esa edad. Esto me hace pensar que debemos estar, mi hija y yo, dentro de los parámetros de la normalidad, al menos dentro de mi familia.
Debo reconocer que la experiencia me ha dado -y me sigue dando- herramientas indispensables para salir airoso en las batallas por la supervivencia. He aprendido muy lentamente, pero aprendido al fín, de todos mis errores, o de casi todos. Lo ideal sería que uno aprendiera de los errores ajenos o de las enseñanzas y consejos de los mayores, pero esto -muchas veces- no los tomamos en cuenta, somos sordos. Menos aún si los consejos y enseñanzas vienen de nuestros padres. Sin embargo, pretendemos que nuestros hijos entiendan y aprendan de aquello que les decimos. "Es para tu bien, burro de miércoles!, ¡aprende!, ¡hazme caso!" decimos los padres tantas veces. No nos percatamos de nuestros propios errores..., pero no es mi intención hacer un discurso al respecto. Estaba hablando de mis 55.
Y bueno pues, aquí estoy, aún dispuesto a seguir peleando muchas batallas, y a ganarlas!. Reconozco que algunas de mis facultades han mermado en su capacidad, por ejemplo mi vista. Comenzó a decaer a partir de los 45, recuerdo. Hoy por hoy uso lentes; al inicio no me acostumbraba, pero la fuerza de la necesidad me obligó a hacerlo parte de mí, casi. Los oídos aún están intactos, y creo que también mis reflejos. Forzudo no he sido jamás y creo que mi tono muscular está en buen estado, sobre todo porque siempre he sido de contextura delgada, no creo haber estado alguna vez en sobrepeso, guardando aún sin quererlo la relación de 57-58 kilos para los apenas 1,59999 metros de estatura que tengo (en mis documentos me pusieron 1,60 metros, me regalaron 0,0001 metros). Soy chaparrón, no puedo esconderlo, pero no me quejo (y qué le queda al perdido?). Mi humor cambia muy pocas veces, soy jovial por naturaleza, canto y silbo dondequiera que me encuentre: trabajando, en la ducha, caminando por las calles... en fín.
He llorado también muchas veces, pero ya no lo hago, no lo he hecho ni siquiera al mirar el cuerpo frío de mi hijo, muerto en circunstancias misteriosas un 15 de Enero del 2003. He llegado a la conclusión que no vale la pena, que es como llorar ante la leche derramada; y también porque leí en alguna parte que nuestras lágrimas y penas dificultan el paso de las ánimas de nuestros seres queridos hacia los planos superiores, después de la muerte. Acepto las cosas como vienen, como se presentan; y por eso, tampoco me preocupa mi muerte. Todos, desde cuando hemos sido engendrados hemos adquirido un 'seguro de muerte'.
Otra de mis facultades que veo mermar, poco a poco, es mi memoria. Tantas veces he estado buscando mis lentes... teniéndolos puestos!, o no recuerdo dónde dejo mis llaves, o de ir al supermercado a comprar pasta dental y regresar sin ella (?). Me falla la memoria o soy muy distraído?
Hablando de memoria, creo que la canción que sirve de pretexto para este post se llama 'El espejo de mi vida' y, tengo la duda en este momento de si la canta Jesús Vásquez o Carmencita Lara. Menudo problema.
Hasta pronto.

venerdì 20 marzo 2009

La curva del diablo


Existen ciertas cosas y ciertos hechos para los que no se hallan aún explicaciones racionales. Sucede algo así como con los extraterrestres. No existe una prueba científica de su existencia, pero las evidencias que nos muestran las pinturas rupestres encontradas en numerosas cavernas, que datan de algunos miles de años atrás, donde se ven hombres con escafandras similares a los de nuestros astronautas, no son de menospreciar. Sin ir muy lejos, a unos pasos de Lima, la Capital de Perú; yendo hacia Canta, en Santa Rosa de Quives, cercano a la casa donde viviera la Santa Limeña hay un bosque de piedras donde se pueden apreciar diversas figuras esculpidas o pintadas. Allí puede verse la figura del astronauta al que hago mención.
Otro indicio que nos dice a las claras que hombres de culturas muy avanzadas han estado en nuestro planeta, son las ciclópeas construcciones hechas en diversas partes del mundo: Egipto y Perú por ejemplo. No he visto personalmente las pirámides, pero sobre su construcciòn, hasta la fecha no existen más que solo hipótesis. Conozco en cambio el Cusco, en Perú: El templo del Coricancha, Sacsayhuamán, Machupicchu. Sé con certeza que hasta el momento no existe la tecnología para lograr construcciones en piedra de tal magnitud. Es sorprendente, por ejemplo, observar "La piedra de los 12 àngulos". ¿Cómo hicieron para lograr esas junturas tan perfectas por donde no se puede enfilar ni siquiera una aguja? Sirva la oportunidad para hacer una invitaciòn cordial a todas las personas que no conocen mi país, para que visiten el Perú. El Perú no es solo Cusco. Existen cosas dignas de verse en costa, sierra y selva; al norte, sur, este y oeste.
Pero, me salí del tema. Bueno, sirva como introducción, aún cuando es un poco extensa. Decía al inicio que existen cosas y hechos inexplicables racionalmente y ésta es una de ellas:
En la selva alta del departamento donde nací (Huánuco), yendo desde la "Ciudad de la Bella Durmiente" (Tingo María) hacia Monzón, pasando por Bella, centro poblado situado propio bajo la montaña con la figura de la durmiente; por Palo de Acero y otros pueblitos de esos tiempos (1959 - 60), se tenìa que pasar por un caserìo llamado Cuyacu, a orillas del rìo del mismo nombre. A unos tres kilómetros más adelante estaba otro caserìo, Guayabal. La carretera de penetración que uniría Tingo María y Monzón, terminaba unos kilómetros más adelante de Guayabal. Mi padre trabajaba en la continuación del tramo faltante, pero nos habíamos instalado en Cuyacu, en una casa sobre una pequeña colina.
Andando de Cuyacu a Guayabal, a unos quinientos metros, la carretera hacìa tres curvas consecutivas. La primera de estas curvas era llamada "La Curva del Diablo". Se diferenciaba de las otras dos porque era de tierra rojiza, arcillosa y carecía de vegetación. La gente del lugar decía que en aquella curva existían los 'tapados' (tesoros escondidos), pero que el diablo los cuidaba. Que las noches de los martes y viernes el maligno bailaba en aquella curva al son de arpas y violines, y que cuando había luna llena se le podía ver.
Las noches de martes y viernes mi imaginaciòn de niño me hacía sentir una extraña música de arpas (los violines no los escuchaba) y unos rumores como de unas danzas, igualmente extrañas.
Hasta aquí, podría decirse que todo está normal, que no hay nada fuera de lo comùn, que la música y rumores eran 'creaciones' de mi fantasía y temores de niño, pero -ya viene lo extraño-, en oportunidades solìa acompañar a mi madre en sus idas a Guayabal para adquirir cosas -mayormente alimentos o frutas- que no se conseguían en Cuyacu. Tantas veces, estas ocasiones se daban por las mañanas después de noches lluviosas. Y, he aquí lo curioso y extraño: Solo en esa curva, en el suelo rojizo y arcilloso podían apreciarse nítidamente las HUELLAS DE UNA PATA DE BURRO Y UNA PATA DE GALLO, en un perìmetro más o menos extenso, pero circunscrito solo a aquella curva. "Anoche ha bailado el diablo", me decía mi madre.
Entonces, ¿existe el diablo? No lo sé. Tampoco sé que exista algún animal con las patas tan disímiles.
Hasta hoy no le encuentro explicación a este fenómeno. Extraño, ¿verdad?

lunedì 2 marzo 2009

32 años


Hoy 2 de Marzo, mi hijo Ledinh (QEPD) estaría cumpliendo treintaidos años. Los 2 de Marzo, desde 'la partida sin retorno' de mi primogénito, me produce sentimientos encontrados, y aún sin quererlo, mi memoria se traslada al Día Feliz de su nacimiento: Me veo saltando de contento en la puerta del Hospital General de mi Huánuco natal y corriendo a brincos como potrillo salvaje, con la alegría dibujada en mi cara y en mis ojos, a dar la Gran Noticia a los míos. Inmediatamente después, como invitados 'no deseados' arriban a mi memoria las horas frías, oscuras, fúnebres de aquel invernal 15 de Enero del 2003, y mi mente se transforma. Es como si estuviera en una fiesta y de un momento a otro se produjese un apagón, pero un apagón prolongado, casi eterno que termina con la música, con el baile y la algarabía; y deja en su lugar solo gritos y murmullos, y caos.
Acepto con resignación todas las pruebas a las que me somete 'mi destino', y mientras no sea algo que me impida el movimiento y anule mis fuerzas, lucho con denuedo para sobreponerme a sus estocadas usando todas las armas que tengo a mi alcance, entre ellas el 'olvido'. Olvidar es un ejercicio terapeútico que me ayuda a darle paz a mi presente. He 'olvidado' muchos pasajes sombríos y oscuros de mi vida; hambres, fatigas y penas, pero... a mi hijo... no puedo olvidarlo.
Y rezo siempre para que su alma tenga un puesto privilegiado allá en el Cielo, o para que Dios -cuando lo considerará oportuno- lo mande de regreso a este mundo con un mejor destino de aquel que le tocó siendo lo que fué: mi primogénito.

venerdì 13 febbraio 2009

Curiosidades de aquí y de allá


Al visitar los mercados en Lima -y no solo-, me topaba todos los días con la 'viveza criolla' de los vendedores. Y tantas veces no era necesario ni siquiera ir al mercado, bastaba pararme en la puerta de mi casa, allá en el rico Puente Piedra, para observar a los vendedores de frutas: naranjas, mandarinas, manzanas, mangos, paltas, papayas, uvas, etc. con sus "letreritos mentirosos" y megáfono en mano publicitar sus productos. "Barato, barato caserita, lleve papaya para el jugo; naranja, plátanos, manzanas...", se escuchaba la voz estruendosa del vendedor en su triciclo, o tantas veces también en camionetas. "Sandía dulce y fresquecita, casera..., más barato que en el mercado", la voz llenaba las calles del barrio y se introducía en las casas. Y muchos salíamos a comprar... y a ser 'estafados'.
De cierta distancia podían verse los precios* de los productos: manzanas 0,90 KG; plátanos 1,20 KG; etc. Efectivamente, parecían más bajos que en el mercado, pero... tenían un truco, y uno se percataba recién a la hora de pagar: El último CERO de la cifra tenía un insignificante 'rabillo' que lo convertía en NUEVE; así, 1,20 no era tal, sino 1,29 que redondeando se convertía en 1,30 nuevos soles. ¡Qué tal! Y no solo eso, quiero recordar también a aquellos (¡estos sí que se pasan!) que ponen uva (o cualquier otro producto) 0,60 KG sin trucos 'aparentemente'. Pero, si 0,60 está escrito correctamente y KG también, ¿dónde está la criollada? Pegadito a KG, en letras muy pequeñitas está escrito 3/4. ¡Genial!, ¿no les parece?.
¡Y esto que no cuento los trucos que saben hacer con las balanzas y las pesas!.
Todos conocemos el ingenio de nuestros compatriotas vendedores de mercados y calles, pero LO CURIOSO es que la semana pasada, acá en Roma, tuve ocasión de visitar el mercado municipal Vittorio Emmanuele, en el quartiere (barrio) Esquilino (se lee 'escuilino'). Allí pude apreciar, en el quiosco de frutas de un señor napolitano, el mismo ingenio de nuestros compatriotas. Vean la foto.
¿Será que este señor estuvo de visita por nuestros lares?. ¿O somos nosotros los copiones?.
¿Mafia napolitana en Lima?
A propósito de 'copiones', hace muy pocos días, en conversación telefónica, un familiar muy cercano me comentaba preocupado de haber recibido una 'llamada amenazante'. No quiero dar pormenores de la conversación de mi familiar con el presunto malviviente (podría ser que se tratara de una broma de mal gusto), pero en la llamada lo conminaba a pagar una determinada cantidad de nuevos soles MENSUALMENTE, al puro estilo de la mafia del sur de la península itálica. Allá, en el sur de Italia sí, los fascinerosos han sentado sus reales y cobran cupos a cambio de 'protección'. Los medios de prensa italianos publican a diario noticias relacionadas con la mafia: Escándalos a nivel de gobierno por políticos metidos en ella, guerra entre clanes, ajustes de cuentas entre mafiosos, etc.
Lo ocurrido a mi familiar me ha sorprendido y -naturalmente- preocupado. No atiné más que a recomendarle que 'debe poner el caso en conocimiento de Telefónica y de la policía del sector'. Y creo que, si alguien que lee esto ha pasado o está pasando por algo similar, debe hacer eso: Avisar aTelefónica para que hagan un seguimiento de tales llamadas, y a la Policía Nacional para que tomen las medidas pertinentes; no debemos permitir que una mafia similar pueda desarrollarse en nuestro amado Perú.
Desconocer que existe mafia en nuestra patria sería como pretender tapar el sol con un dedo, pero permitir que germine y crezca este 'tipo siciliano o napolitano' de mafia, ya sería demasiado.
Repito, si alguien en nuestro Perú está siendo extorsionado por gente de esta calaña, su deber es DENUNCIAR a esos mafiosos ante las autoridades competentes.

Sirva también este artículo para poner sobre aviso a autoridades y público en general.
(*)Precios solo nominativos


giovedì 22 gennaio 2009

¿John Wayno?

Sucedió en el bus. Mi hija con su mamá sentadas frente a mí. El bus se pone en movimiento muy lentamente para salir del paradero inicial y, a la par, una señora con rasgos japoneses -ella en tierra- comienza a caminar, paralelo a nosotros, pronunciando palabras ininteligibles. Daba la impresión que hablaba conmigo.
-¡Fíjense, fíjense!, esa señora quiere que me baje-digo. Mi hija y su mamá me miran sorprendidas.
-Está hablando con la señora de adelante-dice mi hija señalando el asiento a sus espaldas.
El bus continúa su marcha lenta, la señora con rasgos japoneses continúa caminando al lado del bus, y continúa hablando.
-¡No, no!, quiere que me quede, ¡dice que se ha enamorado de mí!, ¿no escuchan?-digo muy serio.
-¿Creo que has fumado, no?-es la voz de mi mujer. Noto que comienza a impacientarse. No le gusta que gaste mis bromas en lugares públicos.
-¡Pero, miren pues!,¡me está hablando a mí!-respondo. Bien mirado, efectivamente, daba la impresión de dirigir a mí sus palabras. Por supuesto que no entendíamos absolutamente nada, ya que hablaba en japonés, pienso. ¿O habrá sido china?.
El bus se detiene brevemente, hay una fila de carros frente al semáforo que acaba de dar verde. En aquel preciso momento, la señora de los rasgos japoneses, dice algo que a mí me suena como 'uein', 'uain' o algo parecido.
-¿Han escuchado? ¡Dice que me parezco a John Wayne!-comento, pero mejor no lo hubiera hecho.
-¡John Wayno habrá dicho, por la cara de huayno que tienes!-me remató la mamá de mi hija.
... Y comenzamos a reir. ¿Qué otra cosa podíamos hacer?.
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Los dejo con esta canción que me gusta tanto, últimamente lo tocan muy seguido en las radios y hay inclusive un comercial muy pegajoso. ¡A divertirse!



lunedì 5 gennaio 2009

El tren


Enero, es invierno en Europa. Siento mucho frío. Son horas que estoy aquí, en la Estación de los trenes de Latina. Lo peor, no sé cómo llegué hasta este lugar, creí haberme embarcado en el tren que me llevaría de regreso a Anzio, a la casa donde vivo con mi mamá y mi hermanita..., pero... ¡debo llegar a Roma!, estoy seguro que allá están las dos, esperándome. ¿Cómo hago? ¿A quién pregunto para que me oriente? ¿Hablará alguien castellano en este lugar? Yo no he aprendido aún el italiano, son apenas dos meses que estoy en este país; además, tengo miedo de preguntar, mucho miedo, y no sé por qué. Y los trenes no pasan en ninguno de los sentidos, y yo debo tomar el que me regrese a Roma.
-¡Qué frío que hace!, ya debe ser madrugada, si no me muevo me congelaré-son mis pensamientos. Por el costado de los rieles veo un sendero y decido dar una caminata.
Camino. Las luces de la estación me alumbran hasta cierto tramo, luego me detengo para acostumbrar mi vista a la casi oscuridad, pero... ¡siento el rumor de la vibración de los rieles! y siento un pitido que penetra en el silencio y en la oscuridad de la zona.
-¡Es un tren que viene hacia acá, hacia mí!, ¡por fín!, debo hacer señas para que se detenga-son otra vez mis pensamientos. Hago señas: Salto, agito con fuerza las manos y grito "¡Detente, detente!; ¿vas para Roma?". El tren se detiene a escasos centímetros de mis pies.
"Si muchacho, sube", me dice el maquinista, un tipo bonachón, alto y barbón. Lo mejor de todo es que habla español. Yo me quedo un tanto anodadado, no esperaba una acogida así.
"¡Sube, sube, allí te vas a congelar!", me repite. Yo subo.
El tren por dentro está iluminado con unas luces que me parecen fosforescentes, y todos los tripulantes y pasajeros parecen estar impregnados con aquella luz. De improviso he perdido todos mis miedos, pero estoy todavía en la puerta, un tanto indeciso. "¡Pasa muchacho, pasa!", me gritan en coro desde el interior. "¡Siéntate aquí!", me invita a su costado una señora de ojos muy negros; yo dudo. "¡O aquí!", es la voz angelical de (debe ser una turista), de cabellos rizados, color oro. Me siento junto a ella, hacia la ventana. La miro, me sonríe; yo le devuelvo la sonrisa. "¿Cuánto tiempo se demora el tren hasta Roma?", pregunto. "Muy poco, casi nada", me responde la 'turista' de cabellos de oro. Me percato que hablo sin temor, han desaparecido todos mis miedos, soy otro, me invade una extraña, pero placentera sensación de paz y de libertad, como si de pronto me hubiese desembarazado de un gran peso.
-¡Esto es como un milagro! ¡Y todos hablan castellano, qué fortuna!-son mis pensamientos de nuevo. Veo personas en los pasillos.
"Repartimos, repartimos, todos a sus asientos", es la voz del maquinista que asomado a la puerta de nuestro compartimiento nos invita a sentarnos. Y el tren parte, puedo oir el chiki-chak de sus potentes ruedas metálicas, y de nuevo el pitido largo y penetrante. Dentro se respira calor humano, aquello que buscaba y no lo había encontrado; en este tren todos me parecen buenas personas, desde el maquinista, tripulación y pasajeros, ¡qué suerte!
-¿Y mi mamá y mi hermanita?-esta vez es mi memoria que las reclama. Me tranquilizo diciéndome que dentro de poquísimo las encontraré en Roma, y las abrazaré, y ellas me abrazarán.
El tren está ya en movimiento y no puedo resistir a la curiosidad de mirar hacia atrás. Saco mi cabeza por la ventanilla, el viento mece con fuerza mis cabellos, pero -extrañamente- no es un viento frío. ¡Y hay luz, todo está iluminado!. Allá donde se detuvo mi tren veo que está detenido otro. Veo gente que corre, algunos se cubren los rostros, otros dan gritos de desesperación. Veo también un cuerpo por tierra, caído; veo manchas de sangre entre los rieles, pero... ¡ese cuerpo!... ¡ese cuerpo es mío! La escena es dramática, debe haber ocurrido un accidente, pero no..., no puedo ser yo. Me paso las manos por mis cabellos mecidos fuertemente por el viento, me toco la cara, suavemente me palpo los hombros, pecho, y llego hasta mis piernas.
-No, no soy yo; yo estoy aquí, rumbo a Roma-pienso. Tomo asiento de nuevo. Los pasajeros en rededor me sonríen con afabilidad. Me despreocupo.
Desde la ventanilla del tren puedo ver las campiñas y los prados verdes, paisajes de ensueño, hermosísimos. Este compartimiento del tren es muy confortable, debo estar seguramente en Primera Clase. Es como si estuviese yendo en avión, ya no siento las vibraciones ni rumores que producen las ruedas en contacto con los rieles.
Escucho un nuevo pitido largo y penetrante, seguramente estamos llegando a otra estación. Si, es otra estación, pero...¡esa señora es mi mamá... y está llorando!...
-¡mamá, mamá,... estoy aquí... mamaaá!-grito, pero no me escucha. Seguramente llora por mí, cree que ya no me verá más, pero yo voy a Roma, la esperaré allá.
El tren continúa su marcha...


Nota del autor: La vida de los peruanos que vivimos en el extranjero, en muchos casos, también está teñida de experiencias sumamente dolorosas como el que tocó vivir a la familia del suscrito. El 15 de Enero del 2003, en las cercanías de la Estación de trenes de Latina, ciudad a aproximadamente una hora de Roma, exactamente 6 años atrás, fallecía mi hijo, entonces de 26 marzos, en un accidente ferroviario que hasta la fecha no se ha logrado esclarecer. Sus cenizas están guardadas en el cementerio general de aquella localidad.Las autoridades pertinentes han dicho que nos lo permitirán llevárnoslo cuando dejemos definitivamente estas tierras. Cuando eso suceda, una parte de sus cenizas la esparciremos en el mar que tanto le gustaba en los veranos costeros de nuestra patria, otra porción se la daremos al viento posmeridiano de la ciudad que lo vió nacer: Huánuco, y una última porción quedará con nosotros (en casa), para ser venerado en el tiempo hasta el final de mis generaciones.
He agradecido oportunamente a todas las personas peruanas, italianas y de otras nacionalidades que se solidarizaron con nuestro dolor en aquel entonces, y aún hoy les renuevo mis agradecimientos a nombre de toda mi familia. El tiempo ha pasado, pero el vacío que dejó mi hijo está allí, y el dolor de su ausencia no lo hemos podido superar todavía. Ruego siempre porque su ánima tenga un sitio de privilegio allá en lo alto, en el cielo. Sé que está allá.
El relato en primera persona es el fruto de mi imaginación de padre, en un vano esfuerzo por 'conocer' (fue imposible desde el inicio de las investigaciones, a estas alturas lo es más aún) las últimas horas de vida de mi hijo QEPD y QDDG.