Follow by Email

domenica 23 ottobre 2011

¿La ley de la muerte?

Cuando niño no tenía idea de lo que fuese la muerte hasta que -debo haber tenido 6 o 7 años, pienso- supe que mi amiguito de juegos, un niño de mi misma edad (supongo) que sufría de epilepsia, murió ahogado en el río Tulumayo, en el actual distrito de Pumahuasi, en la selva central de mi pais. Mientras se bañaba le sobrevino uno de sus ataques y, fue fatal, pues no tenía a nadie vigilándolo.
Aquel hecho marcó mi 'relación' con la huesuda. No tenía idea completa de lo que suponía morir, pero recuerdo, cuando llegó a mis oídos la noticia sobre el fin de mi amiguito, pensé que lo volvería a ver todavía, en algún momento, para jugar sobre los montones de aserrín haciendo caminos, puentes y túneles por los que 'viajaríamos' aún, empujando con nuestras pequeñas manos nuestros rudimentarios carritos, retazos de listones que encontrábamos por doquier en los campos aledaños al aserradero de los Vásquez para el que trabajaban nuestros padres.
La segunda vez que mencionaron a la muerte en mi presencia fue cuando un centenario árbol, en las cercanías de la casa de un tío materno, aplastó a un vecino suyo. No era nada que me tocara en modo directo y, así, no le dí ninguna importancia. Mi idea de la muerte continuaba siendo sumamente vaga. Mi madre cuando quería asustarme o reprimir mis inquietudes, me asustaba con el alma, el tunche o el chullachaqui, jamás con la muerte.
El no tener una idea cabal de su significado, unido al hecho que no tuviera experiencias que me hubieran tocado directamente, creo que fueron una bendición. O tal vez no.
Más tarde, la muerte de mi abuela cuando yo pasaba de la pubertad a la adolescencia, no creó en mí ninguna seria preocupación, creo que ni pena. Sería posiblemente debido a que la pobrecita falleció lejos y, cuando llegó la noticia, solo me di por enterado y nada más. Es decir, hasta allí era aún completamente inconsciente del significado de muerte.
Es largo ya el camino de la vida que he transitado y, la primera vez -lo recuerdo- que la muerte me rozó con su guadaña fue cuando falleció en una volcadura la mujer del hermano menor de mi madre. Digo me rozó porque las escenas de dolor estaban 'muy cercanas' a mí, a mi familia; además, porque quedó huérfana mi primita, a apenas 1 añito y meses. El hecho fue chocante también por otros motivos: Mi madre quería 'adoptar' a la bebé, posiblemente habría tenido una vida de 'necesidades' como todos en mi casa, pero tengo la certeza de que habría 'vivido'. La familia de la difunta se opuso, mi madre con gran dolor tuvo que ceder a la criaturita. La bebé fue llevada a la sierra y, al cabo de unos meses, con gran pesar supimos de su muerte. Es decir, aquella vez la huesuda se había 'ensañado' en algún modo con mi familia y conmigo.
Desde aquella vez casi olvidé su existencia. En la década de los 80, un poco como para 'hacer notar' su presencia, en diversas ocasiones y circunstancias se presentó y cargó con amigos y compañeros de trabajo. Nada personal aún.
Hubo luego un laaargo paréntesis que me mantuvo lejos de preocupaciones sobre el particular, hasta que, sorpresivamente se hizo presente en el seno propio de mi familia. Fue el 15 de Enero del 2003. No sé si 'la muerte' lo tendría ya todo premeditado, pero para nosotros fue algo inesperado y sumamente doloroso, pues se trataba de mi hijo mayor. El dolor de su partida ha dejado heridas muy profundas que no sé si cicatrizarán del todo alguna vez. Fue como el sopapo de un gigante para advertirnos de su presencia y... de su poder.
Desde aquella fatídica madrugada, la 'calavera' ha estado rondando en torno a mi casa y al de mis familiares y parientes. Así, en el 2006 tocó a la puerta de Justiniano, mi tío de sangre. En el 2007 fue el turno de Landino, otro tío de sangre. En el 2008 se llevó a mi querido tío Mercedes Gómez y en el 2009 al 'Iska', otro de mis tíos materno. Es decir, se estaba acercando otra vez a mi puerta.
Tenía programado viajar a mi país en la segunda semana de Abril del 2010, pero el 30 de Marzo fallece mi padre. La idea de mi viaje era precisamente 'para despedirme' de él, pero se me adelantó. No sentí pena por la partida de don Julio, pues desde bastante tiempo era víctima de padecimientos a causa de su cáncer al hígado. Saber de su partida en aquellas circunstancias fue más bien un alivio, sobre todo pensando en mi madre y en mis hermanos que le estaban vecino, los mismos que se hacían eco de su dolor y penurias.
Casi finalizando el 2010, el 28 de Noviembre, inesperadamente partió mi gran amigo David. Más que amigo, mi cómplice en muchas aventuras de juventud. Un gran pesar, pues dejaba esposa y un hijo de apenas 11 años. Un hecho inesperado también, y prematuro además.
Es increíble, pero cada uno de estos episodios han servido para fortalecer 'mi lazo con la huesuda', para familiarizarme más con ella hasta el punto de perderle miedo, si es que en algún momento le tuve. Del mismo modo, han servido para recordarme que "La Vida Eterna" es solo un cuento, una fábula, una fantasía, utopía, quimera; en suma: una mentira. Percatarme de esto último ha sido muy útil para mí, pues me ha permitido establecer con ella -con la muerte- una relación de respeto, no de temor. Desde entonces la veo como a alguien que tiene 'una gran responsabilidad'. Nuestra vida es como una línea continua que inicia con el embarazo de nuestras mamás y termina con nuestro fallecimiento, pero ¿qué hay detrás de aquella línea continua? La muerte lo sabe, ella es el nexo.
¿Le temo a la muerte? Creo que está claro, no. Como todos, tengo la certeza que ella vendrá, temprano o tarde, lo quiera yo o no. En algún momento se me acercará, no sé si me mirará a los ojos antes o si me cogerá al improviso, por la espalda, a traición. Suceda como suceda no tiene importancia. Lo importante es que sucederá, y de eso tengo la plena certeza. Como cuando veo el sol resplandeciente de las mañanas y tengo la certeza de que la tarde llegará. O, al revés, cuando mis demonios nocturnos me asaltan y mis temores se avivan, sé con absoluta certeza que arribará el alba, y mis demonios y mis temores se irán.
"No decidí nacer, pero si puedo escoger morir", no sé si lo escuché o leí en alguna parte, pero esto me llevaría a discernir sobre eutanasia y suicidio que, al final, son la misma cosa y sirven -un poco- para aligerarle el trabajo a la huesuda. O, mejor dicho, para 'evitarle el trabajo de decidir por nosotros', y nada más, pero 'la que baja el telón' es siempre ella, y para ella no hay muerte. Entonces -ahora lo pienso-, si la vida (por esa bendita Ley) siempre tiene un final, la única 'eterna' es la muerte. ¡Qué dilema!.
Nacer, crecer, reproducirse y morir. Es la "Ley de la Vida" se dice, pero no será más bien ¿la Ley de la Muerte?.


sabato 22 ottobre 2011

¿He olvidado a Dios?*

Ayer fue "Viernes Santo", fecha muy importante en la creencia católica, pero ni siquiera lo tomé en cuenta. Ocupado en mis quehaceres y buscando mengua para mis achaques prematuros, no me fijé en el calendario, o quizás sí, pero los tiempos (mis tiempos) han cambiado, han mutado, se han transformado. Yo mismo ya no soy el mismo de los años de mi niñez, de cuando comenzando desde el mediodía del Jueves Santo me invadía una sensación de 'extraña soledad' e inseguridad. Es que 'Dios estaba por morir' y, en mi frágil mente de niño de campo, casi montaraz, imaginaba al mundo desolado, débiles y desprotegidos a los seres que lo pueblan, expuestos sobremanera a los ataques del maligno. Lo que me embargaba era una sensación de casi absoluta incerteza e inseguridad. Creía que 'no estando Dios' vivo, vigilante, cualquier cosa (no sabía qué) podía sucedernos. Es decir, 'Dios era mi protector' y mi dador de seguridades en aquellos tiempos de mi ingenua infancia.
Aún los días soleados me parecían lúgubres, faltos de brillo. Todo mi rededor adquiría las formas de un inmenso cementerio. Silencioso, grave. Las palabras de mi madre empeoraban todas las espectativas: "No puedes jugar pelota, pues estás pateando la cabeza de Jesús". Esas frases y muchas otras, parecidas, terminaban por hacer de mí un 'niño atado' de pies y manos en esos lejanos jueves y viernes santo. Tampoco me gustaba el ayuno de los viernes santo. No se podía jugar que, eso podría haber sido un modo para distraer el hambre; no se podía tararear una canción o cantarla. Ahora me viene a la memoria que 'estaba prohibido' coger cuchillo, machete, hacha o instrumentos cortantes. ¡Tampoco podía usar mi honda!, pero con todo, creo que la gente de aquellos tiempos era más respetuosa del 'dolor divino' de Jesús crucificado.
Recuerdo que esperaba con impaciencia el Sábado de Gloria. Todo cambiaba en mi infantil mente, la resurrección de Jesús me devolvía a 'mi mundo habitual'. Y olvidaba mis preocupaciones y abatimiento. Volvía a ser yo mismo, sin frenos ni ataduras. Pateaba mi pelota desinflada sin miramientos. Tenía la certeza de 'no estar pateando la cabeza de Jesús'. ¡Qué ideas me metía mi madre! Pero ella no tenía culpa, pues eran las mismas ideas que le habían inculcado cuando niña, posiblemente sus padres y quienes conformaban su entorno en la sierra de donde provenía, en las alturas de Huánuco.
Recuerdo que en aquellos jóvenes tiempos todo mi ser estaba 'pendiente de Dios'. Y creo que también Él estaba pendiente de mí. Luego, envejeciendo yo y los tiempos conmigo -reconozco que no recuerdo exactamente en qué momento-, perdí contacto con casi todo lo celestial hasta llegar, en determinado momento, a descreer de la existencia Divina.
Lo que ha sucedido conmigo no es un fenómeno extraño. Mi razonamiento puede parecer banal, pero personalmente (sería raro que fuera de otro modo) creo que mis argumentos son válidos. Me ha sucedido también con el fútbol. Comparar mi relación con el fútbol a 'mi relación con Dios' seguramente parecerá más torpe aún, pero la dinámica ha sido casi la misma. A golpe de ser defraudado por las instituciones deportivas, a todo nivel, y no solo en mi patria, he dejado de creer en ese deporte de masas. Hoy no me llama la atención, para nada.
También Dios me ha defraudado a través de 'sus representantes' e instituciones terrenales. No entraré en detalles porque sería muy extenso enumerar. Solo quiero dejar establecido que no he olvidado a dios, pero ya no creo en él. Es un tema muy complicado, lo sé.

(*) Este post lo escribí en semana santa de este 2011 y recién hoy me atrevo a publicarlo.


venerdì 21 ottobre 2011

¿Perder soga y cabra?

Siguiendo los acontecimientos de estos últimos días, me pregunto ¿qué cosa es que lleva a hombres encumbrados -qué sé yo si lícitamente- a 'jugarse el todo por el todo' en haras de retener el poder o de pretender 'reconquistarla', si ya perdida. Lo digo por el lamentable final del 'líder líbico' Muammar Gheddafi*, encontrado en unas alcantarillas y masacrado salvajemente. ¿Qué hacía allí aquel hombre que en sus buenos tiempos gozaba de la atención y cuidados de 100 chicas vírgenes, a quienes se atribuía 'el derecho' de desflorarlas él, y solo él?, ¿dónde estaba su personal de seguridad y aquellos que aún 'confiaban' en él? Todo me hace pensar que en aquella alcantarilla estaba solo. La inteligencia -y no solo, sino también el instinto de supervivencia- nos hacen percatarnos de la inminencia de un peligro, y mucho más si ésta es de muerte. Al parecer, hombres como Gheddafi no están munidos de ese don vital que, en muchos casos y más como en estos, pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte. Lo que quiere decir que Gedafi no era ni mínimamente inteligente.
Su apego al, y su deseo de permanecer en el poder eran mucho más fuertes que todas las ofertas que le fueron remitidas por sus contrincantes. ¿Qué cosa quería si le estaban ofreciendo INMUNIDAD a cambio de dejar el poder pacíficamente? Con toda la fortuna que tenía, tranquilamente podía haberse retirado a 'gozar' de lo que le quedaba de vida, si así lo hubiese querido, rodeado de sus 100 vírgenes.
Lo que saco en limpio es que el PODER es para estos hombres lo que la droga para los adictos, no pueden vivir sin él, sin ella. Esa droga llamada poder les anula el sentido común. Un drogadicto, cuando le falta su 'dosis diaria' es capaz de cualquier cosa con tal de conseguirla, hasta de matar. La historia policial citadina está llena de estos casos. Esta explicación viene como anillo al dedo, pues es lo que sucede con tipos como este 'falso líder líbico', ciego por ansia de poder.
Lo peor de todo: contagió su ceguera a los miembros de su familia. No entiendo por qué tenían que morir dos o tres de sus hijos. Eran mayores de edad y, muy bien, haciendo uso de su 'buen sentido' podían haberse refugiado en una embajada extranjera. No sé con certeza cuántos hijos le sobreviven a Muammar Gheddafi, pero -los que sean, uno, dos o cincuenta-, son afortunados, pues son herederos universales de todos los bienes de aquel difunto 'caudillo' que por pretender permanecer a todo costo presidiendo los destinos de su país: Libia, perdió soga y cabra.
... Muammar Gheddafi no es el único ejemplo de esta raza de minusválidos, con el perdón de estos últimos.

*En la prensa latina leo Muamar Gadafi.
  En Europa los titulares mencionan Muammar Gheddafi. La diferencia no tiene ninguna importancia, pues el difunto es tal.

sabato 15 ottobre 2011

Mis 58...

Son tiempos idos aquellos en los que "esperaba con ansias" que llegara el 8 de Octubre, Día de mi cumpleaños. No es que haya crecido con déficit de afectos, no. Al contrario, creo que, al menos eso, he tenido en demasía. Ciertamente, mucho más en aquellos 'días especiales': 8 de Octubre y Navidad, camionadas de afecto y demostraciones de ternura y amor, y no solo de mi madre. Por lo demás, aunque muy poco me ha interesado desde cuando tengo uso de razón (si lo habré tenido alguna vez), para aquellas fechas 'estrenaba siempre ropita y zapatos nuevos'. Posiblemente en esas razones radicaba mi ansiedad en esperar los 8/10 de mis años infantiles. La Navidad, lo he citado en segundo lugar, no porque de acuerdo al calendario llega desde siempre después de mis cumpleaños. Lo he hecho a propósito porque la Natividad es Fiesta general, para todos los niños. En cambio el 8 de Octubre era todo para mí. Yo era 'El Reyezuelo', el único, el ungido, todos los demás niños desaparecían, yo me convertía en el Centro de Atracción, todo giraba en torno a mí, me engreían hasta convertirme en un pequeño déspota.
Más adelante, aquel gran hombre Fernando Belaunde Terry, dos veces presidente del Perú, convirtió el 8 de Octubre en "feriado no laborable", en póstumo homenaje a la gesta naval de 1879, en Angamos, donde perdiera la vida el ícono de La Marina de Guerra del Perú, Miguel Grau Seminario. No solo él, por cierto, pero es él el personaje más visible. Desde aquel entonces, yo, muy horondo, sacaba pecho y decía que Belaunde lo había hecho por mí. Bromeaba tanto que hasta llegué a creerme para mí mismo de que fue así, hasta que derrocaron 'a mi benefactor'. Lo hizo Juan Velasco Alvarado, un 9 de Octubre de 1968 bautizando  tal fecha como el "Dia de la Dignidad Nacional". Desapareció mi feriado favorito, por muchos años. Lo restableció, siempre don Fernando, en su segundo gobierno, en 1980. Desde entonces sigue inamovible, y creo que quedará así por siempre. Por mí está bien.
He comentado en algún otro post que de niño, qué sé yo, seguramente a los 7 u 8 años, decía que quería vivir solo hasta los 30. Ni idea del por qué de aquellas babosadas, pero cuando llegué, precisamente a los 30, le agarré más cariño a la vida y hoy que estoy cumpliendo 58, un tantito magullado por los cocachos que de la vida misma recibí, ¿qué puedo decir?. Casi nada, solo reconocer que he sido un alumno muy poco aplicado y que los coscorrones que me dio la vida, me los tengo bien ganados. Para mí valen aquellas décimas de don Nicomedes que dicen: " A cocachos aprendí... mi labor de colegial... ". Más aún, soy partidario y defensor acérrimo de aquel otro dicho que reza: "La letra con sangre, entra". La vida ha sido una maestra muy exigente conmigo, pero aún con ello no me he esmerado en aprenderme las lecciones. Por eso tengo el temor de desaprobar en los exámenes. Es que allí no se puede plagiar, o sabes o no sabes. Si no sabes estás frito.
¿Qué puedo decir de mis 58? Poco. Porque es ya poco el tiempo que me queda por delante, cosa que no me preocupa en absoluto. Soy consciente de los ciclos de mamá Natura en todo orden. Por eso también, desde ya, voy 'preparando' a los míos para el momento de 'mi partida', para que no haya llantos desgarradores ni penas, más bien alegría y sosiego. Cuando estaré RIP (descansando en paz) no quiero ofrendas florales ni alabanzas, ni perdones. El tiempo para todas esas cosas es "hoy", mientras estoy vivito y coleando. Si tienen que 'hablar bien' de mí, háganlo ahora, inflen mi ego hoy, después será muy tarde y ya no tendrá ninguna importancia, para mí.
Pero también podría decir mucho de mis 58, pues es mucho el camino recorrido hasta este punto. Podría hablar de mis recuerdos: de aquellos bellos y de aquellos horrorosos y feítos, pero eso -creo-, mejor lo dejamos para otro post.