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martedì 30 dicembre 2014

Aptitud Laboral Vs. Actitud Laboral I

Comienzo diciendo que, hoy por hoy, la Vocaciòn Profesional ha perdido actualidad. Considero apropiado hablar, màs que de aptitud o vocaciòn, de Actitud laboral, de disposiciòn para el trabajo, de la conducta que se debe asumir frente al mismo. La problemàtica laboral actual, a nivel mundial, obliga a mirar el mundo de la ocupaciòn desde perpectivas diversas de las de antaño. 
Actualmente es inadmisible, estoy convencido, pensar y actuar en tèrminos subjetivos (la vocaciòn lo es). El joven de hoy tiene que ser objetivo, pragmàtico, realista en la elecciòn de la profesiòn, carrera, oficio o empleo porque es el Unico Modo de obtener una ocupaciòn remunerada que le garantice el pan, el vestido y el techo, aparte de ahorros, seguridad social y cuentas bancarias privadas, si posible. No he olvidado el tiempo libre y las diversiones: comodidades, auto, viajes, etc.
Veamos el caso de uno que quiere ser Abogado en Roma. Actualmente Roma y la naciòn Italia cuentan con el mayor nùmero de letrados a nivel europeo. Esto ha hecho que la profesiòn pierda importancia y, hasta cierto punto, respeto debido a la ley econòmica de la Oferta y Demanda. Lo mismo sucede en ingenierìa, arquitectura, economìa, medicina, enfermerìa, etc. lo que hace que tengan acceso a un puesto de trabajo solo 'los mejores' o los recomendados, sobre todo estos ùltimos. Por ello no es raro encontrar profesionales de muchas ramas, desempeñando trabajos diversos de su profesiòn. Por lo general, los que tienen algùn capital, abren un negocio de ropas, calzados, restaurantes y hoteles, por citar solo algunos ejemplos.
¿Què hacer, còmo actuar frente a esta problemàtica? Una respuesta es mirar, sondear, estudiar el Mercado Laboral. Ver què tipo de profesionales y de cuales ramas son requeridos y apuntar a ellos, y olvidarse de la Vocaciòn. Hoy en dìa està teniendo gran auge la Tecnologìa. 
Otra respuesta està en el ingenio y en la capacidad de adaptaciòn que tenemos cada uno de nosotros. Se dice que la vocaciòn te ayuda a desempeñar tu trabajo con amor y placer porque es lo que te gusta, porque es la ocupaciòn que se adapta mejor a tus habilidades y destrezas, pero eso es solo conceptual, ideal. La realidad es diversa y para enfrentarla tenemos que echar mano de nuestro ingenio y de la gran capacidad de adaptaciòn que es innato en todos nosotros. Para terminar, aunque no es todo, les cuento un poco de mi propia experiencia:
La Vocaciòn Profesional es un tema del que escuchè hablar solo cuando asistìa a la academia pre universitaria del Partido Aprista en mi ciudad natal, gratuitamente. De mi ùltimo año de colegio recuerdo solo el discurso de mi profesor de Matemàticas en el sentido que los maestros universitarios no serìan exigentes como los de Primaria y Secundaria. Querìa darnos a entender que los maestros de la superior eran desamorados, desinteresados de sus pupilos. Eso es lo que saquè en claro oportunamente, pero no era cierto en absoluto, pues en la universidad tambièn encontrè profesores exigentes. Algunos màs que en la secundaria, inclusive.
No tuve tiempo para escoger segùn 'mi vocaciòn' la carrera por la cual sentìa inclinaciòn y para la cual presuntamente tenìa mayores aptitudes. Pienso que tal cosa podrìa haber surtido efecto si las charlas direccionadas a ese objetivo nos lo hubieran dado a partir del Tercero de secundaria, digo, pero no tengo la absoluta certeza.
Escogì Ciencias Administrativas porque mi amigo màs ìntimo se inscribiò en èl y porque la chica que me atraìa estaba haciendo 'ya' el segundo año en esa carrera. Mi sentido comùn me decìa que ella serìa de gran ayuda para mis logros, algo asì como mi segunda enseñante. Error grande el mìo, pues los amorìos te hacen robar tiempo precioso al estudio, pero resumo:
Terminè la universidad tres años despuès del previsto, con esposa y dos hijos tiernos, un record. El otro record correspondìa a mi compañera que acabò junto conmigo la carrera que, a este punto, ya no era tal sino una verdadera y propia 'prueba con obstàculos'. La verdad es que Terminar la Carrera fue un verdadero milagro, no sè si del Divino o de algùn Santo. En aquel tiempo era creyente aùn.
Continuarà...




giovedì 25 dicembre 2014

¿Feliz Navidad y Año Nuevo?

No creo en Dios, pero espero tanto de los Hombres y creo en cada uno de Ellos. Aùn en aquellos que no dan muestras de desarrollo, evoluciòn, mejora, sino de todo lo contrario. Creo en aquellos porque pienso que son parte de los engranajes que Natura Crea para hacernos dar cuenta que debemos mirar Adelante, al horizonte que se presenta ante nuestros ojos, al progreso en todos los àmbitos y no al tùnel oscuro que queda a nuestras espaldas, que dejamos atràs con gran trabajo, con gran fatiga.
No creo en Dios, pero creo en la Capacidad de los hombres para mejorar, creo en la Fraternidad y en el amoroso afecto que cada uno de ellos encierra dentro de sì. En muchos es posible verlo, casi palparlo. Otros lo mantienen escondido, no nos dejan ni siquiera intuir, pero sè que lo tienen. Hay otros tantos encerrados en su ambigüidad y desconcierto, que libran batallas internas muy duras para escoger entre el bien y el mal.
Lo que me hace ver el avecinarse de las Fiestas, no solo las festividades natalicias y del Año Nuevo, es cuanto estamos condicionados por la publicidad y el marketing. Pensamos solo en los regalos y a la Gran Cena que, pasada, nos dejarà solo desasosiego y mal de estòmago (indigestiòn), aparte de sueño debido a la trasnochada.
Las fiestas me hacen pensar tambièn en nuestro planeta Tierra, en cuànto somos ingratos con ella. Pienso en los inmensos cùmulos de basura que verè la mañana siguiente, los casetones llenos con los restos de las celebraciones, el enorme despilfarro de materiales innecesarios y las sobras de comidas y bebidas, aparte de plàsticos y un sinfìn de desperdicios. Pienso al smog que produciràn los artificiosos fuegos y la quema inùtil de muñecos de trapo la noche del 31 de diciembre.
No sè cuànto daño hemos causado y estamos causando aùn a -dizque- Nuestro Planeta y no sè si tal cosa serà reversible. Ojalà lo fuera, pero me preocupan hechos inusuales como un zancudito (sì, uno de esos animalitos voladores) que rondaban por mi oreja esta mañana muy temprano en la oficina.
Es un hecho inusual, pues esos bichitos en diciembre no se veìan ni en sueños, a fines de setiembre o, a màs tardar a mediados de octubre, se retiraban a sus campamentos de invierno (a invernar como los osos y marmotas) para regresar sedientos de sangre a mediados de primavera cuando los dìas se hacen cada vez màs calurosos.
Bueno pues, dejo las preocupaciones, Hoy debo trabajar como muchos en el planeta entero y no es bueno hacerlo mientras te martillan la mente negros pensamientos.
Con todo, creo que, en algùn modo, las Fiestas de Fin de Año despiertan en todos nosotros nuestras fibras afectivas màs profundas, aquellas que durante el resto del año duermen el sueño de los justos. Por ello y porque creo en los Hombres (Mujeres y Varones), hago llegar ¡a Todos mis Mejores Augurios en estas Fiestas!

domenica 21 dicembre 2014

Dioses, profetas y religiones - Parte I

La mente de un neonato es como un hard disk nuevo, vacìo, libre. Listo, preparado para 'acoger' (contener) conocimientos, saber. El uso de la inteligencia y el discernimiento dependen del material que contiene la mente. No se puede 'lavar el cerebro' de un niño, pues lo tiene como una pizarra en blanco. Si en esa pizarra escribimos àrbol, agua, fruto (solo como ejemplo), la mente trabajarà solo en funciòn de esos conceptos. Si en cambio escribimos fuego, volcàn, infierno (siempre solo como ejemplo), la mente urdirà sus conceptos en base a esas palabras.
La 'memoria genètica', aquella impresa en los cromosomas, en el ADN, aprehendida, asimilada, tomada de papà y mamà pueden tener vigencia (pienso) solo cuando el individuo carece de influencia externa o lo tiene en grado mìnimo. Si un niño X y una niña Y europeos fuesen adoptados por una pareja de afganos musulmanes, tales niños aprehenderìan todos los ritos musulmanes y sus costumbres, y vivirìan como musulmanes afganos. O, haciendo un ejemplo real, los hijos adoptivos de Angelina Jolie y Brad Pitt, la niñita etìope y el varoncito vietnamita se adaptaràn al tenor de vida y a las creencias de sus papàs adoptivos y no se reconoceràn jamàs en los patrones de vida de sus paises de origen. Casi puedo asegurar que la memoria genètica de cada uno de estos niños quedarà sepultado quièn sabe en cual profundo y oscuro laberinto de sus ADeNes.
Todo lo anterior me hace estar cierto que los niños, si no tienen una orientaciòn expresa, imitan todo. Es, por ejemplo, mi caso. La idea de Dios y de Religiòn me viene, màs que de mis padres, de mi abuela y de las escuelas que frecuentè. Mi abuela, una señora muy devota, asistìa diariamente a misa por las mañanas y a las novenas vespertinas. Su apego a la religiosidad era tal que, cuando no estaba en misa o novena tenìa siempre con ella un rosario del que echaba mano por las noches antes de dormir o muy temprano al despertar. Otra faceta de su religiosidad constituìa su participaciòn en las obras de caridad parroquiales y, màs tarde, cuando postrada en cama debido a una paràlisis de la mitad izquierda de su cuerpo, no abdicò de su creencia y rezaba diariamente el rosario. Es decir, su religiosidad estaba hecha a prueba de adversidades.
Me bautizaron cuando bebè, no guardo recuerdos del hecho. En la escuela y colegio me inculcaron la Religiòn catòlica y soy consciente que mi abuela influyò en mi religiosidad, aunque sin llegar a los extremos de ella. Y eso porque mis padres no tenìan el tiempo para dedicarle a Dios, por el simple motivo que la religiosidad, de por sì, no da de comer. La Religiòn es rentable solo a partir de ciertos niveles de la esfera eclesial. Conviene decir que el sacerdocio -desde algùn tiempo a la actualidad- se ha convertido en una profesiòn muy lucrativa dejando de ser una opciòn puramente vocacional, como lo era antaño.
Jamàs he tenido vocaciòn sacerdotal. Durante mi infancia asistìa a misa y a las actividades parroquiales del barrio màs en busca de interacciòn con niños de mi edad y porque vivìa casi frente a una iglesia. No recuerdo haberme preocupado o preguntado entonces sobre la existencia de Dios. En la Secundaria recuerdo haber tenido muy buenas calificaciones en el curso de Religiòn. Màs aùn, en aquel tiempo, junto a mis amigos màs ìntimos, hacìamos parte del coro de la iglesia y acompañàbamos al cura de la parroquia cuando iba a celebrar misas en los pueblos vecinos. Es decir, hasta allì mi relaciòn con Dios andaba viento en popa. Recuerdo que al pasar por las iglesias, capillas o santuarios me persignaba una, dos y hasta tres veces. Lo hacìa para llamar la atenciòn del Divino sobre mi creencia en El. Pero ni en sueños recibì jamàs muestra alguna de que tal cosa sucediera.
No creo que alguien se interese por mis creencias o descreencias, pero si eso sucediera y aquel alguien preguntara: "¿Còmo asì y en què momento, y por cuales razones, un joven casi devoto llega a descreer de sus creencias o deja de creer en Dios?" No he sido bueno nunca para dar respuestas concisas y contundentes, pero la primera DUDA enorme que surgiò dentro de mì sobre la existencia del Hacedor fue en el primer año de universidad, durante el curso de Concepciòn Fìsica del Universo, cuando por 'primera vez' le puse verdadera atenciòn a la palabra Evoluciòn y Natura. Fue la primera vez que me atrevì a pensar con mi propio intelecto, por mì mismo, pero no bastarìa para descreer definitivamente. Cierto es que mis ausencias de la iglesia y de las misas se prolongaron, pero seguìa persignàndome hasta tres veces y no niego que le rezaba al Altìsimo, sobre todo cuando me ofuscaban los problemas, de cualquier ìndole: sentimentales, econòmicos, de salud.
La razòn de ello està radicado en las profundidades insondables de cada individuo de la raza humana; es decir, no es un problema solo mìo, es un asunto que compete a la Humanidad entera. Se trata de la SOLEDAD del hombre a quien no basta la sola compañìa de sus congèneres, debido a que cada uno constituye un Mundo Aparte, singular, ùnico, peculiar. No hay dos iguales, ni siquiera los gemelos 'idènticos' lo son. La misma cosa sucede con cada ser viviente (animal o planta) en Natura, pero ellos no estàn dotados de INTELECTO. Es el bendito intelecto lo que ha hecho que el hombre descubra su pequeñez, su Insignificancia ante la vastedad del universo y los Misterios de Natura, Y ese descubrimiento lo ha llevado a CREAR a DIOS, a su imagen y semejanza. Ojalà hubiese sido al revès, digo yo.
Tan a su imagen y semejanza hizo el Hombre a dios que a este ùltimo no le falta nada para ser como su Creador. Es màs, lo supera, pues es Omnipotente, omnipresente y Egoìsta. Basta leer el Primer Mandamiento del Decàlogo: "Yo soy tu Unico Dios, no tendràs otros dioses delante de Mì, porque Yo soy Fuerte, CELOSO..." Es decir, aborrece la competencia, tal y cual, como su creador que quiere todo solo para èl.
Resumiendo: El egoìsmo de dios supera el egoìsmo de su Creador, el hombre.






mercoledì 3 dicembre 2014

Un hervidero de ideas...

Tengo un saco de ideas en la cabeza. Creo que no es un saco, creo que es solo un costal. Creo que no es siquiera un costal, creo que es solo un costalillo, un atado como el de mis paisanos los shucos de Huànuco. Pero no es un costalillo amarrado con una pita o anudado con parte del mismo costalillo como usan hacer en mi tierra*. No, el mìo es un costalillo abierto en el que pululan las ideas como hormigas en un hormiguero o avispas en un avispero. Cada una de las ideas de mi costalillo se yerguen, se empinan, se empujan entre ellas, se sobreponen, hacen fuerza para ponerse adelante y ser visibles, alzan la mano pidiendo la palabra como en un fòrum luego del discurso final del conferencista, cuando se da inicio al debate. Cada quien quiere decir la suya: Muchas tienen dudas, algunas quieren comentar, otras agregar conceptos, otras cuestionar y algunas que quisieran decir en voz alta que concuerdan o disienten, etc. Son muchas, sì. Y son varias, diversas, heterogèneas.
Pero es necesario decir que mis ideas no son nada del otro mundo. Son sencillas, son simples y son claras, dirìa yo que son diàfanas, que me permiten ver y entender - al menos a mì- con nitidez lo que encierran dentro de sì cada una de ellas. Cierto es que todo tiene un lìmite. Asì, la claridad y la diafanidad nos permiten ver con nitidez solo hasta cierta distancia, o por lo mucho hasta el horizonte y no màs allà. Podrìamos pensar a los binoculares y telescopios, pero aùn con esos instrumentos la visibilidad tiene un lìmite. Esto ya me hace pensar a la finitud del universo, que es una de las ideas que pugnan por salir de mi costalillo.
¿Imaginan los trenes de la Metro en las horas punta, con gente que se aglomera a la salida para apenas abran la puerta, salir casi con desesperaciòn? Mis ideas son esas personas con ansia de alcanzar la puerta que son mis palabras. Sì, mis palabras son las puertas que dejan salir a mis ideas, a algunas de ellas casi escapar, huyendo de los laberintos de la Metropolina de mi cabeza.
Quizàs convenga decir tambièn que mis ideas no tienen asidero cientìfico, pues no soy tal. Tampoco soy culto, docto o dotado de erudiciòn en materia o tema de gènero alguno. No soy un lìder polìtico ni religioso; ni boss ni jefe, ni caudillo de causa alguna, perdida o cierta.
Dicho esto, queda solo decir que el suscrito no es otro que un simple y humilde socio de la sociedad de los tiempos actuales. Socio en el sentido de parte, participante, mas no de compinche, secuaz o còmplice, que se entienda bien.
(*) Maleta ahorcada le llaman los huanuqueños.

martedì 2 dicembre 2014

Los ancianos de la tribu.

Voy camino al aeropuerto. Autos por doquiera en la Cristòbal Colòn (Roma), los que van y los que vienen, es un dìa de mucho tràfico. El semàforo da rojo, una fila de carros se detienen en los diez carriles de la avenida (cinco de ida, cinco de retorno). Un muchachòn sobre una Mercedes A1 està a mi izquierda, noto su impaciencia por las miradas insistentes adelante, atràs, a los costados y por su constante acelerar y desacelerar sin razòn. 'Sin razòn', digo yo, pero aquel chico realmente tenìa una razòn. La razòn de su tierna edad, de su inexperiencia, no digamos de su torpeza.
Pensar al comportamiento de aquel chico me hizo retroceder en el tiempo, a mis tiempos mozos. Recordè la primera vez que corrì como un loco sobre una Dodge (no recuerdo el modelo, era de esos enormes lanchones), sin siquiera tener el brevete, alcanzando 110 km/h sobre carretera afirmada. No lo pensè entonces, pero soy consciente (hoy) que mi comportamiento fue de absoluta negligencia, casi de irracionalidad.
El auto parecìa volar, veìa pasar los arbustos y postes de la electricidad uno detràs de otro en un veloz desfile que no me permitìa ver detalles. Luego, el desnivel del suelo unido a la velocidad daba la sensaciòn que el auto 'rebotaba' sobre la carretera como si surcara olas sobre el mar. Aquella era una sensaciòn placentera y hubiera querido permanecer en ella por mucho tiempo, pero recordè que el propietario del auto estaba en el estadio y que dentro de muy poco, terminado el espectàculo futbolìstico, querrìa encontrar su auto lavado, limpio, y me quedaba apenas el tiempo justo.
Recuerdo haber considerado, solo por brevìsimo momento ( el tiempo de un flash) la posibilidad de un accidente y de sus consecuencias. Consecuencias solo en el sentido de causar averìas al auto, no pensè para nada en mì mismo, en lo que podrìa ocurrirle a mi fràgil humanidad en caso de un choque.
Aquel flash brevìsimo, de todas maneras, hacìa de mì un tipo con algo de prudencia (creo que fue eso, y no temor) de lo que hoy me alegro.
Recordando aquel temerario episodio de mi vida, puedo decir con certeza que el que corrìa como loco, aquella tarde 'montado' en el auto Dodge, era mi mocedad, mi inexperiencia y, un poco, en mi caso, mi estupidez,
Mientras viajo aùn por la traficada Cristòbal Colòn, no dejo de pensar sobre el por què los seres humanos estamos hechos asì. Por què no somos como aquellas aves que trasmiten a la prole sapiencia y conocimientos a travès del ADN. Cada uno de aquellos polluelos, sin ni siquiera haber venido al mundo, tienen dentro de sì 'las instrucciones' para enfrentarse a la vida. Una maravilla que no es solo el caso de algunas aves. Tambièn se puede citar a los salmones, a cierto tipo de tortugas marinas y a las mariposas monarca. Ellos no necesitan de la experiencia para lograr el conocimiento, el saber.
Sigo viajando, pero mi memoria permanece pegado a mis recuerdos. Me veo en otras circunstancias (cosa rara) similares a la del chico de la Mercedes. Me veo manejando en mi paìs, impaciente frente al semàforo en rojo, acelerando, frenando, quemando combustible inùtilmente, estùpidamente, manejando con temeridad en una jungla de vehìculos donde, para quien tuviera una pizca de buen sentido, habrìa màs bien necesidad de manejar con cuidado, prudencia, buen tino.
Pero no, los humanos tenemos necesidad de experimentar por nosotros mismos aquello de 'el golpe enseña'. A decir verdad, a muchos de nosotros, ni siquiera la dureza de los golpes de la vida dona algo de buen sentido, de sabidurìa, Por fortuna, 'muchos de nosotros', no quiere decir 'todos'. Y son tantos aquellos que hacen tesoro de las experiencias vividas, de los coscorrones que la vida les ha propinado. Son gente que si està corriendo, se frena y se pregunta: ¿Por què corro? Y no solo. Gente que si se ve hoy con el tiempo ajustado, al dìa siguiente se alza màs temprano para evitar apremios. Excepcionalmente son gente joven, pero la gran mayorìa de las personas que hacen este tipo anàlisis vivencial, son mayores. Yo dirìa que son gente que no ha vivido en vano, que han aprehendido y aprendido las lecciones de la maestra Experiencia, que -resumiendo-, son 'los ancianos de la tribu'.