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A su imagen y semejanza.

Partiendo del razonamiento cientìfico que   la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma ,  me atrevo a pensar que  Natura  ha estado presente desde el  nacer de los tiempos  en el universo y que los billones de años (o lo que fuesen) no estuvo sino gestando, 'preparando' aquel momento crucial del  presunto Inicio , nacimiento, principio que deberìamos poner entre comillas (""), puesto que, a este punto, el  Verdadero Origen  estarìa mucho màs atràs. No podemos ir hasta allà y yo no me atrevo ni siquiera a imaginar, pero debo remarcar que la  acciòn transformadora de Natura  ya estaba allì.  Dios  no estuvo allì, pues  a èl lo creò el Hombre , muchìsimo tiempo despuès,  a su imagen y semejanza. Millones de años despuès del  Big Bang , la explosiòn inicial que diera  origen al universo,  las galaxias y todo lo que en ellas existe: sistemas planetarios, estrellas, cometas, polvo int...

Las ollas milagrosas de mi madre.

Yo no sé cocinar poco, medido, calculado. Cuando me toca cocinar en casa o cuando cocino en casa por el simple placer de hacerlo, siempre cocino mucho, bastante, harto. Y sobra comida para la cena y hasta para el calentado del siguiente día. No es mi intención exagerar, la cosa me viene de por sí, natural, sin quererlo. Sucede todo lo contrario con mi esposa, mi compañera, la Super Mamá de mis Hijos, ella cocina exacto o casi. Cuando la veo cocinar me viene la impresión de que alguien se quedará con hambre, que las raciones no serán suficientes. Naturalmente no sucede así, las raciones son exactas o, por lo general, sobra poco, muy poco o casi nada. Mi 'costumbre' de cocinar abundante ha sido motivo de polémica familiar, porque en oportunidades hemos tenido que tirar la comida al cesto de los desperdicios, en verano mayormente. Más tarde, analizando con calma, hemos hallado 'la fuente' de proveniencia de nuestros hábitos y hemos convenido en que lo mío es más que eso, ...

Mi Madre, eterna como el Padre Eterno.

Mi Madre es sempiterna, como Papà Dios. A diferencia de EL, mi Madre no es un invento de las religiones. Ella Existe y vive aún. Muchos en su natal Jacas Chico pueden dar Fe, y no solo allá. Pueden hacerlo también las gentes, entre parientes, " vecinos y esquinos "* que la vieron de niña pastorear sus ovejas por las frìas laderas de Los Andes de aquella parte del Perù. O las tantas gentes que la vieron pasar por cada lugar de la sierra central y Rupa-Rupa, adonde iba en caravana, llevando consigo el producto de sus entrañas, siguiendo los sueños del hombre que la quiso como compañera. Mi Madre no es omnipotente ni omnipresente, pero ha dejado huellas de su paso por los lugares que sus menudos pies transitaron, y dejará aún, tengo la certeza.  Ella misma, mi Madre, dice que vivirá 'quién sabe hasta cuando...'  , palabras suyas que dan a entender un vasto período, indefinible en el tiempo, inestimable en cifras, ilimitado, eterno. Y esta casi certeza le viene de un hec...

El ponche de mi abuela!, una Tradición Familiar.

Esta mañana, mientras ocupaba mi tiempo en preparar 'el rico ponche', por el Cumpleaños de Mi Heredero Mayor, mi mente me catapultò a los tiempos de mi abuela. Fue Inés la fundadora de esta Tradiciòn Familiar. Era ella que en cada cumpleaño preparaba este rico dulce a base arroz, huevos y harta leche. Otros ingredientes que recuerdo (y usamos en casa hasta la fecha) son el clavo de olor y la canela. Pero, con sinceridad, el ponche que preparaba mi abuela era otra cosa! Algo le agregaba la Señora Inés, un ingrediente secreto que no dió a conocer ni a sus màs cercanas colaboradoras, y se llevó a la tumba su secreto. Dudo que dejara escrito en alguna parte la bendita receta. El ponche de mi abuela tenìa un sabor y aroma muy particulares que no he podido igualar. Ella hacìa un ritual de la preparación, y no lo hacía sola. Todo iniciaba muy temprano en la mañana. Se reunían varias señoras, ella las dirigìa: Una se ocupaba del fogón y del ollòn sobre el fuego, no debía dejar el pue...

La Fe sin tregua de mi abuela.

Aquì encontraràn dicho lo que ya he escrito en alguna entrada pasada. Lo ya expresado con algunos agregados que mi memoria ha logrado recordar. Servirà para que mis lectores -uno o dos- logren tener una idea màs clara de la contumaz Fe de mi abuela. Una Fe Pura y Dura, inquebrantable, sin recreos, tenaz, obstinada, sin tregua.. No sè cuàn religioso era mi abuelo, no lo conocì. Sè que era mùsico, que tocaba para la Banda del Municipio de su natal Llata. Este dato me dice algo, pero prefiero dejar mis impresiones en el teclado. En cambio mi abuela, sin ninguna duda, era una mujer muy devota. Aparte de asistir a misa cada mañana, era infaltable en los rosarios cada tarde, y en las novenas y fiestas patronales de la iglesia del barrio. Su devociòn por el Divino era visible, casi palpable, clara evidencia de ello era el Santo Rosario que llevaba consigo y la Santa Biblia que conservaba en su velador. Aparte de devota, era tambièn muy humana y caritativa, preparaba dulces y comidas para ...

Los Pecados del Padre, del Hijo y de los Entenados.

Hablando de gustos y colores, yo encuentro que una pera es màs apetitosa que cualquier otra fruta. Es decir, si yo hubiese estado en el Adàn en el lugar de Edèn (perdonen, creo que es al revès), no le habrìa dado ese pecaminoso mordisco a la manzana y caìdo en la trampa, en el engaño urdido por el Divino Hacedor que, a este punto, se habrìa descubierto a sì mismo como el Verdadero Pecador. Y dudo que Eva hubiese querido cargar sola con todo el peso del Pecado Original.  No quiero ponerme en los zapatos del Todopoderoso para no ser igualante ni pecar de malcriado, pero ponièndome nomàs en mis propias zapatillas de humilde padre de familia, me permito hacer algunas reflexiones: No podemos ni debemos dejar cuchillos, sables o armas de fuego al alcance de los niños, pues pueden herirse o causar daños. Lo mismo, no podemos dejar una torta de chocolate, pasteles o caramelos cerca de donde estudian o juegan, pues apenas lo descubran lo engulliràn todo. A no ser que nuestra intenciòn haya...

La tumba de mi Padre...

Una fugaz conversaciòn con uno de mis hermanos, una tarde cualquiera de Octubre, llena de pesar el instante aquel. El pesar que me embarga en aquel momento es -pero-, fugaz como el momento mismo y como cada palabra que sale de nuestras bocas. El mensaje que me da es breve y conciso: "Hola hermano, estuve de paso por Huànuco, fui al cementerio a poner flores en la tumba de papà y... què te digo, lo hallè 'destrozado', raìdo, olvidado, no se leen ni las letras de su nombre..., hubiese querido hacer algo, pero estaba solo de paso...". Efectivamente, entiendo, mi hermano tiene uno de esos trabajos que a mì me hubiera gustado tener, le permiten ir por cada lugar de la patria, brevemente. En los lugares intermedios de aquello que serà su destino final, igualmente breve, solo se detiene para desayunar, almorzar o cenar, o quizàs para abastecerse de combustible. Y le toca luego desandar lo andado, re-pasando por los lugares ya 'visitados' a la ida. No sè, a mì me gus...