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lunedì 9 novembre 2009

Misiva al cielo para 'Merce' Gómez (mi tío QEPD).

Roma-Italia, mes de Diciembre del año 2008.
Señor Mercedes Gomez D.
El cielo s/n.
Presente.
Amadísimo tío: Te envío esta pequeña misiva directamente al cielo porque sé que estás allá. Tu vida llena de penitencias y sacrificios no te hacían merecedor de menos. Hubiese querido encontrarte, siquiera una vez antes de tu partida, para discutir contigo sobre tus extrañas filosofías: Recuerdo que a los caballos que los traías con carga desde 'Chippa-ragra' (dzipa-ragra) a Ayapiteg, de regreso a casa no los montabas, preferías ir al 'galope' detrás de ellos. ¿Qué extraña compasión hacia aquellas 'pobres bestias' (decías así) te hacía actuar de aquel modo? ¿Era quizás tu inmensa corporatura frente a la pequeña estatura de aquellos pobres animales?
Creí no tener recuerdos de la sierra, pero ¡vaya que sí los tengo! Recuerdo tus potentes gritos que, surcando aquellos espacios interandinos arribaban a destino. Eran para dar aviso al vecino de la ladera de enfrente sobre el 'daño' que los animales, escapados del corral, ocasionaban a sus sembríos. Era una especie de pacto colectivo: Tú vigilabas sus cerros y ellos hacían lo mismo con los tuyos. Y se daban avisos en correspondencia, y se evitaban mutuamente pérdidas y enojos.
"¡ Pedrooo, wasiki chaquinchu uysha papaman...!", tu voz retumbaba. Y los ecos repetían tus gritos. Y desde el lado nuestro podíamos ver con qué premura Pedro y los suyos corrían en socorro de sus sembríos de papas.
Hombre de lucha, como todos los de nuestra raza, ví desde muy tierno cómo te rebelabas contra el destino que quería imponerte miseria y hambre. Yo puedo dar fé que peleaste limpio, sin trampas, con todas las armas que tenías a tu alcance. Recuerdo cuando 'tus amigos' (así llamabas a los abigeos) se llevaron tus ganados, cómo y con qué prontitud les diste alcance y recuperaste lo tuyo. Al águila le habían robado los huevos, pero... no contaban con tu astucia, ni con tu conocimiento de la zona ni tu experiencia.
Podría pasarme la noche enumerando tus hazañas, querido tío. Recuerdo cuando llegabas de visita a Huánuco y traías pachamanca, papas asadas, cancha, rucucho*, queso, charqui y mucho afecto para todos nosotros; aparte de los sacos de papas, ocas, ollucos, trigo y cebada que nos duraban para buen tiempo. Pero, a pesar que eras solo nuestro tío político (casado con la hermana de mi madre), eras el que más nos mimaba a todos; y nosotros te queríamos también, pero no tan solo por eso; te queríamos porque siempre eras muy jovial, ameno, bromista y muy abnegado esposo y padre. Recuerdo cuánto amabas a mis dos primas mayores, y cómo casi desfalleces de contento cuando nació tu hijo varón, aquel primo mío que el destino se llevó consigo, niño aún, una mañana que intentaba coger una flor entre los roquedales de aquella peñascosa Chippa-ragra donde habitabas. Y muchos fuimos testigos de tus penas.
Por la papa te pagaban muy poco en cada cosecha. Para ti no habían ganancias, ganaban solo los intermediarios, y por eso decidiste cambiar por la cebolla. Recuerdo qué lindas cebollas rojas que produjeron tus campos aquel año, pero... el resultado fue el mismo para ti: Solo mucho trabajo, ninguna ganancia. Parecía que el destino y los hombres confabulaban en tu contra, pero no podían detener tus ímpetus de guerrero acostumbrado a las duras batallas por la vida, por la sobrevivencia, en un afán desmedido por derrotar a la miseria y al hambre.
Recuerdo también cuando encontraste aquellas vetas de minerales en tus tierras, y recuerdo cuando vendiste tus ganados y cuanto de valor tenías para pagar por los análisis en Cerro de Pasco y La Oroya. Nunca supe de los resultados, solo sé que aquella ilusión, aquel sueño, te costaron una pequeña fortuna. Cuando repaso aquellos episodios de nuestras vidas, no puedo olvidar tu Bondad Infinita. "Quizás muy pronto seremos ricos, sobrinos", decías haciendo hincapié en ese 'seremos'. Y soñabas despierto, y 'comprabas' casas, carros, ropas, zapatos para todos. "...y hasta mujer compraremos", decías aludiendo a otro de mis tíos, poco afortunado en el amor. Es que el egoísmo no tuvo cabida jamás en tu persona. Y todos te recordamos con simpatía y afecto, y reímos de buena gana recordando tus bromas y tus humores. "Tío, sácate los zapatos afuera, en el patio..." te decía riendo uno de mis hermanos. Tú reías, todos reíamos.
Hombre con un manantial de vitalidad dentro de ti, no puedo imaginarte pasivo, detenido a esperar lo por venir; tú eras un hombre de acción. Tus proezas de ir desde Ayapiteg a Huánuco caminando, y luego hacer otro tanto de regreso, me hacen paragonarte a los chasquis de aquel Gran Imperio de los Incas, pero los chasquis corrían en postas; en cambio tú, jamás tuviste relevos.
Me cuentan que fuiste a la costa en busca de fortuna, eso no lo sé. Conozco sí con certeza que estuviste en la selva, prestando tu fuerza como 'enganchado'. Poco dinero para tanto esfuerzo, pero nunca te quejaste.
¿Qué más puedo decirte tío? Tus afectos hacia todos nosotros siempre han sido correspondidos. Lo que me apena es saber que los tuyos, ahora que ya no estás, dejaron tu casa y tus tierras, y se fueron a vivir a la ciudad. Recuerdo que una de mis primas decía que trabajabas demasiado, que te preocupabas mucho por 'tener algo' como si después podrías llevártelo a la tumba, pero sé que ella no te entendía: Tú no querías nada para ti, lo querías para los tuyos; para tu esposa, para tus hijos y para la familia en general entre los que se encontraban parientes directos y parientes políticos como nosotros. No, ella no te entendía.
Querido tío, te fuiste en el momento equivocado. Yo sé que jamás has esperado al tiempo, que ibas siempre a su encuentro, pero... tu existencia colma de continuos intentos por alcanzar el éxito y la fortuna me hacen estar cierto en mi convicción de que todos venimos a este mundo con un rol de actuación que debemos desempeñar a cabalidad hasta el capítulo en que finalice nuestra intervención en este teatro grandioso que es la vida. Entonces no se cierra el telón aún, pero en aquel punto, ya muchos de nosotros no hacemos parte del elenco.
Según las religiones orientales, todos nacemos y renacemos indefinidamente hasta alcanzar el Nirvana (creo que es así), el desarrollo espiritual más alto. Si esto fuera así tío, y si aún no has regresado al 'elenco de actores', por favor reposa tranquilo, en paz hasta cuando serás llamado para una nueva actuación. Entre tanto, si puedes, habla con el Director (mueve tus fichas) para que en la próxima temporada te dé un papel más digno, considerando el duro trabajo y la brillante actuación que tuviste en la temporada que terminó. Yo rezo para que sea así.
Al evocarte en en esta misiva no puedo dejar de pensar en todos los campesinos de nuestra patria y en cuánto injusta es la vida con todos ellos. Son hombres como tú que, con extenuante trabajo hacen producir la tierra para alimentar a la población entera de nuestro Perú.
Ojalá los políticos de turno conocieran tu sacrificio y desvelos para que desde el Parlamento emanasen Leyes que dignifiquen el trabajo, ya no el tuyo, sino de tantos como tú cuyo único pecado es su exacerbado amor a la Mama Pacha, y se pagaran precios justos por los productos agrícolas que llegan a los mercados.
Te querremos siempre tío, todos y cada uno de nosotros; y cuando nos tocará dejar 'el elenco', tu recuerdo nos acompañará por los siglos de los siglos. RIP

NOTA DEL AUTOR:

Son tantos años que falto de mi tierra, de mi país, de los míos. Durante mi ausencia han ocurrido, allá, hechos muy dolorosos, uno de ellos motivo de esta misiva al cielo.
Mi tío Mercedes, llamado así por haber nacido un 24 de Setiembre "Día de la Inmaculada Virgen de las Mercedes", fue un campesino muy peculiar. Su enorme talla, seguramente por encima del metro ochentaicinco, lo hacían sobresalir entre todos los comuneros de la zona de Ayapiteg. Su enorme musculatura, su rostro anguloso y su mirada vivaz y penetrante, lo hacían 'un tipo respetable' en la opinión de tantos. Pero en el fondo, aquel 'cholazo' como también lo llamaban algunos, era una persona muy tierna y bondadosa. Puedo dar fe del inmenso amor que profesaba a su esposa, hermana de mi madre; a sus hijos, por quienes decía: "sería capaz de arrancarle la presa al cóndor si en algún momento le falta alimento a mis hijos". Era pues un devoto marido y abnegado padre. Pero, lo que siempre y por encima de todo admiré en él, fue su apego, su infinito amor a 'la Mama Pacha' (la tierra). Una fe y esperanza inquebrantables acompañaban a ese amor inconmensurable. Año tras año, temporada tras temporada lo veía trabajar labrando sus tierras. Y muchas veces la tierra era generosa, pero... la injusticia terrible de los hombres dejaban a mi tío, siempre, con apenas migajas.
Convencido de que solo el trabajo puede crear riqueza, trabajaba de sol a sol, y no solo en sus tierras. Lo hacía también colaborando con los vecinos (ayni) y en aquellos que eran menester para la comunidad entera (minka).
Yo podría agregar que, sí, es el trabajo que crea riqueza..., pero riqueza ¿para quién o para quienes? Los intermediarios y capitalistas estaban solo en espera de las cosechas para pagar míseros precios por los productos. Llegaban con sus enormes camiones y 'compraban' toda la producción. Eran ellos los que fijaban los precios. Argucias como 'el mercado está bajo', 'hay mucha competencia', 'Chaglla ha tenido sobreproducción este año' o 'los mercados están saturados' servían de pretexto para ofrecer precios miserables. Luego, llegado a los mercados, eran ellos mismos, otra vez, a dictar los precios.
Mi tío tenía razón: "El trabajo crea riqueza". Desde siempre, el trabajo de aquellos sufridos hombres del campo, ha creado riqueza para unos pocos intermediarios capitalistas que lo único que hacían (y seguramente lo hacen aún, hoy) era recolectar en el campo y trasladarlo a los mercados. ¡Qué injusticia, Dios!
Hoy, aquel hombre todo ternura y coraje ya no está, se fue. Y se ha llevado con él sus esperanzas y su fe. Sé que su viuda y sus hijas dejaron sus campos y se mudaron a la ciudad.
No sé si a estas alturas las condiciones para los campesinos de mi patria habrán cambiado. Quiera Dios que sí.
Llegan hasta donde me encuentro actualmente, noticias halagüeñas sobre la economía de aquel sufrido Perú. Yo espero que sea cierto y que esa mejoría económica se refleje en el mejor trato a todos los campesinos. Yo sé que entre ellos hay muchos aún que, como este mi tío querido, no pierden las esperanzas de que las cosas mejoren... para todos, como era su deseo. Esta misiva, lo escribí -es visible- hace ya casi un año.