Follow by Email

venerdì 27 gennaio 2012

Lo que vale "Tener conciencia".

Para comenzar les tengo una historia tierna y esperanzadora. Hace apenas unos días, en el hotel donde trabajo, una pareja de holandeses, muy simpáticos, pidieron una cubierta (frazada) adicional, pues en Roma -y en toda Europa- hace mucho frío, estamos en invierno. Cuando les recordé que la habitación estaba dotada de 'aire acondicionado', muy gentilmente replicaron que lo sabían, que 'preferían no usarlo para no causar más daño al medio ambiente'. "Con una frazada más estaremos bien..."
El tema del medio ambiente es un tema de actualidad, candente, polémico. Existen instituciones ad hoc, 'creadas' expresamente y dedicadas 100% a la publicidad ambientalista y a la protección del mismo. En paralelo, existen personalidades del mundo político (por cálculo político, precisamente), del mundo cinematográfico y encumbrados representantes de la sociedad en general, abocados al tema del cuidado de nuestro planeta y de todo lo que a ella concierne: animales, plantas, recursos hídricos, paisajes, clima, etc.
Fundaciones o asociaciones como Greenpeace o WWF son ampliamente conocidas a nivel planetario. Basta entrar a internet, allí podemos encontrar información sobre las actividades de cada una de estas organizaciones, y no solo de ellas, pues cada nación, cada estado que se precie de tal, dentro de su organigrama tiene una institución que salvaguarda 'ambiente y recursos naturales'. En el Perú tenemos el Ministerio del Ambiente, de casi reciente creación.
El tema ambiental es una preocupación reciente. Empezó, posiblemente, a mediados de los años 60 y se institucionalizó formalmente al inicio de los 70s. Desde entonces la preocupación de los gobiernos e instituciones ha ido creciendo hasta, recién en nuestros días, haber logrado 'concientizar' a gruesos porcentajes de la población mundial. El trabajo de divulgación de muchas instituciones, aparte de las señaladas, ha servido para 'despertar la conciencia' de gobiernos y población en general sobre los peligros que acechan a nuestro planeta si continuamos con nuestra desidia e irresponsabilidad. Muchos se preguntan, ¿qué planeta dejaremos en heredad para nuestros hijos y nietos si no nos ocupamos del cuidado de sus recursos: agua, bosques, atmósfera, etc. ahora, hoy?
Pero, lo que más ha influído para este 'despertar de conciencias' han sido Los Síntomas de Malestar de nuestro planeta. Síntomas inequívocos, claros. El más evidente: el calentamiento global, está haciendo que se derritan los 'hielos eternos' del Artico y Antártico, y no solo, pues la gravedad de la situación es visible también en muchos lugares de la tierra. Por ejemplo, el Kilimanjaro, la montaña símbolo de la Tanzania, ya no muestra sus cimas nevadas de hasta hace unos años, pues se han derretido.
Otro síntoma es el brusco cambio climático a nivel global. Acá en Italia, por ejemplo, el verano del 2007 (si no recuerdo mal) fue solo tibio y el otoño una prolongación del verano de ese año, tanto que los árboles no perdieron sus hojas. El invierno no se sintió e inclusive las plantas 'confundidas' iniciaron a florecer... 'pensando' que estaban en primavera.
Hay verdaderamente motivos para preocuparse y en esa dirección iba mi pensamiento cuando decidí escribir este post. El cuidar de nuestra casa -nuestro planeta lo es-, es responsabilidad de todos los que habitamos en ella, grandes y chicos. A los chicos tenemos que enseñarles nosotros los grandes, sus padres o personas mayores. Llegan hasta nosotros, a través de diversos medios, reglas, métodos y modos para 'evitar ensuciar' nuestros ríos, el aire que respiramos, el ambiente que nos circunda e inclusive para 'hacer el recojo diferenciado de la basura' en nuestros hogares, pero ¿cuántos de nosotros hemos tomado conciencia de lo que esos simples gestos pueden ayudar en la conservación de la salud de nuestro planeta?.
Una cosa muy simple es, por ejemplo, el utilizo inteligente de las fuentes de luz y de calor. No debemos dejar encendidos lámparas ni focos, aún si de consumo mínimo, en habitaciones vacías. Hasta los pilotos de los artefactos eléctricos (esas luces pequeñitas -a veces de color rojo intenso- que nos 'avisan' que el televisor está enchufado, o cualquier otro aparato) se deben apagar, porque queman el oxígeno y producen CO2 (anhidrido carbónico), letal para nuestra atmósfera y para nosotros mismos.
Sabemos también que el uso indiscriminado de los aerosoles y del aire acondicionado, productos de la modernidad, son sumamente nocivos para nuestra atmósfera, pues 'consumen' el manto de ozono que envuelve y protege al planeta de la terrible amenaza de los rayos UV que llegan a producir cáncer de piel a los que se exponen a ella. Y esto es que no digo nada sobre la amenaza de los plásticos y las sustancias oleaginosas (aceitosas) en nuestros lagos, ríos y océanos. Tampoco sobre la tala y quema de bosques que reducen las áreas verdes, verdaderos pulmones de nuestra 'amada' Mama Pacha.
¿Fumas?, bueno, pero no tires las colillas encendidas por la calle, pues aparte de ensuciar áreas públicas que a todos nos cuesta la limpieza, ese residuo de tabaco 'encendido' produce anhidrido carbónico hasta consumirse por completo, y produce daño al ambiente. ¡Apágalas! y luego échalas a un contenedor.
Hay mucho por decir y por hacer. Soy optimista y digo que será magnífico encontrar cada vez más gente comprometida con nuestro planeta, 'involucrada' en la Gran Tarea de Conservación y Mantenimiento de un Ambiente Saludable, Puro'. Pienso que seremos muchos (ya los hay) los que seguiremos el ejemplo de aquellas personas de la historia inicial de este post.



domenica 15 gennaio 2012

Una mamá estupenda.


Les tengo una historia que no es mía. La escribo aquí porque me parece interesante cómo ciertos padres (una mamá en este caso) logran vencer todos los obstáculos que les presenta la vida y conducen con amor, paciencia, mucha disciplina e inteligencia, a los hijos, hacia un futuro prometedor.
Este relato que es casi un chisme, está tomado de la vida real. Casi chisme porque no he tenido acceso a la fuente original, pues la que me proporcionó los datos es hermana de aquella... mamá estupenda.
La escena: Los alrededores de la ciudad de Nápoles de los años cincuenta. Personajes: Una mamá, el esposo y cuatro hijos (tres varones y una niña).
El sur de Italia, aún en nuestros tiempos, es visto como la zona de sombra de este pais que se halla entre las 10 naciones más ricas del planeta. Los del norte, considerados desde siempre los ricos, miran con desprecio al sur, como la cuna de los males de la república: Pobreza, mafia y degradación debido al poco apego de su gente por la disciplina, el trabajo y el sacrificio. No digo que exista certeza en la visión de los nordistas. Si uno quiere encontrar defectos, ni aún Dios se libraría de tenerlos. Lo que sí es cierto, el sur de la península está más olvidada que el resto de la nación. Existen intereses políticos y económicos para mantener este status. La n'drangeta, la camorra y la mafia siciliana se las ingenian para lograr aquello, pero esos son temas de carácter político que prefiero obviar.
Los tiempos de la post guerra han sido muy difíciles en toda Europa. Dicen los italianos: "Qui è stato peggio ancora" = Aquí ha sido peor aún.
Creo que la bonanza en una nación se puede medir por el porcentaje de ocupación de su gente. La bonanza no había llegado aún, lo haría muchos años después.
De aquí emigraron muchos, pero es loable la labor de aquellos que optaron por quedarse e 'hicieron patria' en la tierra que los vió nacer; es el caso de esta valerosa mujer del sur.
Casada con "un bueno para nada" (así me llega la 'información'), que lo único que había hecho era "solamente hacerme parir hijos". Luego agrega (siempre en la voz de mi informante) un tanto irónica: "Debo decir también que eran épocas difíciles, no había trabajo ni siquiera para aquellos que verdaderamente querían trabajar...".
Con un panorama así, ella se las tenía que ingeniar para que no naufrague el barco. Organizó milimétricamente todo: A los hijos los puso a estudiar por las tardes, por las mañanas tenían que 'ganarse el pan que se llevaban a la boca'. A uno de ellos consiguió colocarlo como ayudante en una carnicería ' por nada' o por casi nada. A cambio de la ayudantía recibía una paga en carne que servía para variar la dieta semanal, inicialmente. Al otro hijo logró colocarlo ' a ruego' en un pequeño almacén de verduras y frutas, igualmente su paga venía en productos que servían para la alimentación de la familia.
Mamá muy inteligente, los excedentes de frutas y verduras los vendía entre la vecindad. En la puerta de su casa -en aquellos tiempos era permitido- puso una mesa con los productos que le proveían los hijos y se las ingenió para surtir con gaseosas, galletas y golosinas que ofrecía al vecindario y a los pasantes.
Al tercero de los hijos logró colocarlo en un taller de mecánica, por solo propinas, las mismas que servían para comprar lo que faltaba para el sustento de la familia: Azúcar, sal, fideos, harinas, etc. que posteriormente también ofrecía al vecindario. Es decir, sin querer queriendo -o, más bien, quizás queriéndolo en absoluto- convirtió su casa en una bodeguita.
Sus palabras: "Mi tierra -se refería a la península itálica toda- ha sido cuna de grandes hombres, pero no veía en mis hijos grandes capacidades, solo optimismo que yo les contagiaba y... vitalidad, mucha vitalidad; cosas que para mí eran virtudes suficientes". 
"En la sociedad no son necesarios solamente médicos, economistas o científicos, lo son también carpinteros, mecánicos y electricistas, y tanta variedad de oficios para los que basta solo saber leer y escribir" era otro de sus discursos. Madre muy atenta, indagaba en la escuela con cada uno de los profesores sobre el desempeño escolástico de sus engreídos, y sacaba conclusiones. Es posible que ello la ayudaría a deducir dónde colocar a cada uno. Los chicos por su parte no eran flojos, pues le ponían ganas al 'trabajo' y a los deberes escolares; posiblemente porque intuían que era el modo mejor 'de ayudar' al progreso de la familia, pero más porque mamá estaba detrás de ellos como 'sus sombras'. 
"Una madre ve las capacidades de sus hijos..., hubiera sido inútil exigirles que hagan una carrera universitaria, pues -de lograrlo- habrían sido profesionales mediocres, incompetentes...; en cambio, eran muy buenos en sus oficios".
Al cabo de unos años, cada uno de ellos ya llevaba a casa un pequeño salario, aparte de continuar proveyendo carne, verdura y frutas para la mesa familiar. Una anécdota: Sucedió cuando uno de los chicos se escapó al río a darse un baño.
-¡Mamá, la carne se me cayó al río y se lo han comido los peces...!
-¡Muy bien, pues esta semana no se comerá carne en esta casa!
Aquella semana no hubo carne en el menú familiar. Es que la disciplina era de vital importancia en la teoría y en la práctica de aquella estupenda madre. "A los hijos hay que hacerles sentir el peso de las responsabilidades, es para el bien de ellos mismos", lo decía.
No sé si desde siempre habría tenido en mente aquel programa para sus hijos y, naturalmente, también para ella y su familia. El caso es que, llegados los hijos a determinada edad, dió a cada uno un jugoso capital para que pudiera emprender por sí mismo un negocio. Y, así, cada cual se hizo de uno propio. Cada quien en el oficio aprendido: taller de mecánica, carnicería y minimercado que, luego, con el boom económico de los años posteriores, dió a todos y cada uno jugosas ganancias.
Los hijos adoran a la mamá. Cada uno elogia a su manera las virtudes de la mujer que los trajo al mundo.
"La mamma merita un monumento", dicen. Y lo dicen con emoción y agradecimiento. Dicen también que 'intentan' criar a su respectiva prole con los criterios con que mamá los crió.
Otra anécdota: En cierta oportunidad uno de los hijos, habiendo discutido ásperamente con su esposa, corrió a la casa materna pretendiendo quedarse en ella por tiempo indefinido, pero miren lo que sucedió:
-Má, me he peleado con la Julia*, por eso he venido a quedarme acá...
-¿Qué cosa?¿Te vas a quedar en mi casa y luego de unos días vas a pretender que te lave la camisa, que te planche el pantalón y te cocine? No. Tu nombre ya no figura en la lista de comensales de esta casa, fíjate (mostrándole un papel borroneado), ha sido borrado. Puedes quedarte solo tres días, terminados los cuales si no has logrado amistarte con Julia, te debes buscar un hotel u otra casa donde vivir..., tengo mis propios problemas y no puedo ocuparme de resolver los tuyos...
Una madre verdaderamente genial, ¿no creen?.
*Nombre al azar, podría ser otro cualquiera.


sabato 14 gennaio 2012

Fantasmas y voces de 'ultratumba' - Parte final.


Resumen de la I Parte.- Desde mis tripas 'alguien' dice ¡oye!. No es alguien, son mis tripas mismas que quieren convencerme de su derecho a tener 'voz y voto'.También 'doy duro' a mi hermano mayor.
Resumen de la II Parte.- Narro con detalles mis experiencias en Huachispampa y cómo el cementerio de aquel pueblito hacía emerger, desde mis tuétanos, todos mis temores y miedos, que no han desaparecido aún. Este último dato es válido, real, verdadero. Mis fantasmas están dentro de mí, los he descubierto y no hallo el modo de deshacerme de ellos. Pero pruebo.
Decía en los últimos renglones de la II Parte: "Mis experiencias más actuales me han llevado a 'descubrir' de dónde provienen algunas voces, sonidos y ruidos varios que -mentalmente- muchísimas veces, dependiendo de las circunstancias, me remitían a pensar en fenómenos ultratumbescos (no sé si la palabra existe en el diccionario, pero eso tampoco importa)."
Efectivamente, es así. Sucedió el invierno pasado cuando forzando mi paso entre dos sillas... ¡escuché un silbido!. Si mi 'detector de presuntos fantasmas' no hubiera estado encendido (alerta), habría pensado que algún ser de ultratumba 'me estaba llamando'. Aquella mañana llovía y por eso estaba con el impermeable que al rozar con el ángulo de la silla de madera produjo 'aquel silbido'.
Mi termo, esa cosa que muchos tenemos para conservar el agua caliente (tè, cafè o cualquier otra bebida) me ha jugado dos bromas. Una de ellas una noche cuando ya estaba acostado con las luces apagadas. Duermo solo, de repente escuché un lamento quedo, suave, como el quejido de un niño o de una mujer que sufre en casi silencio. Mi reacción inicial fue de sobresalto, pero casi de inmediato me repuse y comencé a afinar el oído buscando la fuente de aquel 'quejido' prolongado. ¡ Era mi termo!, por la tapa escapaba el aire que la presión del agua caliente creaba en su interior y producía aquel 'minúsculo silbido continuo' (no sé cómo llamarlo) que mi mente se encargaba de hacérmelo llegar como un quejido.
La segunda me la hizo hace apenas unos días. Casi siempre estoy solo y era muy temprano por la mañana. De repente escucho que alguien hace gárgaras en el baño (junto a la cocina). Me sorprendo -no siento miedo en absoluto-, voy al baño, está a oscuras, no hay nadie, pero el ruido de los gargarismos continúa. Voy a la cocina..., ¡era otra vez mi termo!. Pocos minutos antes había llenado el té caliente, había escapado algo de líquido por los bordes y producía 'aquellas gárgaras!.
Bueno pues, lo dije ya, nuestro diario vivir está lleno de rumores, ruidos, sonidos varios que, dependiendo de las circunstancias y del lugar dónde nos encontramos, y también del modo cómo estamos hechos culturalmente, nuestro cerebro se encarga de 'presentárnoslo' enmascarado o disfrazado de aquello que más tememos: el demonio, el alma, el fantasma o el cuco.
Para terminar quiero referirme a dos hechos que guardo aún en mi memoria. Uno tuvo lugar en Huánuco, cuando muy niño, en casa de mi abuela, pues vivíamos con ella. Ya tenía conciencia de las cosas y ¡mis miedos y mis fantasmas! estaban en pleno fermento. El baño de la casa estaba dentro, en un lugar poco iluminado. Ya en el día era penumbroso, imaginémonos de noche, y era noche -quizás madrugada- cuando ocurrió lo que aquí cuento. Recuerdo que sufría mucho de diarreas, tantas veces 'me ganaba' y me hacía en el pantalón aún cuando no era mi intención. El caso es que desperté (en la noche o madrugada) con la necesidad 'urgentísima' de vaciar los contenidos de mis débiles intestinos y, al baño no podía (ni quería) ir por mi temor a la oscuridad. Me quedaba la calle, y hacia ella corrí. No logré ni sentarme, casi pegado al tapial de enfrente, con gran estruendo mis tripas expulsaron los líquidos malolientes que contenían. De inmediato me vino la calma, y no me importó la fetidez, pero aquí viene lo 'misterioso'. Mientras esperaba que mis tripitas terminaran con su trabajo de 'expulsión', del lado de la otra pared colindante con la casa de mi abuela, exactamente en el huertito de hortalizas perfectamente delimitado con espinos de huarango para evitar que entraran animales o niños (trabajo de mi abuela), comencé a sentir un gemido largo y doliente. A mis pocos años era ya capaz de discernir que al huertito no podía haber entrado nadie (por lo de las espinas), pero aún así no sentí miedo. Solo me quedó la curiosidad. Por la mañana, al ver que los espinos estaban intactos, narré a mi abuela aquel episodio. Por toda respuesta, ella dijo: "Habrá sido el alma pues, negrito". Y desde aquel entonces sí, empecé a sentir miedo.
Observando aquellos hechos con mis ojos de hoy, llego a la conclusión que, también en aquella ocasión, fueron mis tripas que jugaron conmigo. Es más, se burlaron de mí cruelmente.
Ya casi no hay espacio para más. Intentaré resumir el segundo hecho al que hice alusión líneas arriba. No tiene nada que ver con los sonidos, sino más bien con las imágenes, lo que trae a mi memoria lo aprendido en el curso de Psicología de la secundaria, cuando uno confunde las sábanas con 'fantasmas'.
Sucedió en Angashyacu, en aquel entonces un caserío de 'chozas' de contarse con los dedos de las manos, mi padre trabajaba en lo que entonces era el Proyecto más ambicioso de Fernando Belaúnde Terry: La Carretera Marginal de la Selva. La casita en que vivíamos estaba en lo alto de un entarimado de pona (creo que así se llamaba aquella especie de madero de cocotero, muy resistente), fijado al suelo a través de horcones de un metro o un metro veinte de alto para evitar que las alimañas pudieran compartir frazadas con nosotros. Todas las casas son construídas así en gran parte de la selva.
Para hacer pipí no tenía que bajar las escaleras. Solo me acercaba al borde del entarimado y desde allí 'regaba' los hierbajos y plantas de los alrededores, pero he aquí que veo un bulto blanco fosforescente a mi izquierda, que se movía al compás de la pequeña brisa de aquella noche de luna.
Tenía 6 o 7 años y 'ya me habían envenenado' la mente. Inmediatamente lo relacioné con 'el alma' (ánima de un difunto), retrocedí en silencio, mi cama estaba casi a mis espaldas, sobre el entarimado, caí en ella como costal con papas. Intenté llamar a mi padre, pero mi voz estaba bloqueada, pues la impresión había sido muy fuerte. Un poco más y me daba un ataque cardíaco, pero no, mi corazoncito era muy fuerte.
En muchas ocasiones mis ojos han intentado jugarme bromas, pero... ya no es tan fácil. He visto sombras o, hasta personas que corren por mis costados a la par que giro la mirada, pero no son sombras ni personas, son mis anteojos. La armadura de mis lentes me hace bromas cuando estoy distraído.
En cambio, en el relato de Angashyacu eran mis legañas, lo sé ahora, pues las almas no existen, y si sí, no gastan bromas a la gente, mucho menos a niños inocentes.
Lo dije, los espacios por donde nos movemos a diario están llenos de fenómenos auditivos y visuales de todo orden, pero están muy lejos de pertenecer 'al más allá'. Son nuestros miedos, nuestros propios fantasmas -aquellos que sinquererqueriendo hemos ido almacenando en nuestros 'ser' más íntimos- los que nos hacen tener 'una percepción errada' de tales fenómenos. ¿De acuerdo?.

venerdì 13 gennaio 2012

Error muy grave.


Soy absolutamente consciente de que Madre Natura no me dotó de inteligencia. No sé si admitir eso me exima de culpa por todas las burradas (que me perdone el dócil jumento) que cometí, que cometo y que -lo digo con  certeza-, seguiré cometiendo hasta antes de exalar el último suspiro. Pensándolo bien, quizás hasta morirme será la última burrada que cometa. A propósito de morirme -aún si el comentario no viene al caso-, en un párrafo de mi autobiografía digo que "...nací para ser eterno. No inmortal, pero sí eterno". Decir eso -estoy convencido- no es una burrada, pues tengo argumentos para sustentar esa tesis.
No sé si en mi diario (que ya no es propiamente eso porque no escribo 'a diario') he hecho un elenco de todos mis defectos aduciendo conocerme muy bien. Efectivamente, me conozco. Un defectito que me encuentro a menudo es el de persignarme a mi paso por capillas e iglesias pese a no creer, desde bastante tiempo atrás, en la existencia de todo lo que es divino. Esto de persignarme es una cosa maquinal, inconsciente. Deben ser (son) los rezagos de casi una vida entera de 'creencia'. Bueno, el asunto es que me conozco. Otro de mis defectos, y esto sí debe estar en mis genes, es el excesivo amor que servo para los míos, especialmente para mis hijos. Me sucede con ellos lo que con las capillas e iglesias. Es decir, estoy convencido que mis métodos son nocivos para ellos, pero insisto en repetirlos en cadena o en círculo (¿vicioso?) que no tiene cuando acabar.
Alguna vez llegué a decir -y pensarlo seriamente- lo siguiente: "Si poseyera riquezas, daría todas las comodidades a mis hijos sin importarme si estudian o menos, si trabajan o menos. Tan solo por el hecho de ser mis hijos, atendería al más mínimo de sus caprichos".
Un discurso torpe desde todos los ángulos. ¿Cómo puede ser posible que un papá -dizque por amor- puede hacer un discurso de ese calibre? Es un discurso estúpido, pero ni modo, las evidencias de que soy tal, saltan a la vista, y no hay modo de camuflar o disfrazar (las evidencias, se entiende).
Peor aún viene a ser el caso de haber acompañado 'a la palabra con hechos'. Es decir -y en eso sí he sido absolutamente coherente como en ninguna otra cosa en mi vida-, no solo han sido palabras sino que he dado a mis hijos muestras fehacientes 'de que tienen un papá que los ama con un amor inconmensurable, sin fronteras'.
¿Y ellos? Ellos, bien gracias. ¿Qué cosa más puede querer un polluelo si mamá gallina y papá gallo les siguen poniendo el alimento en el pico? ¿O escarbando y escarbando en el huerto para que puedan 'pescar' las lombrices que quedan al descubierto, y llenarse las barrigas sin esfuerzo alguno, o muy poco?.
Y no es que estos pensamientos analíticos de mi proceder y del proceder de los míos (no solo el de mis hijos) son de ahora o de hace muy poco, no. Vienen de lejos en el tiempo, y eso, actualmente, es lo que me hace preocupar más aún, porque demuestra 'mi incapacidad' para tomar decisiones serias sobre cosas que tengo absolutamente claras en la mente y en el pensamiento.
Tampoco crean que quiero pasar por un absoluto inconsciente. Desde cuando me he percatado 'que mis actos eran nocivos', he intentado mejorar. He hablado con uno, con el otro; he hecho saber de mi 'repentina lucidez' e intentado 'marcar pautas', establecer reglas, poner un poco de orden. Como en todo, no es que las cosas salen bien 'de un solo cocacho'. Reconozco que 'yo mismo soy un problema' ¡y qué problema!.
Por ello, sacando fuerzas de mis flaquezas, en estos últimos tiempos 'estoy trabajando en la dirección' que pienso es la correcta e intento involucrarlos en lo que quiero conseguir.
Pienso que ya me queda poco tiempo -no sé por qué lo digo- y, por el amor que tengo almacenado en todo mi ser para los que considero mis 'emisarios para el futuro', no quisiera que la vida los coja desprevenidos y ' los haga sufrir', pues es dura la vida. Ella no les dará tregua ni tendrá contemplanciones.
Por eso, gallinas y gallos debemos preparar a nuestros polluelos para enfrentar la realidad que les tocará vivir. Debemos darles armas 'para la lucha': educación, laboriosidad y disciplina; también amor, por supuesto, pero sin caer en exageraciones. La consigna debe ser ¡acción! y no pasividad.
Alguien me dijo, ¿sabes que el amor, tantas veces, puede hacer mucho daño? Yo soy uno de los convencidos de que es así.
Tenemos la posibilidad de erigir nuestro monumento o cavar nuestra tumba, hagamos lo primero. 


sabato 7 gennaio 2012

Fantasmas y voces de 'ultratumba' - II Parte

Resumen de la I Parte: Una mañana de Setiembre 2010 sentí una interjección (¡oye!) desde mi barriga. No era un fantasma metido entre mis tripas. Eran ellas, propiamente mis tripas que, acompañando a mis movimientos de alzarme de la cama, empujaban el aire (o los gases, esos que muchas veces expulsamos por medio de eructos o peditos) retenido en ellas y que, al forzar algún pasaje estrecho o qué sé yo, produjo aquel ¡oye! clarísimo, pero  veamos cómo terminó aquella experiencia de mi paso por la Vía de los Libertadores.
Enclavada en lo alto, casi en la intersección de las dos carreteras: la antigua y la nueva que allí iniciaba, estaba Huachispampa, un pueblito hasta ese entonces olvidado. El proyecto llevaría luego 'su pequeña dosis de progreso' y serviría para fijar en la memoria de muchos que -como yo- pisamos en tantos domingos y días de fiesta su polvoriento suelo.
Desde el cruce donde nos dejaba el ómnibus, la 'carretera nueva' serpenteaba cuesta arriba siguiendo el margen izquierdo del Río Pámpano. Sobre el lado izquierdo de la carretera estaba Huachispampa y, seguramente 500 metros más arriba en el mismo margen, se hallaba el camposanto de los 'huachispampinos' (no sé si el gentilicio es válido, pero no importa).
La existencia de aquel cementerio para mí pasó desapercibido por mucho tiempo y no habría tenido ninguna importancia ni lo estaría contando en este blog si no fuera por lo que significó para mis ánimos durante los tantos 'ir y venir' que hice por aquel bendito lugar mientras duró mi permanencia en la zona. Tantas veces a medianoche o de madrugada recorrí aquel tramo desde el cruce hasta el Campamento Principal del Proyecto, unos cinco kilómetros que necesariamente se tenía que hacer a pie. Al comienzo, solo o acompañado que fuera, el trayecto no me daba ningún tipo de problemas, pues iba tranquilo en cuerpo y alma.
Lo curioso vino después, cuando supe de la existencia de aquel calavernario. Sentía escalofríos desde cuando me avecinaba a aquella parte hasta pasarlo por completo, más cuando iba solo. Las piedritas y arenisca que la erosión del viento arrancaban del talud me hacían erizar los pelos. ¿Acaso eran los fantasmas que poblaban aquel 'almacén de huesos', pues un cementerio no pasa de ser eso? No, era mi miedo, eran mis propios fantasmas, los que a través de todo mi vivir hasta aquel momento había ido metiendo dentro de mí a través de los cuentos de mi abuela referidos a diablos y a mujeres que se convertían en yeguas. Eran estas, mujeres que se acostaban con los curas, que las noches de viernes de plenilunio mutaban en yeguas, y el diablo las cabalgaba. En algún momento haré un recuento de las 'macabras' historias de mi abuela, QEPD. Eran también los miedos que mi madre, cuando muy niño, para 'frenar' mis correrías e inquietudes, había tatuado dentro, muy dentro de mí con sus referimientos al alma, al tunche, al cuco, para hacerme estar quieto y ahorrarse mis travesuras. Eso hacen todas las madres, creo.
No, en aquel cementerio reinaba la paz y tranquilidad absolutas. El caos, el pavor y todos los grados de miedo estaban (están aún) dentro de mí.
El problema era de noche. De día no pasaba nada. Tampoco cuando estaba 'con muchos litros de cerveza encima'; mejor dicho ebrio, beodo, zampado, mamado, alcoholizado, en una sola palabra: borracho.  Es que, cuando uno está 'en copas' se siente 'superhuamán', ¿o no?.
Quizás convenga precisar que estamos programados para sentir miedo de noche. La sociedad entera, la iglesia en primer lugar, nos han hecho creer desde siempre que 'la noche cobija a las fuerzas del mal', pero ¿cuánto puede ser cierto eso?. Lo que sabemos es que biológicamente la flora y fauna están divididos. Hay de aquellos animales y plantas mejor adaptados a la oscuridad, pero dejo ese discurso para los entendidos.
Los fenómenos auditivos: ruidos, sonidos, voces, lamentos, chirridos, etc., etc., están en cada espacio de nuestras vidas.
No será posible terminar con el tema en esta entrada. De todos modos adelanto que me referiré a mis experiencias sobre el particular, siempre direccionado a traer por los suelos la existencia de los fantasmitas y cucos de todo orden.
En la selva, cuando mi padre talaba árboles para un aserradero, recuerdo muy bien 'el grito de los árboles' que mi madre al escucharlos decía: "Escuchen cómo llora ese árbol, pobrecito". Sus palabras despertaban en mí un sentimiento de ternura hacia aquellos indefensos maderos. Pero los árboles no lloran, lo que sucede es que, al plegarse para caer, sus fibras rozan entre sí y producen aquel ruido que semeja un grito, tan desgarrador, a veces.
Mis experiencias más actuales me han llevado a 'descubrir' de dónde provienen algunas voces, sonidos y ruidos varios que -mentalmente- muchísimas veces, dependiendo de las circunstancias, me remitían a pensar en fenómenos ultratumbescos (no sé si la palabra existe en el diccionario, pero eso tampoco importa).
CONTINUARÁ...



venerdì 6 gennaio 2012

Fantasmas y voces de 'ultratumba' - I Parte.

Hartísimo tiempo ha pasado desde aquella mañana de Setiembre 2010 -no recuerdo el día exacto, pero en mi diario lo debo tener escrito con pelos y señales- cuando levantándome de la cama escuché claramente una voz desde mi estómago. ¡Oye!, fue la palabra, casi perfectamente 'vocalizada'.
El hecho no llamó mi atención, pero recuerdo haber comentado con mi medio limón (porque no es naranja en estos últimos tiempos, pues de todo se empichina) y con mis hijos.
El fenómeno, si así puede ser llamado, trajo a mi memoria una 'historia de mi madre', muy concocida entre los conformantes de mi familia y, posiblemente fuera de ella también porque cuando alguien siquiera rozaba en las charlas sobre temas sobrenaturales, mi mamá traía a colación aquella experiencia suya.
El caso se refiere a sucesos añosos, a cuando estaba embarazada de mi hermano mayor; es decir, sucesos 'enterrados' por más de medio siglo de tiempo. Dice mi madre que 'el bendito bebé' ¡había llorado en su vientre!, qué sé yo cuántos meses antes de nacer, pues no he indagado sobre datos exactos porque, desde siempre, no pasó -para mí- de ser un dato curioso, carente del aura de sobrenaturalidad que mi madre pretendía dar al caso. Valga decir que mi hermano, no sé si sugetionado por mi madre, en determinado momento llegó a creerse dotado de 'ciertos poderes ocultos' y clarividencia. Recuerdo que le daba demasiada importancia a sus sueños y creía ver en ellos vaticinios o 'avisos', llegando en varias ocasiones a anular o postergar encuentros importantes de trabajo u otro con el argumento de "He tenido un mal sueño" o "No voy, será inútil, mis sueños no han sido buenos", y argumentos similares.
Por estas y otras cosas, innumerables veces he tomado el pelo a mi hermano que, desde que adquirió ¿uso de razón?, era casi convencido que sus sueños no le engañaban jamás, y se guiaba por ellos en casi todas las circunstancias, para bien o para mal.
Pero aparte de tomaduras de pelo, desde algún tiempo atrás se me ha dado por escudriñar en ciertos fenómenos del 'más acá'. Es que -realmente- están muy lejos de formar parte de aquellos otros 'fenómenos del más allá', que no sé si existirán. Dudo desde hace mucho, no creo en lo sobrenatural ni en los milagros, pues todo acontecer, todo fenómeno, tiene una explicación racional.
¿Jesús convirtió el agua en vino?, pues tienen que haberse producido fenómenos químicos que posibilitaron el cambio. Si eso ha sido así, se puede excluir el milagro. ¿Què fuerzas entraron en acción para la producción de aquel fenómeno? No lo sé, pero tiene que tener una explicación racional.
Cuando alguien sana inesperadamente de un cáncer o una enfermedad contagiosa muy grave, no hay milagro en ello. Nuestro organismo tiene sus centinelas y ejércitos para defenderse a sí mismo. Cuando hay un peligro que acecha, los centinelas dan la alarma y los ejércitos 'atacan' constantemente al enemigo por todos los flancos. Muchas veces vencen, el cuerpo sana, se recupera, retoma vitalidad. Allí, es lógico pensar que no ha habido ningún milagro.
Lo mismo sucede con algunos sucesos auditivos. La verdad es que tenía que hablar en este post solo de aquellos. No sé por qué me he atrevido a tocar el tema de los milagros y lo sobrenatural, aunque es muy cierto que tengo muy serias dudas sobre ellos.
Antes de continuar con los fenómenos auditivos, deseo mencionar un dato curioso de mi vida. Sucedió en los años 81-82, cuando comencé a trabajar 'seriamente' en la localidad de Pámpano, donde tenía inicio el Proyecto: Carretera Pisco-Ayacucho. Aquel proyecto carretero llamado de la "Vía de los Libertadores", aparte de ahorrar tiempo a los transportistas y viajeros, llevaría progreso a todos los pueblos aledaños a su paso. La moderna carretera en construcción estaba destinada a dejar casi en desuso la antigua carretera que, pasando por Humay, Ticrapo, Castrovirreyna y fríos parajes del departamento de Huancavelica, enlazaba la costa (Pisco) con la sierra del Perú (Ayacucho). Solo agrego que guardo en mi memoria nombres de lugares como Humay, Huaytará, Ticrapo, Castrovirreyna, la Laguna Orcococha y las localidades frías de Pilpichaca y Rumichaca. Estas dos últimas mencionadas pertenecientes al departamento de Ayacucho. El proyecto Carretera Vía de los Libertadores terminaba precisamente en Rumichaca, donde a través de un puente metálico empalmaba con la carretera antigua, aquella mencionada que sube por Ticrapo y pasa por Castrovirreyna y bordeando las dos lagunas (Orcococha una, la otra no la recuerdo) llega a las localidades mencionadas, y pasando por la cordillera de Apacheta (que no logré conocer) llega al "Rincón de los muertos". Pues ese es el significado en quechua de Ayacucho.
CONTINUARÁ...