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giovedì 27 novembre 2008

La bebé que planifiqué: Mi hija, hoy una señorita


Este post va dedicado, con todo el amor del mundo, a mi hija Stefany que hoy 27 de Noviembre celebra su vigésimo segundo cumpleaño. Mis mejores augurios y mis deseos de muchísima felicidad en los largos años que aún le esperan de vida. ¡Happy birthday! para ella con todo el amor de quienes conformamos su entorno de parientes y amigos.
La historia de cómo conocí a mi esposa y, luego, después de haber sido enemigos acérrimos, cómo llegamos a enamorarnos y 'hasta a' casarnos, lo contaré más adelante.
Ya casados, con mi esposa 'planeamos' tener solamente dos niños: Un varón y una niña.
La cigüeña no se hizo esperar. Al año nacía mi primer hijo. Yo no cabía en mí de alegría y saltaba emocionado, y corría dando brincos como potro salvaje cuando la enfermera del hospital me dió la noticia. ¡Era mi primer hijo... y era varón! Fueron momentos de felicidad extrema que no lograría describir con palabras. Perdonen.
Mi alegría era tan grande que, en vez de entrar al hospital a visitar a la madre de mi primogénito, opté por salir corriendo (y dando brincos, ya lo dije) a esparcir la noticia entre mis familiares y amigos. La enfermera había trasmitido eso a mi esposa y, ella, siempre que tiene ocasión me lo recuerda.
Dos años después se presentó de nuevo la cigüeña. Esta vez nosotros esperábamos a la niñita de nuestros sueños, pero... ¡vino otro varón!. Así, ya estaba con nosotros otro varoncito que con su 'chillar' agudo se puso de manifiesto ante todo el vecindario. Después de todo el alboroto, más tarde, en la calma del humilde hogar que nos cobijaba entonces, dimos la bienvenida con alegría a mi segundo hijo. Un dato adicional: Nació en mi casa y yo hice de asistente en el parto. Puede ser quizás tema para otro post.
Lo planificado: 2 hijos, un varón y una niña, no se concretó. Discutimos con mi esposa (ojo que 'discutir' no es sinónimo de riña o altercado) sobre la posibilidad de un hijo más, pero decidimos "parar la producción" porque no teníamos ninguna certeza de que la picuda, esta vez sí, nos premiara con una niñita.
Fueron casi nueve largos años de espera, pero...
Cuando hacía la universidad, en los dos primeros años de 'estudios generales', en el curso de Biología que lo dictaba un profesor al que yo llamba 3M (Manuel Muro Morey), trujillano si no recuerdo mal, en una de sus clases (1975) decía que ya era posible 'escoger el sexo de los hijos'. Y lo explicaba con detalles que aún hoy conservo en la memoria. Todo se circunscribía al concocimiento del 'inicio de la menstruación y de los días fértiles' de la mujer, o esposa en este caso. La única salvedad que hacía era que la 'regla' debía ser regular. En el caso de las reglas irregulares era complicado y los porcentajes de seguridad bajaban de un 80% a menos de 20%. La otra cosa a saber era que los espermas con carga cromosómica 'Y'(para niña) eran muy lentas, pero que tenían mayor resistencia y más tiempo de vida. En cambio, aquellos con carga 'X'(para varón), eran muy veloces, pero tenían menor tiempo de vida. Todo era cuestión de 'trabajar' con esas probabilidades.
En 1985, cuando me encontraba trabajando en Huaraz, con mi esposa decidimos volver a intentar. Esta vez 'planificando' todo de acuerdo a la tesis aprendida de aquel profesor de Biología en los ya lejanos años de claustro universitario.
Fue complicado. Se requería paciencia y abstinencias prolongadas, pero finalmente cuando mi esposa quedó encinta casi no tuve dudas de que vendría mi hija. Me asaltaron las dudas solo en el último momento, cuando -impaciente- esperaba en el hospital la noticia sobre el alumbramiento.
Hay detalles que no cuento por razones de espacio, pero aquel día, robándole horas a mi trabajo, desde el medio día me planté en el atrio del hospital. Cada vez que se asomaba una enfermera, yo preguntaba si ya había nacido 'mi hija'. "¿Y cómo sabe que será hija?", "¿Y si fuera hijo?", alcanzó a decirme una de ellas. Yo me quedé mudo masticando mis dudas (ya habían aparecido) muy dentro de mi ser.
Y cómo es la vida. Junto conmigo esperaba también ansioso un policía, su esposa debía alumbrar aquel día. Contrariamente a mí, aquel esperaba que le naciera un varón porque ya tenía 'tres chancletitas'; si venía mujercita serían cuatro. El hombre no quería ni remotamente pensar en esa posibilidad.
No ví jamás a un ser humano tan desolado y abatido como aquel día a aquel policía cuando la enfermera le comunicó: "Alégrese señor, es una linda bebita". Mi esposa me contaría después que la compañera de aquel policía estaba sumida en una tristeza insondable, y lloraba a mares. Recuerdo que sentí mucha pena por ellos.
"Ha adivinado señor, es una bebita...". Yo no terminé de escucharla. Salí del hospital inflamado de contento, como sucediera cuando nació mi primer hijo, ni me acordé de mi esposa. Grité, salté, corrí... y a celebrar se ha dicho.
No puedo dejar de reconocer que mi hija ha sido siempre en la vida de mi familia, motivo de contento. Fue en su momento el eslabón que faltaba a la cadena de mi existencia y la pesa que, puesta sobre la balanza, equilibró mi vida.
Hoy por hoy, si bien en una etapa de pasajeros reajustes, sigue siendo la antorcha que ilumina el sendero por donde camino y, definitivamente, el puente que conduce al futuro de mis descendientes; espero lleno de cosas buenas, de paz y de luz.
Ella dice que soy un papá muy bueno, pero yo creo que soy muy engreidor.
Amo a mis hijos y deseo lo mejor para todos ellos, pero... ¡hoy es cumpleaños de ella, pues! Un beso grande para mi hija.

¡He aquí un happy birthday de los grandes The Beatles!



mercoledì 26 novembre 2008

¿Existen los ángeles?


Esto ocurriò en mi ciudad natal, Huànuco. Corrìa el año 1963 ò 1964, no recuerdo bien. Tenía entonces nueve o diez años de edad. Era de ha poco venido de la selva para radicar definitivamente en la ciudad. Mis padres lo habían decidido así. Recuerdo muy bien la casa que habitábamos en el jirón 28 de Julio, muy cerca a La Alameda. La puerta principal daba al mencionado jirón y hacia adentro daba a un enorme canchón sembrado de alfalfa que colindaba con otra propiedad, hacia la izquierda, igualmente grande, con frondosos árboles de pacay bajo cuya sombra solía esperar a mis amiguitas, hijas del dueño de aquella propiedad, para jugar a las chapadas o al columpio.
Una acequia bordeada de sauces dividía las dos propiedades. En cada ocasión yo tenìa que saltar, bien si me llamaban o cuando iba por mis propias ganas. Medía mentalmente la distancia, retrocedía, corría y ... saltaba. De la otra parte generalmente ya me esperaban mis compañeritas de juegos.
Aquella mañana no me habían llamado. Iba yo porque me daba mi regalada gana. Era más, del otro lado no estaban mis amiguitas. Tendría que llamarlas y esperar a que salieran, pero me daba igual. Muchas veces ellas me llamaban y me esperaban. Yo podía hacer lo mismo.
Llegué a la altura de la acequia y ví que corría agua turbia. Qué me importaba. Retrocedí, corrí y, ... en el último impulso mi pie derecho tropezó con la raiz sobresaliente de un sauce. Recuerdo mi pequeño cuerpo lanzado por los aires con la fuerza de mi propio impulso. Y fue en ese momento que ocurrió el extraño fenómeno: Sentí como si unos tiernos, pero fuertes brazos, me tomaban por la sentadera y las espaldas. Dí un volantín en el aire como en cámara lenta, siempre guiado por aquellos tiernos y fuertes brazos, y caí en la otra orilla de la acequia tan suavemente y natural como si se hubiese tratado de solo un paso. O como cuando posas en el piso a un bebé ...
La verdad es que había dado un verdadero salto mortal. Yo que jamás habìa tenido, no tengo ni tendrè potencialidades para la acrobacia, había dado en el aire una vuelta de 360 grados.
Habría sido mi Ángel de la Guarda?
Yo pienso que sí. Y le estoy muy agradecido.

Nota: He tenido otras dos experiencias, la última hace poco en Roma. Las contaré más adelante.
No he hallado una canción que se adapte al tema, pero ésta de Cristian Castro me gusta. Espero que lo disfruten también.


mercoledì 19 novembre 2008

Nicomedes Santa Cruz: "A cocachos aprendí".

Dudo que haya alguien que no haya recitado, o al menos escuchado, esta décima de Nicomedes Santa Cruz Gamarra. A mí personalmente, desde la primera vez que lo escuché, allá por el año -debe haber sido 65-, me encantó. Lo repetía a cada momento que, al percatarse el profe, me llevó al frente, delante de la pizarra, para recitarlo frente a mis compañeros. Me acuerdo que lo hice sin mímicas y mis 'amiguitos' se burlaban. Uno de ellos, el más pícaro, se paraba frente a mí como un soldado, rígido, y comenzaba a recitar: "A cocachos aprendí...". De esto último también se dió cuenta el profe y sacó al frente a aquel que más me molestaba y le pidió que lo hiciera con mímicas. Al parecer no era tan sencillo. No se sabía la poesía completa y... tampoco hizo mímicas!. Desde aquel entonces ya no me fastidiaban más. Era seguramente por el temor a que el profesor los hiciera recitar. He aquí la décima cuyo título es realmente "La escuelita":

La escuelita

A cocachos aprendí

mi labor de colegial

en el Colegio Fiscal

del barrio donde nací.

Tener primaria completa

era raro en mi niñez

(nos sentábamos de a tres

en una sola carpeta).

Yo creo que la palmeta

la inventaron para mí,

de la vez que una rompí

me apodaron "mano´e fierro",

y por ser tan mataperro

a cocachos aprendí.

Juguetón de nacimiento,

por dedicarme al recreo

sacaba Diez en Aseo

y Once en Aprovechamiento.

De la Conducta ni cuento

pues, para colmo de mal

era mi voz general

"¡chócala pa la salida!"

dejando a veces perdida

mi labor de colegial.

¡Campeón en lingo y bolero!

¡Rey del trompo con huaraca!

¡Mago haciéndome "la vaca"

y en bolitas, el primero...!

En Aritmética, Cero.

En Geografía, igual.

Doce en examen oral,

Trece en examen escrito.

Si no me "soplan" repito

en el Colegio Fiscal.

Con esa nota mezquina

terminé mi Quinto al tranco,

tiré el guardapolvo blanco

(de costalitos de harina).

Y hoy, parado en una esquina

lloro el tiempo que perdí:

los otros niños de allí

alcanzaron nombre egregio.

Yo no aproveché el Colegio

del barrio donde nací...

Lo dice el grande Don Nicomedes: "Tener primaria completa era raro en mi niñez..." y, efectivamente, la gente de antes no terminaba la primaria. Uno de aquellos que no terminó la primaria fue mi padre. Se quedó en Tercero solamente, pero... LA EDUCACIÓN DE ANTES ERA OTRA COSA!, nada que ver con aquello que en nuestro Perú actual llaman con ese nombre. Mi padre -recuerdo- me corregía hasta cuando estuve en Tercero de secundaria, en algunas materias. Y yo mismo recuerdo que los niños de mi tiempo terminábamos Transición sabiendo leer y escribir. Hoy por hoy en nuestro país sucede eso solamente con los niños genio. ¿Qué pasó?. ¿En qué momento se produjo ese desfase que nos condujo a la situación actual?. No sé.

En 1976 cuando cursaba el Tercero de universidad, el Ministerio de Educación de Huánuco solicitaba 'profesores' para implementar la Reforma Educativa de aquel entonces, si mal no recuerdo. Entre los requisitos se mencionaba 'el tener mínimo Tercer año de secundaria'. Eran casi los inicios del golpista Francisco Morales Bermudez y, humildemente, yo pienso que fue en aquel entonces que 'la educación del Perú se fue al diablo'. Inmediatamente después (perdonen mi desmemoria: Creo que fue un año o dos antes) vino la reducción de los horarios de clases; lo que antes se estudiaba mañana y tarde de lunes a viernes y los sábados medio día, se pasó a medio día de lunes a viernes. Era ya demasiado -me parece-, y hoy estamos viendo los resultados: Chicos de Tercero y Cuarto grado que leen deletreando y escriben pésimo. Una pena.

Y habría mucho por decir aún sobre este tema. Creo que el problema no está en los alumnos, sino en los profesores. Más pena aún.

He aquí otra décima de Nicomedes Santa Cruz: "Ritmos negros del Perú". Que lo disfruten.




venerdì 14 novembre 2008

¿Quiénes fuman más, chinos o turcos?

Me vino a la mente esta pregunta al escuchar decir a los romanos "Fuma como turco", refiriéndose a las personas que fuman en desmesura, pero la frase no es patrimonio tan solo de los romanos; me parece que lo usan en toda la península itálica, y quizás más allá de sus confines. El asunto es que los turcos, por esta parte del mundo, tienen fama de ser fumadores empedernidos aún cuando aquellos pocos a los que he tenido el gusto de conocer, no fumaban.
"Fuma como chino en quiebra" decimos en Perú, pero sinceramente, no sé por qué le achacamos tal fama a los chinitos. Es cierto que hay uno que otro que le da duro al tabaco, pero creo que no es para tanto y cualquiera que me ha conocido en mis tiempos de fumador, diría que superaba con creces a turcos y chinos. La otra verdad es que jamás en mi vida he visto 'un chino quebrado'; muy por el contrario, sé que la colonia de chinos, acá y en cualquier parte del mundo son los mejor cohesionados y solidarios. ¿Mafia china?. También se oye, pero es otro cantar.
Pero las frases están ahí y -pienso-, quienes las acuñaron sus razones habrán tenido. De lo que sí puedo dar fé es que los italianos fuman como chino en quiebra, o como turco.
Otro dato: Acá en Italia toman la esencia del café y no 'a la americana' como lo tomamos nosotros; por eso digo que los italianos son hinchas del café más que mi paisano Leoncio Prado, el Héroe de Huamachuco.
Los dejo con una canción de Juan Luis Guerra que casi no tiene relación con el tema, pero... ¡ahí les va!


mercoledì 12 novembre 2008

Mi relación con el alcóhol


Al igual que con el tabaco, comencé a beber por mono, por imitar a aquellos un poco mayores y a algunos de mi edad a quienes el hecho de tener una cerveza en la mano les infundía 'fuerza y seguridad' que de otro modo no tenían.
Los muchachitos que beben licor lo hacen con la finalidad de paragonarse a los adultos. Creen que ello los hará 'respetables' frente a los de su edad y 'atractivos' frente a las chicas, sobre todo en el barrio. Lo hacen también para esconder temores, miedos y complejos. Algunos van más allá todavía y se enredan con otras drogas más fuertes y más dañinas. Y así, poco a poco, van cayendo en el abismo profundo del vicio.
Aún cuando no pertenecí exactamente a aquel grupo, cuando inicié mi relación con el alcóhol me convertí, sin querer queriendo, en un bebedor consuetudinario. Lo que en mis tiempos de estudiante era un asunto quincenal, o mensual, o en las ocasiones de los bailes en el "Chung Hua", famoso local en mi ciudad natal; cuando comencé a trabajar se convirtió en un quehacer semanal, infaltable. Con decir que comencé a trabajar formalmente, con todas las de la Ley, un viernes 7 de Agosto y... el domingo 9 ya estaba brindando!. Todo ello era producto de la relación laboral, muy especial, sui generis, que se daba (y se da aún) entre los trabajadores de construcción civil. Entre nosotros, sin distinción de rangos, reinaba una camaradería envidiable. Nadie se eximía, todos participaban, daba la impresión de ser el 'deporte' favorito de todos los que trabajábamos en la obra. Allá, en la obra, se trabajaba duro, recuerdo. Los almacenes atendían desde las 5 am porque los obreros debían iniciar la jornada a las 6. Las labores de oficina comenzaban a las 7 am y se prolongaban, muchas veces, hasta la media noche. Ni qué decir de las semanas que tocaban pagos: No se dormía. Se tenían que preparar las planillas de pagos, inicialmente de 350 trabajadores que con el correr del tiempo se convirtieron en 1500 distribuídos en tres frentes. En esos tiempos no habían computadoras, las planillas los hacíamos en unos 'cuadernones' enormes llamados Libros de Planilla. ¡Qué tiempos!.
Lejos de la familia y aún los que tenían la familia al lado, todos esperábamos con ansias el fín de semana. Las cantinas y bares de la zona, igualmente, nos esperaban con ansias. En los días previos se habían surtido de cervezas para 'aplacar la sed' de los trabajadores. Y no solo cervezas, habían licores para todos los gustos y bolsillos. Y los bolsillos estaban llenos...
Así, el beber se había convertido en la única 'diversión' de los fines de semana. Todo desembocaba en beber. Se organizaban fiestas deportivas en los que los últimos en plegarse a la juerga eran 'los deportistas', ni más ni menos. Ya lo dije, todos (o casi todos) participaban: Ingenieros, administrativos, técnicos, operarios y obreros en general. Se libraban, muy a su pesar, solamente los que viajaban a la capital o a sus pueblos de origen, a visitar a sus familias.
Yo, inicialmente solo; luego en compañía de mi esposa y dos hijos, igual participaba. Sucedía que el vicio ya había sentado sus reales dentro de mí. Mi mente y mi cuerpo estaban 'programados' para 'chupar' los fines de semana. Y andando el tiempo esto se complicaría aún más, ya no serían solo los fines de semana, sino cada vez que tuviera tiempo libre. La obra, llegado a sus tramos finales ya no nos exigía trabajar los sábados, la jornada semanal terminaba los viernes y... los días de juerga se alargaban. Espectáculo deprimente, ¿verdad?.
Todo esto sucedía entre las localidades de Pisco y Ayacucho, y pueblos intermedios y aledaños; toda esa ruta es lindísima y guardo muy bellos recuerdos de gente que conocí y lugares que visité. Están grabados en mi memoria la Iglesia de Huaytará, construída sobre restos arquitectónicos incas, idéntico a lo sucedido con el Templo del Coricancha en el Cusco. Unos kilómetros más arriba de Huaytará se hallan las Ruinas de Incahuasi con su portada y el Asiento del Inca, tallado en una enorme roca en medio del río; restos de manufactura inca, similares a aquellos de Pisac (es lo que me viene a la mente en estos momentos), en Cusco. Digno de verse.
Terminada la obra creí haber dejado atrás el hábito de la bebida, pero no. Cada fín de semana mi organismo pedía alcóhol. Y yo le hacía caso. Pasé a trabajar a Huaraz, luego a Cajamarca, Trujillo, Chimbote, etc., pero mis hábitos no cambiaron; muy por el contrario, creo que se reforzaron.
"Todo tiene su final, nada dura para siempre...", son las letras, creo de una salsa, no recuerdo quién la canta. Mi hija nació en 1986 y ha sido, junto con mi esposa, la que me condicionó para, finalmente, dejar la bebida. Ellas dos usaron sus poderosas 'armas' para apartarme del vicio.
Mi historia es casi la misma que aquella de mi padre: toda su vida trabajador de construcción civil, siempre lejos de la familia. Mis hijos estaban ya en edad escolar y, por ello, debíamos fijar una residencia permanente en algún lugar, ya no podíamos vivir como nómades o gitanos. Escogimos Lima y, desde allí, mi esposa y mis hijos viajaban regularmente a verme, o yo viajaba a Lima. Esto último era menos frecuente.
Estaba yo en Cajamarca, era Febrero y se celebraban los famosos carnavales. Mi esposa llegó repentinamente, circunstancias ligadas a mi hijo mayor la habían obligado y... me halló en un estado deplorable. La cerveza, la chicha y el aguardiente bebidos descontroladamente me habían puesto en aquel estado: No podía enfilar la llave en la cerradura de mi puerta!. Fue la gota que hizo rebalsar el vaso. Lo que vino después fue una CRISIS MATRIMONIAL, así, con mayúsculas.
Para aquel entonces hacían 5 años que había dejado definitivamente el tabaco y, sinceramente, debo agradecer a la mujer que me acompaña hasta hoy por la valiente decisión de romper nuestra relación matrimonial, o mejor dicho, pretender romper nuestro matrimonio.
No sé si podrá funcionar con todos, pero a mí me puso en vereda. Comencé a tomar en serio sus consejos que no eran solo de entonces. Antes de aquello yo permanecía sordo a toda llamada de atención y consejos. Fue recién en aquel momento que comencé a 'carburar' sobre los daños que me había ocasionado el alcóhol. A propósito, alcóhol es un nombre genérico, pero que encaja como anillo al dedo para mi caso. Yo no hacía diferencias entre las bebidas, dependiendo de dónde y con quién me encontraba, tomaba con gusto sea chicha, cachina, vino, aguardiente, pisco, ron o whisky; o cervezas de cualquier marca o calidad. Mis cervezas favoritas eran en el sur la Cusqueña, en la costa Cristal, en el norte la Pilsen Trujillo y en la selva la San Juan. Comencé a meditar sobre el comportamiento que había tenido hasta entonces con mi familia y -créanme- conmigo mismo!. Es que el alcóhol es un vicio que te despersonaliza. Te vuelve ciego y sordo. Pero yo, menos mal, había comenzado a recuperar la vista y los oídos. Fue una tarea mucho más árdua que aquella para dejar los cigarros, pero... finalmente ¡lo logré!. Fue un proceso lento en el que solo conté con el apoyo de mi familia y con mi fuerza, creo que las pocas que me quedaban, pero a Dios gracias fueron suficientes. Agradezco siempre a mi esposa por su paciencia y empeño, a mi hija -pequeñita aún- por sus "consejos" de adulta, y a mis hijos por su comprensión.
Mentiría si dijera que no he vuelto a probar licores. Sí, he tomado muchas veces, pero ya no hasta perder la brújula. Ya no tomo hasta embriagarme, ni siquiera para mis cumpleaños o fiestas principales como Navidad o Fiestas Patrias. "Saco largo", "pisao", "niñero" me gritan algunos de mis 'amigos' (aún en la actualidad), pero ya no me hacen efecto esas frases que en otros tiempos habrían herido mi ego de hombre, de macho, de quien lleva los pantalones.
"Mi mujer está muy vieja, mi mujer está muy vieja; no sirve para el amor, no sirve para el amor. La voy a dar de inicial, la voy a dar de inicial; pa' comprarme otra mejor, pa' comprarme otra mejor", dice una copla del Carnaval de Cajamarca que -valga decirlo- tiene en ellos (en las coplas) uno de sus tantos encantos, y los hay para todos los gustos. Vale la pena ir a Cajamarca en Febrero para gozar de estas lindas fiestas.
Hubiese querido colgar un video del Indio Mayta, pero no he hallado uno de buena calidad. Los dejo con uno de 'Don Guillermo y su conjunto'.
La foto de inicio (arriba-izquierda) corresponde a una vista lateral de la Iglesia de Huaytará. Lo tomé de www.trivago.es







Mi relación con el tabaco y el alcóhol

En Setiembre de 1984, recuerdo aquel día, decidí dejar los cigarros. Habían sido largos años que el vicio me acompañaba. Lo que en mi pubertad y adolescencia había comenzado como un juego tratando de imitar a los adultos, finalmente se había convertido en un verdadero vicio llegando en ocasiones a encender más de 40 cigarrillos en una jornada (pobrecitos mis pulmones). Mis dedos índice y medio eran amarillentos por la nicotina, ni qué decir de mis dientes, y hasta mis bigotes habían adquirido un color extraño entre amarillo azafrán y rojo pimentón. En aquel tiempo no se veía la publicidad que hoy se ve en las cajetillas. Si mal no recuerdo, recién en los años noventa comenzaron a aparecer, con letras muy pequeñas, la escrita "Fumar puede ser dañino para la salud"en las cajetillas.
Debo agradecer en parte a mis hijos, el mayor que entonces tenía 8 añitos y el segundo 6. Desde mucho más antes había notado ciertos mohínes en cada uno de ellos a la hora de acercármeles para acariciarlos. Me daban la espalda o se cubrían las naricitas con las manos, pero no me decían el motivo hasta que en cierta ocasión el menor se atrevió: "No papá, apestas...". Es que, efectivamente, el aliento de un fumador habitual es pésimo.
Otro factor que influyó en mi decisión fue la apuesta que hice con un ingeniero, colega de trabajo, fumador empedernido; aquel pata fumaba más que yo, con el pucho encendía el siguiente y solo dejaba de fumar cuando tenía que llevarse los alimentos a la boca. Su problema, me lo repito hasta ahora, era mucho más grave que el mío.
Cuando se tiene un vicio hay personas que usando mil argumentos te aconsejan para dejarlo, pero no los escuchamos. Te tienen que poner entre la espada y la pared para que puedas reaccionar y decidir entre dejar aquello o continuar, con todas las consecuencias que ello implicaría. Bueno, mi colega, recientemente padre de una niña lindísima, se vió amenazado por la esposa. Ella lo dejaría si él no lograba apartarse del humo.
Un domingo tarde, entre copas, se atrevió a contarme sus cuitas... y a lanzarme el gran desafío!. No se trataba de dinero, se trataba simplemente de 'poner a prueba' nuestras Fuerzas de Voluntad. La apuesta comenzaría inmediatamente al día siguiente. El sería testigo de mi debilidad si la fuerza del vicio imperaba sobre mi voluntad, y viceversa. Debo reconocer que para aquel compañero la tarea fue mucho más dura, pero... me siento orgulloso de saber que vencimos.
Años después, me dió pena saber que la esposa de aquel ingeniero había caído en las redes del vicio que detestaba en el marido. A mí me costó esfuerzo y, a mi colega seguramente más, pero tanto él como yo logramos finalmente dejar atrás el vicio del tabaco.
Muchas veces estuve tentado a encender un pitillo, sobre todo en las primeras semanas de aquella magnífica prueba, pero resistí a la tentación. Hoy, volteando la mirada hacia aquellos tiempos me doy cuenta cuán torpemente ensucié mis pulmones y regalé mi dinero a las tabacaleras, aparte de haber fastidiado con el humo a las personas que me estaban en rededor.
El siguiente enlace, muy interesante: http://dejar-de-fumar.org.es puede ser de mucha utilidad para quienes decidan abandonar el tabaco antes que la salud los abandone a ellos. Hubiese querido colgar un video alusivo, pero son muy fuertes y podrían herir susceptibilidades.
Mi relación con el alcóhol lo contaré en el siguiente post.

lunedì 10 novembre 2008

Sobre el autor y contenidos de este blog


Nací en 'La Ciudad de la Eterna Primavera' y, desde cuando era bebé, mi destino me llevó a recorrer, primero la sierra de mi Huánuco natal que, dicho sea, tiene paisajes de incomparable belleza; y luego, más adelante, a la selva alta o Rupa-Rupa, de donde tengo mejores recuerdos.
Avanzadito en edad regresé a mi ciudad natal e hice allá mis estudios primarios, secundarios y universitarios. Terminada la universidad, otra vez mi destino se encargó de llevarme fuera, esta vez a recorrer el Perú, de sur a norte y de norte a sur, sobre todo costa y sierra.
Enumerando, son testigos de mis pasos: Pucallpa, Aguaytía, Tingo María, Aucayacu, Pumahuasi, Cuyacu, Huánuco, Panao, Chaglla, Ambo, Huácar, San Rafael, Cerro de Pasco, Junín, Huancayo, Tarma ('La Perla de los Andes'), Muruhuay, San Ramón, La Merced, Oxapampa, La Oroya, Lima, Huaraz, Chimbote, Trujillo, Chiclayo, Cajamarca, Piura, Cañete, Chincha, Pisco, Ica, Huaytará, Castrovirreyna, Huancavelica, Pampas de Tayacaja, Ocoro, Arequipa, Juliaca, Puno, Cusco. Cada uno de estos lugares palpitan en mi memoria, cada uno con cierta intensidad de acuerdo a lo que tomé de ellos y porté conmigo, o a los retazos de mi vida con que se quedaron.

El concepto fatalista que tengo del destino me hace vivir sin sobresaltos y adaptarme a las situaciones que me plantea la vida, aún a las más duras. Me considero un ciudadano global, me siento a gusto allá a donde voy porque me permiten conocer otras realidades y otras gentes; y conocerme a mí mismo. Este hecho de sentirme un ciudadano global no me hace olvidar mis raices y amar a los míos, a mi Huánuco natal y a mi Perú grande y multiétnico; añorar el queso de Huallanca, la chicha de jora de Huaraz, la fiesta de la Virgen de la Candelaria de Puno, etc., etc.

Tengo gustos variados: Música de todas las épocas, clases y géneros; leer libros y poesía, tomar fotos, nadar, cocinar, conocer lugares nuevos (viajar) y hacer amistades.

En cuanto a los contenidos, será todo muy simple. Intentaré plasmar mis recuerdos, espero de modo ameno; relatar los cuentos que me contaba mi abuela; y, cuando consideraré oportuno, tocaré temas de actualidad o temas que inviten a la reflexión.

Espero inaugurar pronto este blog con un primer post, pero entre tanto los dejo con 'El Cóndor Pasa' de mi genial paisano Daniel Alomía Robles en versión de la 12 Girls Band, agrupación de chinitas que me emocionan con cada una de sus interpretaciones.