giovedì 19 aprile 2012

La vida eterna...

La crisis de estos tiempos me obliga a hacer malabares para sobrevivir, junto con mi familia. He tenido que volver atrás en el tiempo (solo por decir) a realizar trabajos que -pensé- no habría vuelto a realizar dado la posición que logré mantener hasta mediados del 2011, pero no contaba con la astucia de 'la crisis' que me dejó, de la noche a la mañana, con menos casi un 60% de mi sueldo habitual. Podría hacer un elenco de los trabajos que me vi obligado a realizar, obligado por la necesidad de 'tener una retribución', se entiende. Cuidar ancianos, limpiar habitaciones, chofer de auto, seguidor de desorientados, ayudante de construcción, entre otros. No le tengo temor a los trabajos, pero hacer lo que me gusta y para lo que estoy preparado, definitivamente es otra cosa, pues trabajo 'casi sin trabajar', sin darme cuenta, y hasta con placer. Pienso que esto último es válido para todos, en general. He realizado trabajos y 'trabajos' acá en Roma, quizás en algún momento me anime a narrar los más curiosos, como el señalado: "seguidor de desorientados" donde saqué a relucir mis 'escondidas' dotes detectivescas, un poco a lo Sherlock Holmes. Lo recuerdo y me hace reir, cada vez. Hasta aquí el preámbulo que no tiene nada que ver con el título de esta entrada.
Bueno, el caso es que -repito-, obligado por la crisis, he vuelto a 'limpiar apartamentos'. No es un trabajo que requiera habilidades o dotes de ningún género, cualquiera puede hacerlo. No  es nada curioso que, en tiempos de crisis, inclusive estos trabajos escaseen y, por ello, se tenga que coger lo que se presente. Como decir: "Para un buen hambre no hay pan duro" o "Para un buen hambre no hay mal fiambre".
Lo hago ya desde algunos meses atrás. Todo trabajo después de algún tiempo se vuelve repetitivo y casi monótono. Para escapar a eso, muchas veces pongo "música" (más de 500 canciones) en mi celular y, entre tarareos y algunos pasitos con alguna cumbia o salsa, llevo a cabo el trabajito de marras. De todas maneras termino cansadito, pues no es para menos. Comienzo por las camas: Saco las sábanas usadas, pongo las limpias; hago esto porque sea de las sábanas que saco que de las que pongo se desprende un polvillo, mezcla de restos de detergente y pedacitos casi microscópicos de tejidos que inician a flotar en el ambiente. Luego limpio la cocina, luego el baño y luego paso la aspiradora, y dejo para el último 'el desempolvar'. Para el momento de aspirar, ya casi todo ese 'polvillo' citado líneas arriba ha caído al piso y se puede tener casi la certeza que la casa quedará 'limpia' de polvo y paja.
Los espejos están en todos lados, de acuerdo al gusto de los propietarios, pero con toda seguridad en los baños encontraremos siempre uno. No siempre me fijo en ellos, ni me miro, solo hago mi trabajo y basta, pero hoy ocurrió algo extraño, pues luego de limpiar el espejo... me miré en él y... ¡vi a mi padre!. Vi su sonrisa, el contorno de su boca que se alargaba ligeramente hasta casi mostrarme sus dientes. No era él realmente, pues Julio es ya difunto, ¡era yo mismo! y veía en mí los rasgos de mi padre. Es que, mientras yo viva, también mi padre vivirá; respirará con mis pulmones, mirará el mundo -aún- a través de mis ojos, caminará sobre mis menudos pies que, vuelto en algún momento al suelo patrio, quizás alguna pisada coincidirá con alguna de las huellas que dejó en costa, sierra y selva. Hago estas reflexiones y pienso que en mí -conmigo- no solo vive mi padre sino mis antepasados todos, tanto los de línea paterna como los de línea materna. Mi madre está viva aún, pero sucede, a veces, que veo también los rasgos suyos esculpidos, cincelados por la genética en mi rostro. Ellos todos seguirán 'viviendo' conmigo e irán mucho más allá (no al 'más allá'), al por venir, al futuro,... a la eternidad, pues también yo seguiré viviendo en mis hijos y en los hijos de mis hijos, y en los hijos de aquellos... hasta el infinito.
Tengo casi la certeza que en ese camino hacia el infinito encontraré paraiso, infierno y purgatorio, no seguramente en ese orden, pero no tengo dudas que allí estarán.
¿Será esto la Vida Eterna?.

giovedì 29 marzo 2012

Amores computados (La historia de "Mi computadorita").

Casi puedo jurar que jamás pasó por mi mente 'tener mi propia computadora'. Las primeras noticias sobre 'las máquinas inteligentes', en mí y en muchos de nosotros, entonces trabajadores de una grande constructora -hablo de la década de los 80-, crearon angustia y miedo (casi pánico), debido al temor de 'quedar desplazados', sin trabajo, pues hasta entonces las planillas de sueldos y salarios, y toda documentación contable (y similares) eran hechos a mano. Quincenalmente trabajábamos dos días consecutivos, de amanecida, para completar el pago de jornales de cerca de mil obreros. Ayudados por simples calculadoras de 4 operaciones básicas, comenzábamos el martes por la tarde, miércoles día y noche, jueves día y noche, el viernes por la madrugada tenía que estar lista la Planilla. Aquel día se sacaba el dinero del banco, por la tarde se ensobraba y el sábado se pagaba a la gente. Se ganaba bien, recuerdo, pero ni aquel 'buen salario' de entonces me habría permitido comprarme una computadora. La razón es que, en aquel entonces, me parece que ni hipotéticamente existía en la mente de los creadores la posibilidad de fabricar computadoras personales. Las de aquel tiempo eran inmensos maquinones que necesitaban para ellos solos una oficina entera. La otra verdad es que necesitaban también de profesionales 'programadores', escasos en aquel momento. A partir de allí comenzaría 'mi extraña relación' con las computadoras. Digo extraña porque me inspiraban 'temor', no sé si por la experiencia primigenia de mi miedo (no solo mío) a perder el puesto. Algunos años después llegaría la fiebre de la computación como 'Carrera del Futuro'. Se comenzaría a dictar cursos, primero a los directivos y mandos medios de las empresas, por parte de la IBM y otra empresa cuya razón social no recuerdo. Más adelante con el boom del Programa (Sistema Operativo le llamaban) MS - D.O.S. de Microsoft., se extendió el dictado de cursos para todos los trabajadores. Fue el incio verdadero de la masificación del conocimiento computacional (no sé si es el término exacto, pero no importa). Entretanto (entreTONTO debería decir), yo continuaba con mi temor a relacionarme con las benditas máquinas. No había perdido el puesto, ni ninguno de los que trabajaban conmigo lo hicieron, pues había mucho quehacer. Creo que influyó mucho el hecho de trabajar siempre en provincias, alejado de los centros urbanos, pero no podía ser de otro modo, pues prestaba mis servicios en el ramo de Construcción Civil. En determinado momento llegué a pensar que nunca aprendería computación y 'la fijación de aquel pensamiento' desde mi subconsciente impedía cualquier atisbo de 'buena intención' para iniciar mi aprendizaje. Recién en el 2000 me inscribí en un curso gratuito de computación. El MS-D.O.S. ya había pasado de moda, se usaba Windows 95, también de Microsoft,  para todo. Era un sistema operativo mucho menos complicado que su antecesor. Para entonces (y creo que algunos años antes) ya existían las famosas laptop, las computadoras personales, pero aparte de pesar 'muchos kilos', costaba 'un chuchón de dinero'. Esta última frase le escuché a mi padre en alguna ocasión, no propiamente refiriéndose a las computadoras.Pero el mundo entero ya estaba cerca, muy cerca de la Gran Revolución. El curso gratuito me sirvió para conocer nociones sumamente básicas, en la práctica casi nada, pero pude ver la gran diferencia entre el D.O.S y Windows 95. Aquella constaba de todo un catálogo de combinaciones de teclas que se debían memorizar, necesariamente. Windows en cambio era un sistema muy simplificado, al alcance de todos, o casi. Aún con todo lo aprendido, mi condición no dejaba de ser la de 'un perfecto analfabeto en Informática'. Esta palabrita ya venía circulando desde tiempo atrás para denominar conocimiento de Internet y Computación. Internet y computadoras son como uña y carne, no creo posible la existencia de uno sin el otro. Pienso que internet ha sido causa fundamental en la masificación de las computadoras. De otro modo su uso no habría pasado de las grandes oficinas a las casas. En todo caso, pienso que habría solo pertenecido a una élite muy reducida, como a los poseedores de un preciado diamante, se me ocurre, pero -y menos mal- no es así.
Todo lo que sé sobre computación e internet, en la práctica, lo aprendí acá, en Roma, donde vivo desde el 2003. Entrando a interactuar directamente con 'los aparatitos' la cosa se simplifica, se hace más fácil y, cosa extraña y casi milagrosa: El mismo aparatito te enseña, te guía, te conduce y -hasta- te corrige si equivocas. En suma, la Ciencia y la Tecnología han desarrollado (¿evolucionado?, ¿revolucionado?) tanto que, hoy por hoy, los niños ya no vienen al mundo con su pan bajo el brazo, sino 'con su computadora'. Pues sí, desde muy temprana edad, los niños de hoy se familiarizan con los benditos aparatos. A tanto hemos llegado que, hasta yo tengo uno (¿o una?). Hoy por hoy existen infinidad de estos aparatos en el mercado, diversidad de marcas, modelos y tamaños, peso y capacidad. Yo escogí uno de apenas 1GB de memoria RAM, de color azul marino brillante, hermoso. Lo ví, me enamoré... y me lo llevé a casa.
Es pequeño, de marca Asus, seguramente de 20cm x 30cm, pesa (seguramente también) alrededor de 1 kilogramo y medio o dos. En Febrero 10 de este 2012 ha cumplido 2 añitos. Hubiera querido celebrarle una fiestita con torta y vino, pero... parece que no le gustan las juergas. No sé si tratarla como a uno de 'sexo' masculino (compiuterino en italiano quiere decir 'pequeño computador') o 'a una' de sexo femenino, pues cuando mis 'niveles de afecto' por ella (no quería decirlo, pero ya lo dije) suben al máximo, la llamo, amorosamente, "Mi Computadorita". La verdad es que la amo, pues como no amar a algo o alguien 'que te da todo sin casi pedir nada a cambio'. Si por ella no fuera, cómo, de qué modo podría haber 'publicado' los tantos 'discursos sin importancia' escritos (de mi puño) hasta hoy. No digo "de mi puño y letra" porque las letras las pone ella, y me da un sinfin de posibilidades para escoger. En ella, en mi computadorita, he encontrado al amor de mi vida. No es celosa y está disponible cada vez que se me antoja 'usarla' (¿o será ella que me usa, más bien?), es mi confidente, pues guarda todos mis secretos y me permite -en tiempo record- enviar mensajes hasta el otro lado del océano, y también recibirlos, naturalmente; chatear en tiempo real con quien o quienes se encuentren conectados a internet a través de sus respectivas computadoras; aceptar o rechazar amistades, guardar en absoluto secreto documentos escritos u hojitas de cálculo, fotos, canciones, leer libros, revistas,diarios, ver films y videos (propios o comerciales), jugar ajedrez (y ganar 'haciendo trampa') y otros juegos,  etc., etc., pero la Ciencia y la Tecnología han hecho también (por puro Business) que nuestros benditos aparatitos tengan una reducida 'vida útil'. Así, mi amada computadorita, desde hace algunos meses ya me está mandando mensajes de S.O.S., hay partes dentro de ella que están comenzando a deteriorarse y, no sé por cuánto tiempo podrá acompañarme aún. Para mí es ya un golpe duro, desde ahora, saber que 'mi compañerita tiene un mal incurable'; es como saber que alguien muy querido padece de un cáncer terminal. Me vienen hasta ganas de llorar por mi pequeña cosucha y sé que no podré acostumbrarme fácilmente a otra. Es que... no soy de aquellos que olvidan fácilmente los 'amores computados'.

lunedì 26 marzo 2012

La princesa y el 'observador'.

ìQué roche!, que te pillen en una ceremonia oficial... mirándole el escote a la princesa real... yo me moriría de la vergüenza. El tipo queda mal parado, de verdad. El video no deja dudas, el pata (marido de la Presidente de Finlandia) que por el apellido más parece que fuera árabe (solo por decir), no puede controlar sus ojos que se le van 'casi a hurgar' en el escote de la esposa del Heredero al Trono de Dinamarca, el príncipe... no tiene sentido señalar el nombre, pero ella se llama Mary que es el nombre que más me gusta después de S+++++y que es el nombre de mi hija.
Pero, yendo un poco a hurgar en el perfil de los varones, el 'comportamiento' de aquel 'observador de escotes', exagerado en su intención, no es nada del otro mundo, pues los hombres (léase varones) estamos hechos así. Somos unos puercos, perros... no sé cual animal podría distinguirnos mejor, ¿quizás el gallo que bailotea en torno a cada gallina que se le cruza en el corral? Es decir, somos unos 'perfectos animales' en cuestión de sexualidad, con el perdón de nuestros congéneres, mal llamados 'animales irracionales' que, en tantos aspectos de la vida, demuestran ser -en mucho- 'más civilizados' que nosotros.
No pretendo erigirme en abogado del diablo, pero -lo dije- lo repito: 'Los varones somos como gallos'. Para nosotros el mundo es un corral con muchas 'gallinitas', todas, todas, todas, apetecibles; no hay una que escape a nuestras miradas libidinosas. A penas se salvan nuestras madres y nuestras hijas.
Y no es solo cuestión de rango y educación, pues para mejor ilustración tenemos al tipo del video, una noticia de semanas (¿o meses?) atrás que, inicialmente, no había llamado mi atención. Luego, viéndome 'reflejado' en el protagonista, quise postar lo aquí escrito para dejar constancia de que "yo no soy diverso", pero me cuido de caer en exageraciones...

mercoledì 7 marzo 2012

Una lección 'de fuego'.

"El golpe enseña" quise titular a esta entrada, pero luego decidí lo que se lee en el encabezamiento, debido a que la experiencia -mi experiencia-, tiene directamente que ver propiamente con el fuego, la candela, esa cosa de mucha utilidad en nuestras vidas, pero que quema y puede hacer mucho daño, y porque realmente de aquella experiencia aprendí.
El descubrimiento del fuego fue una gran bendición para nuestros primitivos antepasados hombres de las cavernas (léase bien de las cavernas, no de las tabernas, pues estos últimos son otros que no tienen nada que ver con aquellos). Gracias a ese calor vital de la candela, hoy por hoy, gozamos de todos los privilegios que la culinaria nos brinda en diversidad de viandas y platos, sofisticados o no, de las diversas cocinas del mundo.
Pero el fuego no solo nos brinda eso. También nos da luz, calor y hasta frío si queremos, pero esos son asuntos de ingeniería que prefiero no abordar, más por desconocimiento que por falta de ganas.
Los niños imitan todo lo que ven. Mi hermano mayor y yo éramos niños entonces e imitábamos seguramente a algún fumador callejero, pues en casa nadie fumaba. Mi padre no lo hacía, mi madre menos.
La iniciativa partió de él, de mi hermano, pues -ahora que lo pienso- yo he carecido de iniciativas, desde siempre.
-A ver, ¡quién fuma más cigarros!, ¡yo te gano!
-¡No, yo te gano!.
El día estaba llegando a su fin, la penumbra comenzaba a invadir el interior de la casa. La energía eléctrica era desconocida en aquella localidad (Pachas, ubicado en las alturas de Huánuco, cerca a La Unión), por ello encendimos el mechero (lámpara a kerosene), un artefacto muy común en aquellos tiempos, usado hasta hoy en muchos pueblos andinos, alejados y pobres, del Perú milenario.
Comenzamos rompiendo pequeñas hojas de las libretas de apuntes de mi padre. Eran pequeños envoltorios que semejaban verdaderamente cigarros. Los encendíamos en la llama del mechero, pero se apagaban pronto, creo por lo estrecho de la manufactura y escasa longitud del mismo, pero la cosa muy pronto degeneraría.
La idea que en toda competición debe haber siempre un ganador creo que está impresa en nuestros genes desde nuestros más remotos antepasados. Otra cosa aún: Cuando aceptamos un reto, lo hacemos con la certeza  de vencer o cuando nuestras probabilidades son óptimas; si no es así lo rechazamos.
Así, seguramente con este criterio último, comencé a romper hojas de cuadernos. Nadie asistía aún a la escuela entre nosotros, pues no teníamos edad para ello, eso me hace pensar que aquellos cuadernos eran también de los que usaba mi padre, qué sé yo para cuales apuntes.
"¡No jueguen con la candela, se van a quemar...!", nos intimaba mi madre sentada unos metros más allá frente a la puerta abierta, cardando lana, aprovechando las últimas luces de la tarde.
No hicimos caso. Quitándome de las manos el cuaderno, también mi hermano comenzó a romper hojas y a preparar sus 'cigarros'. Las encendíamos y, naturalmente, dado el mayor tamaño, éstas prendían fuego y duraban más. Nosotros hacíamos ademanes de fumar y cuando la llama se acercaba a nuestras manos, soltábamos los 'cigarros' y los apagábamos a golpe de zapateo sobre ellos.
Se dice que el diablo nunca duerme y, creo que aquella tarde menos todavía, visto que ni siquiera estábamos en horario para ir bajo las frazadas.
Yo tenía todas las ganas de ganar aquel reto. Tenía que haber sido así y por ello mis pequeños ojos, inquietos, iniciaron a 'barrer' la habitación contigua y... ¡ he allí lo que buscaba!, ¡una enorme ruma de periódicos pasados! Mi hermano se ocupaba solo de encender la mayor cantidad de 'cigarros', era su forma de ganar. En cambio mi visión era otra: Yo buscaba 'fabricar y fumar' el cigarro más grande. Un poco haciéndome el tontito (¿más de lo que ya era?), cogí los periódicos y comencé a doblarlos. Me resultaron como enormes cornetas. No importaba, bastaba que fueran grandes. Para entonces mi hermano ya se había percatado de mis movimientos y 'peleamos' (es un decir) por la posesión de los periódicos. De todos modos fui el primero en encender uno de aquellos 'cigarrones' que produjeron una gran llama.
Se levantó mi madre y, a la par que decía "¡Dejen de jugar con la candela!", amenazó con buscar el ronzal*, cosa que nos hizo estar quietos por unos momentos. Luego salió al patio y, pienso que demoró un tanto echando la cebada a los puercos. Tiempo suficiente para reiniciar con 'la fumadera'. Esta vez descubrí un tacho grande que contenía petróleo e inicié a mojar en él los cigarrones. Definitivamente, yo tenía que vencer aquel reto. Pero mi rival, mi hermano, no se daría por vencido tan fácilmente, pues siguió mi ejemplo y entre los dos estábamos en una especie de éxtasis, encendiendo y apagando aquellos enormes trozos de papel y, no sé en qué habría terminado todo si mi madre no retornaba en aquel momento.
Aquel retorno inesperado creó confusión entre 'los fumadores', pero más en mí. Pienso que la irresponsable operación de mojar los periódicos en el petróleo y hacer aquel ademán estúpido de 'fumar', había en cualquier modo impregnado mi rostro con aquel combustible y, aquella confusión causada por la repentina aparición de mi madre, fue fatal.
De pronto sentí que la llama del cigarrón en mis manos saltaba a mi rostro que ¡flam! se encendió. Mis manos 'corrieron' en mi propio auxilio, pero ¡también comenzaron a arder!. Vi que mi madre daba un salto, cogía una frazada y me cubría... No recuerdo si lloré, solo que quedé en tinieblas bajo la frazada. Para aquel momento, también la  noche había cubierto Pachas con una gigantesca frazada negra, dejándola en tinieblas.
Mis manos no guardan huellas, mi rostro sí. Casi en la comisura de mis labios hay cicatrices, hoy ya casi 'invisibles' por el tiempo. O puede ser que me he acostumbrado tanto a ellas que 'ya no las veo', casi.
No sé si vencí el reto, pero aprendí una lección: No jugar jamás con fuego.
(*)Ronzal = látigo o azote, muy usado para azuzar la cabalgadura. Mis padres lo tenían en casa, creo como instrumento de intimidación o amedrentamiento jamás revelado formalmente, y nunca usado en ninguno de nosotros.

venerdì 2 marzo 2012

"Osito de felpa".

Debe ser seguramente una canción de los 70s. "Osito de felpa" me ha gustado desde siempre y, más, desde cuando Ledinh, mi hijo, se marchara aquella madrugada del 15 de Enero 2003 en circunstancias hasta hoy no esclarecidas. Fue un accidente, sí.
Dicen que el Tiempo cura todas las heridas, pero ésta, inferida a mi familia y a mí, ha sido tan, tan profunda que, a pesar de los nueve largos años transcurridos, el bendito tiempo no ha podido curar aún. Y dudo que la herida pueda sanar alguna vez. Sobre todo en nosotros sus padres la cicatriz permanecerá a perpetuidad.
Mi hijo no era un bebé cuando se fue, pero igual, las veces que escucho la canción, me vienen a la memoria diversidad de momentos vividos con él. La alegría de cuando supe que nació varón, la ternura que hacía aflorar en mi mente y en mis sentimientos el verlo tan pequeñito e indefenso, y pensar que aquel ser se haría grande y fuerte. Más tarde, las bromas que me hacía, las bromas que yo le hacía a él, pero también momentos de dolor y lágrimas en circunstancias que el destino nos ponía delante a modo de pruebas, todas muy duras.
En fin..., habría querido dejar pasar este Día sin recordarlo, pero... es imposible. Un Día como hoy - 2 de Marzo- nació él, mi hijo amado. No sé, quizás no debiera recordarlo más y dejar que 'verdaderamente' Descanse en Paz sin importarme que aquella canción que da título a esta entrada me sobrecoja el alma nublando mis ya cansados ojos con las lágrimas que acuden a ellos acompañando a mi profundo dolor. Dolor que no es solo mío, lo sé. Su mamá -¿alguien puede cuantificar el dolor de una madre?- ha ido al cementerio de Latina esta mañana muy temprano llevando flores frescas para nuestro hijo, QEPD


giovedì 23 febbraio 2012

Encuentro ¿casual? con el diablo.

Este es un cuento de mi abuela. Para mí es tal, pero ella, cada vez que nos lo refería, ponía la voz grave y hasta se persignaba  en los pasajes más dramáticos de su relato. Y decía que era cierto. Le faltaba poco para jurar.
En la sierra de mi país. Quiero decir, en la sierra del Perú entero, las familias pudientes viven en la ciudad y sus rebaños son pastados en las alturas (puna) por gente de su entera confianza, mayormente parientes pobres, los que necesariamente viven en esas frías regiones junto con los animales.
Cada cierto tiempo los patrones visitan las alturas, bien llevando provisiones para los pastores o para hacer un control de las actividades de los mismos. Para los efectos, preparan con anticipación una buena dotación de todo lo que será menester durante el tiempo que deberán permanecer allá. Ellos sí (los patrones), cuando decidían ir a la puna, iban bien pertrechados, aprovisionados adecuadamente; lo que precisamente hacían mis abuelos aquel jueves, en aquel remoto entonces.
Destino, omisión u olvido (o quizás los tres factores juntos) hizo que olvidaran la sal, aquel condimento esencial; más aún en aquellas alturas donde la sal es el único saborizante de las comidas. Lo es también el ají, pero ni el ají tiene sabor sin la sal. En aquellas serranías es así y, por ello, al escribir estos renglones, pienso ¿cómo mucha gente, muchos de mis compatriotas que pueblan aquellos olvidados rincones del Perú profundo, pueden conformarse con tan poco? Más que a los patrones, me refiero a tantos humildes servidores y gente pobre que, desconozco, ¿por qué se empecinan en poblar aquellas heladas cimas?
Llegados a la puna y percatados del faltante, mi abuelo decidió regresar a la ciudad a por el preciado condimento. Lo hizo al día siguiente muy temprano. Ensilló su caballo y partió, cuesta abajo, rumbo a Llata.
Todo hace pensar -lo digo yo- que, llegado a Llata, mi abuelo olvidó a qué diantres había bajado. El caso es que alargó su estadía en la ciudad por más del tiempo debido.
La tarde estaba llegando a su fin y pronto sería noche. El cielo anunciaba tormenta, pues se escuchaban, lejanos, el retumbo de los truenos. Recién cuando el tendero se aprestaba a cerrar sus puertas y dar por terminado la atención a los clientes de aquel día, mi abuelo recordó a lo que había bajado. Se aseguró, eso sí, de estar llevando la sal y salió. Su caballo estaba ensillado, el pobre bruto no había probado pasto en todo el día. Amarrado a un palo había esperado con la paciencia propia de los caballos (¿son pacientes estos cuadrúpedos?) a que su patrón optara por el retorno a casa.
No hay que ser demasiado imaginativos para adivinar que mi abuelo estaba ebrio. La tormenta 'flagelaba' la agreste geografía de la zona, alguien le aconsejó posponer su retorno para la mañana siguiente, pero él se negó. Así, aprovechando un pequeño cese de la lluvia, montó sobre su hambriento Rocinante y partió raudo. El viento continuaba, pero no le importó.
La noche con su oscuro poncho lo cubría todo. Solo los rayos lejanos iluminaban por escasos segundos aquellos solitarios y fríos parajes. Era suficiente para seguir cabalgando.
De pronto, como si la naturaleza entera callara, todo quedó sumido en el más absoluto silencio. Mi abuelo detuvo su caballo para 'auscultar' el extraño fenómeno. Sintió relinchos de bestia que venían del lado opuesto de su ruta. ¿Quién podría estar bajando a aquellas horas y con aquel tiempo por aquel angosto camino que era casi exclusivamente suyo?.
Era ya evidente que los dos jinetes se encontrarían. El caballo de mi abuelo acrecentaba su nerviosismo a medida que se avecinaban los ruídos de pisadas y relinchos del lado opuesto.
De un momento a otro, por un recodo, apareció una potente yegua cabalgada por alguien muy fuerte y rudo, emponchado y con una especie de capucha que le cubría por entero la cabeza. En la oscuridad la figura de la yegua y de su extraño jinete parecían cubiertos de una -también extraña- fosforescencia. En aquellos precisos momentos un rayo lejano iluminaba aquel cuadro. Mi abuelo que se había bajado de su caballo para controlarlo mejor, pudo ver solo dos ojos brillantes en el vacío interior de la capucha. Invisibles manos sujetaban las riendas de la yegua. Todo era negro en el atuendo del jinete, pero pudo ver el brillo de las espuelas en la calzadura del mismo. ¡Jesús!¡Jesús!¡Jesús!, tres veces, gritó mi abuelo haciendo esfuerzos sobrehumanos para sujetar a su caballo que casi enloquecía con relinchos y brincos.
Inmediatamente después, como si la naturaleza hubiese recuperado sus ímpetus, recomenzaron los truenos e inició a arreciar el viento seguido de fuerte aguacero. El extraño jinete había desaparecido como por arte de magia y en lugar de la yegua quedaba ¡una mujer completamente desnuda! que yacía por tierra, temblorosa y gimiente. ¿Qué habría hecho cualquier común mortal en aquellas circunstancias? Con mucha certeza digo que yo habría puesto la mayor distancia posible en el menor tiempo posible de aquellas espeluznantes apariciones, pero mi abuelo no hizo eso. Envolvió con su poncho, la montó sobre su caballo y llevó a casa a la desconocida. Allá esperaba mi abuela. Puesta al tanto de todo por su marido, regaló ropas y dió cobijas y comida a la mujer por dos días durante los cuales se puso al tanto de "la verdadera historia de aquella pobre pecadora", sus palabras. La tal tenía por amante a un cura y las noches de los viernes de plenilunio tomaba la forma de una yegua y era cabalgada por ¡don diablo en persona!.
Decía mi abuela que sobre los flancos (caderas) de aquella mujer eran visibles las huellas de las espuelas del maligno.Hasta aquí su versión.
No desde siempre, sino desde cuando inicié a tener sentido crítico, he dudado de la veracidad del relato e imaginado los hechos tal como pueden haber sucedido, pero me los guardo. También el lector es libre de imaginar y hacer suposiciones, pues vivimos en democracia.
Nota: Foto de caballo tomado de www.taringa.net

venerdì 27 gennaio 2012

Lo que vale "Tener conciencia".

Para comenzar les tengo una historia tierna y esperanzadora. Hace apenas unos días, en el hotel donde trabajo, una pareja de holandeses, muy simpáticos, pidieron una cubierta (frazada) adicional, pues en Roma -y en toda Europa- hace mucho frío, estamos en invierno. Cuando les recordé que la habitación estaba dotada de 'aire acondicionado', muy gentilmente replicaron que lo sabían, que 'preferían no usarlo para no causar más daño al medio ambiente'. "Con una frazada más estaremos bien..."
El tema del medio ambiente es un tema de actualidad, candente, polémico. Existen instituciones ad hoc, 'creadas' expresamente y dedicadas 100% a la publicidad ambientalista y a la protección del mismo. En paralelo, existen personalidades del mundo político (por cálculo político, precisamente), del mundo cinematográfico y encumbrados representantes de la sociedad en general, abocados al tema del cuidado de nuestro planeta y de todo lo que a ella concierne: animales, plantas, recursos hídricos, paisajes, clima, etc.
Fundaciones o asociaciones como Greenpeace o WWF son ampliamente conocidas a nivel planetario. Basta entrar a internet, allí podemos encontrar información sobre las actividades de cada una de estas organizaciones, y no solo de ellas, pues cada nación, cada estado que se precie de tal, dentro de su organigrama tiene una institución que salvaguarda 'ambiente y recursos naturales'. En el Perú tenemos el Ministerio del Ambiente, de casi reciente creación.
El tema ambiental es una preocupación reciente. Empezó, posiblemente, a mediados de los años 60 y se institucionalizó formalmente al inicio de los 70s. Desde entonces la preocupación de los gobiernos e instituciones ha ido creciendo hasta, recién en nuestros días, haber logrado 'concientizar' a gruesos porcentajes de la población mundial. El trabajo de divulgación de muchas instituciones, aparte de las señaladas, ha servido para 'despertar la conciencia' de gobiernos y población en general sobre los peligros que acechan a nuestro planeta si continuamos con nuestra desidia e irresponsabilidad. Muchos se preguntan, ¿qué planeta dejaremos en heredad para nuestros hijos y nietos si no nos ocupamos del cuidado de sus recursos: agua, bosques, atmósfera, etc.?
Pero, lo que más ha influído para este 'despertar de conciencias' han sido Los Síntomas de Malestar de nuestro planeta. Síntomas inequívocos, claros. El más evidente: el calentamiento global, está haciendo que se derritan los 'hielos eternos' del Artico y Antártico, y no solo, pues la gravedad de la situación es visible también en muchos lugares de la tierra. Por ejemplo, el Kilimanjaro, la montaña símbolo de la Tanzania, ya no muestra sus cimas nevadas de hasta hace unos años, pues se han derretido.
Otro síntoma es el brusco cambio climático a nivel global. Acá en Italia, por ejemplo, el verano del 2007 (si no recuerdo mal) fue solo tibio y el otoño una prolongación del verano de ese año, tanto que los árboles no perdieron sus hojas. El invierno no se sintió e inclusive las plantas 'confundidas' iniciaron a florecer... 'pensando' que estaban en primavera.
Hay verdaderamente motivos para preocuparse y en esa dirección iba mi pensamiento cuando decidí escribir este post. El cuidar de nuestra casa -nuestro planeta lo es-, es responsabilidad de todos los que habitamos en ella, grandes y chicos. A los chicos tenemos que enseñarles nosotros los grandes, sus padres o personas mayores. Llegan hasta nosotros, a través de diversos medios, reglas, métodos y modos para 'evitar ensuciar' nuestros ríos, el aire que respiramos, el ambiente que nos circunda e inclusive para 'hacer el recojo diferenciado de la basura' en nuestros hogares, pero ¿cuántos de nosotros hemos tomado conciencia de lo que esos simples gestos pueden ayudar en la conservación de la salud de nuestro planeta?.
Una cosa muy simple es, por ejemplo, el utilizo inteligente de las fuentes de luz y de calor. No debemos dejar encendidos lámparas ni focos, aún si de consumo mínimo, en habitaciones vacías. Hasta los pilotos de los artefactos eléctricos (esas luces pequeñitas -a veces de color rojo intenso- que nos 'avisan' que el televisor está enchufado, o cualquier otro aparato) se deben apagar, porque queman el oxígeno y producen CO2 (anhidrido carbónico), letal para nuestra atmósfera y para nosotros mismos.
Sabemos también que el uso indiscriminado de los aerosoles y del aire acondicionado, productos de la modernidad, son sumamente nocivos para nuestra atmósfera, pues 'consumen' el manto de ozono que envuelve y protege al planeta de la terrible amenaza de los rayos UV que llegan a producir cáncer de piel a los que se exponen a ella. Y esto es que no digo nada sobre la amenaza de los plásticos y las sustancias oleaginosas (aceitosas) en nuestros lagos, ríos y océanos. Tampoco sobre la tala y quema de bosques que reducen las áreas verdes, verdaderos pulmones de nuestra 'amada' Mama Pacha.
¿Fumas?, bueno, pero no tires las colillas encendidas por la calle, pues aparte de ensuciar áreas públicas que a todos nos cuesta la limpieza, ese residuo de tabaco 'encendido' produce anhidrido carbónico hasta consumirse por completo, y produce daño al ambiente. ¡Apágalas! y luego échalas a un contenedor.
Hay mucho por decir y por hacer. Soy optimista y digo que será magnífico encontrar cada vez más gente comprometida con nuestro planeta, 'involucrada' en la Gran Tarea de Conservación y Mantenimiento de un Ambiente Saludable, Puro'. Pienso que seremos muchos (ya los hay) los que seguiremos el ejemplo de aquellas personas de la historia inicial de este post.