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domenica 13 maggio 2018

Una flor blanca.

Este segundo domingo de mayo me trae tantos recuerdos de infancia. Recuerdo que en  la escuela, desde mitad de abril, los profesores organizaban la celebraciòn, pues El Dia de la Madre no era un dìa cualquiera, se tenìa que celebrar como se debe, al menos en aquellos tiempos era asì. Un poco de teatro, poesìas y mùsica hacìan el deleite de las mamàs asistentes. Ellas aplaudìan cada intervenciòn, pero màs si era el hijo predilecto el que actuaba, declamaba o cantaba, o participaba en algùn modo en la 'actuaciòn'. Se denominaba asì a cada evento. "Habrà una actuaciòn por el Dìa de..." se solìa decir. Hoy por hoy el dìa de las mamàs no pasa de ser un dìa màs del calendario econòmico, de la publicidad y del marketing, lo mismo que navidad, año nuevo y la misma semana santa y pascua.
Recuerdo mucho las flores rojas o blancas que los niños llevàbamos en el pecho, arriba, a la altura del corazòn para esta fecha singularmente. Desconozco si es (o era) solo una usanza de mis coterràneos, pues no recuerrdo haber visto algo similar en ninguno de los lugares que visité en mis constantes desplazamientos por costa, sierra y selva de mi Perù. La flor roja significaba tener aùn a nuestra mamà viva, en nuestra companìa. La flor blanca, en cambio, lo llevaban los huérfanos de madre. Ver compañeritos o niños en general llevar una flor blanca en el pecho era causa de pesar para mì, no podìa imaginar còmo se podrìa vivir sin la compañìa, el amor y las atenciones de mamà. Eran sentimientos pasajeros, duraban el tiempo de un encuentro casual, de un cruzarme con chicos de mi edad al caminar o verlos pasar por la vereda frente a casa, pero no iban màs allà de aquel segundo domingo de mayo. Al dìa siguiente todo estaba olvidado.
Lo que también recuerdo, aùn hoy con algo de dolor,  es que mi madre asistiò muy pocas veces a las actuaciones. La responsabilidad de alimentar, vestir y dar instrucciòn a los frutos de sus entrañas se lo impedìan. Normalmente pasaba su Dìa lavando ropas ajenas y cocinando para sus vàstagos.
Mi madre ya no està, se fue hace dos semanas. Quizàs, siguiendo la usanza de mi tierra, hoy deberìa yo llevar en el pecho una flor blanca.
Nota: Aprovecho para saludar efusivamente por el Dìa de la Madre a todas las mamàs de mi entera familia, empezando por mi esposa Olga. La lista es larguìsima, no menciono nombres por no omitir alguna. Las tengo a todas en mi memoria. Un abrazo,



domenica 29 aprile 2018

Mi madre y las duras Leyes de Natura

Cuando pensamos que el dìa de mañana nunca llegarà, ya se ha convertido en el ayer. Henry Ford
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Mientras mis manos despedazan el pan para echarlo en la taza de café de mi anciana madre, mi mente recorre, como cuando se retrocede un film para verlo de nuevo, la vida y vivencias de la mujer que me trajo al mundo. La veo muy niña, envuelta en bayetas, con sus cachetes quemados por el frìo y las inclemencias, pastoreando ovejas en las alturas de su Jacas Chico natal. Màs tarde, joven y vigorosa, la veo enfrentando a su destino en la calurosa Tingo marìa y alrededores. Veo eso y màs, pero no hay espacio para abundar en detalles.
La vida de mi madre està repleto de dramas. Muy niña -ella no tiene memoria del hecho-, perdiò a su padre. Perder a papà significò perder el sustento y el significado de una verdadera familia constituìda de padre-madre-hijos. Perder a papà significò sobre todo perder el afecto y la figura representativa de la familia en aquellos tiempos de exacerbado machismo y de sometimiento para las mujeres.
Mi madre me lo dijo en algùn momento, "perder a mi papà significò perder mi verdadero destino".
Años màs tarde ya con familia, muy niño yo, la recuerdo masticando las habas tostadas y embocàndome, mis dientes de leche (si los tenìa ya), no me permitìan aùn masticar el  rico 'rucucho'.
Es este ùltimo recuerdo lo que me incita a escribir este post. El pensar còmo 'gira' el mundo, còmo cambia, se transforma y evoluciona la naturaleza toda, el universo entero; el hecho que mi madre ayer me embocaba y hoy soy yo (casi a embocarla) a retacearle el pan para facilitar la digestiòn a su añoso estòmago. Pero màs que eso, el còmo mi madre de ser el centro del universo, de su universo, ha pasado a ser 'un pequeño asteroide'... casi olvidado. Y todo esto debido a las duras Leyes de Natura que decretan: Nacer, crecer, dar frutos y... morir. Leyes irrevocables, duras, inflexibles, crueles y despiadadas, a las que nadie escapa. Mi madre diò frutos, trajo al mundo 8 hijos. Y sus frutos, como ella, dieron otros frutos: 35 nietos que a su vez han dado 18 bisnietos y 5* tataranietos que se han ido agregando y sometiendo a los efectos de la inexorable Ley.
Formado, casi creado por ella misma con la fuerza de sus manos y el vigor y pujanza de sus mejores años, el universo de mi madre era vasto. Todo giraba en torno a ella. Si bien nosotros sus 8 hijos conformàbamos los cuerpos celestes màs vecinos y de mayor influencia, el cìrculo se expandìa con sus sobrinos (hijos de su hermano que, huérfanos de madre, fueron acogidos en casa nuestra), sus propios hermanos que, con esposa e hijos, frecuentemente bajaban de la sierra a la ciudad y se alojaban con nosotros aùn si el espacio disponible que tenìamos era ya estrecho para nosotros mismos. Posteriormente las nueras y los hijos e hijas de sus hijos (sus adorados nietos y nietas), y no solo. Todo giraba en torno a Mamà Nieto (mamàñeto, como la bautizaran precisamente sus nietos en edad temprana), inclusive el vecindario y pequeños negocios del barrio, en algùn modo, dependìan de ella. Es decir, hasta la economìa del pedazo de ciudad que habitàbamos giraba en torno a mi madre, y era asì porque para dar de comer a tantas bocas y llenar tantas barrigas era necesario 'comprar harto'. El panadero y bodegueros del barrio ofrecìan sus mejores sonrisas cuando la veìan entrar a sus negocios. Y no era para menos, pues en promedio, en casa vivìamos 14 personas. Ese nùmero llegaba a 20 en las ocasiones que se alojaban con nosotros mis tios y primos venidos de la sierra, y todos tenìamos que comer!, y para eso mi madre tenìa que hacer milagros!
La economìa familiar no siempre andò de la mano con las necesidades, muchas veces era menester pedir créditos en las bodegas (pedir fiado). No recuerdo negativa alguna. Al contrario, mi madre era atendida de buen grado, pues pagaba siempre con oportunidad. Y ocurrìa lo mismo en los mercados de la ciudad, en el viejo y el nuevo, donde tenìa caseritos y caseritas por doquier. "Lleve nomàs mamanieto, me paga después...", eran palabras de confianza y respeto que cerraban cada transacciòn.
Qué puedo decir, mi madre tenìa su fama. Y aùn hoy, muchos años después, los rezagos de su 'fama' (si asì se puede llamar), perviven aùn en la memoria de las personas de mayor edad del vecindario, pero son recuerdos que el paso del tiempo y de las generaciones borraràn, màs temprano o màs tarde, en modo definitivo.
NOTA: Este post comencé a escribirlo al regresar de mi ùltima visita a Perù, urgido precisamente por los requerimientos de mi madre, de su anhelo de verme: "...negro, ven a verme pronto, pues si no, es posible que ya no me encuentres", eran sus palabras. Fui para allà y la encontré muy delgada, fràgil y adolorida, producto de su dura lucha con la vida y las adversidades que la misma le puso delante a lo largo de toda su existencia. Estuve con ella dos meses durante los cuales compartimos cama, comida, recuerdos y viajes Huànuco - Lima, Lima - Huànuco y de nuevo Huànuco - Lima. Partì de Lima el ùltimo dìa de Enero, con la promesa de retornar en Diciembre, la dejè lùcida, alegre, un tanto recuperada de sus achaques, pero era yo consciente que sus males podìan agravarse en cualquier momento y precipitar hacia la fatalidad. Y asì ha sucedido.
Mi madre ya no està, su dèbil corazòn dejò de latir por la mañana del 27 de Abril de este 2018, a las 07:45. Mamàñeto se fue y... quién sabe si iré para Diciembre. Pienso en mis adentros: "A qué irìa, a palpar el profundo vacìo que dejò?"
Me consuela el hecho de saberla libre de sus dolores y sufrimientos. QEPD.
(*) El dato no es oficial, podrìan ser màs.




giovedì 22 febbraio 2018

A su imagen y semejanza.

Partiendo del razonamiento cientìfico que la materia no se crea ni se destruye, solo se transformame atrevo a pensar que Natura ha estado presente desde el nacer de los tiempos en el universo y que los billones de años (o lo que fuesen) no estuvo sino gestando, 'preparando' aquel momento crucial del presunto Inicio, nacimiento, principio que deberìamos poner entre comillas (""), puesto que, a este punto, el Verdadero Origen estarìa mucho màs atràs. No podemos ir hasta allà y yo no me atrevo ni siquiera a imaginar, pero debo remarcar que la acciòn transformadora de Natura ya estaba allì. Dios no estuvo allì, pues a èl lo creò el Hombre, muchìsimo tiempo despuès, a su imagen y semejanza.
Millones de años despuès del Big Bang, la explosiòn inicial que diera origen al universo, las galaxias y todo lo que en ellas existe: sistemas planetarios, estrellas, cometas, polvo interestelar y hasta agujeros negros, en algùn lugar de la Vìa Làctea (asì se llama nuestra galaxia), se formò la Tierra, el planeta que nos acoge. Nos llenamos la boca llamàndola "Nuestro planeta", pero no pasa de ser solo un decir inconsciente, pues màs parece que perteneciera al vecino malo del barrio, a quien, por desprecio y para que se cerciore que no es estimado, le rayamos el carro, nos meamos en su jardìn y arruinamos sus paredes. Cierto es que lo apenas mencionado no refleja en absoluto el Daño que causamos, a sabiendas, a -dizque- nuestro planeta. La factura que ya estamos comenzando a pagar y que pagaremos en durìsimas y saladìsimas cuotas, ya se vislumbran, son tangibles a travès de los cambios climàticos y el calentamiento global. Punto y aparte porque no es el tema de este post.
Pasaron otros muchìsimos millones de años, La Tierra de lo ìgnea e incandescente que era, perdìa su poder achicharrador poco por poco. Las mareas y los vientos ayudados por el movimiento de rotaciòn que originaban el sucederse constante de los dias y de las noches favorecieron el enfriamento de las partes altas del globo hasta lograr finalmente encapsular el fuego y magma en las profundidades del planeta, las que se hacìan visibles (y se hacen visibles aùn) constantemente a travès de los volcanes y fuentes termales. Y la Vida se hizo posible, primero en los mares y rìos, y luego en tierra y aires. Natura se encargò de sembrar vida por doquier: virus, bacterias, organismos unicelulares que evolucionaban con el pasar de los siglos hasta convertirse en gusanos, insectos, peces, batracios, aves. Invertebrados primero, luego vertebrados, una gama infinita de animales y plantas. Dotados los primeros de la capacidad de desplazamiento en agua, tierra, aire. Dotados los segundos de raìces, las mismas que cumplìan una doble funciòn: la de fijaciòn al suelo y la de sustentaciòn alimentaria.
Natura es infatigable, no cesa un momento en su labor 'experimental' de diversificar, modificar, trasmutar y renovar cada cosa que se halle dentro de sus confines. Esa actividad incesante e infatigable de Natura se ha dado en llamar Evoluciòn. Asì, todo en el universo entero està en constante, incesante e infatigable Evoluciòn. Todas nuestras preguntas las  debemos dirigir a Natura y las respuestas las hallaremos allì, pues definitivamente todo lo que sucede en Natura, dentro de sus confines, tiene una respuesta Racional. Lo que sì es cierto y debemos aceptarlo con humildad es que Ella (Natura) no nos ha dotado aùn de las capacidades para entenderla. Ni las mentes màs brillantes (aquellas habidas, ni las actuales), han logrado aùn descifrar y comprender los fenòmenos que se suscitan en el universo.
Ok. Millones y millones de años de evoluciòn dieron como resultado el neanderthal, el pariente màs lejano del homo sapiens* actual. Fue aquel neanderthal, dotado de una actividad cerebral importante (intelecto) que lo diferenciaba de sus, hasta aquel momento, congèneres cuadrumanos, quien iniciò a preguntarse el por què y el còmo de los fenòmenos que se producìan en su entorno. Es decir, un poco, la Ciencia tenìa sus inicios con aquel nuestro antiquìsimo y olvidado pariente. No olvidemos que la Evoluciòn es incesante. Continuaba entonces y continuarà aùn por los siglos de los siglos.
Las inclemencias del clima: lluvia, nieve, viento y frìo. O lo contrario: calor intenso y sequedad obligaron a nuestro antiguo ascendiente a guarecerse en las cuevas y grutas, en la base de las montañas. En aquellos rincones hallaba salvaguardia y seguridad, y no solo ante las inclemencias de los fenòmenos climàticos, sino ante el acecho de bestias feroces.
Observar el horizonte y la vastedad sin lìmites del azul de los cielos, la enorme fuerza de las aguas de los mares y rìos, y aùn el espesor y talla de ciertos àrboles de la floresta, hacìan que nuestro pobre antepasado se sintiera minùsculo, insignificante ante tanta grandeza con resultados de estrès y ansiedad. El complejo de inferioridad de muchos de nosotros viene de allà. Era inadmisible tamaña desigualdad e injusticia. Algo tenìa que haber para 'equilibrar' semejante desproporciòn. La bùsqueda de aquel algo comenzò en ese instante.  El neanderthal de nuestra historia puso a trabajar su intelecto (era el ùnico dotado de raciocinio) para hallar ese 'algo' que atenuara las abismales diferencias entre la grandeza de los objetos y fenòmenos de su entorno comparados con la insignificancia de su ser. Ante sus ojos apareciò la montaña y la cueva que lo invitaban a una forma de Respeto Especial jamàs demostrado hasta entonces a ente alguno. El germen de las religiones estaba poniendo la primera piedra y comenzaba a delinearse en la mentalidad del primitivo homo sapiens.
Empezò la adoraciòn de la montaña cuya gruta daba cobijo y salvaguardia. Luego serìa el turno del rayo, del trueno, del fuego que le procuraba calor en las noches frìas y le servìa como arma de disuaciòn y contenciòn contra las fieras y congèneres belicosos. Adorarìa luego la fuente donde calmaba su sed y posteriormente animales salvajes como serpiente, puma, tigre, etc.
El hombre habìa encontrado aquel 'algo' al que todavìa no habia denominado Dios. Era simplemente un ente material, visible, palpable, real. Pero no faltaba mucho, el derrotero estaba trazado.
La fuerza y el coraje que los entes hasta entonces conocidos eran capaces de infundir en èl, por alguna razòn, no eran suficientes. Fue entonces que empezò a mirar a los cielos, màs allà de las nubes, y tuvo inicio la adoraciòn del sol, de la luna y de las estrellas màs luminosas.
La historia del neanderthal narrada hasta aquì no es la historia de un solo individuo, se entiende. Es la historia de un grupo, de una comunidad o tribu que, con el devenir del tiempo, constituirìa la sociedad. Luego, la sociedad ha tenido necesidad de establecer reglas y de elegir lìderes, hombres con capacidad de 'vender ideas' y de erigirse en hèroes y salvadores de sus pueblos. O de todo lo contrario.
Natura no se ha detenido. Ha seguido y seguirà ejercitando su acciòn de constante 'renovaciòn' (¿actualizaciòn?) de todo lo que ya existe y 'creando' versiones mejoradas o nuevas de los mismos. Se me ocurre decir que Natura semeja a las actuales haciendas tecnològicas del Silicon Valley, del Japòn y de la China que no dejan de trabajar para lanzar al mercado las versiones renovadas, cada vez màs potentes y modernos de cada uno de los artefactos que producen. Conviene pero, saber que cada uno de los productos fabricados, adolece de algo, siempre. Existe la posiblidad o casi la certeza que las deficiencias entre producto y producto, versiòn y versiòn de cada una de las marcas, sea hecho conscientemente en razòn del marketing y de las ganancias. No es lògico pensar que Natura imite el proceder interesado de las empresas citadas, Sucede, màs bien, que la acciòn transformadora de Natura ha permitido al homo sapiens de percatarse del fenòmeno y utilizar el mètodo a su favor.
Bien. El neanderthal quedò atràs, pues Natura se ha encargado de 'fabricar' una versiòn moderna y otra, y otra, y otra del mismo. Generaciòn tras generaciòn el homo sapiens llegò a considerar que la vida en grupos familiares tenìa sus ventajas. Esto fue asì porque el hombre se percatò que cazando, pescando o recolectando frutos entre dos, tres o màs individuos, los resultados eran mejores. Màs aùn, la interacciòn entre unos y otros permitìa 'aprender' de los mejor dotados las tècnicas, modos o maneras para llevar a cabo con eficiencia las tareas cada vez màs diversificadas dentro de los grupos familiares. Fue asì que se llegò a la divisiòn de las labores y a vivir en sociedad.
La acciòn evolutiva de Natura requiere tiempos muy prolongados y no es homogènea ni estandard. La evoluciòn es intelectual para algunos y fìsica para otros. Eso permite que muchos individuos, aquellos mejor dotados intelectualmente logren entender racionalmente tantos aspectos de la vida diaria, los fenòmenos estacionales: canìcula estival, lluvia y frìo invernal, el florecer de las plantas en primavera, etc.,
Es decir, las mentes se abren a nuevos conocimientos. Los lìderes polìticos y religiosos (brujos, chamanes, curanderos) ven mermar sus poderes y autoridad.

Es decir, la inteligencia de los hombres no està ya para creer en dios montaña, dios trueno, sol, luna, etc. Los lìderes religiosos se reunieron en secreto con los lìderes polìticos màs influyentes para discutir tan grave asunto, pues eran conscientes que 'la creencia' en algo superior era arma de sujeciòn de masas y de disuaciòn, potentìsimos. Estuvieron de acuerdo en la necesidad urgente de idear, crear, inventar, concebir Algo Superior. Y crearon a Dios, a imagen y semejanza del hombre.
(*)No hay acuerdo entre los hombres de ciencia actuales sobre la certeza que el Homo Sapiens descienda del Hombre de Neanderthal. Muchos creen que eran dos especies diversas, como los actuales gorilas y chimpancès, por ejemplo.
No necesitamos de las verdades cientìficas para la historia de este post, pues es suficiente saber que la Evoluciòn existe y que està vigente.

































venerdì 24 febbraio 2017

Las ollas milagrosas de mi madre.

Yo no sé cocinar poco, medido, calculado. Cuando me toca cocinar en casa o cuando cocino en casa por el simple placer de hacerlo, siempre cocino mucho, bastante, harto. Y sobra comida para la cena y hasta para el calentado del siguiente día. No es mi intención exagerar, la cosa me viene de por sí, natural, sin quererlo. Sucede todo lo contrario con mi esposa, mi compañera, la Super Mamá de mis Hijos, ella cocina exacto o casi. Cuando la veo cocinar me viene la impresión de que alguien se quedará con hambre, que las raciones no serán suficientes. Naturalmente no sucede así, las raciones son exactas o, por lo general, sobra poco, muy poco o casi nada.
Mi 'costumbre' de cocinar abundante ha sido motivo de polémica familiar, porque en oportunidades hemos tenido que tirar la comida al cesto de los desperdicios, en verano mayormente. Más tarde, analizando con calma, hemos hallado 'la fuente' de proveniencia de nuestros hábitos y hemos convenido en que lo mío es más que eso, es una manía. La explicación está en nuestras familias de origen: Mi esposa ha vivido desde muy niña en un núcleo familiar conformado por tres y cuatro personas, y no más. En cambio yo provengo de un núcleo que triplicaba al de mi consorte. Mi madre se hizo de 7 hijos (extraño número, diría un supersticioso), con ella más éramos 8, no cuento a mi padre que siempre estaba lejos por razones de trabajo, pero debo agregar a dos primos, hijos del hermano de mi madre, y ya éramos diez!, y mi madre cocinaba para todos! Y es aquí que entran a tallar las ollas.
Las ollas con las que mi madre cocinaba eran siempre las mismas, no eran tan grandes ni tan pequeñas, creo que eran normales!, aunque no sé cuánto normales, es mejor que cada uno se haga una idea: Unas ollas suficientes para saciar diariamente a 10 personas y, en ocasiones, a doce o catorce. Sucedìa cuando nos visitaban familiares de la sierra que bajaban a la ciudad para vender sus productos o realizar gestiones. Eran las ocasiones en las cuales las ollas de mi madre tocaban el ápice de sus capacidades materialmente posibles. Muchas de esas oportunidades que hoy mi memoria evoca, me hace tener casi la certeza del prodigio de aquellos humildes instrumentos, manchados de hollín, de la cocina de mi madre. Conviene aclarar que en aquellos tiempos se cocinaba con leña. Las familias pudientes lo hacían con kerosene, del gas no se tenían noticias aún, ni remotamente.
Retrocedo mentalmente a los años de mi infancia, pubertad y adolescencia, y veo a mi madre cocinando en sus 'màgicas' ollas. La veo repartiéndonos nuestras raciones, esperando siempre colmar nuestros apetitos y siendo ella la última en servirse... "te doy un poco más?", preguntaba a cada uno de nosotros que devolvíamos nuestros platos limpios, lamidos. Mi primo y uno de mis hermanos eran siempre los que pedían repeticuá, no digo nombres. Siempre eran complacidos!
No me explico hasta hoy qué tipo de encanto tenían aquellas ollas! O era mi madre  la que obraba milagros? No sé, pero no es todo. En ocasiones cocinaba en el río, las ollas iban allá, eran las veces que mi madre lavaba harta ropa, nuestras y extrañas. Recuerdo que nos sentábamos en círculo a la hora del rancho, y recuerdo que a poca distancia se emplazaban, a veces uno, a veces dos indigentes. Nosotros éramos pobres, pero seguramente aquel o aquellos lo eran más. El tierno corazón de mi madre se compadecía de los desafortunados..., y los llamaba..., y les alcanzaba un plato de comida! Es decir, las ollas de mi madre eran inagotables!, verdaderamente prodigiosas!



mercoledì 22 febbraio 2017

Mi Madre, eterna como el Padre Eterno.

Mi Madre es sempiterna, como Papà Dios. A diferencia de EL, mi Madre no es un invento de las religiones. Ella Existe y vive aún. Muchos en su natal Jacas Chico pueden dar Fe, y no solo allá. Pueden hacerlo también las gentes, entre parientes, "vecinos y esquinos"* que la vieron de niña pastorear sus ovejas por las frìas laderas de Los Andes de aquella parte del Perù. O las tantas gentes que la vieron pasar por cada lugar de la sierra central y Rupa-Rupa, adonde iba en caravana, llevando consigo el producto de sus entrañas, siguiendo los sueños del hombre que la quiso como compañera. Mi Madre no es omnipotente ni omnipresente, pero ha dejado huellas de su paso por los lugares que sus menudos pies transitaron, y dejará aún, tengo la certeza.
 Ella misma, mi Madre, dice que vivirá 'quién sabe hasta cuando...' , palabras suyas que dan a entender un vasto período, indefinible en el tiempo, inestimable en cifras, ilimitado, eterno. Y esta casi certeza le viene de un hecho veridíco que le tocara vivir luego del parto de su primer hijo varón. Resumo lo que ella misma cuenta: "... hospitalazada por el sobreparto, enloquecì con la fiebre y el dolor e intenté huir por una ventana. Una enfermera impidió que escapara, me tiró de los cabellos, caí sobre el filo del catre y perdí el conocimiento. Inmediatamente después me vi bajando las escalinatas del hospital, hacia afuera veía un inmenso campo verde con árboles y plantas, y flores de diversos colores. Caminé tanto, no sabía adonde iba, pasé por muchos lugares, algunos conocidos, algunos no (era mi alma que recogía mis pasos); solo sentí temor al acercarme y pasar por una aldea de perros. Había solo perros, de todos los tamaños y de todas las razas, que dormían en diversas posiciones, algunos acurrucados, otros con la panza por tierra y las patas dispuestas como para dar un salto, uno que otro que se desperezaba; tenìa tanto miedo, pero logré pasar casi de puntillas. Corrí, me cansé, pero seguí caminando y llegué hasta donde iniciaba una escalinata que se perdía entre las nubes. Con pasos ágiles subí, subí, no había cuando acabar; llegué hasta un enorme portón dorado. Llamé con la enorme aldaba..., luego de un rato se abrió el gran portón y apareció un hombre alto con una larga barba blanca y una sarta de enormes llaves (era San Pedro): 'Quién eres, qué quieres?' preguntó con acento grave. 'Soy... fulana de tal'. El gran barbudo giró sobre sus talones, desapareció por escasos momentos y reapareció con un Enorme Libro. Hojeó y ojeó, no halló mi nombre, y dijo: 'No, tu nombre no aparece en el Libro, regrésate'. Aquel lugar llenaba de paz todo mi ser y por eso insistí para quedarme. Mejor no lo hubiera hecho, pues el gigante barbón se enfadó: ' tú  no  has  sido  llamada  todavía, vendrás cuando se te llame, regrésate inmediatamente!'. Titubié, no sabía qué hacer, creo que eso enfureció más a San Pedro. 'Regresa allá antes que sea demasiado tarde!', dijo y me dió una cachetada que resonó en el silencio beatífico del Cielo. Bajé las escaleras, atravesé los campos y la aldea de los perros, esta vez a la carrera, los perros ni me sintieron, mis pies parecían alas, subí las escalinatas del hospital y desperté en mi cama. Un gran dolor de cabeza, a mi alrededor médicos y enfermeras..." 
Pienso en la Eternidad de mi Madre, en su vida y 'milagros' y hallo una similitud con la vida y milagros del Hijo de Dios, Jesucristo. Aquel de quien se dice que nació de María virgen, que obrò prodigios aquì y allà, pero que no dejò  vestigio alguno de su paso por nuestro planeta. No hay un escrito, no hay una firma, no una huella dactilar. Mi Madre lo mismo, no dejarà manuscrito alguno y ningùn documento firmado, pues sus padres no la mandaron a la escuela! Este tema me hace pensar mucho y hasta llego a preocuparme y preguntarme: No habrà sucedido lo mismo con Jesucristo?, pues para no haber dejado nada de puño y letra, tiene que haber sido un analfabeto!
Mi Madre no ha usado, no usa ni usarà las paràbolas, pues no las conoce. Jesùs en cambio, hizo uso y abuso de las mismas, lo dicen las Santas Escrituras. A Jesùs lo crucificaron a los 33 años, mi Madre naciò con su cruz a cuestas, y no ha hallado modo de deshacerse de ella.
Jesús obró prodigios, los que conocemos a través del relato de sus apóstoles, escritos en La Biblia. De los 'milagros' que obró mi Madre hablaré en una próxima ocasión, de lo contrario esta entrada se hará muy extensa.
Nota: Muchas de las palabras que uso en el resumen de 'la experiencia de mi Madre' no son corrientes en su lenguaje. Posiblemente la experiencia misma no coincide con el relato original escuchado en repetidas ocasiones a lo largo de mi infancia y juventud, pero la esencia es esa, no pueden dejar de coincidir las escalintas del hospital, los campos verdes, la aldea de los perros, el enorme portón, la cachetada de San Pedro! y su despertar rodeado de médicos y enfermeras.
*Un decir de mi Madre.  



lunedì 20 febbraio 2017

El ponche de mi abuela!, una Tradición Familiar.

Esta mañana, mientras ocupaba mi tiempo en preparar 'el rico ponche', por el Cumpleaños de Mi Heredero Mayor, mi mente me catapultò a los tiempos de mi abuela. Fue Inés la fundadora de esta Tradiciòn Familiar.
Era ella que en cada cumpleaño preparaba este rico dulce a base arroz, huevos y harta leche. Otros ingredientes que recuerdo (y usamos en casa hasta la fecha) son el clavo de olor y la canela. Pero, con sinceridad, el ponche que preparaba mi abuela era otra cosa! Algo le agregaba la Señora Inés, un ingrediente secreto que no dió a conocer ni a sus màs cercanas colaboradoras, y se llevó a la tumba su secreto. Dudo que dejara escrito en alguna parte la bendita receta.
El ponche de mi abuela tenìa un sabor y aroma muy particulares que no he podido igualar. Ella hacìa un ritual de la preparación, y no lo hacía sola. Todo iniciaba muy temprano en la mañana. Se reunían varias señoras, ella las dirigìa: Una se ocupaba del fogón y del ollòn sobre el fuego, no debía dejar el puesto y, munido de un enorme cucharòn de madera, debía mover constantemente el contenido (seguramente el arroz con el clavo y la canela) para que no se pegara al fondo, algo que yo tambièn imito en algún modo todas las veces que intento emular las árduas faenas de mi abuela. Si, lo de mi abuela era una faena. Era un laborioso rito.
Otra señora se ocupaba de batir las claras de los huevos en un enorme tazón, pero la que llamaba siempre mi atenciòn era aquella que se encargaba de batir las yemas. Cada quien tenìa que cumplir con su parte en el ritual (yo digo asì ahora) y ésta, la señora de las yemas era fundamental. Comenzaba mezclando las yemas con el azúcar rubia (me acuerdo) y de allì no podìa parar de batir y batir. Cada cierto tiempo mi abuela se acercaba a ella y le pedìa que golpeara el fondo de la olla con el cucharón de leño... "No, todavía falta", decia. Y la señora continuaba a batir y batir. No he logrado entender jamás cuándo, en qué momento, cual era el sonido que el golpe del cucharón debía producir en el fondo de la olla para que mi abuela dijera que ya estaba listo! Y cuando llegaba aquel momento, yo veìa alzarse a las señoras y moverse, y girar una en torno de las otras, y desplazarse armoniosamente como si danzaran. Y las ollas, ollones, tazones y cucharones danzaban con ellas. Todo funcionaba como en un concierto que Inés dirigía. Cada señora tocaba un instrumento que, al final, daba como resultado la divina obra de mi abuela: El Ponche!
El ponche que yo preparo tiene todos los ingredientes que he mencionado, pero le falta 'el secretito' de mi abuela, a mí personalmente no me convence, pero a mis hijos les encanta!
En mi tierra natal no he visto a otras familias preparar el ponche como lo hacía mi abuela. No puedo asegurar que sea tradicional en Llata, la ciudad natal de Inés, no he estado nunca por esos lares. Podría ser, pero me inclino a pensar que este dulce de los dioses (así como lo preparaba ella), era una receta personal de la Señora Inès. Por eso digo que es 'una Tradición Familiar'.
Más tarde he visto y saboreado ponches y ponches, diversas variedades en algunas zonas de la sierra: Huánuco mismo, el centro del Perú y Huaraz, con ingredientes diversos, nada que se parezca en lo mínimo al exquisito sabor del ponche de mi abuela. Imaginen que ahora preparan ponches hasta los gringos, con recetas en inglés!.
Desde mi blog, Feliz Cumpleaños para Mi Hijo Franz!
Nota: Escrito al vuelo, agregaré datos más adelante, si logro recordarlos.



lunedì 9 gennaio 2017

La Fe sin tregua de mi abuela.

Aquì encontraràn dicho lo que ya he escrito en alguna entrada pasada. Lo ya expresado con algunos agregados que mi memoria ha logrado recordar. Servirà para que mis lectores -uno o dos- logren tener una idea màs clara de la contumaz Fe de mi abuela. Una Fe Pura y Dura, inquebrantable, sin recreos, tenaz, obstinada, sin tregua..
No sè cuàn religioso era mi abuelo, no lo conocì. Sè que era mùsico, que tocaba para la Banda del Municipio de su natal Llata. Este dato me dice algo, pero prefiero dejar mis impresiones en el teclado.
En cambio mi abuela, sin ninguna duda, era una mujer muy devota. Aparte de asistir a misa cada mañana, era infaltable en los rosarios cada tarde, y en las novenas y fiestas patronales de la iglesia del barrio.
Su devociòn por el Divino era visible, casi palpable, clara evidencia de ello era el Santo Rosario que llevaba consigo y la Santa Biblia que conservaba en su velador.
Aparte de devota, era tambièn muy humana y caritativa, preparaba dulces y comidas para llevar a las iglesias en ocasiòn de fiestas o para matrimonios y bautizos de amigos y conocidos. Tenìa un semblante serio, no se reìa a carcajadas por ningùn motivo. Ante las bromas y chistes con que solìan solazarse sus hijos, solo sonreìa dulcemente. Miràndola bien desde esta distancia en el tiempo -hablo de los años 50 e inicios de los 60s-, mi abuelita era una santa!
Vivìa sola en su casa de adobes del Jiròn Independencia. Recuerdo su huerto cercado de espinosas ramas secas de huarango, para evitar que entraran a hacer destrozos las gallinas o el perro. Solo mi abuela y el gato tenìan libre acceso. Allì cultivaba coles, cebollas, lechugas y tomates, y un arbusto de rojos ajìes que no usaba para las comidas. Creo que estaban solo para complacer a las oropèndolas*.
Sus hijos no iban a verla muy seguido, era ella que los visitaba. Me atrevo a pensar que la soledad hizo que estrechara tanto sus vìnculos con la religiòn, pero dudo que este hecho importara a Dios una fruta (un pepino), por no decir una lisura.
La vida citadina no atraìa a mi padre, por ello no fijò residencia en mi ciudad natal. A mi abuela habrìa hecho muy feliz una idea y una decisiòn al respecto, pero no se diò. Mi madre y nosotros viajàbamos con èl a los lugares adonde lo destacaban para prestar sus servicios de 'Trochero' en esos tiempos de gran auge de la construcciòn de caminos y carreteras. Las obras tenìan inicio y tenìan fin, y eso era causa de un incesante ir y venir. Cuando en ese ir y venir tocaba pasar por Huànuco, 'invadìamos' la casa de la abuela e inundàbamos con nuestras presencias y con nuestros gritos y algarabìa todos los espacios de la casa de adobes. "Ha llegado el circo...", decìan mis tìos, con cierto tono de burla que a mi padre no importaba, y menos aùn a mi madre. Mi padre era feliz con la vida que llevaba, mi madre igual y nosotros lo èramos tanto como ellos.
De los gastos, mientras estàbamos con mi abuela, se encargaba mi padre, pero no sè si eso era un alivio para ella. Desconozco sus fuentes de sustento, y còmo se las ingeniaba para hacer sus obras de caridad, para mì es un misterio hasta hoy. Solo sè que mi padre dejaba una buena suma cada vez que partìamos.
Pero la razòn de los ùltimos pàrrafos es mi duda de cuànto la presencia de "el circo" podìa ser motivo de solaz para mi abuelita. O, si por el contrario, nuestras presencias y el trabajo extra que significàbamos eran motivo de desasosiego y preocupaciòn, puesto que 'atendernos' limitaba el tiempo que diariamente le dedicaba a Dios y a los Santos de su devociòn, y porque no es lo mismo cocinar para uno que para medio ejèrcito. De todos modos, jamàs escuchè que se lamentara en ese sentido.
Esto de 'medio ejèrcito' es una exageraciòn, pero cuando 'el circo' estaba al completo, nos visitaban mis tìos que con mi padre armaban unas fiestas con guitarra, armònica y cajòn que duraban hasta pasada medianoche, y mi abuela debìa cocinar para todos. No lo hacìa mi madre, pues ella era una nulidad en esos menesteres, solo ayudaba a mantener el fuego de la fogata, a pelar las papas y lavar los servicios. En otro post hablarè expresamente de mi madre y de su relaciòn con Dios y con la cocina.
Mi abuela, sentada en su mecedora o en el borde de su cama, con su semblante serio de siempre, contemplaba a sus herederos, escuchaba sus voces y el acorde de los instrumentos con que acompañaban sus cantos. Solo el brillo de sus ojos dejaba traslucir la alegrìa de su corazòn y el regocijo de su alma. En aquellos momentos de jolgorio y solaz de sus hijos, ella rezaba pidiendo al Altìsimo salud y bienestar para ellos. Lo hacìa impulsada por su instinto maternal y por la fuerza de su generosidad y altruismo sin fronteras. Ya daba tanto de su esfuerzo y tiempo en las parroquias, aparte de donar viveres y ropas para los necesitados. Dios podìa haber escuchado sus plegarias, al menos concerniente a sus hijos, pues no pedìa nada para ella! Y creo que ese fue el error màs grave de mi abuela: el no haber pedido nada para ella!.
Cuando una paràlisis, producto de una repentina lluvia de Marzo, la postrò en cama, sus oraciones y devociòn no le sirvieron de nada. El Altìsimo era sordo o estaba ocupado. Mi santa abuela continuaba rezando el rosario y leyendo la biblia, con la remota esperanza que el Divino se dignase dirigirle la mirada  y, quizàs, sanarla de su mal o terminar con sus sufrimientos, cosas que no sucedieron. Ella  falleciò en 1970 luego de haber soportado estoicamente el dolor y los sufrimientos que la enfermedad le causaba.
"Finalmente Dios la recogiò...", dijo mi tìa. Pero no fue Dios, fue la enfermedad que, apiadàndose de ella, le provocò la muerte.
(*) Oropèndola = pàjaros de plumaje negro, similares a cuervos, propensos a comer ajì.