Follow by Email

giovedì 1 novembre 2012

Del dicho al hecho...


En esta entrada le voy a dar duro a los curas y a las religiones; así que, si son demasiado religiosos(as), les recomiendo no seguir leyendo.
Existe el supuesto que El Hombre creó a dios y aquel otro, más arraigado porque es la base de todas las religiones, de que Dios creó al hombre. En ambos supuestos, 'a su imagen y semejanza'. 
El primer supuesto, con el que estoy más de acuerdo, es fácilmente verificable porque El Hombre existe, es real, es concreto, palpable e innegable, y tiene la incerteza y la inseguridad esculpida en sus genes que le hacen ir en busca de Algo o Alguien superior, y allí está la razón del por qué Creó a dios 'a su imagen y semejanza'.
En cambio la segunda suposición -repito, la más arraigada-, no tiene ningún asidero válido, pues a Dios creador nadie lo conoce, nadie lo ha visto jamás, nunca. La Biblia y los evangelios nos dicen que es Eterno, Todopoderoso, Omnipotente y Omnipresente; es decir, que todo lo puede y está 'en todas partes' a la vez; que todo lo ve, que todo lo oye, que no hay modo de evadirlo, pero todo ello no pasa de ser simple palabrería, pues cuando Moisés subió a La Montaña, aquella vez que bajara con las Tablas de los Mandamientos, Dios no se percató que 'su pueblo' estaba adorando al becerro de oro.
Desde otro ángulo, solo para rebatir que Dios no lo ve todo y, si verdaderamente existe, posiblemente sea sordo, ciego y mudo. El caso es que los curas dicen que 'debemos confesar nuestros pecados' para que Dios nos perdone. ¿Si Dios que todo lo ve ya vió mis pecados, qué objeto tiene que los confiese? Sería torpe pedir que confiese a un ladrón al que pillamos infraganti, con las manos en la masa.
Otro asunto que no se me cocina es aquello de 'La Tierra prometida'. ¿Acaso Dios con su inmenso poder y omnipotencia no podía 'regalar a su pueblo' tierras vírgenes y despobladas, y no precisamente aquellas que menciona la Biblia?. Se dice que Moisés mandó una expedición (nocturna, me parece) hacia la otra ribera del Jordán y aquellos expedicionarios regresaron con frutas exquisitas y miel, y no recuerdo qué más. ¿Por qué tenía que usurpar Dios aquellas tierras ajenas? Luego, en los evangelios, Jesús (¿el Hijo de Dios?) no explica aquello y predica con sus famosas parábolas, dizque (vean en Marcos: 4:10,11 y siguientes) para que "mirando, vean y no perciban; y oyendo, escuchen y no entiendan; para que no se conviertan, para que sus pecados no les sean perdonados...". La primera vez que leí aquello con sentido crítico, quedé anodadado, estupefacto, cariacontecido y turulato; pensé que allí, por fuerza, tenía que haber un error, ¡y qué error!. Consulté otras biblias, cambiaban algunas palabras y el contexto en el que Jesús declaraba aquello, pero el sentido del mensaje era el mismo. 
Era inconcebible para mí, pues se dice que "La Biblia es Infalible". Además, ¿acaso no era Jesús el que predicaba "Amad a vuestros enemigos"?. ¿Y, entonces?, pues,entonces, parece que Dios -y si no El, su Hijo- era (es) Segregacionista y Discriminador, con mayúsculas. 
¿Qué objeto tenía perder tiempo y gastar saliva a sabiendas que no le entenderían? ¿No hubiera sido mejor que hiciera la prédica a sus solo allegados y apóstoles, y luego explicara a los mismos el significado de sus parábolas? En resumen, allí hay una contradicción.
Una contradicción grande, colosal que, hasta el momento, ninguna de las Iglesias (evangélicos, testigos, menos aún los católicos) han sabido explicarme. Es más, en la oportunidad que tuve de hablar sobre el particular con un cura (en Pésaro, una linda ciudad italiana a orillas del Adriático), me respondió insultando y casi con enojo dijo que 'eran tonterías, estupideces' (sic), que 'no se debe poner en tela de juicio' lo que está escrito en la ¿Santa Biblia?.
¿Y quienes son los que deciden la santidad de las personas o de las cosas?, pues la Iglesia. Así, las religiones y quienes se hallan en sus vértices, tienen tantísimo Poder -no solo económico-, e influyen en modo desmesurado en las decisiones políticas de las naciones, aunque no lo creamos. En algunos paises, sobre todo en aquellos en vias de desarrollo, y más aún en aquellos del Tercer mundo, el credo de las personas está establecido constitucionalmente.
Los conformantes del clero, en todas partes, en todas las religiones, creen ser Dueños de la Verdad. Ok, digamos que es así, pero quien tiene la verdad de su parte tiene que tener argumentos razonables para convencer a quienes tienen dudas, y no responder con evasivas o, peor aún, con insultos.
Ellos, los del clero, hablo en este caso de la Iglesia Católica, predican el Evangelio de Jesús, pero sus prédicas en confronto de sus hechos son completamente contradictorios. Jesús jamás tuvo lujos, ni usó ropas ni zapatos exclusivos como El Papa, que se dice 'Representante de Dios en la Tierra'. Jesús no tuvo comodidades ni usó indumenentaria ni joyas preciosas. Lo que representa El Papa son sus intereses propios, los del clero e iglesia en general. Hoy por hoy el sacerdocio no es más una vocación, pues se ha convertido en una profesión, muy lucrativa. Aparte, gozan de inmunidad ante las leyes, como lo demuestran los casos de los curas pedófilos casi a nivel mundial, con muy escasas excepciones. 
No tengo datos concretos, pero se dice que la Iglesia Católica es dueña del 75% de los edificios antiguos de la Ciudad de Roma. Sin embargo, lejos de compartir tanta riqueza (no sucede solo en Roma), incitan en sus prédicas a los feligreses a 'abrir sus puertas a los desheredados', a compartir sus panes y sus abrigos con los menesterosos, pero ¿y ellos, deben solo pedir y nunca dar?. Piden limosnas a todos los asistentes a las misas; aparte, cada santo está dotado de una alcancía, debes dejar alguito, si no no te hace el milagro que solicitas. Es decir, solo piden. Es de notar que no hemos tocado el 8 x 1000, otra forma de meter las manos en los bolsillos de los ciudadanos, al menos acá en Italia.
Retomando el tema de 'la profesión sacerdotal', hará una semana, aproximadamente, me subí a un autobús en hora punta. Detrás mío subió un sacerdote muy joven, alto, buen mozo, parecía actor de cine, posiblemente irlandés. Llevaba un libro de Teología que leía un poco y cerraba con sus delicadas y muy bien cuidadas manos, daba la impresión de estar memorizando algunos pasajes. No había asientos libres, íbamos parados como otros tantos. En un paradero, más adelante, de pronto subió un vagabundo con las ropas sucias y raídas, y naturalmente con un hedor propio de los que no se bañan. La gente normal le hizo espacio para que pase y se acomode, pero miren lo que sucedió con el curita de marras. Ni bien lo vió subir, inmediatamente se puso en guardia. Para su mala suerte, el vagabundo se dirigía propiamente hacia el lugar donde él leía. El curita se pegaba a la carrocería del bus lo más que podía, pero no era para dar espacio a aquel pobre desheredado, intentaba 'escapar' de él y, cuando el vagabundo fue a ubicarse exactamente delante de él, hizo un mohín con la cabeza y alzando el libro hasta donde pudo hizo un gesto de disgusto (y desprecio), y cambió de lugar. Es por eso y por muchas otras cosas (que veo), que digo que el sacerdocio no es más una vocación. Entre las 'muchas cosas' que veo está que estos patas viven en la abundancia, en lujosos edificios, con todos los servicios, con jardines bien cuidados, canchas de tennis y piscina. ¿Jesús, a quien dicen imitar, habrá vivido con todas esas comodidades? Ni en sueños.
Son ellos mismos, los del clero, los culpables de la decadencia de la fé de muchas personas, por sus discursos y accionar sumamente contradictorios. No me convencerán jamás que actúan movidos por sanos y cristianos sentimientos.


sabato 27 ottobre 2012

Palabras, palabras, tan solo palabras.

Creo que todo lo que nos rodea, todo lo conocido (y lo 'por conocer'), nuestros pensamientos (aún los más recónditos e íntimos) y nuestros sentimientos (todos, en absoluto) se pueden traducir en palabras, pero, me pregunto: ¿Cuánto importante puede ser una palabra?. O, mejor dicho, ¿tienen importancia las palabras?.
Las palabras, tanto escritas como habladas, constituyen un importante medio de comunicación. Con ellas puedo manifestar alegría, tristeza, miedo, pesar y todos mis estados de ánimo. Inclusive si no tengo un interlocutor, mis pensamientos los elaboro con palabras y esto me hace pensar en cuánto el ser humano ha tenido desde siempre necesidad de ellas. Pienso que esa necesidad fue lo que impulsó a los primitivos pobladores de nuestro planeta -nuestros ancestros- a 'darle sentido' a los sonidos que eran capaces de emitir sus cuerdas vocales, y a organizarlos, llegando a crear un complicado sistema fonético que luego, siglos más tarde daría lugar a lo que hoy por hoy llamamos "idioma". Desde este punto de vista, el idioma no viene a ser sino un conjunto 'casi infinito' de palabras. Los idiomas no son homogéneos ni standarizados, están en constante evolución a la par que los conocimientos, pero no son infinitos. Hemos llegado sí, a un punto en el que, inclusive, la palabra "enciclopedia" está quedando obsoleta por su insuficiente capacidad para albergar (abarcar) todas las ramas del saber, del conocimiento humano, pero no era este el discurso que quería hacer.
¿Cuánto pueden influir las palabras en nuestros ánimos? Para explicar debo recurrir a un pequeño relato: Mi padre y hermano mayor, no recuerdo bien si en el 71 o 72, trabajaban en la Carretera Tingo María-Aguaytía por cuenta de una constructora que no me viene a la memoria, creo la Laos & Bolzman, propiedad de unos judios. Los campamentos estaban ubicados en Río Azul, en terrenos que pertenecían a la Hacienda Tea Garden's. Hasta allá llegó a trabajar un ingeniero, judío también, que apenas masticaba el castellano y por ello usaba mucho el inglés. Era usual en su lenguaje "¡hijo de puta!", sobre todo cuando se dirigía a los trabajadores. Ellos, los trabajadores, lo apodaron 'el gringo sanavavich' ("son of a bitch" tenía ese sonido a los oídos de muchos). Los trabajadores reían cuando escuchaban al gringo*, también él reía de buena gana al escuchar su sobrenombre, pero la risa de los trabajadores se debía a la ignorancia, al desconocimiento del inglés. En cambio el gringo -pienso- era consciente, conocedor de que la frase ¡gringo sanavavich! era inofensiva, aún si él estaba siendo dicho '¡gringo hijo de puta!'. Esto último no lo sabían los trabajadores, pues ya su castellano dejaba mucho que desear, imaginemos si podían conocer la lengua de Shakespeare.
De aquí podemos concluir que 'las palabras' cuyos significados no conocemos, simplemente no afectan nuestros ánimos, pero mirando el tema desde otro ángulo, podemos observar que las palabras pueden o no afectarnos dependiendo del modo cómo están dichos. Si dichos con rabia, lo más probable es que nos contagiemos de ella. Si dichos con ternura, puede que nos enternezcan inclusive hasta las lágrimas. Es decir, pueden afectarnos anímicamente dependiendo del conocimiento (de la acepción de la palabra, se entiende) y del modo cómo están dichas.
Otra cosa notoria es que las palabras y las frases pierden significado con el uso masivo y demasiado frecuente. Una mentada de madre, por ejemplo, hoy por hoy se ha convertido casi en un saludo. Lo mismo que la palabra 'carajo'. Tanto las mentadas como los carajos son dichos maquinalmente, igual que los saludos.
Buenos días, buenas tardes y los saludos en general son 'buenos deseos' por parte de quien saluda, pero, ya lo dije, se han convertido en palabras vacías, casi sin sentido, porque lo decimos mecánicamente. Las Reglas de Urbanidad y Buenas Costumbres (debería ponerlo entre comillas) nos lo han impuesto y lo que se ha logrado es hacer de los que saludan unos loros que repiten 'lo aprendido' como autómatas. Otro punto de resaltar sería también la tonalidad que le damos a nuestros saludos, que dependen de nuestro humor. No saludamos igual a nuestras suegras que a las vecinas ricotonas del barrio, solo por decir.
"Es un hombre de palabra", se dice para significar que la persona es absolutamente confiable, aún cuando todo es relativo en esta vida, y muy a pesar de que de tales personas, si no han desaparecido por completo, quedan muy pocas, poquísimas. Los políticos de nuestros tiempos tienen mucha culpa para ello.
Por último, quizás convenga resaltar que usamos las palabras para traducir nuestros sentimientos y pataletas (físicas y mentales) en adjetivos e insultos cuyos significados ni siquiera conocemos. Por ejemplo, ¿Por qué nos ofendemos si alguien 'nos manda a la mierda'? ¿Es que, acaso aquel lugar existe? ¡Hijo de puta!, ¡imbécil!, ¡tarado!, ¡vete a la mismísima mierda!, ¡deficiente!, ¡gusano!, ¡cerdo! y muchas otras, algunas más gruesas que otras, son palabras que se escuchan por doquier, presuntamente para herir, para hacer daño moral, pero ¡tranquilos!, quienes las pronuncian, definitivamente, no saben lo que dicen. Repiten como el eco las palabras vertidas por otros que, podemos estar seguros, tampoco saben lo que dicen. Podríamos, mejor, compararnos con un papagallo o con un niño que está aprendiendo a hablar y de este modo canalizar mejor nuestras reacciones ante tales insultos. A propósito de 'reacciones', inclusive ellas son producto de 'la programación' recibida durante nuestro diario andar. Estamos programados para 'indignarnos' frente a determinadas palabras de nuestro idioma. Si nos insultan en chino no hacemos caso porque desconocemos el idioma. Es el mismo caso descrito, de aquel 'gringo sanavavich'. Y este tema de la 'programación' podría ser argumento para otro post.
Otro factor que debemos tener muy en cuenta para restarle importancia a los insultos es que los soltamos en momentos de rabia, cólera, ira, precisamente cuando nuestro raciocino está bloqueado. La caballerosidad, en este caso, pasada la cólera, obliga a 'dar disculpas' a quien - sin querer- ofendimos.
Como colofón y respondiendo a una de las preguntas del inicio, ¿tienen importancia las palabras?, digo: Tienen la importancia, el valor, el peso que les damos nosotros. Sin ese requisito, no dejan de ser solo palabras, palabras, tan solo palabras.

*La acepción 'gringo' inicialmente estaba referida solo a los norteamericanos, de preferencia rubios. Con el tiempo se extendió su uso y englobó a todos los rubios, sin importar nacionalidad. En la actualidad se le han agregado significados, como se puede ver en los diccionarios. Ejemplo de esto último es 'quedarse gringo' que significa en algunos paises latinoamericanos 'quedarse deconcertado' o 'quedarse en las nubes'.



martedì 9 ottobre 2012

¿Más vale solos?

"Más vale solo que mal acompañado", dice el dicho, pero...
Desde hace algún tiempo hago uso consuetudinario de la Metropolitana de Roma, Linea A. Muchas veces viajo absorto en mis pensamientos y preocupaciones, aunque digo seguido y casi con convencimiento que 'no tengo preocupaciones', que 'no tiene sentido preocuparse'. Esto último es un discurso que tiene mucho sentido, pero lo dejamos para ocasión más propicia.
Otras veces, como ayer por ejemplo, viajo atento a lo que ocurre en mi rededor, desde cuando inicio mi inmersión en las transitadas escalinatas y pasadizos que llevan hacia los circuitos subterráneos por donde circulan los trenes, pues la Metro (o Metropolitana) es un servicio de trenes bajo superficie. Cierto, en algunos tramos, circulan también en superficie, pero prevalecenn los tramos bajo tierra y por ello le llaman 'subway' en inglés.
"I can alone, thank you", me parece escuchar. Mi vista 'escapa' en la dirección de aquellas palabras y veo, sobre mi lado derecho, en el último tramo para descender a las plataformas desde donde se abordan los trenes, a una hermosa mamá. Con un 'sujeta bebés' (no sé si así se llama ese dispositivo) tiene a su linda bebé prácticamente 'adherida' a ella. Con su mano izquierda sujeta una maleta mediana, con la derecha una más grande. Al parecer está en aprietos, pero es una mamá muy fuerte, todas las mamás lo son. Sus palabras: "Puedo sola, gracias", están dirigidas a alguien ¿muy gentil? que quiere darle una mano. Contemplar aquella escena trae de inmediato a mi memoria una escena similar de unas semanas atrás donde 'el marido' va adelante con una pequeña maleta de mano y detrás una mujer que empuja un cochecito con un bebé dormido dentro y arrastra una maleta. Mirar hacia atrás y esperarla un momento es la única gentileza que se permite el tipo, de apariencia medioriental.
Mi recuerdo pasa como la gente que casi corre por las escalinatas. Se escucha por doquier: Excuse me, sorry, scusi, perdone, en boca de los que en su apuro rozan o golpean a un congénere, involuntariamente.
Un sentimiento muy profundo me impele a ir en socorro de aquella mujer con la bebé y las dos maletas, pero la escena descrita líneas arriba me hace desistir. Continúo mi camino, estoy apurado, pero no dejo de pensar en las razones de su negativa para aceptar 'una oferta gentil' de ayuda.
Mientras cavilo y camino llego a la conclusión de que -efectivamente-, Roma ya no es la Ciudad del siglo pasado, o la ciudad de solo 3 ó 4 años atrás. Actualmente -seguramente aquella mamá lo sabe-, hay que desconfiar de todo y todos. Los bolsos de mano hay que llevarlos siempre delante, no a nuestros costados y jamás a nuestras espaldas, y hay que cuidarse bien los bolsillos. La razón es que hay carteristas y pillos de toda laya que pululan al interior de los trenes (y no solo, también en los buses y tranvías), sobre todo en las horas punta. Se las saben todas los pillos estos.
La escalera mecánica está repleta, elijo las escalinatas. "Scusi", digo, pues he golpeado sin querer con mi codo a un tipo alto que, al parecer, no tiene tanta prisa como el resto, y como yo.
Ya quedaron atrás la mamá, la bebé, las dos maletas y no me hago ni idea de cómo se las arreglaría, si finalmente aceptaría la ayuda de alguna ánima gentil que, aunque no se crea, existe aún. Veo mayor movimiento en las plataformas, se deve a la llegada del tren que me llevará hasta muy cerca de casa. Se alborota la gente, los que bajan y también los que esperan abordar. Es el momento que aprovechan los carteristas...
Pero el tema de esta entrada es la soledad. "El hombre es un animal social", se dice, pero esta máxima -da la impresión-, está cayendo en desuso. De lo contrario podríamos argumentar que desde siempre ha carecido de verdad, categóricamente. O podríamos concluir también que los tiempos están cambiando -como todo en la vida- y que, hoy por hoy, los hombres (varones y mujeres, se entiende), se están dejando ganar por los avances tecnológicos. Lo digo porque veo mucha gente, entre los que suben a los trenes y aquellos que descienden de ellos, con los auriculares puestos, supongo que escuchando la música favorita, completamente cerrados en sí mismos, con apenas un mínimo de atención para no darse de narices con los muros o con otras personas. Otros que, no solo en los pasillos de la estación, dan la impresión de 'estar hablando solos', pero no, no están soliloqueando, están conversando con alguien, siempre con los auriculares puestos. Estos últimos escapan al tema de la soledad, obviamente, pues conversar telefónicamente es una forma de interactuar. Se podría argumentar lo mismo para aquel que escucha música, pero son dos cosas completamente diversas. En una conversación hay dos sujetos activos, en escuchar música solo uno.
Bueno, han pasado algunas horas y ya me hallo de regreso. De nuevo en la Metro, esta vez voy al trabajo. Por un pelo me deja un tren que se va casi vacío. Observo en la pantalla: "Prossimo treno tra 3 minuti". Tres minutos no son muchos y, puntual, arriba el otro. También está casi vacío.
Los asientos están distribuídos en grupos de cuatro y de dos a cada lado de los vagones.
Entro. Hay cuatro asientos vacíos. Me siento en uno de los extremos y recorro con la mirada a derecha e izquierda de cada lado de los vagones. Enfrente de mí hay dos señoras, cada una sentada en un extremo; es decir, hay dos asientos vacíos en medio. Sigo mirando y veo que no son solo ellas; hay también varones, igualmente sentados cada uno en un extremo. El tren avanza y yo sigo mirando. Más allá hay solo una persona sentada en un extremo de los 4 asientos. En el paradero siguiente suben varios, cada quien busca un extremo vacío. A estas alturas me pregunto: ¿Y por qué buscamos los extremos vacíos? ¿Estamos acaso cansados de vivir en sociedad y buscamos la soledad?.





lunedì 8 ottobre 2012

Un día como hoy.

Casi a escondidas, hace 59 años, vine a este mundo. Dice mi madre que escogí la madrugada 'para salir'. No sé si lloré, pues de ese detalle no se acuerda ella, yo menos, aunque pienso que sí, pues todos los bebés -o casi todos- lloran al nacer, dizque presagiando los duros golpes que le propinará la vida a partir de aquel momento.
Pero, ¡ay de aquellos que no lloren!, les cae un palmazo en la nalguita, propinado por el doctor, doctora o partera que, pienso, no les deja otra alternativa que la de soltar los gritos acompañados de lágrimas. Creo que no fue mi caso y, aprovecho para manifestar mi desacuerdo con esa práctica chocante que, para mí, es el primer trauma que se crea en el nuevo ciudadano. No sé si alguien habrá escrito al respecto, pero si no lo han hecho, es tiempo que lo hagan. Es una práctica atroz.
Sé que nací en casa y que mi abuela hizo de partera. Desconozco detalles de mi nacimiento, es posible que mi madre haya tenido problemas en 'los tiempos de expulsión', pues nací 'moradito'. Ese hecho agregado a la casi oscuridad, pues la iluminación de las habitaciones y ambientes era a base de velas y mecheros a kerosene, hizo que me endosaran, ya en aquel primer momento, el sobrenombre de "negro".
- ¡Es negro!, dijo alguien de los presentes con cierto pesar, ocultando mal su antipatía por la gente de color.
- ¡Es negrito!, dijo otra voz, distrayendo la atención de los presentes hacia aquel primero, pues negrito es ya una palabra que se puede digerir, tranquilamente.
Inconsciente de lo ocurrido, en aquellos primeros momentos fuera del grembo materno, no imaginaba siquiera los complejos que me acarrearía años más adelante aquel bendito sobrenombre.
Lo extraño, muy extraño de mi caso -lo descubrí muy tarde-, es que aquel apodo de 'negro', que para nada me gustaba, giraba solo dentro de mi entorno familiar y, apenas, entre el vecindario. No pegó jamás en la escuela, no en el colegio, menos aún en la superior. La razón de ello radica en el verdadero color de mi piel: No soy blanco, pero tampoco soy negro; mi piel tiene el color de las estaciones, pero al revés. En invierno, cuando casi todo se ensombrece, mi piel se aclara; en cambio en verano, cuando hay más luz y calor, mi piel se oscurece. Un fenómeno contrastante, extraño como mi carácter, que pretende dar la contra a todo lo establecido, a todo lo obvio.
Bueno, creo que esta página se está convirtiendo en 'mi confesionario', pues sin querer queriendo estoy 'confesando' rasgos de mi personalidad y carácter que, no sé si se le puede importar algún qué a alguien.
Y, así, 'vestido' con todos mis traumas -no sé si ya los traía puestos-, con mis muchos defectos y pocas, poquísimas virtudes, vine... y aún estoy aquí!
Nota: Mi madre se congratulaba de que sus hijos hubieran nacido todos de noche o madrugada, y creo que aún se congratula, pues en la tierra de ella existe (¿existía?) la creencia que los niños nacidos en el día son, cuando grandes, sinvergüenzas y descarados, cínicos y granujas. En cambio los otros, moderados, tímidos, decentes, honrados. He anotado que es solo creencia, pues la moralidad, amoralidad o inmoralidad de los individuos, se forjan de acuerdo al entorno socio-económico-cultural en que nacen y crecen.




mercoledì 11 luglio 2012

El huevo y la gallina.

Estoy a años luz de ser o de siquiera parecer 'un científico', pero pienso que todos nosotros en el curso de nuestras vidas hemos tropezado con infinidad de temas, muchos de los cuales han pasado desapercibidos (desoídos) y, muchos otros, como en mi caso, han 'golpeado' duramente nuestras imaginaciones, haciendo preguntarnos y empujándonos al intento de dar respuesta a Temas que ni los grandes filósofos de la antigüedad ni modernos han podido responder*. Pero los intentos son válidos, todos.
El eterno dilema del huevo y la gallina, no recuerdo si lo escuché por primera vez en la Primaria o en los primeros años de la Secundaria, pero lo que sí recuerdo muy bien es que, para mí, aquel asunto se convirtió en un rompedero de cabeza. Durante muchos días -estúpidamente- le daba vueltas y vueltas al tema sin encontrarle respuesta, obviamente. ¿Si la gallina, antes de ser tal, tenía necesariamente que 'salir' de un huevo, de dónde salió aquel primer huevo; o al revés, de dónde salió la primera gallina? Anotemos también que al gallo en este dilema ni siquiera lo mencionan. El pata 'entra en escena' después, cuando ya el huevo se hizo gallina, para banquetearse a su regalado gusto y placer.
El hecho de no hallarle solución (esta palabrita tomada como sinónimo de respuesta) al quebradero de cabeza, acentuaba mi creencia en un Hacedor y en los pasajes del Génesis.
Viví por mucho tiempo con casi el convencimiento de la Existencia Divina. Pensar en la complejísima y a la vez sofisticada arquitectura del universo y de la Naturaleza que nos circunda, incluídos todos los 'bichos' que la pueblan y nosotros mismos, 'bichos superiores',  reforzaban mis convicciones de entonces.
Después de aquello, por mucho tiempo el tema permaneció olvidado en algún rincón sin luz de mi memoria y, para mi 'yo' consciente, perdió importancia.
Recién en años recientes, luego de mi repentina presencia en el Viejo Continente, a raiz de mi renovado interés por hurgar (solo por decir) en aspectos bíblicos y religiosos, el tema adquirió también renovada importancia dentro de mis pensamientos.
Si bien en la secundaria y universidad había escuchado sobre "Madre Natura", "La Naturaleza es Sabia", etc., acá en Europa, en algún periódico o revista leí "Todas las Respuestas están en la Naturaleza".
Actualmente, en internet es posible leer en Wikipedia y sitios similares, algunas 'respuestas' (que respuestas no son, por eso el entrecomillado) al dilema del huevo y la gallina, o inverso. Se dice, por ejemplo que Aristóteles afirmó que lo primero en existir fue la gallina. No hay mayores referencias ni argumentos que sustenten su afirmación, y se cita a otros filósofos y científicos sin dar mayores datos referenciales.
Bien, para no hacer demasiado extenso este post, subrayo que la frase "Todas las Respuestas están en la Naturaleza", fue la que aguijoneó en mayor medida mi curiosidad.
Así, de nuevo, rompiéndome la sesera, esta vez no inútilmente, ni tan estúpidamente, llegué a cierta conclusión. La misma tiene asidero en la Teoría de Darwin sobre La Evolución. No es que sea yo un entendido en el tema, pero los que tenemos Secundaria completa (y algunos hasta Educación Superior), sabemos de qué se trata, al menos en líneas generales. 
La Evolución -que es continua e incesante- ha dado lugar a todos los seres que actualmente poblamos el globo. Lo ha hecho en miles de millones de años. Intentar mirar en sus inicios es imposible, se puede solo imaginar. Y yo imagino un gran hervidero de Vida a partir del Oxígeno e Hidrógeno, solos o ayudados por la luz solar. Aún en las cosas simples que observo debajo del caño de mi cocina por donde escapa la humedad, veo cómo la vida aflora en forma de moho, de hongos y, luego, no sé si las cucarachas y otras pequeñas bestias aparecen allí por milagro o se desprenden de ese 'hervidero de vida' en miniatura que acabo de describir. Si la vida brota debajo del caño de mi cocina, ya no es difícil imaginar lo que sucede fuera, en los mares y en tierra firme, por doquiera; bajo la luz solar, bajo la sombra y aún en la oscuridad de las grutas y las profundidades casi insondables de los océanos. Desde los organismos unicelulares y virus hasta los más complejos y sofisticados seres, están allí. Los hay para todos los gustos, desde aquellos que pueblan solo y exclusivamente los mares hasta aquellos de tierra y aún los que surcan los aires, pero me interesan los anfibios, aquellos que -pienso-, están a mitad de su evolución, o a los que Natura no ha decidido todavía si 'mandarlos' definitivamente a habitar en tierra o en agua, pero que temprano o tarde decidirá. Más interesante aún es observar a los seres vivientes desde el punto de vista sexual. 
Femenino y masculino,hembra y macho, gineceo y androceo en los seres humanos, animales y plantas, están bien definidos. Lo que me viene a la mente es que, en un inicio, los organismos eran asexuados y que la sexualidad es algo que Natura proveyó luego en el curso de la Evolución. Rezagos de ello vienen a ser ciertos peces que, dependiendo de circunstancias climáticas y de temperaturas ambientales, asumen comportamientos sexuales de macho o hembra. Sucede también con algunos animales de tierra firme que, de acuerdo a las temperaturas reinantes durante la gestación, pueden traer a la luz solo machos o solo hembras.
Entonces, siguiendo mi pensamiento, los organismos y seres han ido adquiriendo sexualidad en el curso de los miles de millones de años de Evolución. Y no se debe olvidar que la Evolución es incesante, lo que quiere decir que seguimos evolucionando, y continuaremos haciéndolo por los siglos de los siglos si no sucede una hecatombe que haga desaparecer el planeta Tierra, de raiz.
Por último, pueden verse aún animales y plantas hermafroditas; es decir que solos poseen los atributos de hembra y macho, y aquellos otros organismos que se 'duplican' al infinito atendiendo a la Ley de Natura de la Perpetuación de las Especies. Estos organismos y seres están actualmente en una etapa de la evolución por la que han pasado todos los seres vivos que pueblan el planeta, incluídos los seres humanos. En el Inicio solo estaban las Condiciones: Agua, aire, temperaturas diversas. Aparecieron los organismos unicelulares que, luego, dependiendo de las circunstancias en rededor (altas o bajas temperaturas, abundante o poco oxígeno, poca o abundante luz, etc.), comenzaron a agregarse y formar organismos cada vez más complejos hasta conformar toda la gama de organismos vivientes .animales y plantas- conocidos y por conocer, habidos y por haber.
En síntesis: el huevo (organismo simple) fue primero. La gallina (organismo complejo) vino luego.El gallo vino después, ya lo dije. Hasta aquí mi Teoría... o Hipótesis.
Comentario Final: Hoy 06 de Julio 2012, por pura casualidad, entre los muchos libros de una amiga, encontré "La Galassia Mente" de la Premio Nobel de Medicina 1986 Rita Levi Montalcini, Médico y Científico italiana, actualmente de 103 años de edad. En el citado libro ella sostiene que son cien billones los sistemas planetarios que conforman nuestra galaxia, llamada Vía Láctea y que el universo estaría conformado por cien billones de galaxias, cifras verdaderamente astronómicas. Lo curioso e interesante es que, haciendo un paralelo con la mente humana, sostiene que son cien billones las células nerviosas que conforman nuestro cerebro. Nada más y nada menos.
Otros datos que he podido recopilar al vuelo corresponden a la edad del planeta, 5 billones 600mil millones de años (¿no habré leído mal?) y que el Homo Sapiens apareció hace apenas ¡3 millones de años!, prácticamente un bebé de pecho.
Otra curiosidad que vale la pena citar es que (lo dice ella) al inicio había solo un caldo hirviente, que luego aparecieron los ácidos, luego las proteínas y (por alguna parte) el ARN -ácido ribonucleico-, y tuvo inicio la cadena vital, de lo simple a lo complejo.
(*) Respuesta, propiamente, no hay. Hay Teorías e Hipótesis 'imposibles' de verificar.




  


giovedì 19 aprile 2012

La vida eterna...

La crisis de estos tiempos me obliga a hacer malabares para sobrevivir, junto con mi familia. He tenido que volver atrás en el tiempo (solo por decir) a realizar trabajos que -pensé- no habría vuelto a realizar dado la posición que logré mantener hasta mediados del 2011, pero no contaba con la astucia de 'la crisis' que me dejó, de la noche a la mañana, con menos casi un 60% de mi sueldo habitual. Podría hacer un elenco de los trabajos que me vi obligado a realizar, obligado por la necesidad de 'tener una retribución', se entiende. Cuidar ancianos, limpiar habitaciones, chofer de auto, seguidor de desorientados, ayudante de construcción, entre otros. No le tengo temor a los trabajos, pero hacer lo que me gusta y para lo que estoy preparado, definitivamente es otra cosa, pues trabajo 'casi sin trabajar', sin darme cuenta, y hasta con placer. Pienso que esto último es válido para todos, en general. He realizado trabajos y 'trabajos' acá en Roma, quizás en algún momento me anime a narrar los más curiosos, como el señalado: "seguidor de desorientados" donde saqué a relucir mis 'escondidas' dotes detectivescas, un poco a lo Sherlock Holmes. Lo recuerdo y me hace reir, cada vez. Hasta aquí el preámbulo que no tiene nada que ver con el título de esta entrada.
Bueno, el caso es que -repito-, obligado por la crisis, he vuelto a 'limpiar apartamentos'. No es un trabajo que requiera habilidades o dotes de ningún género, cualquiera puede hacerlo. No  es nada curioso que, en tiempos de crisis, inclusive estos trabajos escaseen y, por ello, se tenga que coger lo que se presente. Como decir: "Para un buen hambre no hay pan duro" o "Para un buen hambre no hay mal fiambre".
Lo hago ya desde algunos meses atrás. Todo trabajo después de algún tiempo se vuelve repetitivo y casi monótono. Para escapar a eso, muchas veces pongo "música" (más de 500 canciones) en mi celular y, entre tarareos y algunos pasitos con alguna cumbia o salsa, llevo a cabo el trabajito de marras. De todas maneras termino cansadito, pues no es para menos. Comienzo por las camas: Saco las sábanas usadas, pongo las limpias; hago esto porque sea de las sábanas que saco que de las que pongo se desprende un polvillo, mezcla de restos de detergente y pedacitos casi microscópicos de tejidos que inician a flotar en el ambiente. Luego limpio la cocina, luego el baño y luego paso la aspiradora, y dejo para el último 'el desempolvar'. Para el momento de aspirar, ya casi todo ese 'polvillo' citado líneas arriba ha caído al piso y se puede tener casi la certeza que la casa quedará 'limpia' de polvo y paja.
Los espejos están en todos lados, de acuerdo al gusto de los propietarios, pero con toda seguridad en los baños encontraremos siempre uno. No siempre me fijo en ellos, ni me miro, solo hago mi trabajo y basta, pero hoy ocurrió algo extraño, pues luego de limpiar el espejo... me miré en él y... ¡vi a mi padre!. Vi su sonrisa, el contorno de su boca que se alargaba ligeramente hasta casi mostrarme sus dientes. No era él realmente, pues Julio es ya difunto, ¡era yo mismo! y veía en mí los rasgos de mi padre. Es que, mientras yo viva, también mi padre vivirá; respirará con mis pulmones, mirará el mundo -aún- a través de mis ojos, caminará sobre mis menudos pies que, vuelto en algún momento al suelo patrio, quizás alguna pisada coincidirá con alguna de las huellas que dejó en costa, sierra y selva. Hago estas reflexiones y pienso que en mí -conmigo- no solo vive mi padre sino mis antepasados todos, tanto los de línea paterna como los de línea materna. Mi madre está viva aún, pero sucede, a veces, que veo también los rasgos suyos esculpidos, cincelados por la genética en mi rostro. Ellos todos seguirán 'viviendo' conmigo e irán mucho más allá (no al 'más allá'), al por venir, al futuro,... a la eternidad, pues también yo seguiré viviendo en mis hijos y en los hijos de mis hijos, y en los hijos de aquellos... hasta el infinito.
Tengo casi la certeza que en ese camino hacia el infinito encontraré paraiso, infierno y purgatorio, no seguramente en ese orden, pero no tengo dudas que allí estarán.
¿Será esto la Vida Eterna?.

giovedì 29 marzo 2012

Amores computados (La historia de "Mi computadorita").

Casi puedo jurar que jamás pasó por mi mente 'tener mi propia computadora'. Las primeras noticias sobre 'las máquinas inteligentes', en mí y en muchos de nosotros, entonces trabajadores de una grande constructora -hablo de la década de los 80-, crearon angustia y miedo (casi pánico), debido al temor de 'quedar desplazados', sin trabajo, pues hasta entonces las planillas de sueldos y salarios, y toda documentación contable (y similares) eran hechos a mano. Quincenalmente trabajábamos dos días consecutivos, de amanecida, para completar el pago de jornales de cerca de mil obreros. Ayudados por simples calculadoras de 4 operaciones básicas, comenzábamos el martes por la tarde, miércoles día y noche, jueves día y noche, el viernes por la madrugada tenía que estar lista la Planilla. Aquel día se sacaba el dinero del banco, por la tarde se ensobraba y el sábado se pagaba a la gente. Se ganaba bien, recuerdo, pero ni aquel 'buen salario' de entonces me habría permitido comprarme una computadora. La razón es que, en aquel entonces, me parece que ni hipotéticamente existía en la mente de los creadores la posibilidad de fabricar computadoras personales. Las de aquel tiempo eran inmensos maquinones que necesitaban para ellos solos una oficina entera. La otra verdad es que necesitaban también de profesionales 'programadores', escasos en aquel momento. A partir de allí comenzaría 'mi extraña relación' con las computadoras. Digo extraña porque me inspiraban 'temor', no sé si por la experiencia primigenia de mi miedo (no solo mío) a perder el puesto. Algunos años después llegaría la fiebre de la computación como 'Carrera del Futuro'. Se comenzaría a dictar cursos, primero a los directivos y mandos medios de las empresas, por parte de la IBM y otra empresa cuya razón social no recuerdo. Más adelante con el boom del Programa (Sistema Operativo le llamaban) MS - D.O.S. de Microsoft., se extendió el dictado de cursos para todos los trabajadores. Fue el incio verdadero de la masificación del conocimiento computacional (no sé si es el término exacto, pero no importa). Entretanto (entreTONTO debería decir), yo continuaba con mi temor a relacionarme con las benditas máquinas. No había perdido el puesto, ni ninguno de los que trabajaban conmigo lo hicieron, pues había mucho quehacer. Creo que influyó mucho el hecho de trabajar siempre en provincias, alejado de los centros urbanos, pero no podía ser de otro modo, pues prestaba mis servicios en el ramo de Construcción Civil. En determinado momento llegué a pensar que nunca aprendería computación y 'la fijación de aquel pensamiento' desde mi subconsciente impedía cualquier atisbo de 'buena intención' para iniciar mi aprendizaje. Recién en el 2000 me inscribí en un curso gratuito de computación. El MS-D.O.S. ya había pasado de moda, se usaba Windows 95, también de Microsoft,  para todo. Era un sistema operativo mucho menos complicado que su antecesor. Para entonces (y creo que algunos años antes) ya existían las famosas laptop, las computadoras personales, pero aparte de pesar 'muchos kilos', costaba 'un chuchón de dinero'. Esta última frase le escuché a mi padre en alguna ocasión, no propiamente refiriéndose a las computadoras.Pero el mundo entero ya estaba cerca, muy cerca de la Gran Revolución. El curso gratuito me sirvió para conocer nociones sumamente básicas, en la práctica casi nada, pero pude ver la gran diferencia entre el D.O.S y Windows 95. Aquella constaba de todo un catálogo de combinaciones de teclas que se debían memorizar, necesariamente. Windows en cambio era un sistema muy simplificado, al alcance de todos, o casi. Aún con todo lo aprendido, mi condición no dejaba de ser la de 'un perfecto analfabeto en Informática'. Esta palabrita, informática, ya venía circulando desde tiempo atrás para denominar conocimiento de Internet y Computación. Internet y computadoras son como uña y carne, no creo posible la existencia de uno sin el otro. Pienso que internet ha sido causa fundamental en la masificación de las computadoras. De otro modo su uso no habría pasado de las grandes oficinas a las casas. En todo caso, pienso que habría solo pertenecido a una élite muy reducida, como a los poseedores de un preciado diamante, se me ocurre, pero -y menos mal- no es así.
Todo lo que sé sobre computación e internet, en la práctica, lo aprendí acá, en Roma, donde vivo desde el 2003. Entrando a interactuar directamente con 'los aparatitos' la cosa se simplifica, se hace más fácil y, cosa extraña y casi milagrosa: El mismo aparatito te enseña, te guía, te conduce y -hasta- te corrige si equivocas. En suma, la Ciencia y la Tecnología han desarrollado (¿evolucionado?, ¿revolucionado?) tanto que, hoy por hoy, los niños ya no vienen al mundo con su pan bajo el brazo, sino 'con su computadora'. Pues sí, desde muy temprana edad, los niños de hoy se familiarizan con los benditos aparatos. A tanto hemos llegado que, hasta yo tengo uno (¿o una?). Hoy por hoy existen infinidad de estos aparatos en el mercado, diversidad de marcas, modelos y tamaños, peso y capacidad. Yo escogí uno de apenas 1GB de memoria RAM, de color azul marino brillante, hermoso. Lo ví, me enamoré... y me lo llevé a casa.
Es pequeño, de marca Asus, seguramente de 20cm x 30cm, pesa (seguramente también) alrededor de 1 kilogramo y medio o dos. En Febrero 10 de este 2012 ha cumplido 2 añitos. Hubiera querido celebrarle una fiestita con torta y vino, pero... parece que no le gustan las juergas. No sé si tratarla como a uno de 'sexo' masculino (compiuterino en italiano quiere decir 'pequeño computador') o 'a una' de sexo femenino, pues cuando mis 'niveles de afecto' por ella (no quería decirlo, pero ya lo dije) suben al máximo, la llamo, amorosamente, "Mi Computadorita". La verdad es que la amo, pues como no amar a algo o alguien 'que te da todo sin casi pedir nada a cambio'. Si por ella no fuera, cómo, de qué modo podría haber 'publicado' los tantos 'discursos sin importancia' escritos (de mi puño) hasta hoy. No digo "de mi puño y letra" porque las letras las pone ella, y me da un sinfin de posibilidades para escoger. En ella, en mi computadorita, he encontrado al amor de mi vida. No es celosa y está disponible cada vez que se me antoja 'usarla' (¿o será ella que me usa, más bien?), es mi confidente, pues guarda todos mis secretos y me permite -en tiempo record- enviar mensajes hasta el otro lado del océano, y también recibirlos, naturalmente; chatear en tiempo real con quien o quienes se encuentren conectados a internet a través de sus respectivas computadoras; aceptar o rechazar amistades, guardar en absoluto secreto documentos escritos u hojitas de cálculo, fotos, canciones, leer libros, revistas,diarios, ver films y videos (propios o comerciales), jugar ajedrez (y ganar 'haciendo trampa') y otros juegos,  etc., etc., pero la Ciencia y la Tecnología han hecho también (por puro Business) que nuestros benditos aparatitos tengan una reducida 'vida útil'. Así, mi amada computadorita, desde hace algunos meses ya me está mandando mensajes de S.O.S., hay partes dentro de ella que están comenzando a deteriorarse y, no sé por cuánto tiempo podrá acompañarme aún. Para mí es ya un golpe duro, desde ahora, saber que 'mi compañerita tiene un mal incurable'; es como saber que alguien muy querido padece de un cáncer terminal. Me vienen hasta ganas de llorar por mi pequeña cosucha y sé que no podré acostumbrarme fácilmente a otra. Es que... no soy de aquellos que olvidan fácilmente los 'amores computados'.

lunedì 26 marzo 2012

La princesa y el 'observador'.

ìQué roche!, que te pillen en una ceremonia oficial... mirándole el escote a la princesa real... yo me moriría de la vergüenza. El tipo queda mal parado, de verdad. El video no deja dudas, el pata (marido de la Presidente de Finlandia) que por el apellido más parece que fuera árabe (solo por decir), no puede controlar sus ojos que se le van 'casi a hurgar' en el escote de la esposa del Heredero al Trono de Dinamarca, el príncipe... no tiene sentido señalar el nombre, pero ella se llama Mary que es el nombre que más me gusta después de S+++++y que es el nombre de mi hija.
Pero, yendo un poco a hurgar en el perfil de los varones, el 'comportamiento' de aquel 'observador de escotes', exagerado en su intención, no es nada del otro mundo, pues los hombres (léase varones) estamos hechos así. Somos unos puercos, perros... no sé cual animal podría distinguirnos mejor, ¿quizás el gallo que bailotea en torno a cada gallina que se le cruza en el corral? Es decir, somos unos 'perfectos animales' en cuestión de sexualidad, con el perdón de nuestros congéneres, mal llamados 'animales irracionales' que, en tantos aspectos de la vida, demuestran ser -en mucho- 'más civilizados' que nosotros.
No pretendo erigirme en abogado del diablo, pero -lo dije- lo repito: 'Los varones somos como gallos'. Para nosotros el mundo es un corral con muchas 'gallinitas', todas, todas, todas, apetecibles; no hay una que escape a nuestras miradas libidinosas. A penas se salvan nuestras madres y nuestras hijas.
Y no es solo cuestión de rango y educación, pues para mejor ilustración tenemos al tipo del video, una noticia de semanas (¿o meses?) atrás que, inicialmente, no había llamado mi atención. Luego, viéndome 'reflejado' en el protagonista, quise postar lo aquí escrito para dejar constancia de que "yo no soy diverso", pero me cuido de caer en exageraciones...



mercoledì 7 marzo 2012

Una lección 'de fuego'.

"El golpe enseña" quise titular a esta entrada, pero luego decidí lo que se lee en el encabezamiento, debido a que la experiencia -mi experiencia-, tiene directamente que ver propiamente con el fuego, la candela, esa cosa de mucha utilidad en nuestras vidas, pero que quema y puede hacer mucho daño, y porque realmente de aquella experiencia aprendí.
El descubrimiento del fuego fue una gran bendición para nuestros primitivos antepasados hombres de las cavernas (léase bien de las cavernas, no de las tabernas, pues estos últimos son otros que no tienen nada que ver con aquellos). Gracias a ese calor vital de la candela, hoy por hoy, gozamos de todos los privilegios que la culinaria nos brinda en diversidad de viandas y platos, sofisticados o no, de las diversas cocinas del mundo.
Pero el fuego no solo nos brinda eso. También nos da luz, calor y hasta frío si queremos, pero esos son asuntos de ingeniería que prefiero no abordar, más por desconocimiento que por falta de ganas.
Los niños imitan todo lo que ven. Mi hermano mayor y yo éramos niños entonces e imitábamos seguramente a algún fumador callejero, pues en casa nadie fumaba. Mi padre no lo hacía, mi madre menos.
La iniciativa partió de él, de mi hermano, pues -ahora que lo pienso- yo he carecido de iniciativas, desde siempre.
-A ver, ¡quién fuma más cigarros!, ¡yo te gano!
-¡No, yo te gano!.
El día estaba llegando a su fin, la penumbra comenzaba a invadir el interior de la casa. La energía eléctrica era desconocida en aquella localidad (Pachas, ubicado en las alturas de Huánuco, cerca a La Unión), por ello encendimos el mechero (lámpara a kerosene), un artefacto muy común en aquellos tiempos, usado hasta hoy en muchos pueblos andinos, alejados y pobres, del Perú milenario.
Comenzamos rompiendo pequeñas hojas de las libretas de apuntes de mi padre. Eran pequeños envoltorios que semejaban verdaderamente cigarros. Los encendíamos en la llama del mechero, pero se apagaban pronto, creo por lo estrecho de la manufactura y escasa longitud del mismo, pero la cosa muy pronto degeneraría.
La idea que en toda competición debe haber siempre un ganador creo que está impresa en nuestros genes desde nuestros más remotos antepasados. Otra cosa aún: Cuando aceptamos un reto, lo hacemos con la certeza  de vencer o cuando nuestras probabilidades son óptimas; si no es así lo rechazamos.
Así, seguramente con este criterio último, comencé a romper hojas de cuadernos. Nadie asistía aún a la escuela entre nosotros, pues no teníamos edad para ello, eso me hace pensar que aquellos cuadernos eran también de los que usaba mi padre, qué sé yo para cuales apuntes.
"¡No jueguen con la candela, se van a quemar...!", nos intimaba mi madre sentada unos metros más allá frente a la puerta abierta, cardando lana, aprovechando las últimas luces de la tarde.
No hicimos caso. Quitándome de las manos el cuaderno, también mi hermano comenzó a romper hojas y a preparar sus 'cigarros'. Las encendíamos y, naturalmente, dado el mayor tamaño, éstas prendían fuego y duraban más. Nosotros hacíamos ademanes de fumar y cuando la llama se acercaba a nuestras manos, soltábamos los 'cigarros' y los apagábamos a golpe de zapateo sobre ellos.
Se dice que el diablo nunca duerme y, creo que aquella tarde menos todavía, visto que ni siquiera estábamos en horario para ir bajo las frazadas.
Yo tenía todas las ganas de ganar aquel reto. Tenía que haber sido así y por ello mis pequeños ojos, inquietos, iniciaron a 'barrer' la habitación contigua y... ¡ he allí lo que buscaba!, ¡una enorme ruma de periódicos pasados! Mi hermano se ocupaba solo de encender la mayor cantidad de 'cigarros', era su forma de ganar. En cambio mi visión era otra: Yo buscaba 'fabricar y fumar' el cigarro más grande. Un poco haciéndome el tontito (¿más de lo que ya era?), cogí los periódicos y comencé a doblarlos. Me resultaron como enormes cornetas. No importaba, bastaba que fueran grandes. Para entonces mi hermano ya se había percatado de mis movimientos y 'peleamos' (es un decir) por la posesión de los periódicos. De todos modos fui el primero en encender uno de aquellos 'cigarrones' que produjeron una gran llama.
Se levantó mi madre y, a la par que decía "¡Dejen de jugar con la candela!", amenazó con buscar el ronzal*, cosa que nos hizo estar quietos por unos momentos. Luego salió al patio y, pienso que demoró un tanto echando la cebada a los puercos. Tiempo suficiente para reiniciar con 'la fumadera'. Esta vez descubrí un tacho grande que contenía petróleo e inicié a mojar en él los cigarrones. Definitivamente, yo tenía que vencer aquel reto. Pero mi rival, mi hermano, no se daría por vencido tan fácilmente, pues siguió mi ejemplo y entre los dos estábamos en una especie de éxtasis, encendiendo y apagando aquellos enormes trozos de papel y, no sé en qué habría terminado todo si mi madre no retornaba en aquel momento.
Aquel retorno inesperado creó confusión entre 'los fumadores', pero más en mí. Pienso que la irresponsable operación de mojar los periódicos en el petróleo y hacer aquel ademán estúpido de 'fumar', había en cualquier modo impregnado mi rostro con aquel combustible y, aquella confusión causada por la repentina aparición de mi madre, fue fatal.
De pronto sentí que la llama del cigarrón en mis manos saltaba a mi rostro que ¡flam! se encendió. Mis manos 'corrieron' en mi propio auxilio, pero ¡también comenzaron a arder!. Vi que mi madre daba un salto, cogía una frazada y me cubría... No recuerdo si lloré, solo que quedé en tinieblas bajo la frazada. Para aquel momento, también la  noche había cubierto Pachas con una gigantesca frazada negra, dejándola en tinieblas.
Mis manos no guardan huellas, mi rostro sí. Casi en la comisura de mis labios hay cicatrices, hoy ya casi 'invisibles' por el tiempo. O puede ser que me he acostumbrado tanto a ellas que 'ya no las veo', casi.
No sé si vencí el reto, pero aprendí una lección: No jugar jamás con fuego.
(*)Ronzal = látigo o azote, muy usado para azuzar la cabalgadura. Mis padres lo tenían en casa, creo como instrumento de intimidación o amedrentamiento jamás revelado formalmente, y nunca usado en ninguno de nosotros.

venerdì 2 marzo 2012

"Osito de felpa".

Debe ser seguramente una canción de los 70s. "Osito de felpa" me ha gustado desde siempre y, más, desde cuando Ledinh, mi hijo, se marchara aquella madrugada del 15 de Enero 2003 en circunstancias hasta hoy no esclarecidas. Fue un accidente, sí.
Dicen que el Tiempo cura todas las heridas, pero ésta, inferida a mi familia y a mí, ha sido tan, tan profunda que, a pesar de los nueve largos años transcurridos, el bendito tiempo no ha podido curar aún. Y dudo que la herida pueda sanar alguna vez. Sobre todo en nosotros sus padres la cicatriz permanecerá a perpetuidad.
Mi hijo no era un bebé cuando se fue, pero igual, las veces que escucho la canción, me vienen a la memoria diversidad de momentos vividos con él. La alegría de cuando supe que nació varón, la ternura que hacía aflorar en mi mente y en mis sentimientos el verlo tan pequeñito e indefenso, y pensar que aquel ser se haría grande y fuerte. Más tarde, las bromas que me hacía, las bromas que yo le hacía a él, pero también momentos de dolor y lágrimas en circunstancias que el destino nos ponía delante a modo de pruebas, todas muy duras.
En fin..., habría querido dejar pasar este Día sin recordarlo, pero... es imposible. Un Día como hoy - 2 de Marzo- nació él, mi hijo amado. No sé, quizás no debiera recordarlo más y dejar que 'verdaderamente' Descanse en Paz sin importarme que aquella canción que da título a esta entrada me sobrecoja el alma nublando mis ya cansados ojos con las lágrimas que acuden a ellos acompañando a mi profundo dolor. Dolor que no es solo mío, lo sé. Su mamá -¿alguien puede cuantificar el dolor de una madre?- ha ido al cementerio de Latina esta mañana muy temprano llevando flores frescas para nuestro hijo, QEPD




giovedì 23 febbraio 2012

Encuentro ¿casual? con el diablo.

Este es un cuento de mi abuela. Para mí es tal, pero ella, cada vez que nos lo refería, ponía la voz grave y hasta se persignaba  en los pasajes más dramáticos de su relato. Y decía que era cierto. Le faltaba poco para jurar.
En la sierra de mi país. Quiero decir, en la sierra del Perú entero, las familias pudientes viven en la ciudad y sus rebaños son pastados en las alturas (puna) por gente de su entera confianza, mayormente parientes pobres, los que necesariamente viven en esas frías regiones junto con los animales.
Cada cierto tiempo los patrones visitan las alturas, bien llevando provisiones para los pastores o para hacer un control de las actividades de los mismos. Para los efectos, preparan con anticipación una buena dotación de todo lo que será menester durante el tiempo que deberán permanecer allá. Ellos sí (los patrones), cuando decidían ir a la puna, iban bien pertrechados, aprovisionados adecuadamente; lo que precisamente hacían mis abuelos aquel jueves, en aquel remoto entonces.
Destino, omisión u olvido (o quizás los tres factores juntos) hizo que olvidaran la sal, aquel condimento esencial; más aún en aquellas alturas donde la sal es el único saborizante de las comidas. Lo es también el ají, pero ni el ají tiene sabor sin la sal. En aquellas serranías es así y, por ello, al escribir estos renglones, pienso ¿cómo mucha gente, muchos de mis compatriotas que pueblan aquellos olvidados rincones del Perú profundo, pueden conformarse con tan poco? Más que a los patrones, me refiero a tantos humildes servidores y gente pobre que, desconozco, ¿por qué se empecinan en poblar aquellas heladas cimas?
Llegados a la puna y percatados del faltante, mi abuelo decidió regresar a la ciudad a por el preciado condimento. Lo hizo al día siguiente muy temprano. Ensilló su caballo y partió, cuesta abajo, rumbo a Llata.
Todo hace pensar -lo digo yo- que, llegado a Llata, mi abuelo olvidó a qué diantres había bajado. El caso es que alargó su estadía en la ciudad por más del tiempo debido.
La tarde estaba llegando a su fin y pronto sería noche. El cielo anunciaba tormenta, pues se escuchaban, lejanos, el retumbo de los truenos. Recién cuando el tendero se aprestaba a cerrar sus puertas y dar por terminado la atención a los clientes de aquel día, mi abuelo recordó a lo que había bajado. Se aseguró, eso sí, de estar llevando la sal y salió. Su caballo estaba ensillado, el pobre bruto no había probado pasto en todo el día. Amarrado a un palo había esperado con la paciencia propia de los caballos (¿son pacientes estos cuadrúpedos?) a que su patrón optara por el retorno a casa.
No hay que ser demasiado imaginativos para adivinar que mi abuelo estaba ebrio. La tormenta 'flagelaba' la agreste geografía de la zona, alguien le aconsejó posponer su retorno para la mañana siguiente, pero él se negó. Así, aprovechando un pequeño cese de la lluvia, montó sobre su hambriento Rocinante y partió raudo. El viento continuaba, pero no le importó.
La noche con su oscuro poncho lo cubría todo. Solo los rayos lejanos iluminaban por escasos segundos aquellos solitarios y fríos parajes. Era suficiente para seguir cabalgando.
De pronto, como si la naturaleza entera callara, todo quedó sumido en el más absoluto silencio. Mi abuelo detuvo su caballo para 'auscultar' el extraño fenómeno. Sintió relinchos de bestia que venían del lado opuesto de su ruta. ¿Quién podría estar bajando a aquellas horas y con aquel tiempo por aquel angosto camino que era casi exclusivamente suyo?.
Era ya evidente que los dos jinetes se encontrarían. El caballo de mi abuelo acrecentaba su nerviosismo a medida que se avecinaban los ruídos de pisadas y relinchos del lado opuesto.
De un momento a otro, por un recodo, apareció una potente yegua cabalgada por alguien muy fuerte y rudo, emponchado y con una especie de capucha que le cubría por entero la cabeza. En la oscuridad la figura de la yegua y de su extraño jinete parecían cubiertos de una -también extraña- fosforescencia. En aquellos precisos momentos un rayo lejano iluminaba aquel cuadro. Mi abuelo que se había bajado de su caballo para controlarlo mejor, pudo ver solo dos ojos brillantes en el vacío interior de la capucha. Invisibles manos sujetaban las riendas de la yegua. Todo era negro en el atuendo del jinete, pero pudo ver el brillo de las espuelas en la calzadura del mismo. ¡Jesús!¡Jesús!¡Jesús!, tres veces, gritó mi abuelo haciendo esfuerzos sobrehumanos para sujetar a su caballo que casi enloquecía con relinchos y brincos.
Inmediatamente después, como si la naturaleza hubiese recuperado sus ímpetus, recomenzaron los truenos e inició a arreciar el viento seguido de fuerte aguacero. El extraño jinete había desaparecido como por arte de magia y en lugar de la yegua quedaba ¡una mujer completamente desnuda! que yacía por tierra, temblorosa y gimiente. ¿Qué habría hecho cualquier común mortal en aquellas circunstancias? Con mucha certeza digo que yo habría puesto la mayor distancia posible en el menor tiempo posible de aquellas espeluznantes apariciones, pero mi abuelo no hizo eso. Envolvió con su poncho, la montó sobre su caballo y llevó a casa a la desconocida. Allá esperaba mi abuela. Puesta al tanto de todo por su marido, regaló ropas y dió cobijas y comida a la mujer por dos días durante los cuales se puso al tanto de "la verdadera historia de aquella pobre pecadora", sus palabras. La tal tenía por amante a un cura y las noches de los viernes de plenilunio tomaba la forma de una yegua y era cabalgada por ¡don diablo en persona!.
Decía mi abuela que sobre los flancos (caderas) de aquella mujer eran visibles las huellas de las espuelas del maligno.Hasta aquí su versión.
No desde siempre, sino desde cuando inicié a tener sentido crítico, he dudado de la veracidad del relato e imaginado los hechos tal como pueden haber sucedido, pero me los guardo. También el lector es libre de imaginar y hacer suposiciones, pues vivimos en democracia.
Nota: Foto de caballo tomado de www.taringa.net

venerdì 27 gennaio 2012

Lo que vale "Tener conciencia".

Para comenzar les tengo una historia tierna y esperanzadora. Hace apenas unos días, en el hotel donde trabajo, una pareja de holandeses, muy simpáticos, pidieron una cubierta (frazada) adicional, pues en Roma -y en toda Europa- hace mucho frío, estamos en invierno. Cuando les recordé que la habitación estaba dotada de 'aire acondicionado', muy gentilmente replicaron que lo sabían, que 'preferían no usarlo para no causar más daño al medio ambiente'. "Con una frazada más estaremos bien..."
El tema del medio ambiente es un tema de actualidad, candente, polémico. Existen instituciones ad hoc, 'creadas' expresamente y dedicadas 100% a la publicidad ambientalista y a la protección del mismo. En paralelo, existen personalidades del mundo político (por cálculo político, precisamente), del mundo cinematográfico y encumbrados representantes de la sociedad en general, abocados al tema del cuidado de nuestro planeta y de todo lo que a ella concierne: animales, plantas, recursos hídricos, paisajes, clima, etc.
Fundaciones o asociaciones como Greenpeace o WWF son ampliamente conocidas a nivel planetario. Basta entrar a internet, allí podemos encontrar información sobre las actividades de cada una de estas organizaciones, y no solo de ellas, pues cada nación, cada estado que se precie de tal, dentro de su organigrama tiene una institución que salvaguarda 'ambiente y recursos naturales'. En el Perú tenemos el Ministerio del Ambiente, de casi reciente creación.
El tema ambiental es una preocupación reciente. Empezó, posiblemente, a mediados de los años 60 y se institucionalizó formalmente al inicio de los 70s. Desde entonces la preocupación de los gobiernos e instituciones ha ido creciendo hasta, recién en nuestros días, haber logrado 'concientizar' a gruesos porcentajes de la población mundial. El trabajo de divulgación de muchas instituciones, aparte de las señaladas, ha servido para 'despertar la conciencia' de gobiernos y población en general sobre los peligros que acechan a nuestro planeta si continuamos con nuestra desidia e irresponsabilidad. Muchos se preguntan, ¿qué planeta dejaremos en heredad para nuestros hijos y nietos si no nos ocupamos del cuidado de sus recursos: agua, bosques, atmósfera, etc. ahora, hoy?
Pero, lo que más ha influído para este 'despertar de conciencias' han sido Los Síntomas de Malestar de nuestro planeta. Síntomas inequívocos, claros. El más evidente: el calentamiento global, está haciendo que se derritan los 'hielos eternos' del Artico y Antártico, y no solo, pues la gravedad de la situación es visible también en muchos lugares de la tierra. Por ejemplo, el Kilimanjaro, la montaña símbolo de la Tanzania, ya no muestra sus cimas nevadas de hasta hace unos años, pues se han derretido.
Otro síntoma es el brusco cambio climático a nivel global. Acá en Italia, por ejemplo, el verano del 2007 (si no recuerdo mal) fue solo tibio y el otoño una prolongación del verano de ese año, tanto que los árboles no perdieron sus hojas. El invierno no se sintió e inclusive las plantas 'confundidas' iniciaron a florecer... 'pensando' que estaban en primavera.
Hay verdaderamente motivos para preocuparse y en esa dirección iba mi pensamiento cuando decidí escribir este post. El cuidar de nuestra casa -nuestro planeta lo es-, es responsabilidad de todos los que habitamos en ella, grandes y chicos. A los chicos tenemos que enseñarles nosotros los grandes, sus padres o personas mayores. Llegan hasta nosotros, a través de diversos medios, reglas, métodos y modos para 'evitar ensuciar' nuestros ríos, el aire que respiramos, el ambiente que nos circunda e inclusive para 'hacer el recojo diferenciado de la basura' en nuestros hogares, pero ¿cuántos de nosotros hemos tomado conciencia de lo que esos simples gestos pueden ayudar en la conservación de la salud de nuestro planeta?.
Una cosa muy simple es, por ejemplo, el utilizo inteligente de las fuentes de luz y de calor. No debemos dejar encendidos lámparas ni focos, aún si de consumo mínimo, en habitaciones vacías. Hasta los pilotos de los artefactos eléctricos (esas luces pequeñitas -a veces de color rojo intenso- que nos 'avisan' que el televisor está enchufado, o cualquier otro aparato) se deben apagar, porque queman el oxígeno y producen CO2 (anhidrido carbónico), letal para nuestra atmósfera y para nosotros mismos.
Sabemos también que el uso indiscriminado de los aerosoles y del aire acondicionado, productos de la modernidad, son sumamente nocivos para nuestra atmósfera, pues 'consumen' el manto de ozono que envuelve y protege al planeta de la terrible amenaza de los rayos UV que llegan a producir cáncer de piel a los que se exponen a ella. Y esto es que no digo nada sobre la amenaza de los plásticos y las sustancias oleaginosas (aceitosas) en nuestros lagos, ríos y océanos. Tampoco sobre la tala y quema de bosques que reducen las áreas verdes, verdaderos pulmones de nuestra 'amada' Mama Pacha.
¿Fumas?, bueno, pero no tires las colillas encendidas por la calle, pues aparte de ensuciar áreas públicas que a todos nos cuesta la limpieza, ese residuo de tabaco 'encendido' produce anhidrido carbónico hasta consumirse por completo, y produce daño al ambiente. ¡Apágalas! y luego échalas a un contenedor.
Hay mucho por decir y por hacer. Soy optimista y digo que será magnífico encontrar cada vez más gente comprometida con nuestro planeta, 'involucrada' en la Gran Tarea de Conservación y Mantenimiento de un Ambiente Saludable, Puro'. Pienso que seremos muchos (ya los hay) los que seguiremos el ejemplo de aquellas personas de la historia inicial de este post.



domenica 15 gennaio 2012

Una mamá estupenda.


Les tengo una historia que no es mía. La escribo aquí porque me parece interesante cómo ciertos padres (una mamá en este caso) logran vencer todos los obstáculos que les presenta la vida y conducen con amor, paciencia, mucha disciplina e inteligencia, a los hijos, hacia un futuro prometedor.
Este relato que es casi un chisme, está tomado de la vida real. Casi chisme porque no he tenido acceso a la fuente original, pues la que me proporcionó los datos es hermana de aquella... mamá estupenda.
La escena: Los alrededores de la ciudad de Nápoles de los años cincuenta. Personajes: Una mamá, el esposo y cuatro hijos (tres varones y una niña).
El sur de Italia, aún en nuestros tiempos, es visto como la zona de sombra de este pais que se halla entre las 10 naciones más ricas del planeta. Los del norte, considerados desde siempre los ricos, miran con desprecio al sur, como la cuna de los males de la república: Pobreza, mafia y degradación debido al poco apego de su gente por la disciplina, el trabajo y el sacrificio. No digo que exista certeza en la visión de los nordistas. Si uno quiere encontrar defectos, ni aún Dios se libraría de tenerlos. Lo que sí es cierto, el sur de la península está más olvidada que el resto de la nación. Existen intereses políticos y económicos para mantener este status. La n'drangeta, la camorra y la mafia siciliana se las ingenian para lograr aquello, pero esos son temas de carácter político que prefiero obviar.
Los tiempos de la post guerra han sido muy difíciles en toda Europa. Dicen los italianos: "Qui è stato peggio ancora" = Aquí ha sido peor aún.
Creo que la bonanza en una nación se puede medir por el porcentaje de ocupación de su gente. La bonanza no había llegado aún, lo haría muchos años después.
De aquí emigraron muchos, pero es loable la labor de aquellos que optaron por quedarse e 'hicieron patria' en la tierra que los vió nacer; es el caso de esta valerosa mujer del sur.
Casada con "un bueno para nada" (así me llega la 'información'), que lo único que había hecho era "solamente hacerme parir hijos". Luego agrega (siempre en la voz de mi informante) un tanto irónica: "Debo decir también que eran épocas difíciles, no había trabajo ni siquiera para aquellos que verdaderamente querían trabajar...".
Con un panorama así, ella se las tenía que ingeniar para que no naufrague el barco. Organizó milimétricamente todo: A los hijos los puso a estudiar por las tardes, por las mañanas tenían que 'ganarse el pan que se llevaban a la boca'. A uno de ellos consiguió colocarlo como ayudante en una carnicería ' por nada' o por casi nada. A cambio de la ayudantía recibía una paga en carne que servía para variar la dieta semanal, inicialmente. Al otro hijo logró colocarlo ' a ruego' en un pequeño almacén de verduras y frutas, igualmente su paga venía en productos que servían para la alimentación de la familia.
Mamá muy inteligente, los excedentes de frutas y verduras los vendía entre la vecindad. En la puerta de su casa -en aquellos tiempos era permitido- puso una mesa con los productos que le proveían los hijos y se las ingenió para surtir con gaseosas, galletas y golosinas que ofrecía al vecindario y a los pasantes.
Al tercero de los hijos logró colocarlo en un taller de mecánica, por solo propinas, las mismas que servían para comprar lo que faltaba para el sustento de la familia: Azúcar, sal, fideos, harinas, etc. que posteriormente también ofrecía al vecindario. Es decir, sin querer queriendo -o, más bien, quizás queriéndolo en absoluto- convirtió su casa en una bodeguita.
Sus palabras: "Mi tierra -se refería a la península itálica toda- ha sido cuna de grandes hombres, pero no veía en mis hijos grandes capacidades, solo optimismo que yo les contagiaba y... vitalidad, mucha vitalidad; cosas que para mí eran virtudes suficientes". 
"En la sociedad no son necesarios solamente médicos, economistas o científicos, lo son también carpinteros, mecánicos y electricistas, y tanta variedad de oficios para los que basta solo saber leer y escribir" era otro de sus discursos. Madre muy atenta, indagaba en la escuela con cada uno de los profesores sobre el desempeño escolástico de sus engreídos, y sacaba conclusiones. Es posible que ello la ayudaría a deducir dónde colocar a cada uno. Los chicos por su parte no eran flojos, pues le ponían ganas al 'trabajo' y a los deberes escolares; posiblemente porque intuían que era el modo mejor 'de ayudar' al progreso de la familia, pero más porque mamá estaba detrás de ellos como 'sus sombras'. 
"Una madre ve las capacidades de sus hijos..., hubiera sido inútil exigirles que hagan una carrera universitaria, pues -de lograrlo- habrían sido profesionales mediocres, incompetentes...; en cambio, eran muy buenos en sus oficios".
Al cabo de unos años, cada uno de ellos ya llevaba a casa un pequeño salario, aparte de continuar proveyendo carne, verdura y frutas para la mesa familiar. Una anécdota: Sucedió cuando uno de los chicos se escapó al río a darse un baño.
-¡Mamá, la carne se me cayó al río y se lo han comido los peces...!
-¡Muy bien, pues esta semana no se comerá carne en esta casa!
Aquella semana no hubo carne en el menú familiar. Es que la disciplina era de vital importancia en la teoría y en la práctica de aquella estupenda madre. "A los hijos hay que hacerles sentir el peso de las responsabilidades, es para el bien de ellos mismos", lo decía.
No sé si desde siempre habría tenido en mente aquel programa para sus hijos y, naturalmente, también para ella y su familia. El caso es que, llegados los hijos a determinada edad, dió a cada uno un jugoso capital para que pudiera emprender por sí mismo un negocio. Y, así, cada cual se hizo de uno propio. Cada quien en el oficio aprendido: taller de mecánica, carnicería y minimercado que, luego, con el boom económico de los años posteriores, dió a todos y cada uno jugosas ganancias.
Los hijos adoran a la mamá. Cada uno elogia a su manera las virtudes de la mujer que los trajo al mundo.
"La mamma merita un monumento", dicen. Y lo dicen con emoción y agradecimiento. Dicen también que 'intentan' criar a su respectiva prole con los criterios con que mamá los crió.
Otra anécdota: En cierta oportunidad uno de los hijos, habiendo discutido ásperamente con su esposa, corrió a la casa materna pretendiendo quedarse en ella por tiempo indefinido, pero miren lo que sucedió:
-Má, me he peleado con la Julia*, por eso he venido a quedarme acá...
-¿Qué cosa?¿Te vas a quedar en mi casa y luego de unos días vas a pretender que te lave la camisa, que te planche el pantalón y te cocine? No. Tu nombre ya no figura en la lista de comensales de esta casa, fíjate (mostrándole un papel borroneado), ha sido borrado. Puedes quedarte solo tres días, terminados los cuales si no has logrado amistarte con Julia, te debes buscar un hotel u otra casa donde vivir..., tengo mis propios problemas y no puedo ocuparme de resolver los tuyos...
Una madre verdaderamente genial, ¿no creen?.
*Nombre al azar, podría ser otro cualquiera.


sabato 14 gennaio 2012

Fantasmas y voces de 'ultratumba' - Parte final.


Resumen de la I Parte.- Desde mis tripas 'alguien' dice ¡oye!. No es alguien, son mis tripas mismas que quieren convencerme de su derecho a tener 'voz y voto'.También 'doy duro' a mi hermano mayor.
Resumen de la II Parte.- Narro con detalles mis experiencias en Huachispampa y cómo el cementerio de aquel pueblito hacía emerger, desde mis tuétanos, todos mis temores y miedos, que no han desaparecido aún. Este último dato es válido, real, verdadero. Mis fantasmas están dentro de mí, los he descubierto y no hallo el modo de deshacerme de ellos. Pero pruebo.
Decía en los últimos renglones de la II Parte: "Mis experiencias más actuales me han llevado a 'descubrir' de dónde provienen algunas voces, sonidos y ruidos varios que -mentalmente- muchísimas veces, dependiendo de las circunstancias, me remitían a pensar en fenómenos ultratumbescos (no sé si la palabra existe en el diccionario, pero eso tampoco importa)."
Efectivamente, es así. Sucedió el invierno pasado cuando forzando mi paso entre dos sillas... ¡escuché un silbido!. Si mi 'detector de presuntos fantasmas' no hubiera estado encendido (alerta), habría pensado que algún ser de ultratumba 'me estaba llamando'. Aquella mañana llovía y por eso estaba con el impermeable que al rozar con el ángulo de la silla de madera produjo 'aquel silbido'.
Mi termo, esa cosa que muchos tenemos para conservar el agua caliente (tè, cafè o cualquier otra bebida) me ha jugado dos bromas. Una de ellas una noche cuando ya estaba acostado con las luces apagadas. Duermo solo, de repente escuché un lamento quedo, suave, como el quejido de un niño o de una mujer que sufre en casi silencio. Mi reacción inicial fue de sobresalto, pero casi de inmediato me repuse y comencé a afinar el oído buscando la fuente de aquel 'quejido' prolongado. ¡ Era mi termo!, por la tapa escapaba el aire que la presión del agua caliente creaba en su interior y producía aquel 'minúsculo silbido continuo' (no sé cómo llamarlo) que mi mente se encargaba de hacérmelo llegar como un quejido.
La segunda me la hizo hace apenas unos días. Casi siempre estoy solo y era muy temprano por la mañana. De repente escucho que alguien hace gárgaras en el baño (junto a la cocina). Me sorprendo -no siento miedo en absoluto-, voy al baño, está a oscuras, no hay nadie, pero el ruido de los gargarismos continúa. Voy a la cocina..., ¡era otra vez mi termo!. Pocos minutos antes había llenado el té caliente, había escapado algo de líquido por los bordes y producía 'aquellas gárgaras!.
Bueno pues, lo dije ya, nuestro diario vivir está lleno de rumores, ruidos, sonidos varios que, dependiendo de las circunstancias y del lugar dónde nos encontramos, y también del modo cómo estamos hechos culturalmente, nuestro cerebro se encarga de 'presentárnoslo' enmascarado o disfrazado de aquello que más tememos: el demonio, el alma, el fantasma o el cuco.
Para terminar quiero referirme a dos hechos que guardo aún en mi memoria. Uno tuvo lugar en Huánuco, cuando muy niño, en casa de mi abuela, pues vivíamos con ella. Ya tenía conciencia de las cosas y ¡mis miedos y mis fantasmas! estaban en pleno fermento. El baño de la casa estaba dentro, en un lugar poco iluminado. Ya en el día era penumbroso, imaginémonos de noche, y era noche -quizás madrugada- cuando ocurrió lo que aquí cuento. Recuerdo que sufría mucho de diarreas, tantas veces 'me ganaba' y me hacía en el pantalón aún cuando no era mi intención. El caso es que desperté (en la noche o madrugada) con la necesidad 'urgentísima' de vaciar los contenidos de mis débiles intestinos y, al baño no podía (ni quería) ir por mi temor a la oscuridad. Me quedaba la calle, y hacia ella corrí. No logré ni sentarme, casi pegado al tapial de enfrente, con gran estruendo mis tripas expulsaron los líquidos malolientes que contenían. De inmediato me vino la calma, y no me importó la fetidez, pero aquí viene lo 'misterioso'. Mientras esperaba que mis tripitas terminaran con su trabajo de 'expulsión', del lado de la otra pared colindante con la casa de mi abuela, exactamente en el huertito de hortalizas perfectamente delimitado con espinos de huarango para evitar que entraran animales o niños (trabajo de mi abuela), comencé a sentir un gemido largo y doliente. A mis pocos años era ya capaz de discernir que al huertito no podía haber entrado nadie (por lo de las espinas), pero aún así no sentí miedo. Solo me quedó la curiosidad. Por la mañana, al ver que los espinos estaban intactos, narré a mi abuela aquel episodio. Por toda respuesta, ella dijo: "Habrá sido el alma pues, negrito". Y desde aquel entonces sí, empecé a sentir miedo.
Observando aquellos hechos con mis ojos de hoy, llego a la conclusión que, también en aquella ocasión, fueron mis tripas que jugaron conmigo. Es más, se burlaron de mí cruelmente.
Ya casi no hay espacio para más. Intentaré resumir el segundo hecho al que hice alusión líneas arriba. No tiene nada que ver con los sonidos, sino más bien con las imágenes, lo que trae a mi memoria lo aprendido en el curso de Psicología de la secundaria, cuando uno confunde las sábanas con 'fantasmas'.
Sucedió en Angashyacu, en aquel entonces un caserío de 'chozas' de contarse con los dedos de las manos, mi padre trabajaba en lo que entonces era el Proyecto más ambicioso de Fernando Belaúnde Terry: La Carretera Marginal de la Selva. La casita en que vivíamos estaba en lo alto de un entarimado de pona (creo que así se llamaba aquella especie de madero de cocotero, muy resistente), fijado al suelo a través de horcones de un metro o un metro veinte de alto para evitar que las alimañas pudieran compartir frazadas con nosotros. Todas las casas son construídas así en gran parte de la selva.
Para hacer pipí no tenía que bajar las escaleras. Solo me acercaba al borde del entarimado y desde allí 'regaba' los hierbajos y plantas de los alrededores, pero he aquí que veo un bulto blanco fosforescente a mi izquierda, que se movía al compás de la pequeña brisa de aquella noche de luna.
Tenía 6 o 7 años y 'ya me habían envenenado' la mente. Inmediatamente lo relacioné con 'el alma' (ánima de un difunto), retrocedí en silencio, mi cama estaba casi a mis espaldas, sobre el entarimado, caí en ella como costal con papas. Intenté llamar a mi padre, pero mi voz estaba bloqueada, pues la impresión había sido muy fuerte. Un poco más y me daba un ataque cardíaco, pero no, mi corazoncito era muy fuerte.
En muchas ocasiones mis ojos han intentado jugarme bromas, pero... ya no es tan fácil. He visto sombras o, hasta personas que corren por mis costados a la par que giro la mirada, pero no son sombras ni personas, son mis anteojos. La armadura de mis lentes me hace bromas cuando estoy distraído.
En cambio, en el relato de Angashyacu eran mis legañas, lo sé ahora, pues las almas no existen, y si sí, no gastan bromas a la gente, mucho menos a niños inocentes.
Lo dije, los espacios por donde nos movemos a diario están llenos de fenómenos auditivos y visuales de todo orden, pero están muy lejos de pertenecer 'al más allá'. Son nuestros miedos, nuestros propios fantasmas -aquellos que sinquererqueriendo hemos ido almacenando en nuestros 'ser' más íntimos- los que nos hacen tener 'una percepción errada' de tales fenómenos. ¿De acuerdo?.

venerdì 13 gennaio 2012

Error muy grave.


Soy absolutamente consciente de que Madre Natura no me dotó de inteligencia. No sé si admitir eso me exima de culpa por todas las burradas (que me perdone el dócil jumento) que cometí, que cometo y que -lo digo con  certeza-, seguiré cometiendo hasta antes de exalar el último suspiro. Pensándolo bien, quizás hasta morirme será la última burrada que cometa. A propósito de morirme -aún si el comentario no viene al caso-, en un párrafo de mi autobiografía digo que "...nací para ser eterno. No inmortal, pero sí eterno". Decir eso -estoy convencido- no es una burrada, pues tengo argumentos para sustentar esa tesis.
No sé si en mi diario (que ya no es propiamente eso porque no escribo 'a diario') he hecho un elenco de todos mis defectos aduciendo conocerme muy bien. Efectivamente, me conozco. Un defectito que me encuentro a menudo es el de persignarme a mi paso por capillas e iglesias pese a no creer, desde bastante tiempo atrás, en la existencia de todo lo que es divino. Esto de persignarme es una cosa maquinal, inconsciente. Deben ser (son) los rezagos de casi una vida entera de 'creencia'. Bueno, el asunto es que me conozco. Otro de mis defectos, y esto sí debe estar en mis genes, es el excesivo amor que servo para los míos, especialmente para mis hijos. Me sucede con ellos lo que con las capillas e iglesias. Es decir, estoy convencido que mis métodos son nocivos para ellos, pero insisto en repetirlos en cadena o en círculo (¿vicioso?) que no tiene cuando acabar.
Alguna vez llegué a decir -y pensarlo seriamente- lo siguiente: "Si poseyera riquezas, daría todas las comodidades a mis hijos sin importarme si estudian o menos, si trabajan o menos. Tan solo por el hecho de ser mis hijos, atendería al más mínimo de sus caprichos".
Un discurso torpe desde todos los ángulos. ¿Cómo puede ser posible que un papá -dizque por amor- puede hacer un discurso de ese calibre? Es un discurso estúpido, pero ni modo, las evidencias de que soy tal, saltan a la vista, y no hay modo de camuflar o disfrazar (las evidencias, se entiende).
Peor aún viene a ser el caso de haber acompañado 'a la palabra con hechos'. Es decir -y en eso sí he sido absolutamente coherente como en ninguna otra cosa en mi vida-, no solo han sido palabras sino que he dado a mis hijos muestras fehacientes 'de que tienen un papá que los ama con un amor inconmensurable, sin fronteras'.
¿Y ellos? Ellos, bien gracias. ¿Qué cosa más puede querer un polluelo si mamá gallina y papá gallo les siguen poniendo el alimento en el pico? ¿O escarbando y escarbando en el huerto para que puedan 'pescar' las lombrices que quedan al descubierto, y llenarse las barrigas sin esfuerzo alguno, o muy poco?.
Y no es que estos pensamientos analíticos de mi proceder y del proceder de los míos (no solo el de mis hijos) son de ahora o de hace muy poco, no. Vienen de lejos en el tiempo, y eso, actualmente, es lo que me hace preocupar más aún, porque demuestra 'mi incapacidad' para tomar decisiones serias sobre cosas que tengo absolutamente claras en la mente y en el pensamiento.
Tampoco crean que quiero pasar por un absoluto inconsciente. Desde cuando me he percatado 'que mis actos eran nocivos', he intentado mejorar. He hablado con uno, con el otro; he hecho saber de mi 'repentina lucidez' e intentado 'marcar pautas', establecer reglas, poner un poco de orden. Como en todo, no es que las cosas salen bien 'de un solo cocacho'. Reconozco que 'yo mismo soy un problema' ¡y qué problema!.
Por ello, sacando fuerzas de mis flaquezas, en estos últimos tiempos 'estoy trabajando en la dirección' que pienso es la correcta e intento involucrarlos en lo que quiero conseguir.
Pienso que ya me queda poco tiempo -no sé por qué lo digo- y, por el amor que tengo almacenado en todo mi ser para los que considero mis 'emisarios para el futuro', no quisiera que la vida los coja desprevenidos y ' los haga sufrir', pues es dura la vida. Ella no les dará tregua ni tendrá contemplanciones.
Por eso, gallinas y gallos debemos preparar a nuestros polluelos para enfrentar la realidad que les tocará vivir. Debemos darles armas 'para la lucha': educación, laboriosidad y disciplina; también amor, por supuesto, pero sin caer en exageraciones. La consigna debe ser ¡acción! y no pasividad.
Alguien me dijo, ¿sabes que el amor, tantas veces, puede hacer mucho daño? Yo soy uno de los convencidos de que es así.
Tenemos la posibilidad de erigir nuestro monumento o cavar nuestra tumba, hagamos lo primero. 


sabato 7 gennaio 2012

Fantasmas y voces de 'ultratumba' - II Parte

Resumen de la I Parte: Una mañana de Setiembre 2010 sentí una interjección (¡oye!) desde mi barriga. No era un fantasma metido entre mis tripas. Eran ellas, propiamente mis tripas que, acompañando a mis movimientos de alzarme de la cama, empujaban el aire (o los gases, esos que muchas veces expulsamos por medio de eructos o peditos) retenido en ellas y que, al forzar algún pasaje estrecho o qué sé yo, produjo aquel ¡oye! clarísimo, pero  veamos cómo terminó aquella experiencia de mi paso por la Vía de los Libertadores.
Enclavada en lo alto, casi en la intersección de las dos carreteras: la antigua y la nueva que allí iniciaba, estaba Huachispampa, un pueblito hasta ese entonces olvidado. El proyecto llevaría luego 'su pequeña dosis de progreso' y serviría para fijar en la memoria de muchos que -como yo- pisamos en tantos domingos y días de fiesta su polvoriento suelo.
Desde el cruce donde nos dejaba el ómnibus, la 'carretera nueva' serpenteaba cuesta arriba siguiendo el margen izquierdo del Río Pámpano. Sobre el lado izquierdo de la carretera estaba Huachispampa y, seguramente 500 metros más arriba en el mismo margen, se hallaba el camposanto de los 'huachispampinos' (no sé si el gentilicio es válido, pero no importa).
La existencia de aquel cementerio para mí pasó desapercibido por mucho tiempo y no habría tenido ninguna importancia ni lo estaría contando en este blog si no fuera por lo que significó para mis ánimos durante los tantos 'ir y venir' que hice por aquel bendito lugar mientras duró mi permanencia en la zona. Tantas veces a medianoche o de madrugada recorrí aquel tramo desde el cruce hasta el Campamento Principal del Proyecto, unos cinco kilómetros que necesariamente se tenía que hacer a pie. Al comienzo, solo o acompañado que fuera, el trayecto no me daba ningún tipo de problemas, pues iba tranquilo en cuerpo y alma.
Lo curioso vino después, cuando supe de la existencia de aquel calavernario. Sentía escalofríos desde cuando me avecinaba a aquella parte hasta pasarlo por completo, más cuando iba solo. Las piedritas y arenisca que la erosión del viento arrancaban del talud me hacían erizar los pelos. ¿Acaso eran los fantasmas que poblaban aquel 'almacén de huesos', pues un cementerio no pasa de ser eso? No, era mi miedo, eran mis propios fantasmas, los que a través de todo mi vivir hasta aquel momento había ido metiendo dentro de mí a través de los cuentos de mi abuela referidos a diablos y a mujeres que se convertían en yeguas. Eran estas, mujeres que se acostaban con los curas, que las noches de viernes de plenilunio mutaban en yeguas, y el diablo las cabalgaba. En algún momento haré un recuento de las 'macabras' historias de mi abuela, QEPD. Eran también los miedos que mi madre, cuando muy niño, para 'frenar' mis correrías e inquietudes, había tatuado dentro, muy dentro de mí con sus referimientos al alma, al tunche, al cuco, para hacerme estar quieto y ahorrarse mis travesuras. Eso hacen todas las madres, creo.
No, en aquel cementerio reinaba la paz y tranquilidad absolutas. El caos, el pavor y todos los grados de miedo estaban (están aún) dentro de mí.
El problema era de noche. De día no pasaba nada. Tampoco cuando estaba 'con muchos litros de cerveza encima'; mejor dicho ebrio, beodo, zampado, mamado, alcoholizado, en una sola palabra: borracho.  Es que, cuando uno está 'en copas' se siente 'superhuamán', ¿o no?.
Quizás convenga precisar que estamos programados para sentir miedo de noche. La sociedad entera, la iglesia en primer lugar, nos han hecho creer desde siempre que 'la noche cobija a las fuerzas del mal', pero ¿cuánto puede ser cierto eso?. Lo que sabemos es que biológicamente la flora y fauna están divididos. Hay de aquellos animales y plantas mejor adaptados a la oscuridad, pero dejo ese discurso para los entendidos.
Los fenómenos auditivos: ruidos, sonidos, voces, lamentos, chirridos, etc., etc., están en cada espacio de nuestras vidas.
No será posible terminar con el tema en esta entrada. De todos modos adelanto que me referiré a mis experiencias sobre el particular, siempre direccionado a traer por los suelos la existencia de los fantasmitas y cucos de todo orden.
En la selva, cuando mi padre talaba árboles para un aserradero, recuerdo muy bien 'el grito de los árboles' que mi madre al escucharlos decía: "Escuchen cómo llora ese árbol, pobrecito". Sus palabras despertaban en mí un sentimiento de ternura hacia aquellos indefensos maderos. Pero los árboles no lloran, lo que sucede es que, al plegarse para caer, sus fibras rozan entre sí y producen aquel ruido que semeja un grito, tan desgarrador, a veces.
Mis experiencias más actuales me han llevado a 'descubrir' de dónde provienen algunas voces, sonidos y ruidos varios que -mentalmente- muchísimas veces, dependiendo de las circunstancias, me remitían a pensar en fenómenos ultratumbescos (no sé si la palabra existe en el diccionario, pero eso tampoco importa).
CONTINUARÁ...