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mercoledì 31 dicembre 2008

Balance General

¡Feliz inicio de año y que la Ventura, Dicha, Felicidad y Fortuna os acompañen en el 2009!!, es mi deseo sincero para todos, en general: Parientes y no, amigos y no, compatriotas y no, terrestres y no... en fín, para todo el universo, allá donde esté habitado.
Este 2008 que se acaba, a pesar de la crisis de los últimos meses, no ha sido un mal año para muchos de nosotros. Si hacemos un 'Balance General de acciones' seguramente encontraremos que 'alguito hemos ganado'. Si no materialmente, es posible que hayamos leído un libro y agregado saber o conocimiento al saber o a los conocimientos que ya teníamos. En un balance, eso es positivo.
Si por otro lado -quizás- alguien de nosotros ha tenido la oportunidad de viajar fuera del país (o al menos fuera del lugar de residencia habitual), habrá tenido también ocasión de conocer nuevos lugares, gente nueva, y de hacer amistades nuevas, y de probar emociones igualmente nuevas; metamos todo eso en el balance y será positivo también. Sin duda.
Inclusive de las experiencias negativas podemos -si queremos- hacer un balance positivo. Hemos metido la pata quizás, alguna transacción no salió como previsto, fuimos víctimas de un robo o de una estafa... Bien, esas experiencias, bien valoradas, nos sirven como enseñanza para evitar en el futuro tropezar con la misma piedra. Y eso, definitivamente, también es positivo.
Haciendo un repaso de las experiencias, buenas o malas, tenidas en este año que termina, pueden -muy bien- cada una de ellas servir como hitos o nuevos puntos de partida desde los cuales cambiar estrategias o mejorarlas; cambiar rumbos o continuar en ellos; hacer ajustes, etcétera, en modo de enriquecernos en los diversos aspectos de nuestras vidas: Salud, negocios, amor.Y para aquellos que han tenido un 2008 afortunado en algún aspecto de la vida (o en todos), que en el 2009 continúen los éxitos y la fortuna.
Los dejo con el spot navideño de la cadena televisiva Mediaset, la cadena que pertenece a Silvio Berlusconi, actual Primer Ministro del Gobierno Italiano. El spot se llama 'Sconcerto di Natale'* (Desconcierto de Navidad). Todos los que participan son -obviamente- gente que trabaja en la cadena, los rostros más representativos.
(*) Se lee 'sconcherto di natale'.



venerdì 19 dicembre 2008

Mis recuerdos de Navidad

La primera Navidad del que tengo recuerdo fue la del año 1963. Dos meses antes había cumplido 10 años de edad. No me explico por qué nueve navidades de mi vida pasaron desapercibidos. De los dos primeros años de vida creo que nadie tiene memoria. A partir del tercero -pienso-, recién comenzamos a 'guardar datos en el disco duro'; creo que es así. Pero, aún con todo, no tengo idea cómo pueden haber pasado tantas navidades sin que mi memoria los registrase...
Hoy, mirando por el retrovisor del tiempo, y analizando aquella primera Navidad que guardo en la memoria, me alegro de no recordar aquellas primeras nueve navidades de mi vida.
Lo que sí recuerdo son las Fiestas Patrias, seguramente ya tenía tres años. En ese entonces vivíamos en Pachas, cerca a La Unión, en la Provincia de Dos de Mayo, sierra de Huánuco. Tengo también recuerdos de mis cumpleaños (de algunos) porque para esas fechas mis padres me compraban ropa nueva y zapatos. Y se preparaba el rico 'ponche' para el desayuno. Hoy por hoy lo preparo yo para mis 'cumples' o los de mis seres queridos más cercanos.
Pero quería hablar de la Navidad de aquel 1963. En aquel entonces residía en mi ciudad natal, Huánuco. Con mi madre y hermanos habíamos ya casi completado 1 año viviendo en la ciudad, haciendo vida sedentaria. Antes de aquello vivíamos -lo dije en otro post- como gitanos, primero en la sierra y luego en la selva, empujados por el oleaje del destino de mi padre que debía ir allá a donde su oficio de 'Operador de Caterpillar' era menester, generalmente lugares alejados de las ciudades, de geografía áspera y salvaje. Ahora que lo pienso, debe ser por ello que no recuerdo esas primeras nueve navidades. Pero volvamos al relato:
Con semanas de anticipación llegó hasta nosotros la noticia de que regalarían juguetes en el Estadio "Leoncio Prado", llamado así porque era propiedad del colegio (en ese tiempo Gran Unidad Escolar) del mismo nombre. Las noches previas a aquel 25 de Diciembre yo soñaba que me regalaban 'un caballo', 'un camión' y 'una pelota'. Me sentía feliz con mi caballo, lo montaba a pelo y partía al galope por valles y montañas. Mi caballo era fantástico porque por momentos 'volaba' de una montaña a otra, y yo miraba desde lo alto el plano rectilíneo de las calles de aquella ciudad que me viera nacer. Y yo era muy feliz en mis sueños. El camión no me importaba. Con la pelota hacía malabares, Pelé y Maradona eran niños de pecho a mi lado (Maradona aún no era conocido). Cogía el balón (un balón de verdad) y 'cabreando'* a uno y otro llegaba frente al arquero adversario, pateaba con tanta fuerza que la pelota entraba al arco con portero y todo. Y el público festejaba..., y gritaban mi nombre. Yo no cabía en mí de felicidad al escuchar el rumor de los aplausos de la gente en el estadio. Pero,... eran solamente sueños.
Llegado el día, muy temprano (6:00 am) con mis hermanos corrimos hacia el estadio, creíamos ser los primeros, o por lo menos estar entre los primeros, pero... nada que ver: Había una fila larga, larga que doblaba la cuadra. ¿Eran adultos y niños que habían madrugado?, no. Muchos de ellos, sobre todo los que estaban adelante, en posición privilegiada, habían amanecido allí.
Ver todo aquel panorama me desmoralizó. Comencé a preguntarme si alcanzarían juguetes para todos. Las entregas comenzarían recién a las 9, y adultos y niños seguían llegando. No podía creer que hubiesen tantos niños en la ciudad...
Cerca de las 9 comenzaron a sonar villancicos en los altoparlantes al interior del estadio. Los que estaban adelante en la fila comenzaban a reacomodarse y surgieron algunos pleitos que hicieron que interviniera la policía.Como a eso de las 9:30 salieron los primeros niños con sus juguetes, algunos con sus panetones -esos de carretilla- y algunos otros con unos polos de algodón o botas de jebe, similar a los '7 vidas' de Bata de esos tiempos. No sé si esas botas aún se fabrican en la actualidad, eran muy buenas para los días lluviosos, para chapotear en los charcos.
Cuando ingresamos nosotros (poco más de la 1 de la tarde) ya casi se habían terminado los juguetes. A mí me dieron una pelota roja de jebe (me pareció de jebe) que rebotaba muy bien, mi hermano mayor también quiso una pelota (le dieron una azul, de jebe también), para mi otro hermano ya no hubo pelotas, le dieron un caballito de plástico con cuerpo de palo de escoba; pedimos que nos dieran algo para mi hermanito menor que se había quedado en casa (1 añito), pero nos dijeron que tenía que haber ido personalmente.
Terminamos la jornada 'casi quemados' por el calcinante sol de aquel día, pero salimos contentos. Los niños, gracias a Dios, tienen esa capacidad de 'celebrar' las pequeñas cosas, los triunfos mínimos; nosotros celebrábamos el hecho de haber 'conseguido juguetes'. La fila fuera del estadio era aún larga..., días después escuché que muchos de los que habían estado en 'los puestos privilegiados', habían hecho fila por segunda y hasta tercera vez. ¡Qué vivos!. Para el siguiente año me dije que haría lo mismo, pero... ya no. Aquel Diciembre de 1963 fue la primera y última vez que hice la fila. Al año siguiente me sentía ya 'muy viejo' para esos trotes.
Llegados a casa aquel día mostramos 'con orgullo' nuestros juguetes. Mi hermano mayor, en un alarde de generosidad regaló su pelota azul a nuestro hermanito bebé de 1 año, pero se llevó mi pelota roja. No pasó ni media hora y lo regresó desinflada. Ya no servía.
La pelota azul duró intacta por casi una semana; luego terminó también desinflada, inservible como mi pelota roja. Una pena. Solo el caballito de plástico con cuerpo de palo cumplía a cabalidad con su cometido cada vez que mi hermanito menor salía en él a dar sus vueltas por el Parque Roosvelt. Vivíamos entonces enfrente de aquel parque que me trae muchos recuerdos. En torno al parque estaban la Iglesia San Pedro, la piscina, la escuelita 'San Pedro' de solo niñas y el Colegio Virgen de las Mercedes, mejor conocido por todos como el colegio de las mishicas.
La Navidad llegó tarde a mi vida. Ya no tuve ocasión de creer en Papá Noel, ni en su cargamento de regalos, ni en su trineo ni sus renos. Después de aquella larga fila en el Estadio Leoncio Prado, sabía con certeza que los 'regalos' para los niños pobres los repartían o las municipalidades, o las instituciones de caridad.
(*) Cabrear = sinónimo de driblear en el lenguaje que usábamos en aquel tiempo. La RAE lo considera en la acepción de 'esquivar'.

domenica 14 dicembre 2008

Llorar sobre la leche derramada

Las lágrimas derramadas copiosamente (llanto) -he leído-, pueden servir como terapia contra el estrés, aparte de paliativo de las penas y sufrimientos en este 'valle de lágrimas'. Y es cierto, en tantas ocasiones he llorado, y luego me he sentido aliviado de mis pesares, como 'descargado' de aquello que era causa de ella.
Un niño puede llorar por varios motivos: Una pataleta, un castigo infligido -con razón o no- por uno de los padres, se cayó jugando, se peleó con el amiguito(a) y llevó la peor parte, etc.; y tantas veces los niños lloran por cualquier tontería. El llanto de un niño no llama demasiado la atención, salvo en circunstancias de castigos fundadamente inmerecidos.
En cambio, el llanto de un adulto es diverso; aún más si el adulto es de sexo masculino . Esto último porque crecemos a nuestros varoncitos con aquella idea equivocada de 'los hombres nunca lloran', en un intento machista (vano) por insensibilizar a nuestros retoños de las palizas que le propinará la vida. La verdad es que 'los hombres' (los varones) también lloramos. Y que no vengan a decir algunos machistas anquilosados que jamás en su vida han llorado. Yo... no les creo.
El llanto de un niño conmueve a las mamás y a las mujeres, ellas no pueden ver llorar a un niño; en cambio, creo que el llanto de un adulto conmueve a varones y mujeres por igual.
Decía que el llanto de un adulto es diverso porque proviene de motivaciones muy profundas de dolor mayormente moral que desembocan en sufrimientos y penas igualmente profundos que solo el tiempo y nuestros llantos alivian.
No puedo dejar de anotar que existen personas muy sensibles - de ambos sexos- que lloran por los motivos más nimios. Conozco a una señora que se conmueve hasta las lágrimas cada vez que ve en la TV los reportajes sobre el hambre o las guerras en Africa u Oriente Medio.
A mí personalmente me hacían llorar las películas hindú. Recuerdo 'Madre India' y otras parecidas de las que todos los espectadores salíamos con los ojos hinchados y rojos, y con los pañuelos mojados por las secreciones nasales que casi siempre acompañan a las lágrimas.
Con los años, pero, he llegado a reprimir mis emociones en modo que no llego a derramar lágrimas, casi por ningún motivo. Creo que la edad, y la madurez que uno va ganando con ella, me han ayudado en esto. He llegado a la conclusión que, si bien las lágrimas sirven para aquello anotado en los renglones iniciales, en el fondo no solucionan nada. Por decir, nuestras lágrimas no resucitarán a nuestros seres queridos que 'partieron', no sanarán a nuestros enfermos, no nos resarcirán nuestras pérdidas, no harán retornar al enamorado(a) que nos dejó, etc. Por otro lado, esos minutos de llanto son generalmente 'tiempo perdido' ya que, en aquellos momentos, nuestro cerebro se encuentra en crisis, bloqueado; no atina a concentrarse y a 'buscar y encontrar soluciones' como sí lo puede hacer un cerebro en calma. "Cálmate, cálmate..." decimos generalmente a las personas aquejadas de llanto, ¿será por eso?. Y la calma es una gran cosa, y conservarla en los momentos críticos, mejor aún.
Las penas y los sufrimientos profundos que nos inducen al llanto, nos nublan la mente. Muchos, en aquellos momentos críticos toman decisiones funestas que, lejos de aliviarles las penas, los conducen inclusive a la muerte. ¿Vale la pena? Definitivamente no. La vida es un DON sumamente precioso para tirarlo por la borda de ese modo. La vida es bella y merece ser vivida con todo aquello que nos ofrece. Si estamos viviendo un invierno muy crudo, debemos tener la certeza que luego vendrá la primavera, y después el verano.
A lo largo de todos los años que tengo de vida, que sumados hacen mi edad actual, no había logrado percatarme del modo sencillo cómo discurre la vida toda, cómo cada uno de nuestros actos -por muy insignificantes que parezcan- pueden generar consecuencias, buenas o malas, pero consecuencias al fín y al cabo. Y cómo, cada paso que damos nos aleja o nos lleva al encuentro de los acontecimientos que podrían marcar hitos en nuestras vidas. Puede parecer exagerado, pero 'descubrir' esas pequeñas cosas ha significado mucho para mí. Ha sido, por así decirlo, como si hubiese encontrado una linterna con qué alumbrar mi sendero en los tramos oscuros de mi existencia. Y, por todo ello, ya casi no doy trabajo a mis glándulas lacrimales, solo medito en las cosas que me suceden y me preparo para lo inesperado. ¿Cómo?
Existen algunos factores que te pueden hacer preveer ciertos acontecimeintos. Por ejemplo: La edad, las enfermedades, los modos de ser de las personas, el lugar donde vives, etc.
La edad de mi padre -ochentaitantos- unido a su enfermedad (no lo digo), me hacen preveer que de un momento a otro me llegará una noticia dolorosa y desagradable. Y no es que me martirice desde ya por ese hecho, no; lo que trato es de ser práctico y 'lo tomo en cuenta desde ahora' para que no me tome por sorpresa cuando suceda. Además, mi padre es una persona que ya ha vivido, ha trabajado, ha ayudado a construir esa patria llamada Perú, y es natural que 'descanse' como todo obrero cuando termina su jornada laboral y le cae la noche. Hago esta misma prédica a mis hijos respecto de cuando me tocará 'entregar el equipo'. Agrego que entonces yo seré ajeno a sus penas, sufrimientos y lágrimas porque estaré muerto, quizás caído por tierra como hoja desprendida del copioso follaje de la vida. Y, mi muerte, es otra de las cosas que menos me preocupa. Cuando suceda, a preocuparse serán los que quedan, los que me sobrevivirán. Y esto es así para todos, para grandes y chicos, para ricos y pobres. La muerte no hace diferencias de ningún tipo: raza, religión, nacionalidad. Y tampoco hace descuentos.
Como corolario de este discurso sin importancia, diría que no vale la pena llorar sobre la leche derramada. Es decir, no tiene ningún sentido martirizarse por las cosas que se hicieron mal o se dejaron de hacer; tampoco conviene preocuparse por la dura labor que nos espera mañana. Lo pasado dejémoslo en el pasado, el mañana que espere su turno; afrontemos solamente, con decisión y con coraje -y si se puede, con inteligencia- el ahora, el hoy. Basta.
Los dejo con Hoy, bonita canción de Gloria Stefan.


giovedì 11 dicembre 2008

Mi infancia (continuación de Creencias...)

En muchas ocasiones, seguramente, repetiré escenas ya descritas en entradas anteriores, como en este caso. Lo hago con la finalidad que quien lea mis relatos tenga elementos de juicio suficientes como para hacerse idea del marco en el que se desarrollan los acontecimientos. Si así no fuera, entrego mis disculpas anticipadas. He aquí el relato:

Nacido en la Ciudad de la Eterna Primavera, Huánuco; capital del departamento del mismo nombre en Perú, a muy corta edad - seguramente con meses aùn de vida- mis padres me llevaron a la sierra. Ellos, mis padres, eran como gitanos. Mi padre, un operario de construcción civil, constantemente era trasladado de un lugar a otro en razón de su trabajo como Operador de máquinas Caterpillar. Y los lugares a donde íbamos eran generalmente muy apartados.

Mi padre abría las vías para el ingreso de la civilización. Iba adelante abriendo caminos por donde antes no transitaban ni acémilas. Amaba su oficio a pesar que muchas veces puso en peligro su salud e integridad. "Son gajes del oficio", decía.

Viví en la sierra de mi país hasta cerca los tres años de edad y, por esta razón, es muy poco lo que conservo en la memoria, de aquellas vivencias. Pero, debo recalcar que la creencia en los espíritus benignos y malignos, sobre todo en estos últimos, existe en las tres regiones naturales del Perú. Es decir, en costa, sierra y selva; con pequeñas variantes en cada una de ellas.

Es de resaltar el hecho que, cuando los niños crecen y comienzan a ser inquietos, las madres, para atenuar esa inquietud natural, asustan a sus pequeños con "el alma" o "el tunche"; entendiéndose por éstos a unos seres invisibles, malvados, que se llevan a los niños muy inquietos o malcriados.

Y esto la mayor de las veces funciona. El asunto no es que las madres utilicen estos trucos para tener bajo control a los hijos; sino que, ellas creen a pie juntillas en la existencia de los espíritus, buenos y malos.

Así, en determinadas situaciones cuando los bebés o niños sufren de desvanecimientos o lloran sin cesar, dicen que "lo ha tocado el alma" o "ha visto al alma". Las curanderas de aquellos lares conocen rezos y mil secretos para curar estos males o para evitarlos.

De la sierra pasé a la selva. Viví allá hasta la edad de nueve años. La selva de mi patria es un lugar maravilloso, fascinante. Los mejores recuerdos de mi infancia los tengo de allá. Me encantaba el verde inagotable de sus paisajes, la tibieza de las aguas de sus rios, su clima siempre cálido. Y aún sus lluvias.

Recuerdo que corrìa jubiloso bajo la lluvia, chapoteando en los charcos junto con los otros niños del vecindario. Las niñas con solo el calzoncito y, nosotros los niños ... ¡completamente desnudos! ¡Ah, qué vida aquella! Allá se quedó mi Edén, mi Paraíso.

Las cosas que contaré más adelante corresponden a esa etapa de mi vida, vistas al inicio con los ojos del iletrado, repensadas después y "analizadas" a la luz de nuevos hechos mas cercanos en el tiempo. Pero, experiencias propias, vividas en carne y hueso por el suscrito.



sabato 6 dicembre 2008

Homenaje a una mamá que partió

No encuentro palabras para comenzar este post. Nunca he sido bueno para las despedidas fúnebres, pero se trata de una persona a quien he estimado muchísimo. Una señora que me abrió las puertas de su casa en todo momento por el solo hecho de haber intimado con uno de sus hijos, inicialmente, y después con toda su linda familia. Hasta hoy me unen lazos muy estrechos de amistad con todos y cada uno de ellos. La distancia no es óbice para seguir manteniendo encendida la 'candelita' (así lo diría mi pata) de nuestra amistad y de nuestros afectos mutuos.
La señora Sabina Alania trae a mi memoria gratísimos recuerdos. La recuerdo en muchas navidades, cumpleaños y fiestas importantes, reunidos en casa de la familia, departiendo y compartiendo las exquisiteces que sus menudas, pero infatigables manos, preparaban para las ocasiones. Las mamás trabajan siempre en exceso, eso lo sé, pero mamá Sabina superaba con creces a todas. Quizás exagero, pero mi memoria no la ha retratado descansando, en ningún momento. Siempre tenía un quehacer.
Bueno, en Junio que estuve en Perú, me enteré tardíamente que esta linda mamá... partió. Lo hizo hace 1 año que se cumplen mañana. Lo supe de boca de su hijo, de mi amigo, mientras compartíamos un frugal almuerzo en un restaurante, en Lima. No sé los motivos de su silencio, pero no lo puedo juzgar. La verdad es que, desde hacía bastante tiempo, prácticamente desde cuando dejé mi ciudad natal, nuestra amistad se limitó a esporádicos encuentros de solo minutos en las ocasiones de mis retornos. Mi matrimonio y mi trabajo, y el trabajo de él no permitían mantener una comunicación fluída y estrechos nuestros vínculos; ni con mi amigo ni con su entorno familiar. Me limitaba solo a preguntar por cada uno de ellos, y tantas veces no obtenía respuesta... y yo no insistía. Decía para mí mismo: 'Soy su amigo, no su inquisidor'. Afortunadamente ya está superado todo eso.
Extrañamente, ahora que me encuentro al otro lado del Gran Charco me siento más cerca de él y de su entorno. Internet hace posible todo esto.
Y hoy, precisamente, he querido escribir estos pequeños 'versos' como un Homenaje póstumo a esta mamá valerosa que, sorteando todos los obstáculos que le puso su destino, supo llevar a cabo sus anhelos para bienestar de sus hijos, nietos y parientes por venir.
Con todo mi afecto para Sabina Alania de Orosco, QEPD y QDDG.

"Para una mamá que partió hacia el cielo"

¡Sabina, madre, te esperan otras tierras!...
Te gritaba tu destino.

Y tú buscabas respuestas en tu Pasco natal y Tarma de tus vivencias.
¡No, aquí no!, te repitieron los cerros floridos.
Y te fuiste de tus querencias, y dejaste tus raices.
Y tus pies, pequeños y frágiles, pisaron otros suelos.


Los tres centinelas del valle: Rondos, Mara y Paucar

te dieron la bienvenida. Adivinaban tu fuerza.
El Huallaga y el Higueras celebraban tu llegada

jugueteando alegres con sus orillas.
'Será por breve tiempo', dijiste, pero...
te encariñaste con este valle y con su gente.

No viniste sola, viniste con los tuyos,

con los frutos maduros de tus entrañas.
Y trajiste contigo tu fuerza, tu tesón,

tu fe indoblegable y tu sabiduría.
Y los que compartimos tus pocos momentos,

supimos de tus virtudes.

Ha sido tu mayor virtud: El trabajo.

Y lo hacías callada, como quien no quería

ni siquiera perturbar al silencio.
Era tu modo de hacer apostolado: Trabajar.

Y tus hijos aprendieron de tí,
y muchos otros aprendimos de tí.


Los hados y la muerte quisieron doblegarte.
Se llevaron a Tita, joven aún, casi niña.
Luego a Chule, a Gerardo y a Paco; hombres de bien.
¡Y a María!, pero... ¿por qué a ella?

Los hados callaron, tu destino no respondió.

Pero no te doblegaron.

Y después... ¡tú también te fuiste!

Callada como siempre, en silencio.
¿Fuiste quizás detrás de los tuyos?

¿Acaso obedeciendo a tu destino?
Los de arriba te acogieron jubilosos.

Acá abajo... extrañamos tu presencia.


No supe de tu partida, nadie me lo dijo.
Habría querido llorarte y cantarte alabanzas.

Y llevarte flores. Y hablar de tus virtudes

al viento posmeridiano de este valle,
para que lo difunda, y que todos supiesen
de tu bondad, de tu valor, de tu generoso corazón.

Tú mereces más que este pequeño homenaje.

Mereces que tu gesta sea cantada

en las estrofas más bellas del Cantar de los Cantares.

No mereces el canto mal logrado

de alguien que te quiso bien, no.
Mereces la venia de Los Tres Jircas.
Mereces el llanto del Huallaga y el Higueras.

La huella de tus pasos se ven aún en la ciudad,

los árboles que plantaste están ya dando frutos,
y se ven por doquier las semillas

que germinarán en la nueva estación.

La estación que soñaste al arribar a este valle,
dentro de no mucho será realidad.

Hoy que, siguiendo tus senderos y tu ejemplo

también me he marchado hacia otras tierras,
te recuerdo con gratitud. ¡Oh Sabina linda!,
yo que he saboreado la sazón de tus comidas
y usufruido de tu generosidad,

yo... no te puedo olvidar. R.I.P.














venerdì 5 dicembre 2008

Mis padres y sus creencias: Las ánimas y el más allá

Yo nací en una ciudad del centro oriente peruano. Mis padres de ascendencia campesina, emigrados muy jóvenes a la ciudad, capital del departamento: Huánuco, en gran medida seguían conservando (y aún conservan hasta la actualidad) sus creencias, usos y costumbres. Estas creencias, usos y costumbres de mis padres, son en realidad el resumen de la idiosincracia de todos los peruanos que pueblan aquella porción de Perú.
En la zona de donde provengo, existe la creencia que las almas de las personas que fallecen accidentalmente; es decir, no por muerte natural, vagan o andan perdidos por espacios de tiempo ilimitados. Inmediatamente después de la muerte, el espíritu se presenta a los parientes y amigos mas queridos en escenas que se pueden traducir como "rápidos golpes de vista". Es decir, la persona aparece en tu campo visivo para luego desaparecer como por arte de magia, instantáneamente. Por eso en mi tierra, cuando alguien tiene una visión de esta naturaleza, comienza a preocuparse por la salud y la integridad de la persona visionada. Estas visiones pueden darse también en casos de muerte natural, pero en estos casos las ánimas no caminan perdidas, encuentran con prontitud el sendero que los conducirá al cielo, al purgatorio o al infierno, según como haya sido su accionar durante su paso por este mundo.

Recuerdo que mi madre contaba, -yo, pequeño aún, escuchaba atemorizado- el caso de un tipo que cayó de la rondana* y se ahogó en el río. Su ánima era visible en las noches de luna, en un constante subir y bajar de la rondana. La gente que vivía de la otra ribera del río, cuando les ganaba la tarde, preferían quedarse de este lado hasta el día siguiente.

Debe ser cierto lo que contaba mi madre, pues, ya adulto, he tenido ocasión de ver por mí mismo el temor de las gentes de provincia, sobre todo de los que viven en los pueblitos más apartados; cómo al ver la proximidad de la noche, apuraban el paso para lograr pasar aún con la luz del día por aquellos lugares donde habían ocurrido las malas muertes; es decir, las muertes por accidentes.
Existe la creencia que el espíritu del difunto permanece en aquel lugar y que, dependiendo de si ha sido en vida persona de bien o malvada, su espíritu asustará a los pasantes en grande o menor medida. Contaban algunos -inclusive- de haber sido apedreados por estos espíritus.

Hasta aquí lo que me contaba mi madre y lo que conozco de las creencias de mis paisanos.
En entradas posteriores intentaré resumir mis experiencias personales con ánimas y espíritus.
Vean el video que sigue para que tengan idea de lo que es una 'rondana'.
(*)Rondana. En la selva y partes de la sierra del Perú, especie de funicular a tracción manual, usado generalmente para atravesar ríos. Fuente: experiencia propia.



mercoledì 3 dicembre 2008

¿Vas a viajar a Roma?. Yo te aconsejo...


Roma, la Ciudad Eterna, es el destino turístico de miles y miles de personas cada año. Vienen de todas partes, desde los lugares más cercanos: aquellos que forman parte de la misma nación italiana hasta aquellos lejanos en el mapamundi como EE.UU., Canadá, Japón, Australia, China, India, Argentina, Chile, Perú, Brasil, Centroamérica y México, por citar solo algunos, pero en resumen, vienen de los cuatro puntos cardinales. No sé si será por eso que se dice: "Todos los caminos conducen a Roma".
Bueno, creo que no he dicho que trabajo en el sector hotelero de esta grande ciudad, pero ahora que lo saben, quiero dirigirme sobre todo a los compatriotas que se animen a darse un salto por estos lares para alcanzarles algunos consejos que podrían ser valiosos a la hora de decidir un viaje a estas tierras.
Lo ideal, cuando se tiene el hobby de los viajes, el afán de conocer nuevos lugares y gentes y, muchas veces sin un aval económico considerable; es decir, cuando no puedes (o no quieres) darte el lujo de pagar sumas exorbitantes en Estaciones Altas de turismo, muy bien puedes escoger los meses de Estación Baja o Media y conocer los mismos lugares, alojarte en los mismos hoteles (también para comer hay opciones) y darte los mismos gustos pagando el 50% (o menos aún) de lo que se paga en Alta Estación.
¿Y cuáles son esos meses en los que los precios son más asequibles al común de los viajeros? Para Roma tenemos Enero y Febrero, baja; Marzo, media; el último tercio de Julio, todo Agosto hasta mitad de Setiembre, media; y luego Noviembre y Diciembre, baja, salvo los últimos días de Diciembre y Año Nuevo en que los precios se van hasta las nubes. Y hay gente que paga.
En los meses señalados se pueden conseguir habitaciones de hotel a precios muy rebajados. Por decir, una habitación doble que cueste €150 euros en Alta Estación se puede conseguir a tan solo €60 euros o menos en hoteles *** e incluso **** , con desayuno y tasas incluídos.
El asunto es no alarmarse y no hacer reservaciones a ciegas. Inclusive el pasaje aéreo es posible adquirirlo a precios rebajadísimos en los portales de 'vuelos low cost'. Eso sí, la Tarjeta de Crédito es indispensable para estos casos.
Hay que tener en cuenta que en Agosto es verano en esta parte del globo y las temperaturas arriban hasta 35°C a la sombra, pero eso no es para asustarse, también en el norte de Perú o en la amazonía tenemos esas mismas temperaturas. Lo contrario, Noviembre es aún otoño pero ya se siente frío; Diciembre, Enero y Febrero son definitivamente meses invernales, muy fríos, con lluvias similares a los de nuestra sierra o amazonía, con temperaturas mínimas de 0°C a 5°C que tampoco son para escapar. Solo hay que abrigarse.
Por lo demás, los italianos son muy acogedores y serviciales, siempre dispuestos a dar una mano a los turistas. ¿El idioma?, no es problema. Dada la similitud con el español se puede entender sin mucha dificultad hasta un 70% de una conversación básica. Aparte, hay muchos inmigrantes, no solo peruanos, de habla castellana que nos pueden dar una mano en caso de necesidad.
Para desplazarse por la ciudad con los medios de transporte masivos: buses y metropolitana, las damas deben tener cuidado con sus bolsos llevándolos de preferencia adelante, y custodiado; también hay que cuidarse los bolsillos porque desde hace algún tiempo han aparecido ladronzuelos (as) 'manos de seda' que se hacen de tu billetera sin que siquiera te des cuenta. Apenas sientes un roce y... ¡adiós billetera!
Cuando se deja el hotel, revisar bien la habitación para tener la certeza de que no estamos olvidando algo: Lentes, cargadores de batería para celulares, anillos, zapatos, zapatillas, etc. Y no llevarse las llaves de la habitación del hotel.
Un último dato: Desde hace 2 años aproximadamente viene aumentando la oferta de habitaciones en moteles, hosterías y hoteles. Esto, si se tiene en cuenta que el flujo de turistas no ha cambiado, y si lo sumamos a la crisis recesiva de estos últimos tiempos, es beneficioso para los usuarios que conformamos la demanda (en términos económicos) en este sector.
Los dejo con 'Volare', canción símbolo de la italianidad en versión instrumental de Vanilla Mood, simpático grupo de chicas (¿japonesitas?. La versión original, cantada, pertenece a Doménico Modugno, un grande de la música italiana (¿recuerdan 'el maestro de violín'?). Los espero en Roma.





giovedì 27 novembre 2008

La bebé que planifiqué: Mi hija, hoy una señorita


Este post va dedicado, con todo el amor del mundo, a mi hija Stefany que hoy 27 de Noviembre celebra su vigésimo segundo cumpleaño. Mis mejores augurios y mis deseos de muchísima felicidad en los largos años que aún le esperan de vida. ¡Happy birthday! para ella con todo el amor de quienes conformamos su entorno de parientes y amigos.
La historia de cómo conocí a mi esposa y, luego, después de haber sido enemigos acérrimos, cómo llegamos a enamorarnos y 'hasta a' casarnos, lo contaré más adelante.
Ya casados, con mi esposa 'planeamos' tener solamente dos niños: Un varón y una niña.
La cigüeña no se hizo esperar. Al año nacía mi primer hijo. Yo no cabía en mí de alegría y saltaba emocionado, y corría dando brincos como potro salvaje cuando la enfermera del hospital me dió la noticia. ¡Era mi primer hijo... y era varón! Fueron momentos de felicidad extrema que no lograría describir con palabras. Perdonen.
Mi alegría era tan grande que, en vez de entrar al hospital a visitar a la madre de mi primogénito, opté por salir corriendo (y dando brincos, ya lo dije) a esparcir la noticia entre mis familiares y amigos. La enfermera había trasmitido eso a mi esposa y, ella, siempre que tiene ocasión me lo recuerda.
Dos años después se presentó de nuevo la cigüeña. Esta vez nosotros esperábamos a la niñita de nuestros sueños, pero... ¡vino otro varón!. Así, ya estaba con nosotros otro varoncito que con su 'chillar' agudo se puso de manifiesto ante todo el vecindario. Después de todo el alboroto, más tarde, en la calma del humilde hogar que nos cobijaba entonces, dimos la bienvenida con alegría a mi segundo hijo. Un dato adicional: Nació en mi casa y yo hice de asistente en el parto. Puede ser quizás tema para otro post.
Lo planificado: 2 hijos, un varón y una niña, no se concretó. Discutimos con mi esposa (ojo que 'discutir' no es sinónimo de riña o altercado) sobre la posibilidad de un hijo más, pero decidimos "parar la producción" porque no teníamos ninguna certeza de que la picuda, esta vez sí, nos premiara con una niñita.
Fueron casi nueve largos años de espera, pero...
Cuando hacía la universidad, en los dos primeros años de 'estudios generales', en el curso de Biología que lo dictaba un profesor al que yo llamba 3M (Manuel Muro Morey), trujillano si no recuerdo mal, en una de sus clases (1975) decía que ya era posible 'escoger el sexo de los hijos'. Y lo explicaba con detalles que aún hoy conservo en la memoria. Todo se circunscribía al concocimiento del 'inicio de la menstruación y de los días fértiles' de la mujer, o esposa en este caso. La única salvedad que hacía era que la 'regla' debía ser regular. En el caso de las reglas irregulares era complicado y los porcentajes de seguridad bajaban de un 80% a menos de 20%. La otra cosa a saber era que los espermas con carga cromosómica 'Y'(para niña) eran muy lentas, pero que tenían mayor resistencia y más tiempo de vida. En cambio, aquellos con carga 'X'(para varón), eran muy veloces, pero tenían menor tiempo de vida. Todo era cuestión de 'trabajar' con esas probabilidades.
En 1985, cuando me encontraba trabajando en Huaraz, con mi esposa decidimos volver a intentar. Esta vez 'planificando' todo de acuerdo a la tesis aprendida de aquel profesor de Biología en los ya lejanos años de claustro universitario.
Fue complicado. Se requería paciencia y abstinencias prolongadas, pero finalmente cuando mi esposa quedó encinta casi no tuve dudas de que vendría mi hija. Me asaltaron las dudas solo en el último momento, cuando -impaciente- esperaba en el hospital la noticia sobre el alumbramiento.
Hay detalles que no cuento por razones de espacio, pero aquel día, robándole horas a mi trabajo, desde el medio día me planté en el atrio del hospital. Cada vez que se asomaba una enfermera, yo preguntaba si ya había nacido 'mi hija'. "¿Y cómo sabe que será hija?", "¿Y si fuera hijo?", alcanzó a decirme una de ellas. Yo me quedé mudo masticando mis dudas (ya habían aparecido) muy dentro de mi ser.
Y cómo es la vida. Junto conmigo esperaba también ansioso un policía, su esposa debía alumbrar aquel día. Contrariamente a mí, aquel esperaba que le naciera un varón porque ya tenía 'tres chancletitas'; si venía mujercita serían cuatro. El hombre no quería ni remotamente pensar en esa posibilidad.
No ví jamás a un ser humano tan desolado y abatido como aquel día a aquel policía cuando la enfermera le comunicó: "Alégrese señor, es una linda bebita". Mi esposa me contaría después que la compañera de aquel policía estaba sumida en una tristeza insondable, y lloraba a mares. Recuerdo que sentí mucha pena por ellos.
"Ha adivinado señor, es una bebita...". Yo no terminé de escucharla. Salí del hospital inflamado de contento, como sucediera cuando nació mi primer hijo, ni me acordé de mi esposa. Grité, salté, corrí... y a celebrar se ha dicho.
No puedo dejar de reconocer que mi hija ha sido siempre en la vida de mi familia, motivo de contento. Fue en su momento el eslabón que faltaba a la cadena de mi existencia y la pesa que, puesta sobre la balanza, equilibró mi vida.
Hoy por hoy, si bien en una etapa de pasajeros reajustes, sigue siendo la antorcha que ilumina el sendero por donde camino y, definitivamente, el puente que conduce al futuro de mis descendientes; espero lleno de cosas buenas, de paz y de luz.
Ella dice que soy un papá muy bueno, pero yo creo que soy muy engreidor.
Amo a mis hijos y deseo lo mejor para todos ellos, pero... ¡hoy es cumpleaños de ella, pues! Un beso grande para mi hija.

¡He aquí un happy birthday de los grandes The Beatles!



mercoledì 26 novembre 2008

¿Existen los ángeles?


Esto ocurriò en mi ciudad natal, Huànuco. Corrìa el año 1963 ò 1964, no recuerdo bien. Tenía entonces nueve o diez años de edad. Era de ha poco venido de la selva para radicar definitivamente en la ciudad. Mis padres lo habían decidido así. Recuerdo muy bien la casa que habitábamos en el jirón 28 de Julio, muy cerca a La Alameda. La puerta principal daba al mencionado jirón y hacia adentro daba a un enorme canchón sembrado de alfalfa que colindaba con otra propiedad, hacia la izquierda, igualmente grande, con frondosos árboles de pacay bajo cuya sombra solía esperar a mis amiguitas, hijas del dueño de aquella propiedad, para jugar a las chapadas o al columpio.
Una acequia bordeada de sauces dividía las dos propiedades. En cada ocasión yo tenìa que saltar, bien si me llamaban o cuando iba por mis propias ganas. Medía mentalmente la distancia, retrocedía, corría y ... saltaba. De la otra parte generalmente ya me esperaban mis compañeritas de juegos.
Aquella mañana no me habían llamado. Iba yo porque me daba mi regalada gana. Era más, del otro lado no estaban mis amiguitas. Tendría que llamarlas y esperar a que salieran, pero me daba igual. Muchas veces ellas me llamaban y me esperaban. Yo podía hacer lo mismo.
Llegué a la altura de la acequia y ví que corría agua turbia. Qué me importaba. Retrocedí, corrí y, ... en el último impulso mi pie derecho tropezó con la raiz sobresaliente de un sauce. Recuerdo mi pequeño cuerpo lanzado por los aires con la fuerza de mi propio impulso. Y fue en ese momento que ocurrió el extraño fenómeno: Sentí como si unos tiernos, pero fuertes brazos, me tomaban por la sentadera y las espaldas. Dí un volantín en el aire como en cámara lenta, siempre guiado por aquellos tiernos y fuertes brazos, y caí en la otra orilla de la acequia tan suavemente y natural como si se hubiese tratado de solo un paso. O como cuando posas en el piso a un bebé ...
La verdad es que había dado un verdadero salto mortal. Yo que jamás habìa tenido, no tengo ni tendrè potencialidades para la acrobacia, había dado en el aire una vuelta de 360 grados.
Habría sido mi Ángel de la Guarda?
Yo pienso que sí. Y le estoy muy agradecido.

Nota: He tenido otras dos experiencias, la última hace poco en Roma. Las contaré más adelante.
No he hallado una canción que se adapte al tema, pero ésta de Cristian Castro me gusta. Espero que lo disfruten también.


mercoledì 19 novembre 2008

Nicomedes Santa Cruz: "A cocachos aprendí".

Dudo que haya alguien que no haya recitado, o al menos escuchado, esta décima de Nicomedes Santa Cruz Gamarra. A mí personalmente, desde la primera vez que lo escuché, allá por el año -debe haber sido 65-, me encantó. Lo repetía a cada momento que, al percatarse el profe, me llevó al frente, delante de la pizarra, para recitarlo frente a mis compañeros. Me acuerdo que lo hice sin mímicas y mis 'amiguitos' se burlaban. Uno de ellos, el más pícaro, se paraba frente a mí como un soldado, rígido, y comenzaba a recitar: "A cocachos aprendí...". De esto último también se dió cuenta el profe y sacó al frente a aquel que más me molestaba y le pidió que lo hiciera con mímicas. Al parecer no era tan sencillo. No se sabía la poesía completa y... tampoco hizo mímicas!. Desde aquel entonces ya no me fastidiaban más. Era seguramente por el temor a que el profesor los hiciera recitar. He aquí la décima cuyo título es realmente "La escuelita":

La escuelita

A cocachos aprendí

mi labor de colegial

en el Colegio Fiscal

del barrio donde nací.

Tener primaria completa

era raro en mi niñez

(nos sentábamos de a tres

en una sola carpeta).

Yo creo que la palmeta

la inventaron para mí,

de la vez que una rompí

me apodaron "mano´e fierro",

y por ser tan mataperro

a cocachos aprendí.

Juguetón de nacimiento,

por dedicarme al recreo

sacaba Diez en Aseo

y Once en Aprovechamiento.

De la Conducta ni cuento

pues, para colmo de mal

era mi voz general

"¡chócala pa la salida!"

dejando a veces perdida

mi labor de colegial.

¡Campeón en lingo y bolero!

¡Rey del trompo con huaraca!

¡Mago haciéndome "la vaca"

y en bolitas, el primero...!

En Aritmética, Cero.

En Geografía, igual.

Doce en examen oral,

Trece en examen escrito.

Si no me "soplan" repito

en el Colegio Fiscal.

Con esa nota mezquina

terminé mi Quinto al tranco,

tiré el guardapolvo blanco

(de costalitos de harina).

Y hoy, parado en una esquina

lloro el tiempo que perdí:

los otros niños de allí

alcanzaron nombre egregio.

Yo no aproveché el Colegio

del barrio donde nací...

Lo dice el grande Don Nicomedes: "Tener primaria completa era raro en mi niñez..." y, efectivamente, la gente de antes no terminaba la primaria. Uno de aquellos que no terminó la primaria fue mi padre. Se quedó en Tercero solamente, pero... LA EDUCACIÓN DE ANTES ERA OTRA COSA!, nada que ver con aquello que en nuestro Perú actual llaman con ese nombre. Mi padre -recuerdo- me corregía hasta cuando estuve en Tercero de secundaria, en algunas materias. Y yo mismo recuerdo que los niños de mi tiempo terminábamos Transición sabiendo leer y escribir. Hoy por hoy en nuestro país sucede eso solamente con los niños genio. ¿Qué pasó?. ¿En qué momento se produjo ese desfase que nos condujo a la situación actual?. No sé.

En 1976 cuando cursaba el Tercero de universidad, el Ministerio de Educación de Huánuco solicitaba 'profesores' para implementar la Reforma Educativa de aquel entonces, si mal no recuerdo. Entre los requisitos se mencionaba 'el tener mínimo Tercer año de secundaria'. Eran casi los inicios del golpista Francisco Morales Bermudez y, humildemente, yo pienso que fue en aquel entonces que 'la educación del Perú se fue al diablo'. Inmediatamente después (perdonen mi desmemoria: Creo que fue un año o dos antes) vino la reducción de los horarios de clases; lo que antes se estudiaba mañana y tarde de lunes a viernes y los sábados medio día, se pasó a medio día de lunes a viernes. Era ya demasiado -me parece-, y hoy estamos viendo los resultados: Chicos de Tercero y Cuarto grado que leen deletreando y escriben pésimo. Una pena.

Y habría mucho por decir aún sobre este tema. Creo que el problema no está en los alumnos, sino en los profesores. Más pena aún.

He aquí otra décima de Nicomedes Santa Cruz: "Ritmos negros del Perú". Que lo disfruten.




venerdì 14 novembre 2008

¿Quiénes fuman más, chinos o turcos?

Me vino a la mente esta pregunta al escuchar decir a los romanos "Fuma como turco", refiriéndose a las personas que fuman en desmesura, pero la frase no es patrimonio tan solo de los romanos; me parece que lo usan en toda la península itálica, y quizás más allá de sus confines. El asunto es que los turcos, por esta parte del mundo, tienen fama de ser fumadores empedernidos aún cuando aquellos pocos a los que he tenido el gusto de conocer, no fumaban.
"Fuma como chino en quiebra" decimos en Perú, pero sinceramente, no sé por qué le achacamos tal fama a los chinitos. Es cierto que hay uno que otro que le da duro al tabaco, pero creo que no es para tanto y cualquiera que me ha conocido en mis tiempos de fumador, diría que superaba con creces a turcos y chinos. La otra verdad es que jamás en mi vida he visto 'un chino quebrado'; muy por el contrario, sé que la colonia de chinos, acá y en cualquier parte del mundo son los mejor cohesionados y solidarios. ¿Mafia china?. También se oye, pero es otro cantar.
Pero las frases están ahí y -pienso-, quienes las acuñaron sus razones habrán tenido. De lo que sí puedo dar fé es que los italianos fuman como chino en quiebra, o como turco.
Otro dato: Acá en Italia toman la esencia del café y no 'a la americana' como lo tomamos nosotros; por eso digo que los italianos son hinchas del café más que mi paisano Leoncio Prado, el Héroe de Huamachuco.
Los dejo con una canción de Juan Luis Guerra que casi no tiene relación con el tema, pero... ¡ahí les va!


mercoledì 12 novembre 2008

Mi relación con el alcóhol


Al igual que con el tabaco, comencé a beber por mono, por imitar a aquellos un poco mayores y a algunos de mi edad a quienes el hecho de tener una cerveza en la mano les infundía 'fuerza y seguridad' que de otro modo no tenían.
Los muchachitos que beben licor lo hacen con la finalidad de paragonarse a los adultos. Creen que ello los hará 'respetables' frente a los de su edad y 'atractivos' frente a las chicas, sobre todo en el barrio. Lo hacen también para esconder temores, miedos y complejos. Algunos van más allá todavía y se enredan con otras drogas más fuertes y más dañinas. Y así, poco a poco, van cayendo en el abismo profundo del vicio.
Aún cuando no pertenecí exactamente a aquel grupo, cuando inicié mi relación con el alcóhol me convertí, sin querer queriendo, en un bebedor consuetudinario. Lo que en mis tiempos de estudiante era un asunto quincenal, o mensual, o en las ocasiones de los bailes en el "Chung Hua", famoso local en mi ciudad natal; cuando comencé a trabajar se convirtió en un quehacer semanal, infaltable. Con decir que comencé a trabajar formalmente, con todas las de la Ley, un viernes 7 de Agosto y... el domingo 9 ya estaba brindando!. Todo ello era producto de la relación laboral, muy especial, sui generis, que se daba (y se da aún) entre los trabajadores de construcción civil. Entre nosotros, sin distinción de rangos, reinaba una camaradería envidiable. Nadie se eximía, todos participaban, daba la impresión de ser el 'deporte' favorito de todos los que trabajábamos en la obra. Allá, en la obra, se trabajaba duro, recuerdo. Los almacenes atendían desde las 5 am porque los obreros debían iniciar la jornada a las 6. Las labores de oficina comenzaban a las 7 am y se prolongaban, muchas veces, hasta la media noche. Ni qué decir de las semanas que tocaban pagos: No se dormía. Se tenían que preparar las planillas de pagos, inicialmente de 350 trabajadores que con el correr del tiempo se convirtieron en 1500 distribuídos en tres frentes. En esos tiempos no habían computadoras, las planillas los hacíamos en unos 'cuadernones' enormes llamados Libros de Planilla. ¡Qué tiempos!.
Lejos de la familia y aún los que tenían la familia al lado, todos esperábamos con ansias el fín de semana. Las cantinas y bares de la zona, igualmente, nos esperaban con ansias. En los días previos se habían surtido de cervezas para 'aplacar la sed' de los trabajadores. Y no solo cervezas, habían licores para todos los gustos y bolsillos. Y los bolsillos estaban llenos...
Así, el beber se había convertido en la única 'diversión' de los fines de semana. Todo desembocaba en beber. Se organizaban fiestas deportivas en los que los últimos en plegarse a la juerga eran 'los deportistas', ni más ni menos. Ya lo dije, todos (o casi todos) participaban: Ingenieros, administrativos, técnicos, operarios y obreros en general. Se libraban, muy a su pesar, solamente los que viajaban a la capital o a sus pueblos de origen, a visitar a sus familias.
Yo, inicialmente solo; luego en compañía de mi esposa y dos hijos, igual participaba. Sucedía que el vicio ya había sentado sus reales dentro de mí. Mi mente y mi cuerpo estaban 'programados' para 'chupar' los fines de semana. Y andando el tiempo esto se complicaría aún más, ya no serían solo los fines de semana, sino cada vez que tuviera tiempo libre. La obra, llegado a sus tramos finales ya no nos exigía trabajar los sábados, la jornada semanal terminaba los viernes y... los días de juerga se alargaban. Espectáculo deprimente, ¿verdad?.
Todo esto sucedía entre las localidades de Pisco y Ayacucho, y pueblos intermedios y aledaños; toda esa ruta es lindísima y guardo muy bellos recuerdos de gente que conocí y lugares que visité. Están grabados en mi memoria la Iglesia de Huaytará, construída sobre restos arquitectónicos incas, idéntico a lo sucedido con el Templo del Coricancha en el Cusco. Unos kilómetros más arriba de Huaytará se hallan las Ruinas de Incahuasi con su portada y el Asiento del Inca, tallado en una enorme roca en medio del río; restos de manufactura inca, similares a aquellos de Pisac (es lo que me viene a la mente en estos momentos), en Cusco. Digno de verse.
Terminada la obra creí haber dejado atrás el hábito de la bebida, pero no. Cada fín de semana mi organismo pedía alcóhol. Y yo le hacía caso. Pasé a trabajar a Huaraz, luego a Cajamarca, Trujillo, Chimbote, etc., pero mis hábitos no cambiaron; muy por el contrario, creo que se reforzaron.
"Todo tiene su final, nada dura para siempre...", son las letras, creo de una salsa, no recuerdo quién la canta. Mi hija nació en 1986 y ha sido, junto con mi esposa, la que me condicionó para, finalmente, dejar la bebida. Ellas dos usaron sus poderosas 'armas' para apartarme del vicio.
Mi historia es casi la misma que aquella de mi padre: toda su vida trabajador de construcción civil, siempre lejos de la familia. Mis hijos estaban ya en edad escolar y, por ello, debíamos fijar una residencia permanente en algún lugar, ya no podíamos vivir como nómades o gitanos. Escogimos Lima y, desde allí, mi esposa y mis hijos viajaban regularmente a verme, o yo viajaba a Lima. Esto último era menos frecuente.
Estaba yo en Cajamarca, era Febrero y se celebraban los famosos carnavales. Mi esposa llegó repentinamente, circunstancias ligadas a mi hijo mayor la habían obligado y... me halló en un estado deplorable. La cerveza, la chicha y el aguardiente bebidos descontroladamente me habían puesto en aquel estado: No podía enfilar la llave en la cerradura de mi puerta!. Fue la gota que hizo rebalsar el vaso. Lo que vino después fue una CRISIS MATRIMONIAL, así, con mayúsculas.
Para aquel entonces hacían 5 años que había dejado definitivamente el tabaco y, sinceramente, debo agradecer a la mujer que me acompaña hasta hoy por la valiente decisión de romper nuestra relación matrimonial, o mejor dicho, pretender romper nuestro matrimonio.
No sé si podrá funcionar con todos, pero a mí me puso en vereda. Comencé a tomar en serio sus consejos que no eran solo de entonces. Antes de aquello yo permanecía sordo a toda llamada de atención y consejos. Fue recién en aquel momento que comencé a 'carburar' sobre los daños que me había ocasionado el alcóhol. A propósito, alcóhol es un nombre genérico, pero que encaja como anillo al dedo para mi caso. Yo no hacía diferencias entre las bebidas, dependiendo de dónde y con quién me encontraba, tomaba con gusto sea chicha, cachina, vino, aguardiente, pisco, ron o whisky; o cervezas de cualquier marca o calidad. Mis cervezas favoritas eran en el sur la Cusqueña, en la costa Cristal, en el norte la Pilsen Trujillo y en la selva la San Juan. Comencé a meditar sobre el comportamiento que había tenido hasta entonces con mi familia y -créanme- conmigo mismo!. Es que el alcóhol es un vicio que te despersonaliza. Te vuelve ciego y sordo. Pero yo, menos mal, había comenzado a recuperar la vista y los oídos. Fue una tarea mucho más árdua que aquella para dejar los cigarros, pero... finalmente ¡lo logré!. Fue un proceso lento en el que solo conté con el apoyo de mi familia y con mi fuerza, creo que las pocas que me quedaban, pero a Dios gracias fueron suficientes. Agradezco siempre a mi esposa por su paciencia y empeño, a mi hija -pequeñita aún- por sus "consejos" de adulta, y a mis hijos por su comprensión.
Mentiría si dijera que no he vuelto a probar licores. Sí, he tomado muchas veces, pero ya no hasta perder la brújula. Ya no tomo hasta embriagarme, ni siquiera para mis cumpleaños o fiestas principales como Navidad o Fiestas Patrias. "Saco largo", "pisao", "niñero" me gritan algunos de mis 'amigos' (aún en la actualidad), pero ya no me hacen efecto esas frases que en otros tiempos habrían herido mi ego de hombre, de macho, de quien lleva los pantalones.
"Mi mujer está muy vieja, mi mujer está muy vieja; no sirve para el amor, no sirve para el amor. La voy a dar de inicial, la voy a dar de inicial; pa' comprarme otra mejor, pa' comprarme otra mejor", dice una copla del Carnaval de Cajamarca que -valga decirlo- tiene en ellos (en las coplas) uno de sus tantos encantos, y los hay para todos los gustos. Vale la pena ir a Cajamarca en Febrero para gozar de estas lindas fiestas.
Hubiese querido colgar un video del Indio Mayta, pero no he hallado uno de buena calidad. Los dejo con uno de 'Don Guillermo y su conjunto'.
La foto de inicio (arriba-izquierda) corresponde a una vista lateral de la Iglesia de Huaytará. Lo tomé de www.trivago.es







Mi relación con el tabaco y el alcóhol

En Setiembre de 1984, recuerdo aquel día, decidí dejar los cigarros. Habían sido largos años que el vicio me acompañaba. Lo que en mi pubertad y adolescencia había comenzado como un juego tratando de imitar a los adultos, finalmente se había convertido en un verdadero vicio llegando en ocasiones a encender más de 40 cigarrillos en una jornada (pobrecitos mis pulmones). Mis dedos índice y medio eran amarillentos por la nicotina, ni qué decir de mis dientes, y hasta mis bigotes habían adquirido un color extraño entre amarillo azafrán y rojo pimentón. En aquel tiempo no se veía la publicidad que hoy se ve en las cajetillas. Si mal no recuerdo, recién en los años noventa comenzaron a aparecer, con letras muy pequeñas, la escrita "Fumar puede ser dañino para la salud"en las cajetillas.
Debo agradecer en parte a mis hijos, el mayor que entonces tenía 8 añitos y el segundo 6. Desde mucho más antes había notado ciertos mohínes en cada uno de ellos a la hora de acercármeles para acariciarlos. Me daban la espalda o se cubrían las naricitas con las manos, pero no me decían el motivo hasta que en cierta ocasión el menor se atrevió: "No papá, apestas...". Es que, efectivamente, el aliento de un fumador habitual es pésimo.
Otro factor que influyó en mi decisión fue la apuesta que hice con un ingeniero, colega de trabajo, fumador empedernido; aquel pata fumaba más que yo, con el pucho encendía el siguiente y solo dejaba de fumar cuando tenía que llevarse los alimentos a la boca. Su problema, me lo repito hasta ahora, era mucho más grave que el mío.
Cuando se tiene un vicio hay personas que usando mil argumentos te aconsejan para dejarlo, pero no los escuchamos. Te tienen que poner entre la espada y la pared para que puedas reaccionar y decidir entre dejar aquello o continuar, con todas las consecuencias que ello implicaría. Bueno, mi colega, recientemente padre de una niña lindísima, se vió amenazado por la esposa. Ella lo dejaría si él no lograba apartarse del humo.
Un domingo tarde, entre copas, se atrevió a contarme sus cuitas... y a lanzarme el gran desafío!. No se trataba de dinero, se trataba simplemente de 'poner a prueba' nuestras Fuerzas de Voluntad. La apuesta comenzaría inmediatamente al día siguiente. El sería testigo de mi debilidad si la fuerza del vicio imperaba sobre mi voluntad, y viceversa. Debo reconocer que para aquel compañero la tarea fue mucho más dura, pero... me siento orgulloso de saber que vencimos.
Años después, me dió pena saber que la esposa de aquel ingeniero había caído en las redes del vicio que detestaba en el marido. A mí me costó esfuerzo y, a mi colega seguramente más, pero tanto él como yo logramos finalmente dejar atrás el vicio del tabaco.
Muchas veces estuve tentado a encender un pitillo, sobre todo en las primeras semanas de aquella magnífica prueba, pero resistí a la tentación. Hoy, volteando la mirada hacia aquellos tiempos me doy cuenta cuán torpemente ensucié mis pulmones y regalé mi dinero a las tabacaleras, aparte de haber fastidiado con el humo a las personas que me estaban en rededor.
El siguiente enlace, muy interesante: http://dejar-de-fumar.org.es puede ser de mucha utilidad para quienes decidan abandonar el tabaco antes que la salud los abandone a ellos. Hubiese querido colgar un video alusivo, pero son muy fuertes y podrían herir susceptibilidades.
Mi relación con el alcóhol lo contaré en el siguiente post.

lunedì 10 novembre 2008

Sobre el autor y contenidos de este blog


Nací en 'La Ciudad de la Eterna Primavera' y, desde cuando era bebé, mi destino me llevó a recorrer, primero la sierra de mi Huánuco natal que, dicho sea, tiene paisajes de incomparable belleza; y luego, más adelante, a la selva alta o Rupa-Rupa, de donde tengo mejores recuerdos.
Avanzadito en edad regresé a mi ciudad natal e hice allá mis estudios primarios, secundarios y universitarios. Terminada la universidad, otra vez mi destino se encargó de llevarme fuera, esta vez a recorrer el Perú, de sur a norte y de norte a sur, sobre todo costa y sierra.
Enumerando, son testigos de mis pasos: Pucallpa, Aguaytía, Tingo María, Aucayacu, Pumahuasi, Cuyacu, Huánuco, Panao, Chaglla, Ambo, Huácar, San Rafael, Cerro de Pasco, Junín, Huancayo, Tarma ('La Perla de los Andes'), Muruhuay, San Ramón, La Merced, Oxapampa, La Oroya, Lima, Huaraz, Chimbote, Trujillo, Chiclayo, Cajamarca, Piura, Cañete, Chincha, Pisco, Ica, Huaytará, Castrovirreyna, Huancavelica, Pampas de Tayacaja, Ocoro, Arequipa, Juliaca, Puno, Cusco. Cada uno de estos lugares palpitan en mi memoria, cada uno con cierta intensidad de acuerdo a lo que tomé de ellos y porté conmigo, o a los retazos de mi vida con que se quedaron.

El concepto fatalista que tengo del destino me hace vivir sin sobresaltos y adaptarme a las situaciones que me plantea la vida, aún a las más duras. Me considero un ciudadano global, me siento a gusto allá a donde voy porque me permiten conocer otras realidades y otras gentes; y conocerme a mí mismo. Este hecho de sentirme un ciudadano global no me hace olvidar mis raices y amar a los míos, a mi Huánuco natal y a mi Perú grande y multiétnico; añorar el queso de Huallanca, la chicha de jora de Huaraz, la fiesta de la Virgen de la Candelaria de Puno, etc., etc.

Tengo gustos variados: Música de todas las épocas, clases y géneros; leer libros y poesía, tomar fotos, nadar, cocinar, conocer lugares nuevos (viajar) y hacer amistades.

En cuanto a los contenidos, será todo muy simple. Intentaré plasmar mis recuerdos, espero de modo ameno; relatar los cuentos que me contaba mi abuela; y, cuando consideraré oportuno, tocaré temas de actualidad o temas que inviten a la reflexión.

Espero inaugurar pronto este blog con un primer post, pero entre tanto los dejo con 'El Cóndor Pasa' de mi genial paisano Daniel Alomía Robles en versión de la 12 Girls Band, agrupación de chinitas que me emocionan con cada una de sus interpretaciones.