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giovedì 29 marzo 2012

Amores computados (La historia de "Mi computadorita").

Casi puedo jurar que jamás pasó por mi mente 'tener mi propia computadora'. Las primeras noticias sobre 'las máquinas inteligentes', en mí y en muchos de nosotros, entonces trabajadores de una grande constructora -hablo de la década de los 80-, crearon angustia y miedo (casi pánico), debido al temor de 'quedar desplazados', sin trabajo, pues hasta entonces las planillas de sueldos y salarios, y toda documentación contable (y similares) eran hechos a mano. Quincenalmente trabajábamos dos días consecutivos, de amanecida, para completar el pago de jornales de cerca de mil obreros. Ayudados por simples calculadoras de 4 operaciones básicas, comenzábamos el martes por la tarde, miércoles día y noche, jueves día y noche, el viernes por la madrugada tenía que estar lista la Planilla. Aquel día se sacaba el dinero del banco, por la tarde se ensobraba y el sábado se pagaba a la gente. Se ganaba bien, recuerdo, pero ni aquel 'buen salario' de entonces me habría permitido comprarme una computadora. La razón es que, en aquel entonces, me parece que ni hipotéticamente existía en la mente de los creadores la posibilidad de fabricar computadoras personales. Las de aquel tiempo eran inmensos maquinones que necesitaban para ellos solos una oficina entera. La otra verdad es que necesitaban también de profesionales 'programadores', escasos en aquel momento. A partir de allí comenzaría 'mi extraña relación' con las computadoras. Digo extraña porque me inspiraban 'temor', no sé si por la experiencia primigenia de mi miedo (no solo mío) a perder el puesto. Algunos años después llegaría la fiebre de la computación como 'Carrera del Futuro'. Se comenzaría a dictar cursos, primero a los directivos y mandos medios de las empresas, por parte de la IBM y otra empresa cuya razón social no recuerdo. Más adelante con el boom del Programa (Sistema Operativo le llamaban) MS - D.O.S. de Microsoft., se extendió el dictado de cursos para todos los trabajadores. Fue el incio verdadero de la masificación del conocimiento computacional (no sé si es el término exacto, pero no importa). Entretanto (entreTONTO debería decir), yo continuaba con mi temor a relacionarme con las benditas máquinas. No había perdido el puesto, ni ninguno de los que trabajaban conmigo lo hicieron, pues había mucho quehacer. Creo que influyó mucho el hecho de trabajar siempre en provincias, alejado de los centros urbanos, pero no podía ser de otro modo, pues prestaba mis servicios en el ramo de Construcción Civil. En determinado momento llegué a pensar que nunca aprendería computación y 'la fijación de aquel pensamiento' desde mi subconsciente impedía cualquier atisbo de 'buena intención' para iniciar mi aprendizaje. Recién en el 2000 me inscribí en un curso gratuito de computación. El MS-D.O.S. ya había pasado de moda, se usaba Windows 95, también de Microsoft,  para todo. Era un sistema operativo mucho menos complicado que su antecesor. Para entonces (y creo que algunos años antes) ya existían las famosas laptop, las computadoras personales, pero aparte de pesar 'muchos kilos', costaba 'un chuchón de dinero'. Esta última frase le escuché a mi padre en alguna ocasión, no propiamente refiriéndose a las computadoras.Pero el mundo entero ya estaba cerca, muy cerca de la Gran Revolución. El curso gratuito me sirvió para conocer nociones sumamente básicas, en la práctica casi nada, pero pude ver la gran diferencia entre el D.O.S y Windows 95. Aquella constaba de todo un catálogo de combinaciones de teclas que se debían memorizar, necesariamente. Windows en cambio era un sistema muy simplificado, al alcance de todos, o casi. Aún con todo lo aprendido, mi condición no dejaba de ser la de 'un perfecto analfabeto en Informática'. Esta palabrita, informática, ya venía circulando desde tiempo atrás para denominar conocimiento de Internet y Computación. Internet y computadoras son como uña y carne, no creo posible la existencia de uno sin el otro. Pienso que internet ha sido causa fundamental en la masificación de las computadoras. De otro modo su uso no habría pasado de las grandes oficinas a las casas. En todo caso, pienso que habría solo pertenecido a una élite muy reducida, como a los poseedores de un preciado diamante, se me ocurre, pero -y menos mal- no es así.
Todo lo que sé sobre computación e internet, en la práctica, lo aprendí acá, en Roma, donde vivo desde el 2003. Entrando a interactuar directamente con 'los aparatitos' la cosa se simplifica, se hace más fácil y, cosa extraña y casi milagrosa: El mismo aparatito te enseña, te guía, te conduce y -hasta- te corrige si equivocas. En suma, la Ciencia y la Tecnología han desarrollado (¿evolucionado?, ¿revolucionado?) tanto que, hoy por hoy, los niños ya no vienen al mundo con su pan bajo el brazo, sino 'con su computadora'. Pues sí, desde muy temprana edad, los niños de hoy se familiarizan con los benditos aparatos. A tanto hemos llegado que, hasta yo tengo uno (¿o una?). Hoy por hoy existen infinidad de estos aparatos en el mercado, diversidad de marcas, modelos y tamaños, peso y capacidad. Yo escogí uno de apenas 1GB de memoria RAM, de color azul marino brillante, hermoso. Lo ví, me enamoré... y me lo llevé a casa.
Es pequeño, de marca Asus, seguramente de 20cm x 30cm, pesa (seguramente también) alrededor de 1 kilogramo y medio o dos. En Febrero 10 de este 2012 ha cumplido 2 añitos. Hubiera querido celebrarle una fiestita con torta y vino, pero... parece que no le gustan las juergas. No sé si tratarla como a uno de 'sexo' masculino (compiuterino en italiano quiere decir 'pequeño computador') o 'a una' de sexo femenino, pues cuando mis 'niveles de afecto' por ella (no quería decirlo, pero ya lo dije) suben al máximo, la llamo, amorosamente, "Mi Computadorita". La verdad es que la amo, pues como no amar a algo o alguien 'que te da todo sin casi pedir nada a cambio'. Si por ella no fuera, cómo, de qué modo podría haber 'publicado' los tantos 'discursos sin importancia' escritos (de mi puño) hasta hoy. No digo "de mi puño y letra" porque las letras las pone ella, y me da un sinfin de posibilidades para escoger. En ella, en mi computadorita, he encontrado al amor de mi vida. No es celosa y está disponible cada vez que se me antoja 'usarla' (¿o será ella que me usa, más bien?), es mi confidente, pues guarda todos mis secretos y me permite -en tiempo record- enviar mensajes hasta el otro lado del océano, y también recibirlos, naturalmente; chatear en tiempo real con quien o quienes se encuentren conectados a internet a través de sus respectivas computadoras; aceptar o rechazar amistades, guardar en absoluto secreto documentos escritos u hojitas de cálculo, fotos, canciones, leer libros, revistas,diarios, ver films y videos (propios o comerciales), jugar ajedrez (y ganar 'haciendo trampa') y otros juegos,  etc., etc., pero la Ciencia y la Tecnología han hecho también (por puro Business) que nuestros benditos aparatitos tengan una reducida 'vida útil'. Así, mi amada computadorita, desde hace algunos meses ya me está mandando mensajes de S.O.S., hay partes dentro de ella que están comenzando a deteriorarse y, no sé por cuánto tiempo podrá acompañarme aún. Para mí es ya un golpe duro, desde ahora, saber que 'mi compañerita tiene un mal incurable'; es como saber que alguien muy querido padece de un cáncer terminal. Me vienen hasta ganas de llorar por mi pequeña cosucha y sé que no podré acostumbrarme fácilmente a otra. Es que... no soy de aquellos que olvidan fácilmente los 'amores computados'.

lunedì 26 marzo 2012

La princesa y el 'observador'.

ìQué roche!, que te pillen en una ceremonia oficial... mirándole el escote a la princesa real... yo me moriría de la vergüenza. El tipo queda mal parado, de verdad. El video no deja dudas, el pata (marido de la Presidente de Finlandia) que por el apellido más parece que fuera árabe (solo por decir), no puede controlar sus ojos que se le van 'casi a hurgar' en el escote de la esposa del Heredero al Trono de Dinamarca, el príncipe... no tiene sentido señalar el nombre, pero ella se llama Mary que es el nombre que más me gusta después de S+++++y que es el nombre de mi hija.
Pero, yendo un poco a hurgar en el perfil de los varones, el 'comportamiento' de aquel 'observador de escotes', exagerado en su intención, no es nada del otro mundo, pues los hombres (léase varones) estamos hechos así. Somos unos puercos, perros... no sé cual animal podría distinguirnos mejor, ¿quizás el gallo que bailotea en torno a cada gallina que se le cruza en el corral? Es decir, somos unos 'perfectos animales' en cuestión de sexualidad, con el perdón de nuestros congéneres, mal llamados 'animales irracionales' que, en tantos aspectos de la vida, demuestran ser -en mucho- 'más civilizados' que nosotros.
No pretendo erigirme en abogado del diablo, pero -lo dije- lo repito: 'Los varones somos como gallos'. Para nosotros el mundo es un corral con muchas 'gallinitas', todas, todas, todas, apetecibles; no hay una que escape a nuestras miradas libidinosas. A penas se salvan nuestras madres y nuestras hijas.
Y no es solo cuestión de rango y educación, pues para mejor ilustración tenemos al tipo del video, una noticia de semanas (¿o meses?) atrás que, inicialmente, no había llamado mi atención. Luego, viéndome 'reflejado' en el protagonista, quise postar lo aquí escrito para dejar constancia de que "yo no soy diverso", pero me cuido de caer en exageraciones...



mercoledì 7 marzo 2012

Una lección 'de fuego'.

"El golpe enseña" quise titular a esta entrada, pero luego decidí lo que se lee en el encabezamiento, debido a que la experiencia -mi experiencia-, tiene directamente que ver propiamente con el fuego, la candela, esa cosa de mucha utilidad en nuestras vidas, pero que quema y puede hacer mucho daño, y porque realmente de aquella experiencia aprendí.
El descubrimiento del fuego fue una gran bendición para nuestros primitivos antepasados hombres de las cavernas (léase bien de las cavernas, no de las tabernas, pues estos últimos son otros que no tienen nada que ver con aquellos). Gracias a ese calor vital de la candela, hoy por hoy, gozamos de todos los privilegios que la culinaria nos brinda en diversidad de viandas y platos, sofisticados o no, de las diversas cocinas del mundo.
Pero el fuego no solo nos brinda eso. También nos da luz, calor y hasta frío si queremos, pero esos son asuntos de ingeniería que prefiero no abordar, más por desconocimiento que por falta de ganas.
Los niños imitan todo lo que ven. Mi hermano mayor y yo éramos niños entonces e imitábamos seguramente a algún fumador callejero, pues en casa nadie fumaba. Mi padre no lo hacía, mi madre menos.
La iniciativa partió de él, de mi hermano, pues -ahora que lo pienso- yo he carecido de iniciativas, desde siempre.
-A ver, ¡quién fuma más cigarros!, ¡yo te gano!
-¡No, yo te gano!.
El día estaba llegando a su fin, la penumbra comenzaba a invadir el interior de la casa. La energía eléctrica era desconocida en aquella localidad (Pachas, ubicado en las alturas de Huánuco, cerca a La Unión), por ello encendimos el mechero (lámpara a kerosene), un artefacto muy común en aquellos tiempos, usado hasta hoy en muchos pueblos andinos, alejados y pobres, del Perú milenario.
Comenzamos rompiendo pequeñas hojas de las libretas de apuntes de mi padre. Eran pequeños envoltorios que semejaban verdaderamente cigarros. Los encendíamos en la llama del mechero, pero se apagaban pronto, creo por lo estrecho de la manufactura y escasa longitud del mismo, pero la cosa muy pronto degeneraría.
La idea que en toda competición debe haber siempre un ganador creo que está impresa en nuestros genes desde nuestros más remotos antepasados. Otra cosa aún: Cuando aceptamos un reto, lo hacemos con la certeza  de vencer o cuando nuestras probabilidades son óptimas; si no es así lo rechazamos.
Así, seguramente con este criterio último, comencé a romper hojas de cuadernos. Nadie asistía aún a la escuela entre nosotros, pues no teníamos edad para ello, eso me hace pensar que aquellos cuadernos eran también de los que usaba mi padre, qué sé yo para cuales apuntes.
"¡No jueguen con la candela, se van a quemar...!", nos intimaba mi madre sentada unos metros más allá frente a la puerta abierta, cardando lana, aprovechando las últimas luces de la tarde.
No hicimos caso. Quitándome de las manos el cuaderno, también mi hermano comenzó a romper hojas y a preparar sus 'cigarros'. Las encendíamos y, naturalmente, dado el mayor tamaño, éstas prendían fuego y duraban más. Nosotros hacíamos ademanes de fumar y cuando la llama se acercaba a nuestras manos, soltábamos los 'cigarros' y los apagábamos a golpe de zapateo sobre ellos.
Se dice que el diablo nunca duerme y, creo que aquella tarde menos todavía, visto que ni siquiera estábamos en horario para ir bajo las frazadas.
Yo tenía todas las ganas de ganar aquel reto. Tenía que haber sido así y por ello mis pequeños ojos, inquietos, iniciaron a 'barrer' la habitación contigua y... ¡ he allí lo que buscaba!, ¡una enorme ruma de periódicos pasados! Mi hermano se ocupaba solo de encender la mayor cantidad de 'cigarros', era su forma de ganar. En cambio mi visión era otra: Yo buscaba 'fabricar y fumar' el cigarro más grande. Un poco haciéndome el tontito (¿más de lo que ya era?), cogí los periódicos y comencé a doblarlos. Me resultaron como enormes cornetas. No importaba, bastaba que fueran grandes. Para entonces mi hermano ya se había percatado de mis movimientos y 'peleamos' (es un decir) por la posesión de los periódicos. De todos modos fui el primero en encender uno de aquellos 'cigarrones' que produjeron una gran llama.
Se levantó mi madre y, a la par que decía "¡Dejen de jugar con la candela!", amenazó con buscar el ronzal*, cosa que nos hizo estar quietos por unos momentos. Luego salió al patio y, pienso que demoró un tanto echando la cebada a los puercos. Tiempo suficiente para reiniciar con 'la fumadera'. Esta vez descubrí un tacho grande que contenía petróleo e inicié a mojar en él los cigarrones. Definitivamente, yo tenía que vencer aquel reto. Pero mi rival, mi hermano, no se daría por vencido tan fácilmente, pues siguió mi ejemplo y entre los dos estábamos en una especie de éxtasis, encendiendo y apagando aquellos enormes trozos de papel y, no sé en qué habría terminado todo si mi madre no retornaba en aquel momento.
Aquel retorno inesperado creó confusión entre 'los fumadores', pero más en mí. Pienso que la irresponsable operación de mojar los periódicos en el petróleo y hacer aquel ademán estúpido de 'fumar', había en cualquier modo impregnado mi rostro con aquel combustible y, aquella confusión causada por la repentina aparición de mi madre, fue fatal.
De pronto sentí que la llama del cigarrón en mis manos saltaba a mi rostro que ¡flam! se encendió. Mis manos 'corrieron' en mi propio auxilio, pero ¡también comenzaron a arder!. Vi que mi madre daba un salto, cogía una frazada y me cubría... No recuerdo si lloré, solo que quedé en tinieblas bajo la frazada. Para aquel momento, también la  noche había cubierto Pachas con una gigantesca frazada negra, dejándola en tinieblas.
Mis manos no guardan huellas, mi rostro sí. Casi en la comisura de mis labios hay cicatrices, hoy ya casi 'invisibles' por el tiempo. O puede ser que me he acostumbrado tanto a ellas que 'ya no las veo', casi.
No sé si vencí el reto, pero aprendí una lección: No jugar jamás con fuego.
(*)Ronzal = látigo o azote, muy usado para azuzar la cabalgadura. Mis padres lo tenían en casa, creo como instrumento de intimidación o amedrentamiento jamás revelado formalmente, y nunca usado en ninguno de nosotros.

venerdì 2 marzo 2012

"Osito de felpa".

Debe ser seguramente una canción de los 70s. "Osito de felpa" me ha gustado desde siempre y, más, desde cuando Ledinh, mi hijo, se marchara aquella madrugada del 15 de Enero 2003 en circunstancias hasta hoy no esclarecidas. Fue un accidente, sí.
Dicen que el Tiempo cura todas las heridas, pero ésta, inferida a mi familia y a mí, ha sido tan, tan profunda que, a pesar de los nueve largos años transcurridos, el bendito tiempo no ha podido curar aún. Y dudo que la herida pueda sanar alguna vez. Sobre todo en nosotros sus padres la cicatriz permanecerá a perpetuidad.
Mi hijo no era un bebé cuando se fue, pero igual, las veces que escucho la canción, me vienen a la memoria diversidad de momentos vividos con él. La alegría de cuando supe que nació varón, la ternura que hacía aflorar en mi mente y en mis sentimientos el verlo tan pequeñito e indefenso, y pensar que aquel ser se haría grande y fuerte. Más tarde, las bromas que me hacía, las bromas que yo le hacía a él, pero también momentos de dolor y lágrimas en circunstancias que el destino nos ponía delante a modo de pruebas, todas muy duras.
En fin..., habría querido dejar pasar este Día sin recordarlo, pero... es imposible. Un Día como hoy - 2 de Marzo- nació él, mi hijo amado. No sé, quizás no debiera recordarlo más y dejar que 'verdaderamente' Descanse en Paz sin importarme que aquella canción que da título a esta entrada me sobrecoja el alma nublando mis ya cansados ojos con las lágrimas que acuden a ellos acompañando a mi profundo dolor. Dolor que no es solo mío, lo sé. Su mamá -¿alguien puede cuantificar el dolor de una madre?- ha ido al cementerio de Latina esta mañana muy temprano llevando flores frescas para nuestro hijo, QEPD