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mercoledì 15 aprile 2015

El destino en tus manos.

Quizàs el tìtulo mejor habrìa sido "De zapateros y zapatos", pero ya està decidido.
Este post tiene mucho que ver con un par de mis zapatos. Pero, màs que con mis zapatos, con los zapateros que me lo repararon, 'renovaron' casi podrìa decir, luego que la lluvia invernal me los dejara descoloridos y con las suelas despegadas.
Quienes han leìdo mis iniciales entregas en este blog, habràn podido notar que el suscrito era un acèrrimo creyente en el Destino y en Dios. Hasta hoy creo que ambas cosas van de la mano, creer en Dios presupone la creencia en el Destino y viceversa. Pero mi caso es curioso, lo digo porque, al contrario de muchos a quienes conocer Roma, la Capital del Catolicismo Mundial, ayuda a fortalecer su Fe y su Creencia en el Divino, en mì ha surtido el efecto contrario: Conocer Roma ha apagado mi Fe y ha desarraigado casi por completo mi Creencia en Dios y los Santos en el modo que la Santa Romana Iglesia lo establece y enseña. Es innegable que la Instituciòn Eclesial, Curial, Papal es la que establece y dicta las Normas para todos los Creyentes de Fe Catòlica. Y asì como sucede con los catòlicos, son las Altas Autoridades de los otros Credos los que establecen Ritos y Normas de Creencia para todos y cada uno de sus seguidores, que los hay tambièn para todos los gustos, como en la Polìtica (lo dije ya en algùn post precedente). Todo, todo en base a aquello que las cùpulas de los Poderes Religiosos convienen. Las ovejas del ovil estàn 'prohibidas' de razonar con el propio intelecto, pero dejo este asunto porque no es el tema de esta entrega. De todas maneras, creo que està claro que habièndose apagado mi Fe en Dios, haya sucedido lo mismo con el Destino, por lo expresado lìneas arriba. De allì mi posiciòn actual de que el Destino, entendido como Meta, Finalidad u Objetivo, sea posible manejar por cuenta propia, teniendo en cuenta, sobre todo, que el Riesgo es siempre Nuestro y de nadie màs. Dicho esto:
Conocemos todos las dificultades de los jòvenes para encontrar un puesto de trabajo en las circunstancias actuales. Tener un Diploma o un Tìtulo de Estudios, ser Graduado con 110 y Lodes en cualesquier Materia, ya no garantiza a nadie un puesto seguro de trabajo, creo que en ninguna parte del mundo. Al menos no en Perù y no en Italia, que son las realidades que mejor conozco.
Entonces -yendo de lleno al punto-, ¿vale la pena estudiar tanto para, al final, 'patear latas'? Aquì en Roma, donde vivo, conozco casos de gente muy joven (abogados, economistas, ingenieros e inclusive mèdicos de diversas especialidades), graduados con el màs alto puntaje (110 y Lodes, lo dije lìneas atràs), que se han visto obligados a emigrar a otros paìses de la Uniòn Europea: Alemania, Inglaterra, Irlanda, Suecia o Finlandia para trabajar como meseros en restaurantes y hoteles o como dependientes en tiendas de moda con la finalidad de aprender o mejorar sus niveles de Inglès, para despuès regresar a su paìs y abrir un negocio por propia cuenta en el ramo turìstico: hotel, transporte, guìa o agencia de viajes porque es La Unica Alternativa: Crearse un trabajo propio y 'hacer algo por la vida'. Y esto es asì para quienes tienen las posibilidades y la Voluntad. Aquellos otros, que son muchos, que esperan en medidas del Gobierno Central, pueden muy bien 'esperar sentados', pues de otro modo se cansaràn. Y bla bla blà, y bla bla blà, el discurso puede continuar con las consecuencias que causaba en mì El Sermòn de las Tres Horas de cada Viernes Santo, allà en mi lejana infancia: Un Aburramiento (y aburrimiento) sin fronteras y las consecuencias consabidas de lo que implica no tener ingresos econòmicos.
Antes de pasar a la verdadera historia de este post, quiero repetir lo ya dicho en alguna entrega anterior: Don Dinero da Bienestar. No debemos caer en el ERROR de subvaluar, disminuir o desmerecer el Valor de los recursos monetarios que todo individuo y toda familia necesita, si no para Vivir Bien, por lo menos para Sobrevivir Bien, en ùltimo caso.
Dije que mis zapatos, mis preferidos, necesitaban Reparaciòn, las lluvias han sido copiosas en el invierno que pasò y los habìan descolorido primero, percudido despuès y despegado las suelas. Las llevè a un 'reparador' que conozco, un señor de edad que viene cotidianamente con su camiòn y se instala en la primera cuadra de Via Sannio, una calle muy concurrida del barrio San Giovanni (San Juan). Me citò para el dia siguiente, pero hizo que le pagara por adelantado. Al dìa siguiente, muy puntual estuve allì. Las suelas estaban pegadas, pero mis pobres zapatos estaban igual de percudidos, lo que me hizo venir la idea de 'deshacerme' de ellos. Pensando màs en el dinero gastado, me dije que lo usarìa hasta que se deterioraran un tantico màs antes de botarlos, pero las circunstancias hicieron que me encontrara con una vecina muy parlanchina. Cuando le mostrè mis zapatos, hizo una mueca de disgusto."¿Pero, por què no lo has llevado en tus paisanos que estàn acà cerca...?" y la charla se hizo larga en preguntas y contra preguntas...
Està por demàs decir que el trabajo de aquel zapatero remendòn dejaba mucho que desear. Usè mis zapatos por apenas dos puestas y las suelas estaban ya, de nuevo, despegadas. Amo a estos mis zapatos (los tengo puestos), pero rejuro que me asaltaron muchas dudas antes de llevarlo a donde mis paisanos.
Mi sorpresa al entrar en aquel pequeño Taller, consistiò en encontrar gente joven, muchachos de no màs de 25 años que trabajaban con la sonrisa en el rostro. Què decir, me daba gusto encontrar a gente de mi pais desempeñando un oficio con alegrìa. Quizàs en algùn momento me animarè a narrar la Historia de estos chicos. El papà de uno de ellos tiene un humilde Taller en Perù, pero quiso que su hijo hiciera la universidad.
"He estudiado Economìa, maestro, pero allà no hay trabajo y... acà es imposible; ni los mismos italianos encuentran trabajo, usted sabe" me dice ponièndose ligeramente serio. Su seriedad, me parece, venìa del hecho que 'debìa decirme el precio' del trabajito que les darìa mis zapatos. Precio razonable para el trabajo que hicieron. Mis zapatos quedaron ¡como nuevos!, su albo color semejaba el blanco esplendente del Cielo de mis sueños infantiles. Valìa la pena el precio pagado.
Son primos entre ellos, pero la historia del otro chico es diversa. Terminando la secundaria no quiso seguir màs, querìa encontrar sì, un modo de ganar dinero y, cosa curiosa, fue èl que animò al otro 'mongo' (asì se llaman entre ellos, entre risas) a abrir aquel negocio. "Aquì nos va bien, maestro, no nos podemos quejar; si hubiera descubierto màs antes este negocio, a estas alturas ya tendrìamos un palacio en Roma..." (El error de hablar primero en plural, luego en singular, y luego en plural de nuevo es del chico, no mìo).
Viven fuera de Roma -què importa- y se trasladan cada dìa en BMW, ¿quièn se da esos lujos?
¿Y entonces?, nada pues, creo que basta para entender que el Destino te lo fabricas Tù.
NOTA: El porcentaje de emigrantes, aquellos que dejan el pais para buscar trabajo y Fortuna en otros paises de la UE, USA o Australia aumentan considerablemente año tras año, lo dicen estudios serios.



sabato 11 aprile 2015

Suelo y Cielo.

Quedado, en mi tierra natal es un adjetivo que se usa para designar a uno tonto. Quedadazo, significa un poco màs que eso, un 'retrasado mental'. Yo no llegaba a tanto, creo, pero no puedo negar que Mamà Natura no me habìa (ha) dotado de un Gran Cerebro. Siendo asì, en las pocas oportunidades que mi madre me pillaba para hacerme 'hacer algo', yo no tenìa mayores inconvenientes en 'demostrar mi tontera, mi quedadez'. "Negro, tràeme un poco de agua...", gritaba mi madre desde la cocina. Ciertamente, ya me habìa puesto la punterìa, sabìa que 'el negro' estaba merodeando por ahì, muy cerca. Con cierto desgano, me dirigìa al cilindro, cogìa el balde, lo llenaba a mitad (recuèrdese que mi madre querìa solo "un poco de agua") y me dirigìa a la cocina. Ya allì, mientras mi madre, atareada en controlar el fuego y las ollas no me veìa, yo permanecìa de pie con el balde conteniendo aquel 'poco de agua'. Mi madre volteaba, me veìa, me quedaba mirando un tanto sorprendida por cualquier segundo, esperando mi reacciòn, la que no se producìa; solo en aquel momento "Pònlo en el suelo" me decìa. Y solo en aquel momento yo posaba el balde sobre el piso de tierra de la cocina. Es decir, què gran cosa, ¡sabìa yo dònde estaba el suelo! Es decir, ¡no era tan quedado!.
No lo recuerdo bien, pero ya por aquel tiempo, seguramente, la palabra cielo tambièn debe haber formado parte de mi restringido vocabulario. Con todo, debo admitir que mi razonamiento no alcanzaba a establecer diferencias sustanciales entre ambas palabras. Eran solo eso, palabras que mi mentalidad de niño no se habìa dado el trabajo de definir con convicciòn, con conocimiento, en modo razonable.
Màs tarde en el tiempo, cuando por razones de mi participaciòn en el coro de las iglesias en mi tierra natal y el màs constante uso de la palabra cielo, en determinado momento lleguè a ponerlos en contraposiciòn, un poco meditadamente. Definir suelo no me daba problemas, pues estaba bajo mis pies, y aùn cuando se hablaba de los diferentes tipos de suelo, la idea quedaba inmutable. No tenìa que dar tanto trabajo a mi 'intelecto' para tener una idea precisa de su significado.
En cambio con cielo el problema era diverso. Para darme la idea estaba siempre el alto, el arriba, las nubes y el azul del firmamento. Si me hallaba dentro casa, era el techo (el cielorraso que ya lo dice todo); dentro la iglesia, la idea de cielo me lo daba la cùpula o los campanarios. Al aire libre, en la calle, mi mirada buscaba las nubes en lo alto y, cuando no habìan nubes, todo el inmenso azul del espacio interestelar, allà donde brillan el sol y las estrellas. Hasta aquì, el concepto de cielo lo daba casi por descontado y, jamàs hasta entonces, me habìa puesto a pensar en el Cielo como Morada de Dios. Sucediò en mis tiempos de escuela cuando me enseñaban el catecismo y màs tarde en la secundaria, en las clases de Religiòn que eran mi fuerte, pues mis mejores calificaciones correspondìan a  tal materia. Cierto es que descollaba tambièn mucho en Lenguaje, Lengua y Literatura, y por algùn tiempo en Matemàticas y cursos afines que sirvieron para que mi nombre figurara en "El Cuadro de Honor" de mi colegio, la Primera Gran Unidad de mi ciudad, donde terminè de estudiar la Secundaria. Honor efìmero, fugaz, pasajero, muy precario, pero "Honor", al fin y al cabo.
Con todo, la palabra Cielo no me llevaba màs allà de las nubes. Mi fantasìa me hacìa ver 'la Morada de Dios' allì, sobre ellas. Una construcciòn celestial Maravillosa, imaginaba algo similar a una catedral con altìsimas torres y campanarios, con una cùpula enorme; toda, toda de un color blanco esplendente, y gente y àngeles con atuendos y alas del mismo blancor.
Parecìa ya que, para mi poco y tardìo entendimiento, suelo y cielo finalmente habìan encontrado el significado que les correpondìa en definitiva, pero no serìa asì por siempre. Habiendo nacido en Perù y vivido solo dentro de los confines de mi patria, la idea de suelo solo se enriqueciò en razòn de mis viajes por costa, sierra y selva. Tuve ocasiòn de conocer suelos àridos y desèrticos en algunas partes del sur y norte del Perù, y suelos fecundos y exuberantes en los valles costeros, interandinos y en las savanas de la extensa selva, donde mis ojos no alcanzaban a hurgar en el verde intenso de la floresta.
Cielo en cambio era todo lo que se hallaba en lo alto, las nubes y màs allà de ellas. Mi mente no se habìa detenido a pensar en los 'diversos' cielos que se hallan en todo el planeta a segundas de dònde se encuentre uno. Asì, si efectivamente la Tierra tiene su Arriba situado en el Polo Norte, para los moradores de aquella parte del globo, el Cielo està propiamente Arriba. Todo lo contrario si uno se halla en el Polo Sur (abajo).
Como todos estamos 'adheridos' a la Tierra como si fuèramos CLAVOS pegados a un inmenso IMAN de forma de pelota, el cielo està sobre nuestras cabezas. Arriba, abajo y al costado dependiendo de dònde nos encontremos. Es decir, no hay un solo Cielo desde mi 'quedado' punto de vista. Màs bien, existirìan el cielo de arriba, el cielo de abajo y los cielos de todos los puntos intermedios; es decir, una infinidad de cielos.
Dicho esto, convendrìa averiguar en cual de esos tantos cielos, se encuentra la Morada de Dios. Saberlo me ayudarìa a Recuperar mi Fe y mi Creencia en El.
El discurso da para màs, pero lo dejamos allì hasta mejor ocasiòn.




domenica 5 aprile 2015

La parábola de los talentos de oro.

Hoy, a propòsito del relato de una amiga muy ìntima sobre una anècdota ocurrida en una farmacia, me vino a la mente la Paràbola de Jesùs, referida a los 10 talentos de oro. El error debe ser mìo, pues recuerdo que eran 10 talentos repartidos en 5,3 y 2, pero he visto en otros relatos que son solamente 8, repartidos en 5, 2 y 1. Las ùltimas cifras entregadas siempre a los menos aptos, no se sabe por què escondida razòn. El relato seguramente lo conocen todos o casi. Lo curioso es que el patròn (aquel de la paràbola), debiendo partir para un largo viaje, entrega 'talentos de oro' a sus sùbditos de mayor confianza. Cinco a aquel de cuya fidelidad no tiene dudas, dos al que se halla en un rango intermedio y, por ùltimo, uno al individuo que se encuentra en el peldaño màs bajo en cuanto a fidelidad. Y ya esto ùltimo, desde mi punto de vista, es una decisiòn sumamente arbitraria. Con todo, lo que se sabe es que, al retorno del patròn, aquel de los cinco, habìa duplicado los talentos. Lo mismo aquel de dos, para beneplàcito suyo y del patròn. Ambos, el primero y el segundo entraron a formar parte del estrecho cìrculo del propietario. En cambio el ùltimo, temeroso de las iras del patròn en caso de pèrdida o hurto, no querièndose endeudar con èl, habìa escondido bajo tierra el ùnico talento recibido y se aprestò a devolverlo por entero, sin ganancias y sin pèrdidas.
Aquel pobre sùbdito fue claro en su discurso de devoluciòn del talento de oro. Dijo al patròn que, conociendo que cosechaba donde no habìa sembrado y recogìa donde no habìa esparcido, prefiriò esconderlo. El patròn, furioso, respondiò: "Sùbdito malo y ocioso, si conocìas còmo soy, por què no pusiste mi dinero en el banco para que, al menos, generara intereses?". "¡Quìtenle el talento y denlo al que tiene diez!". La paràbola termina diciendo que el Reino de los Cielos es semejante al relato, a quien tiene mucho se le darà mucho màs, pero a quien no tiene, aùn lo poco que tiene se le quitarà. Lo que quiere decir que El Reino de los Cielos ya està aquì, ahora. Dios està dando a los Ricos y Potentes Màs Riqueza y Poder, mientras los Pobres y Desheredados cada vez estàn siendo desposeìdos aùn de sus bienes màs elementales.
Hay cosas que escapan a mi entender en el relato bìblico. Una cosa sencilla podrìa haber sido el de depositar èl mismo (el patròn) los talentos en el banco. Podrìa haber tenido la certeza de sus intereses, aùn cuando hoy por hoy hasta eso es improbable. Recordemos el crack bancario argentino en el que perdieron sus ahorros muchìsima gente. O, no muy lejos en el tiempo, lo que sucediò con el Banco Monte Paschi di Siena, la organizaciòn bancaria màs antigua del planeta, si no me equivoco.
Llama tambièn mi atenciòn aquello de "¡Quìtenle el talento y...". No habìa necesidad de hacerlo, pues el sùbdito lo estaba devolviendo por propia cuenta, no se lo estaba quedando para èl..., ¡què diantre!.
Otro punto con el que no concuerdo es el uso de las paràbolas por parte de Jesùs. Creo que ya hablè sobre eso. Controlarè o tocarè el tema en un post futuro.
Termino con la anècdota de mi amiga en la farmacia. Ella entra y es testigo de un animado diàlogo entre el farmacista y un mèdico que hacìa de cliente:
"Venga a visitarnos, doctor, a usted le haremos siempre un descuento. Son catorce pero pague solo doce".
Efectivamente, el mèdico-cliente paga los doce euros, agradece, saluda y sale.
Era el turno de mi amiga. "A este punto, tambièn a mì me haràn ustedes un descuento..."
"Pero ¿por què le debemos hacer descuentos, quièn es usted?"
"Acabo de ver el descuento que habeìs hecho al señor que me precedìa..."
"Ah, pero èl es un mèdico...".
Mi amiga insistiò: "Propiamente por eso, èl es mèdico, tiene plata; en cambio yo soy pobre, soy una pensionada". Me cuenta que el dependiente la mirò casi con enojo. Luego, por intercesiòn de otro, le hicieron 30 centèsimos de descuento sobre una suma que superaba los cuarentaicinco euros. Es decir..., los que tienen tendràn, los que no tienen seràn despojados aùn de lo poco que tienen.
¡Estamos viviendo los tiempos bìblicos!¡Los ricos pueden comprar el Reino de los Cielos!
Un ùltimo pensamiento: ¿Què tiene Dios contra los pobres y desposeìdos?