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venerdì 20 marzo 2009

La curva del diablo


Existen ciertas cosas y ciertos hechos para los que no se hallan aún explicaciones racionales. Sucede algo así como con los extraterrestres. No existe una prueba científica de su existencia, pero las evidencias que nos muestran las pinturas rupestres encontradas en numerosas cavernas, que datan de algunos miles de años atrás, donde se ven hombres con escafandras similares a los de nuestros astronautas, no son de menospreciar. Sin ir muy lejos, a unos pasos de Lima, la Capital de Perú; yendo hacia Canta, en Santa Rosa de Quives, cercano a la casa donde viviera la Santa Limeña hay un bosque de piedras donde se pueden apreciar diversas figuras esculpidas o pintadas. Allí puede verse la figura del astronauta al que hago mención.
Otro indicio que nos dice a las claras que hombres de culturas muy avanzadas han estado en nuestro planeta, son las ciclópeas construcciones hechas en diversas partes del mundo: Egipto y Perú por ejemplo. No he visto personalmente las pirámides, pero sobre su construcciòn, hasta la fecha no existen más que solo hipótesis. Conozco en cambio el Cusco, en Perú: El templo del Coricancha, Sacsayhuamán, Machupicchu. Sé con certeza que hasta el momento no existe la tecnología para lograr construcciones en piedra de tal magnitud. Es sorprendente, por ejemplo, observar "La piedra de los 12 àngulos". ¿Cómo hicieron para lograr esas junturas tan perfectas por donde no se puede enfilar ni siquiera una aguja? Sirva la oportunidad para hacer una invitaciòn cordial a todas las personas que no conocen mi país, para que visiten el Perú. El Perú no es solo Cusco. Existen cosas dignas de verse en costa, sierra y selva; al norte, sur, este y oeste.
Pero, me salí del tema. Bueno, sirva como introducción, aún cuando es un poco extensa. Decía al inicio que existen cosas y hechos inexplicables racionalmente y ésta es una de ellas:
En la selva alta del departamento donde nací (Huánuco), yendo desde la "Ciudad de la Bella Durmiente" (Tingo María) hacia Monzón, pasando por Bella, centro poblado situado propio bajo la montaña con la figura de la durmiente; por Palo de Acero y otros pueblitos de esos tiempos (1959 - 60), se tenìa que pasar por un caserìo llamado Cuyacu, a orillas del rìo del mismo nombre. A unos tres kilómetros más adelante estaba otro caserìo, Guayabal. La carretera de penetración que uniría Tingo María y Monzón, terminaba unos kilómetros más adelante de Guayabal. Mi padre trabajaba en la continuación del tramo faltante, pero nos habíamos instalado en Cuyacu, en una casa sobre una pequeña colina.
Andando de Cuyacu a Guayabal, a unos quinientos metros, la carretera hacìa tres curvas consecutivas. La primera de estas curvas era llamada "La Curva del Diablo". Se diferenciaba de las otras dos porque era de tierra rojiza, arcillosa y carecía de vegetación. La gente del lugar decía que en aquella curva existían los 'tapados' (tesoros escondidos), pero que el diablo los cuidaba. Que las noches de los martes y viernes el maligno bailaba en aquella curva al son de arpas y violines, y que cuando había luna llena se le podía ver.
Las noches de martes y viernes mi imaginaciòn de niño me hacía sentir una extraña música de arpas (los violines no los escuchaba) y unos rumores como de unas danzas, igualmente extrañas.
Hasta aquí, podría decirse que todo está normal, que no hay nada fuera de lo comùn, que la música y rumores eran 'creaciones' de mi fantasía y temores de niño, pero -ya viene lo extraño-, en oportunidades solìa acompañar a mi madre en sus idas a Guayabal para adquirir cosas -mayormente alimentos o frutas- que no se conseguían en Cuyacu. Tantas veces, estas ocasiones se daban por las mañanas después de noches lluviosas. Y, he aquí lo curioso y extraño: Solo en esa curva, en el suelo rojizo y arcilloso podían apreciarse nítidamente las HUELLAS DE UNA PATA DE BURRO Y UNA PATA DE GALLO, en un perìmetro más o menos extenso, pero circunscrito solo a aquella curva. "Anoche ha bailado el diablo", me decía mi madre.
Entonces, ¿existe el diablo? No lo sé. Tampoco sé que exista algún animal con las patas tan disímiles.
Hasta hoy no le encuentro explicación a este fenómeno. Extraño, ¿verdad?

lunedì 2 marzo 2009

32 años


Hoy 2 de Marzo, mi hijo Ledinh (QEPD) estaría cumpliendo treintaidos años. Los 2 de Marzo, desde 'la partida sin retorno' de mi primogénito, me produce sentimientos encontrados, y aún sin quererlo, mi memoria se traslada al Día Feliz de su nacimiento: Me veo saltando de contento en la puerta del Hospital General de mi Huánuco natal y corriendo a brincos como potrillo salvaje, con la alegría dibujada en mi cara y en mis ojos, a dar la Gran Noticia a los míos. Inmediatamente después, como invitados 'no deseados' arriban a mi memoria las horas frías, oscuras, fúnebres de aquel invernal 15 de Enero del 2003, y mi mente se transforma. Es como si estuviera en una fiesta y de un momento a otro se produjese un apagón, pero un apagón prolongado, casi eterno que termina con la música, con el baile y la algarabía; y deja en su lugar solo gritos y murmullos, y caos.
Acepto con resignación todas las pruebas a las que me somete 'mi destino', y mientras no sea algo que me impida el movimiento y anule mis fuerzas, lucho con denuedo para sobreponerme a sus estocadas usando todas las armas que tengo a mi alcance, entre ellas el 'olvido'. Olvidar es un ejercicio terapeútico que me ayuda a darle paz a mi presente. He 'olvidado' muchos pasajes sombríos y oscuros de mi vida; hambres, fatigas y penas, pero... a mi hijo... no puedo olvidarlo.
Y rezo siempre para que su alma tenga un puesto privilegiado allá en el Cielo, o para que Dios -cuando lo considerará oportuno- lo mande de regreso a este mundo con un mejor destino de aquel que le tocó siendo lo que fué: mi primogénito.